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La creencia de que para tener un buen matrimonio hay que casarse a los 30 y habiendo vivido juntos antes podría estar equivocada
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Especialmente en nuestra época existe la creencia generalizada de que casarse alrededor de los 30 de edad y con alguien con quien ya se ha vivido en pareja durante un tiempo es no sólo lo aconsejable, sino que además ambas circunstancias operan como una especie de "garantía" para evitar el divorcio.

Sin embargo, la evidencia parece sugerir que en estos tiempos en que vivimos hay poca "sabiduría" en torno al amor. Contra la percepción social corriente, los matrimonios que no han cohabitado juntos antes y que se concretan antes de los 30 años tienen menor probabilidad de llegar al divorcio. Esto según una investigación publicada recientemente. 

El estudio en cuestión, divulgado en el diario The Wall Street Journal, muestra que las mujeres que vivieron con su pareja antes de casarse tuvieron un 15% más posibilidades de divorciarse. Esta cifra subió al 50% cuando ya habían cohabitado con otra persona más, además de con la pareja con la que se casaron. Por otro lado, casarse a una edad temprana, sin haber vivido juntos, resultó en bajos índices de divorcio. 

La cohabitación resulta positiva pero sólo en el caso de las personas que tienen 30 años o más: con esas parejas, haber vivido juntos tiende a resultar en menos divorcios. Otro factor que parece incidir en este fenómeno es que las personas que se casan jóvenes suelen tener ciertos valores religiosos en los que todavía creen y observan.

Asimismo, resulta interesante que las personas que se casaron entre los 20 y los 25 años de edad reportaron más satisfacción en su relación en general, aunque menos capacidad de resolución de conflictos. 

Los autores del estudio, Brad Wilcox y Lyman Stone, especulan que el éxito de los matrimonios que no han vivido juntos previamente es que existe menor rango de comparación, y es bien sabido que la comparación es una fuente casi segura de infelicidad. Otro motivo que podría explicar el mayor éxito de estas relaciones puede ser la novedad o inocencia ante la experiencia. A partir de los 30 años, muchas personan empiezan a perder cierta frescura, espontaneidad y capacidad de asombro.

Por último, cabe anotar otro factor, que combina un poco los dos anteriores, y es que las personas que se casan jóvenes tienen menos hábitos duramente consolidados y tienen mayor capacidad de transformarse juntos.  No se cierran tanto a una forma de vivir pues no tienen tantos puntos de comparación que les hagan asimilar la idea de un "deber ser". Dicho de otra manera: tienen menos que desaprender para poder embarcarse juntos en una aventura de amor. 

Actualmente, el promedio de edad de matrimonio en Estados Unidos es de 30 años para un hombre y 28 para una mujer, un aumento notable en comparación con décadas pasadas. En 1970, por ejemplo, dicho promedio era 23 años para los hombres y 21 para las mujeres. Además de esto, en general las personas están optando por no casarse, sino más bien por formar parejas o, como se dice en inglés, "partners" (curiosamente, la misma palabra que se usa para socios en un negocio). 

Otro de los mitos modernos es que las personas que no se casan son más felices que las personas que si casan, o que esto es particularmente cierto en el caso de las mujeres. Existe un estudio que indica esto, pero la forma en la que fue hecho ha sido seriamente cuestionado. En realidad, en general las personas casadas suelen tener mejor salud y mayor satisfacción en la vida, lo cual no significa que no haya personas solteras muy felices o que el matrimonio sea para todos. En realidad, el factor decisivo de satisfacción o felicidad parece ser compartir un alto grado de intimidad de manera sostenida con otra persona.

Quizá haya más sabiduría en la vieja costumbre: casarse joven y sin haber vivido juntos antes.


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Imagen de portada: Hope Jones/Twisted