El gato en el arte: misterio, poesía y magia en sus ojos felinos
Arte
Por: Carolina De La Torre - 08/08/2025
Por: Carolina De La Torre - 08/08/2025
Hay algo en los gatos que no termina de revelarse, ni siquiera después de años de convivencia o de millones de caricias . No son un misterio a medias, son seres con un universo propio, un cosmos cerrado que parece desafiar nuestra comprensión. Esa personalidad indomable, a veces contradictoria, a menudo altiva, es la que ha nutrido la inspiración de poetas, pintores, cineastas y soñadores.
Hoy, en el Día del Gato, miramos a estos felinos como lo que siempre han sido: símbolos de magia, misticismo y elegancia; criaturas que enfrentan nuestra mirada con un temple inalterable, que nos convocan a un diálogo sin palabras y que, simplemente, son musas.
Charles Baudelaire, en Las flores del mal (1857), supo capturar esa esencia ambivalente en varios poemas dedicados a los gatos
EL GATO
VEN, bello gato, ven, amansa mis enojos, por un momento esconde las uñas de tu pata y deja que me hunda en tus dos bellos ojos mezcla de metal y de ágata.
Cuando mi mano acaricia tu lomo elástico y tu cabeza, y siente la profunda delicia que hay en tu eléctrica pereza,
a mi amante parece que aguardo. Su mirar es, ¡oh bestia amada!, profundo y frío como un dardo.
Y desde la cabeza a los pies un aire sutil ella es, una nocturna encrucijada
LOS GATOS
Lo mismo a los amantes gatos,
orgullo que los de sabios la causa,
austeros de suave y alto lomo
sobre él la mano pasa-
como ellos sedentarios, como ellos frioleros.
Amigos de la ciencia y el deleite a la vez,
al horror y al silencio de la tiniebla fieles,
los tomara el Erebro por fúnebres corceles,
si a esclavitud pudiera inclinar su altivez.
Somnolientos, imitan las nobles actitudes de las esfinges
que en lejanas latitudes duermen su largo sueño,
inmóviles, tranquilas.
Cuando enarcan su lomo hay como un centelleo;
partículas de oro, finas arenas veo destellar
cuando abren sus mágicas pupilas.
En la pintura, Remedios Varo hizo de los gatos un leitmotiv tan propio como sus mundos oníricos. En su obra, los felinos aparecen en colores insólitos, en formas que parecen flotar entre lo real y lo mágico. No es que dibuje gatos: ella “los inventa”, tratando de atrapar ese espíritu esquivo que solo un gato puede ofrecer.
En cuadros como Simpatía (la rabia del gato) (1955), el felino no es solo un animal doméstico, es una presencia energética y disruptiva, que rompe la armonía con su rabia contenida. Pero también están los gatos tranquilos, casi místicos, de Mimetismo (1960) o Paraíso de los gatos (1955), símbolos de un mundo íntimo y secreto, tan privado como los sueños que ella pinta.


Para Varo, el gato es más que un compañero: es un símbolo, un espejo de su propio ser profundo y oculto, un guardián de esa frontera entre lo visible y lo invisible.
La fascinación por los gatos no es exclusiva de la poesía o la pintura. En 1894, la película Los gatos boxeadores del profesor Welton mostró a dos gatos con guantes de boxeo en una pelea sorprendente, parte del famoso “circo de gatos” que recorrió Estados Unidos.
Este temprano ejemplo de “video gatuno” no solo es un testimonio de la atracción que siempre han generado, sino también un símbolo de cómo los gatos han sabido ocupar un lugar en la cultura popular, entre el entretenimiento, la maravilla y el asombro.
Un cosmos en la mirada felina
Los gatos no se revelan del todo, y tal vez esa sea su mayor fortaleza. Son seres con personalidad fuerte, que parecen retar nuestra paciencia y nuestro intelecto. En ellos habita una elegancia natural, un aire de misterio que inspira misticismo y poesía.
No son sólo animales domésticos; son símbolos ancestrales, guardianes de umbrales invisibles, protagonistas de historias que mezclan lo real y lo fantástico. Desde Baudelaire hasta Varo, del lienzo a la pantalla, los gatos han nutrido el arte con su presencia enigmática, una invitación constante a explorar lo que no se dice pero se siente.
En este Día del Gato, celebremos no solo a estos animales que caminan con independencia por nuestras casas, sino también a ese cosmos que llevan en sus pupilas, ese secreto que nunca terminaremos de desentrañar, y que, honestamente, no queremos que desaparezca jamás.