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Pinceladas espontáneas, colores más vivos y la captura de la vida cotidiana al aire libre: con estos y otros gestos, el impresionismo logró revolucionar la historia del arte

El impresionismo francés dejó una huella indeleble en la historia del arte y fue sin duda un hito en cómo entendemos y percibimos las obras al día de hoy. Pintores como Monet, Renoir, Louis Anquetin, Morisot, Degas, Pissarro y otros más, formaron esta corriente que rompía con los cánones hasta entonces sobre cómo se debía crear un cuadro. Pero, sin la disrupción de esas normas, cabe preguntarse si ¿el arte continuaría al día de hoy en manera más primitiva? La constancia del cambio en el arte parece más una condición para mantener viva su esencia. 

Y en este caso, hablando ya de "revolución", estos son algunos de los puntos clave para poder comprender mejor qué es lo que hizo al impresionismo francés la corriente tan profunda e influyente que es ahora, ello de acuerdo con Nicole R. Myers, directora de Curaduría e Investigación del Museo de Arte de Dallas y curadora de la exposición La revolución impresionista: de Monet a Matisse que se presenta actualmente en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Veamos.

 

Ruptura en la forma de pintar

Los impresionistas dejaron atrás la tradición académica de trazos suaves y estudiados para adoptar pinceladas rápidas, gruesas y fragmentadas. Esto les permitió capturar la luz y el movimiento de manera más espontánea, además de que con ello buscaban reflejar la sensación del instante. Sus obras contrastaron así con las composición rígidas y completamente planificadas de artistas previos: mientras que antes la norma era realizar bocetos detallados y numerosos estudios antes de emprender la obra, los impresionistas trabajaron directamente sobre el lienzo con un enfoque más intuitivo.

Camille Pissarro, «Place du Théâtre-Français, effet de brouillard» (1897)

Una paleta sin negro

El negro fue prácticamente desterrado de la paleta impresionista. Los artistas creían que en la naturaleza el negro puro rara vez se veía, salvo en condiciones extremas como el frío intenso. 

Edvard Munch, «Bosque de Turingia» (1904)

 

Uso de colores "más terrenales"

En el sentido del punto anterior, los pintores del impresionismo adoptaron tonos más cercanos a la tierra, tales como ocres, distintos matices del verde, azules, ello con el fin de acercar tanto como fuera posible la pintura a la "impresión" de la naturaleza.

Claude Monet, «Nymphéas, Les Nuages» (1903)

 

La cotidianidad como protagonista

Antes del impresionismo, el arte estaba dominado por grandes escenas mitológicas, religiosas o heroicas. Los impresionistas, en cambio, dirigieron su mirada a la vida diaria: obreros, paisajes urbanos, reuniones sociales y momentos efímeros de la existencia cotidiana. Más que la complejidad del tema, les interesaba capturar la fugacidad de un instante. Esta nueva visión acercó el arte a la realidad inmediata, haciéndolo más accesible y cercano.

Gustave Caillebotte, «Roses jaunes dans un vase» (1882)

 

El aire libre como taller

Hasta el impresionismo, lo normal para el artista era el trabajo en estudio, es decir, en interior. Si bien los pintores y otros artistas plásticos llegaban a realizr bocetos al aire libre, el trabajo de perfeccionamiento se realizaba en el estudio. En cambio, los impresionistas trasladaron todo el proceso creativo a exteriores. Pintaban en jardines, riberas, campos de cultivo, puentes y calles para captar directamente los efectos cambiantes de la luz y la atmósfera, dotando de frescura y dinamismo a sus obras. Cabe mencionar que para que esto fuera posible fue necesaria la invención del tubo de pintura al óleo, patentado en 1811 por el estadounidense John Rand y cuya fabricación a gran escala se dio a partir de 1841. Sin este soporte material es posible que la revolución impresionista no se hubiera dado o hubiera tenido un devenir muy distinto.

Berthe Morisot, «Le port de Nice» (1882)

 

Si quieres conocer más acerca de la corriente impresionista, el Palacio de Bellas Artes presenta la exposición internacional La revolución impresionista: de Monet a Matisse del Museo de Arte de Dallas que reúne 45 obras provenientes de las colecciones del Museo de Arte de Dallas. La exposición estará abierta al público a partir del 25 de marzo al 27 de julio de 2025, de martes a domingo de 10 a 18 horas. 

 

 

 


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Imagen de portada: Camille Pissarro, «Marché aux poissons, Dieppe» (1901)