Quiénes son las mujeres religiosas que inspiran «Lux» y por qué revelan la nueva era de Rosalía
Arte
Por: Carolina De La Torre - 11/20/2025
Por: Carolina De La Torre - 11/20/2025
En Lux, Rosalía invoca. No son guiños al azar ni curiosidades religiosas para decorar un concepto; son mujeres que, en distintos siglos y geografías, desafiaron las reglas de sus propias creencias. Místicas, santas, monjas, visionarias… figuras que asumieron la espiritualidad como un territorio propio, no como un dogma impuesto. Y en ese espejo, Rosalía encuentra un mapa emocional para hablar del deseo, la disciplina, lo divino y lo humano desde un lugar íntimo y desafiante.
Mística española del siglo XVI, reformadora del Carmelo y autora de textos que aún hoy se estudian como manuales de introspección radical (El Castillo Interior, Camino de Perfección). Se enfrentó al poder eclesiástico desde la obediencia y la rebeldía, al mismo tiempo. Su vida —disciplina, éxtasis, reforma— resuena en esa tensión entre lo terrestre y lo divino que Rosalía explora.

Mística sufí del siglo VIII, considerada la “madre del sufismo”. Predicaba un amor absoluto e incondicional por Dios, sin miedo ni recompensa. Su visión —Dios más cerca que la propia vena yugular— atraviesa el álbum en canciones cargadas de devoción íntima y vulnerabilidad feroz.

Regente y santa ortodoxa del siglo X. Vengó la muerte de su esposo con una estrategia militar brutal, y después fue celebrada como evangelizadora. La paradoja perfecta: violencia, fe, poder político y santidad conviviendo en un solo cuerpo. No es difícil ver por qué Rosalía la trae a escena cuando mezcla dulzura, firmeza y contradicción.

Abadesa alemana del siglo XII, compositora, escritora, científica, visionaria. Su vida fue un laboratorio espiritual y creativo. Sus visiones —luces intensas, mundos simbólicos— dialogan directamente con la estética expansiva y casi cinematográfica de Lux.

Maestra taoísta china del siglo XII, dedicada a la alquimia interna y la meditación. Su presencia en el universo del álbum subraya que Rosalía no se limita a un solo marco religioso: busca la mística femenina en sus múltiples formas, incluso fuera del cristianismo.

Eremita siciliana del siglo XII, asociada a milagros y a la protección de Palermo. Su vida de aislamiento voluntario conecta con la idea de renuncia, pero también con la construcción de una identidad espiritual propia. Además, la coincidencia de nombres crea un eco simbólico imposible de ignorar.

Todas estas figuras comparten algo: no obedecieron la espiritualidad de manera pasiva. La moldearon. La disputaron. La volvieron cuerpo, trance, decisión. Cada una encarna una forma distinta de devoción, poder o contradicción, y ahí está la clave: Rosalía construye un álbum que no se queda en la religión como institución, sino en la espiritualidad como un lenguaje que atraviesa emociones extremas, sacrificios personales, revelaciones íntimas y deseos que no siempre caben en las normas.
Estas mujeres son faros que iluminan la búsqueda de Rosalía por entender qué significa consagrarse a algo —al arte, al amor, a una misma— sin perder la humanidad en el proceso.