Ominoso e inquietante: así es el universo de Joel-Peter Witkin
Arte
Por: Yael Zárate Quezada - 08/19/2025
Por: Yael Zárate Quezada - 08/19/2025
“Si realmente amas la vida, todo el tiempo estás caminando a la sombra de la muerte. Mientras más se está obsesionado con la vida, más obsesiona la muerte.”
—Francis Bacon.
Te puede gustar, te puede sorprender, te puede provocar repulsión e incluso temor, pero no puedes ser indiferente a la obra de Joel-Peter Witkin. El fotógrafo neoyorquino, que actualmente tiene 85 años, se ha convertido en todo un icono del daguerrotipo y es que, su trabajo, más allá de capturar paisajes o hacer retratos convencionales, involucra temas que –muchos consideran– transforman lo grotesco en belleza.
Muerte, sexo, cadáveres, personas mutiladas, enanos, transexuales, hermafroditas o gente con alguna deformación física, son los objetos que componen la obra de este maestro del ambrotipo cuya técnica modificó a partir de manchas y rayones, así como una impresión con las manos en los químicos, lo que le da un halo de oscuridad, maltrato y un tiempo antiguo.
¿Pero por qué mirar y capturar lo que otros evitan? ¿Qué pulsión lo lleva a crear estas composiciones? Basta decir que desde muy corta edad, el despertar artístico de Joel-Peter Witkin surgió cuando, mientras caminaba por la calle con su madre y su hermano gemelo Jerome, presenció un accidente automovilístico en el que una niña murió decapitada y su cabeza rodó hasta él.

Satiro, Joel Peter Witkin, 1992.
Algo surgió en Witkin en ese momento y junto a su afición por la fotografía –que también fue precoz– desarrolló su propio estilo. Esto, claro, se complementó con su trabajo como fotógrafo durante la Guerra de Vietnam en los años sesenta.
Maestro en Bellas Artes por la Universidad de Nuevo México, sus imágenes suelen comenzar como bocetos, casi como si antes de armar la escena necesitara descifrar qué papel juega cada cuerpo, cada objeto y cada sombra. No basta con disparar la cámara, y es que hay un trabajo minucioso de escenificación donde conviven lo ritual y lo teatral.
Una vez capturada la fotografía, el verdadero proceso apenas empieza. Witkin interviene los negativos –como ya lo habíamos mencionado– raspando la emulsión, y alterando lo que ya estaba impreso por la cámara. El resultado es un archivo que parece tener un pasado incierto; imágenes pequeñas, de no más de cuarenta centímetros, que parecen reliquias encontradas en un gabinete de rarezas.

El Beso, Joel Peter Witkin, 1982.
Dentro de ese universo destacan piezas como Retrato de una enana (1987), Mujer sobre una mesa (1987) o Bacchus Amelius (1986), El Beso (1982) fotografías que más que retratos parecen visiones deformadas de lo humano.
Al igual que el pintor Francis Bacon, –quien hizo su propia versión de Retrato del Papa Inocencio X, de Diego de Velásquez– Joel-Peter ha creado una versión fotográfica de Las Meninas, uno de los artistas españoles que considera entre sus predilectos junto a Pablo Picasso y Joan Miró.

Las Meninas, Joel-Peter Witkin, 1987.
La obra de Joel-Peter Witkin es un recordatorio de que la estética nunca ha sido neutral, pues lo que una sociedad venera como sublime, otra lo señala como obsceno. ¿Por qué una escultura clásica con cuerpos perfectos se celebra como arte y un retrato de un cadáver mutilado se condena como aberración? Quizá la respuesta esté en los valores que determinan nuestra sensibilidad.
Sin duda, Witkin fuerza esa tensión y nos coloca frente a un espejo incómodo de nuestras creencias.