San Cristóbal cinocéfalo, el santo con cabeza de perro
Magia y Metafísica
Por: Yael Zárate Quezada - 02/17/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 02/17/2026
Protector de los viajeros y cargando a un niño sobre sus hombros; esta es la forma en que en Occidente se representa a San Cristóbal, un soldado romano originalmente conocido como Reprobus y que tenía como único fin servir al mayor rey que existiera.
Sin embargo, su figura es una de las más inquietantes de la fe católica y es que, en algunas partes de oriente, Cristóbal es representado como un cinocéfalo, es decir un ser humano con la cabeza de perro.
Su historia es la siguiente:
Llegado a la corte de un rey que se consideraba invencible, Reprobus se puso a su servicio; pero un día vio que el monarca se santiguaba ante la mención del diablo. Le preguntó el por qué, y el rey le dijo que tenía miedo del diablo, por lo que cada vez que lo oía nombrar, hacía el signo de la cruz buscando protección.
El gigante entonces se puso a buscar al diablo, considerándolo más poderoso que el rey. No tardó en encontrarlo, y comenzó a seguirlo y a servirlo. Pero un día, pasando por un camino en el que había una cruz, el diablo cambió de ruta. Reprobus le preguntó el motivo, y el diablo admitió que se veía obligado a escapar asustado ante la cruz, porque Cristo había muerto sobre una cruz. Entonces Reprobus lo abandonó para buscar a Jesucristo.
Conoció a un ermitaño que le instruyó en la fe cristiana y le sugirió que construyese una cabaña cerca de un río de aguas peligrosas y viviese allí ayudando a los caminantes a atravesarlo, empleando su estatura y su fuerza.
Este servicio complacería a Cristo, pues mucha gente perecía tratando de atravesar el río. Un día, el gigante escuchó una voz infantil que le pedía ayuda: era un niño que deseaba pasar a la otra orilla. El gigante lo cargó sobre sus hombros y comenzó a atravesar las aguas tumultuosas; pero a medida que avanzaba, el peso del niño aumentaba, hasta el punto de que solo con un gran esfuerzo consiguió alcanzar la orilla opuesta. Allí el Niño le reveló su identidad: era Jesús, y el peso que el gigante había sostenido era el del mundo entero, salvado por la Sangre de Cristo.
Vatican News afirma que Reprobus se enlistó en el ejército romano, pero al convertirse al cristianismo adoptó el nombre de Cristóbal. Perseguido, detenido y llevado ante un juez, las autoridades romanas intentaron en vano hacer que abdicara a su fe. Al no lograrlo, San Cristóbal fue decapitado; sin embargo su martirio fue comparado con el del asno que cargó a Cristo en su llegada a Jerusalén.
Por ello, en Oriente se comenzó a representar con cabeza de asno, la cual después fue modificada a una cabeza de perro.
Con información de Vatican News