«Esto no es un misterioso asesinato»: la serie donde el surrealismo se convierte en crimen
Arte
Por: Carolina De La Torre - 04/08/2026
Por: Carolina De La Torre - 04/08/2026
Esto no es un misterioso asesinato, la serie que parte de una idea tan simple como provocadora: ¿qué pasaría si los grandes nombres del surrealismo quedaran atrapados en un crimen donde sus propias obras parecen estar involucradas?
La miniserie belga, disponible en Filmin a partir de hoy, 7 de abril, toma esa premisa y la desarrolla sin perder claridad. No se complica de más, pero tampoco se queda en lo superficial. Encuentra un punto medio que engancha.
Dirigida por Hans Herbots y co-creada con Matthias Lebeer, la historia se sitúa en los años treinta. Todo comienza con una invitación a una mansión aislada. Una mecenas reúne a varios artistas para una velada que mezcla arte, exceso y convivencia.
La noche cambia de tono cuando aparece un cadáver. La escena está montada como una obra reconocible. Desde ese momento, nadie puede irse. Todos quedan dentro. Todos son sospechosos.
Entre los invitados están Salvador Dalí, René Magritte y Man Ray. La serie decide mostrarlos en una etapa temprana, lejos de la imagen consolidada que hoy conocemos.
Eso cambia la dinámica. Aquí no son figuras intocables, sino jóvenes con ambición, contradicciones y cierta rivalidad. Esa cercanía hace que la historia funcione mejor. No solo importa el crimen, también cómo reaccionan entre ellos.
La estructura es la de un whodunit (subgénero de la novela policíaca y el misterio derivado de la pregunta inglesa "who done it?" , ¿quién lo hizo?). Hay un grupo encerrado, pistas que aparecen poco a poco y una pregunta central: quién fue.
La influencia de Agatha Christie es clara, pero la serie introduce algo distinto. El surrealismo no está solo en lo visual. También afecta la lógica de lo que ocurre. Algunas pistas parecen evidentes, otras no tanto. La interpretación se vuelve parte del juego.
El peso de la investigación recae en René Magritte, que aquí funciona como una especie de detective. Su forma de mirar, más analítica, contrasta con la energía de Salvador Dalí, interpretado por Iñaki Mur.
Dalí se mueve entre lo intuitivo y lo provocador. No es una caricatura. Se siente más contenido, más cercano a alguien que todavía está construyendo su identidad.
La serie no se despega del todo de la historia real. La relación con el mecenas Edward James y el contexto de las exposiciones surrealistas en Europa ayudan a darle base a la trama.
Eso permite que, aunque la historia juegue con lo improbable, nunca se sienta completamente desconectada.
Visualmente, la serie apuesta por la tensión sostenida. Cada episodio suma información, pero también abre nuevas dudas. No busca resolver rápido. Prefiere construir.
Los giros están ahí, pero no dependen solo de la sorpresa. Funcionan porque están integrados al tono general.
Esto no es un misterioso asesinato entiende bien su propuesta. Toma una estructura conocida y la desplaza lo suficiente para que se sienta distinta.
Al final, no se trata solo de descubrir al culpable. También de cuestionar lo que se está viendo. Porque en este juego, interpretar mal puede ser tan peligroso como no ver nada.