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Cómo funciona la estrategia política conocida como “caja china”, un mecanismo que desvía la atención de los temas importantes hacia noticias más escandalosas y virales

Estás en el sillón viendo la televisión “scrolleando” tus redes sociales y, de pronto, un nuevo escándalo acapara todos los titulares. Políticos señalados, celebridades envueltas en controversia, videos filtrados o declaraciones incendiarias; todo el mundo habla de lo mismo, los memes se multiplican y los noticiarios no sueltan el tema para nada –quizá tal vez solo para dar el clima o mandar a comerciales–. Pero, mientras tanto, la pregunta que más importa no es ¿qué es lo que están hablando los medios? sino ¿de qué otra cosa no se está hablando?

Ahí es donde entra en juego la llamada caja china. En comunicación política este término describe una estrategia para distraer la atención pública de los asuntos verdaderamente importantes hacia temas más ruidosos, polémicos o sensacionalistas, pero con poca relevancia real. 

Su nombre proviene de un recurso literario donde hay una historia dentro de otra, y luego otra más, como si abrieras cajas que esconden nuevas capas de relato. En el periodismo, esa metáfora sirve para explicar cómo un escándalo puede tapar a otro, mientras los temas de fondo se diluyen.

Una estrategia de distracción política

En el terreno político, la caja china se usa como una cortina de humo cuidadosamente planificada. Si un gobierno o funcionario enfrenta una crisis, una acusación de corrupción o un fallo administrativo, puede lanzar una historia paralela que robe la atención. Lo logran apelando a la curiosidad o al morbo, sabiendo que la opinión pública —acostumbrada a la inmediatez de los medios y las redes sociales— se moverá rápidamente hacia el nuevo foco.

Y no significa que la noticia en cuestión sea falsa, solo que su exposición se exagera a tal punto que lo demás desaparece del radar del imaginario social. 

Cuando una misma noticia aparece, casi al mismo tiempo, en distintos canales, portales y redes, se le conoce como Nado sincronizado. Es como una coreografía informativa donde todos repiten la misma historia hasta hacerla imposible de ignorar. 

El Chupacabras, el ejemplo más famoso de la Caja China

El ejemplo más claro de las variopintas historias en México es la de El Chupacabras. En el noticiero estelar de TV Azteca –Hechos con Javier Alatorre– se le dio gran cobertura a un supuesto avistamiento de un animal mitológico que atacaba animales pequeños y que poseía una particular afición por “chuparle la sangre” a los animales de granja como los borregos, cabras y gallinas. 

En esos días del gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988 a 1994) se privatizaron varios recursos del Estado –como lo fue Imevisión y que después pasó a manos de Ricardo Salinas Pliego, el propietario de TV Azteca– también emergieron varias críticas en contra el Tratado de Libre Comercio (TLC), así como el asesinato del candidato Luis Donaldo Colosio, sin mencionar las devaluaciones al ya de por sí afectado peso. 

Manipulación 

Esto se ha convertido en un problema ético en el que los medios dejan de jerarquizar los hechos por su relevancia y comienzan a hacerlo por su potencial de viralidad o por presión política. 

El filósofo Louis Althusser ya advertía que instituciones como la religión, la escuela, la familia y los medios de comunicación fungen como aparatos ideológicos del Estado, que transmiten y perpetúan la ideología dominante para mantener el orden social y el poder de la clase gobernante. 

Si bien, no se trata de ser siempre desconfiado, identificar las Cajas chinas requiere una dosis de sospecha y pensamiento crítico. Al final, la resistencia está en preguntarnos ¿qué historia me están escondiendo mientras miro esta otra?

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Imagen de portada: Run.Town