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En esta edición de DECÁLOGO hacemos un recorrido por 10 de las mejores cintas fotografiadas por el gran fotógrafo británico, que ha legado verdaderas estampas oníricas a la cinematografía universal

1917 se convirtió en una de las cintas mejor calificadas y recibidas del año 2019, irrumpiendo con sorpresa en la presente temporada de premios. Los rumores acerca de su propuesta visual sobrepasaron de inmediato la expectativa que habían adquirido su guion, reparto, e incluso la dirección encargada al talento del laureado director británico Sam Mendes, ya que indicaban que la misiva sería entregar una película filmada en una sola toma, y esta encomienda estaría delegada al maestro Roger Deakins. La misión de una sola toma o de películas filmadas con la semejanza creativa de presentar una larga secuencia había sido ya abordada a lo largo de la historia en diferentes cintas, como lo veremos en el apartado dedicado a la película, y Deakins lo hizo con un extraordinario resultado, una obra maestra de la fotografía cinematográfica. 

Preferida de la crítica y una consentida de la audiencia desde su cariz visual, 1917, anclada en las cuitas de la Primera Guerra Mundial, narra un drama epistolar, donde un mensaje vital debe ser entregado, una correspondencia de vida o muerte, crucial para ambos bandos, y esta aventura es contada mediante una secuencia continua, un efecto que al semejar la toma única entre la acción, disparos, combates aéreos y territoriales, recorridos a través de trincheras, cuevas, campamentos aliados y enemigos, alcanzó un mérito técnico que le ha merecido diferentes galardones. 

Deakins es considerado uno de los más grandes fotógrafos de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, sus tomas han sido vanagloriadas, imitadas, reconocidas, y ha generado un culto no sólo devenido de otros fotógrafos sino también por parte de directores y cinéfilos que han otorgado a su obra un grado de culto. Y este año, como reconocimiento a su aportación técnica y artística, recibió su segunda estatuilla en la reciente entrega de los Premios de la Academia. En esta edición de DECÁLOGO hacemos un recorrido por 10 de las mejores cintas fotografiadas por el gran fotógrafo británico, que ha legado verdaderas estampas oníricas a la cinematografía universal. 

 

10. BARTON FINK (Barton Fink,  Hermanos Cohen, 1991)

Ganadora del Festival de Cine de Cannes, Barton Fink es una película que explora el arte de las letras desde una perspectiva cinematográfica apegada a los conflictos que suscitan la inspiración o la ausencia de esta. Los hermanos Cohen recurren a la fotografía de Roger Deakins para retratar, mediante una iluminación de sepias, la evocación de un estado de la mente que se siente confundido, introspectivo y paranoico, a través de la caracterización del dramaturgo Barton Fink, interpretado por el estupendo John Turturro –también ganador en Cannes a Mejor Actor–, y de su circunstancial vecino, John Goodman, un vendedor de seguros que ostenta la cuita detonadora de la trama. Deakins hace uso de acercamientos expresivos y abre espacios a pasillos como un sendero abierto o de laberinto para los personajes, al tiempo que retrata en diversas ocasiones tomas de dos personajes, sea de espaldas o de frente, en un intimismo que acerca de forma empática las intenciones narrativas de los directores. 

El recurso literal de la fotografía como signo de evocación hace que la cámara tenga un diálogo franco entre la nostalgia y la imagen, mientras la observación de espacios por parte del personaje central aguarda problemas o resoluciones, la audiencia queda en expectativa y Deakins culmina la espera con la soberbia secuencia del incendio, donde el fuego consume el pasado, las historias y las salidas del mismo laberinto que ha creado. 

 

9. SUEÑOS DE FUGA (The Shawshank Redemption, Frank Darabont, 1994)

Una de las mejores cintas de la década de los noventa, una obra maestra basada en la novela de Stephen King, Sueño de fuga es un referente del cine noir producido en esa década, que suma en su realización al espíritu de redención liberadora que se convirtió en todo un clásico. Protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman, la película explora la libertad como un motivo, como causa y razón de la prisión misma, y para describir los contextos desde donde se gesta la hermandad, la complicidad y la esperanza, Frank Darabont contó con el arte de Roger Deakins. 

