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María Zambrano reinterpreta la figura de Diótima en clave poética y filosófica, reivindicando el saber de las mujeres y el amor como vínculo entre lo humano y lo divino
La filósofa española María Zambrano (1904-1991), quien viviera su exilio en diferentes países luego de la guerra civil española, escribió durante ese periodo el ensayo Diótima de Mantinea. Quizá como una especie de empatía ante la exclusión de Diótima, la sacerdotisa que inspirara las ideas sobre el amor en Sócrates.
 
Y es que Zambrano exploró diversas obras de la filosofía clásica en términos de la existencia y de la poética. De ahí que reescribiera bajo su propia lente acerca de una figura que la tradición filosófica observara como tangencial: Diótima.
 
Se trata de una sacerdotisa que aparece en El Banquete de Platón, es maestra de Sócrates en los misterios del amor. Y, a diferencia de las lecturas académicas o rigurosas del canon filosófico, la valía de esta interpretación de Zambrano radica en la reapropiación simbólica y filosófica de la figura de la sacerdotisa.
 
Destaca Zambrano de aquella la producción de un discurso en donde convergen la poesía, el mito y la experiencia religiosa. Atribuciones realizadas a una mujer como ente que atisba y traduce a la palabra la experiencia mística; acerca de un tema que, si bien es universal, no ha sido abordado en clave tanto de la vivencia humana, como las posibilidades de conocer lo divino a partir del amor. Por medio de la reinterpretación del eros platónico, la lectura de Zambrano no consiste solamente en pensar al amor como ascenso hacia una idea trascendental, sino en pensarlo también como vínculo; una especie de tejido que mantiene unido lo humano con lo divino, lo finito con lo eterno.
 
Para la filósofa española el haber excluido a una figura que construye de otros modos el saber, el sentir y la emoción es síntoma de la represión por parte de la tradición occidental; la cual sepultó durante siglos los saberes de las mujeres, o bien, algunos se los apropió para traducirlos en conocimiento dado a través del modelo racional, abstracto y masculinizado.
 
De modo que la figura de Diótima no solo es provocadora o retadora del canon filosófico occidental, sino que puede devenir en símbolo de reivindicación del saber y la experiencia de las mujeres.
En ese sentido, Zambrano pone de relieve la vinculación del conocimiento con la vida, con el eros y con los misterios o aquello que nos resulta indescifrable.
 
Lo anterior constituirá más tarde una de las propuestas medulares de la filosofía de Zambrano: la razón poética. Se trata de una forma particular de pensar la realidad, integrando desde luego a la razón, pero asimismo a la intuición, el sentimiento, la mística y la experiencia religiosa sin dejar de lado el ejercicio del pensamiento crítico.
 
La veta que con ello se abre es una de gran importancia para la posterior construcción del pensamiento filosófico: incluir la experiencia de las mujeres en la producción del conocimiento. Un tipo de saber que abriría también el horizonte al pensar, al sentir y, en consecuencia, a la experiencia del cuerpo.
 
A través de esta lectura, Diótima sería una especie de mediadora universal, capaz de articular opuestos y de abrir el pensamiento hacia un horizonte de totalidad. Es posible advertir la cercanía que tuvo Zambrano con tradiciones místicas (cristianas y neoplatónicas), pero también su voluntad de pensar el amor como principio constitutivo de la existencia humana, y no como simple metáfora de la idea.
 
Si bien para detractores del pensamiento situado, experiencial y que incorpora el sentir, la obra de María Zambrano carece de rigurosidad conceptual para el campo de la filosofía, para muchas otras filósofas/os justamente es el camino que se esperaba para incorporar el saber de las mujeres; su visión del mundo, y desde luego, la perspectiva del amor no solo como concepto, sino como motor indispensable de toda existencia. 

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