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Sencillos tips para respirar bien usando mascarillas y no afectar el sistema nervioso

Salud

Por: pijamasurf - 11/23/2020

Usar una mascarilla es importante, pero no respirar apropiadamente puede tener algunas consecuencias indeseables

Una de las cuestiones que la pandemia ha subrayado es la importancia de la respiración. De hecho, la pandemia puede claramente considerarse una crisis de la respiración en el planeta, ligada a los problemas ambientales. Poco antes de la irrupción de la covid-19 que acaparó la atención del mundo, estábamos presenciando el fenómeno alarmante de los incendios en Australia y otras partes del mundo que producen los aires contaminados. Asimismo, aunque no ha recibido mucha atención de los medios, la contaminación aérea es una de las principales causas de muerte en el planeta. Como se publicó aquí, el artista y médico Ariel Guzik sugirió que la crisis que vivimos como civilización se caracteriza en todas partes por un "no poder respirar" y está condición está ligada a razones políticas e incluso espirituales, que tienen que ver con nuestra relación inarmónica con el planeta.

Actualmente, al tiempo que el mundo se prepara para la que probablemente sea la última parte de la pandemia pero también la más cruda y dura, particularmente con el invierno en el hemisferio norte (donde vive la mayor parte de la población mundial), es fundamental tomar medidas preventivas para evitar el contagio y mantener en buen estado el sistema inmune. Sabemos que las mascarillas pueden jugar un papel importante en el contagio del virus. Así que, sin lugar a dudas, es importante utilizarlas.

Dicho eso, también resulta esencial notar el papel que juega la respiración en la salud y en el funcionamiento del sistema inmune. En parte a causa del nuevo coronavirus, este año se ha enfocado la atención en los procesos respiratorios y se ha incrementado la conciencia de la sociedad en torno a la importancia de la respiración, la cual tiene un papel central en la modulación del sistema nervioso y puede considerarse tan importante quizá como el sueño, la dieta y el ejercicio al procurar la salud.  Hay claramente una fuerte tendencia a recurrir a lo que en inglés se llama breathwork, el uso no sólo terapéutico de la respiración sino también como un modo de incrementar el performance y tratar diferentes condiciones como pueden ser el insomnio, el asma, la sinusitis y diversos padecimientos directamente asociados con el estrés.

Entre los terapeutas que han estado informando de manera fundamental a la sociedad se encuentran Robert Litman, Patrick Mckeown y Brian Mackenzie. Algunos científicos como Andrew Huberman, de la Universidad de Stanford, han confirmado la validez científica de ciertas terapias (incluido el trabajo de Wim Hof) y han divulgado información práctica que esclarece la relación entre la respiración y el sistema nervioso. Un nuevo libro, Breath: New Science of a Lost Art, de James Nestor, ha documentado este movimiento y la excitante ciencia que está emergiendo en estos momentos. 

En esta ocasión queremos compartir unos sencillos tips para poder usar las mascarillas sin problemas y no afectar a los demás ni a nosotros mismos. Este tip viene de Robert Litman y es muy sencillo, pero primero debemos recordar algo: debemos intentar respirar siempre por la nariz. Evidentemente, si una persona está seriamente congestionada o siente ansiedad cuando respira por la nariz, es preferible que respire por la boca y no se angustie. Pero cuando pueda relajarse, lo recomendable es que busque terapia o tratamiento para poder respirar por la nariz. Las razones son las siguientes.

En 1998, el doctor Louis J. Ignarro, junto con otros científicos, descubrió que el ser humano produce óxido nítrico, fundamentalmente a través de la respiración nasal (es decir, mucho menos por la boca). El óxido nítrico promueve la circulación y aumenta los niveles de oxígeno en la sangre. Además este gas tiene propiedades antimicrobiales importantes y puede servir como un antiviral. Existen diversos estudios que sugieren que respirar por la nariz está asociado con una mayor calidad de sueño, lo que tiene una relación directa con la función inmune y cognitiva. 

En este video, Robert Litman sugiere que para respirar con una mascarilla puesta debemos primero, como es obvio, relajarnos y no luchar contra el hecho de que efectivamente estamos recibiendo menos aire. Los efectos de usar una mascarilla no son demasiado importantes si somos capaces de mantener una respiración relajada. En este sentido, hay dos cosas que debemos evitar. 

Una es la sensación de querer llenarnos de aire rápidamente (algo que puede pasar, pues estamos acostumbrados a recibir más aire). Cuando intensificamos y aceleramos la respiración se produce una respuesta automática de adrenalina, es decir, estrés. Lo esencial aquí es que la respiración debe ser lenta y continua. Esto es, inhalar lentamente y exhalar lentamente y tratar de que las inhalaciones y las exhalaciones sean de la misma duración, a menos de que queramos calmarnos, en cuyo caso podemos intentar que la exhalación dure más que la inhalación. A menudo se dice que respiremos profundo, pero es más importante respirar lentamente, sin forzar el proceso. Respirar lentamente también puede ayudarnos a utilizar el diafragma (en lugar del pecho) y a no lastimar los músculos que usamos para respirar. 

El otro problema que suele ocurrir es la sensación de calor. Para evitar esto podemos llevar nuestra atención a la nariz observando que el aire, al entrar en las fosas nasales, entra a un lugar más frío en el que el calor se disipa. Atender a esta sola imagen-sensación de manera relajada puede ser suficiente para disminuir el calor y el agobio de respirar con una mascarilla. Si logramos respirar de manera tranquila y natural con la mascarilla, usando la nariz, no tendremos ningún tipo de problema de salud e incluso podemos entrenar nuestro proceso respiratorio y empezar a sentir algunos de los beneficios de ello.

En próximas entregas exploraremos algunas de las técnicas y de la ciencia que plantea la práctica de la respiración como la herramienta natural que tiene el ser humano para modular sus estados de ánimo y regular su sistema nervioso, lo que le permite pasar de un modo simpático a uno para parasimpático o viceversa, según sea conveniente.

 


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