Sueños de fuga tiene varias secuencias emblemáticas de la cinematografía. Más allá de la toma en picada y a brazos abiertos de Tim Robins bajo la lluvia entre los claroscuros de la noche, la administración de espacios permite percibir una sensación de respirar un aire aprisionado; el paisaje alrededor puede ser bello, verdoso, pero no puede ser disfrutado en libertad, pues tras sentirlo unos minutos, aguarda de nuevo la oscuridad de la celda, y los colores se pierden causando un deseo inconmensurable por lograr la emancipación. La cinta está ubicada en Maine, pero al ser filmada en Ohio, Deakins tiene la tarea de ambientar el escenario y de compaginar el paisaje con la soledad de una penitenciaría atiborrada de resignación. 

La libertad existe en los sueños, y desde la imaginación puedes situarte donde el cuerpo no puede llegar; el cautivo sabe qué existe afuera y eso aumenta la angustia, el prisionero es inocente y eso exacerba su deseo de justicia, no existe un conflicto moral sino una oportunidad redentora de la historia misma. Atendiendo a la trama, al igual que en Barton Fink, Deakins aborda las relaciones humanas mediante tomas que unen a dos personajes, presentando un marco de comunicación, comprensión y empatía. La escena filmada en la playa, donde la redención adquiere sentido o la fuga consuma su morada, fue filmada en Zihuatanejo, México, y ubicada en los años sesenta, es uno de los momentos más emotivos que Deakins captó con su cámara. 

 

8. KUNDUN (Kundun, Martin Scorsese, 1997)

Dirigida por Martin Scorsese, Kundun es una épica que permite el despliegue artístico a lienzo firme del maestro Deakins. El colorido y los paisajes abiertos sobresalen en una película que narra los primeros años del Dalái Lama y por ende debe ofrecer desde su fotografía una sensación afable para la espiritualidad, la contemplación y la mirada reflexiva. Filmada en Marruecos y en el monasterio Karma Triyana de Nueva York, Kundun es una de las películas menos populares en la filmografía del maestro Martin Scorsese, y situada entre los años treinta y cuarenta, ofrece una vez más el talento del fotógrafo puesto al servicio de la narrativa. 

Los ángulos y panoramas que ofrece su fotografía amplían la gama de colores del horizonte cobrizo con el traje dorado del protagonista, y con los tintes igualmente refulgente de sus templos. El color rojo es de suma importancia en la cinta, un corolario que acompaña al niño y al joven Dalái Lama, y que contrasta de forma armónica con la vestimenta y el sol como testigo, haciendo de los amaneceres y atardeceres verdaderos personajes desde el arte de Roger Deakins. 

Las montañas son un elemento clave en Kundun. El color rocoso combinado con el banco de la nieve posibilita de inmediato situarse en la geografía, en el clima y en la concepción oriental del espacio, pero es sin duda la secuencia de oración, donde el maestro nos obsequia todo su talento, con una captura lo mismo respetuosa que sublime, íntima de forma cultural, informativa en el detalle, ilustrando el ritual, la ceremonia, y el momento espiritual que brinda significado a la fe del personaje que homenajea y de la historia de vida que cual ejemplo comparte. 

 

7. ¿DÓNDE ESTÁS, HERMANO? (Oh Brother, Where Art Thou?, Hermanos Cohen, 2000)

Ambientada en las riberas del río Mississippi, ¿Dónde estás, hermano? representa  la quinta colaboración entre Roger Deakins y los hermanos Cohen. En la cinta, el fotógrafo nuevamente sitúa sus ángulos en una prisión, en esta ocasión hacia finales de los años treinta. Protagonizada por George Clooney, John Goodman, Tim Blake Nelson, Holly Hunter y John Turturro, la película es una genuina odisea homérica de comedia involuntaria y canciones acompasadas por los deseos de libertad como un objetivo compartido, fungiendo como un auténtico catalizador de los anhelos. 

Deakins presenta escenarios plenos de verde, de arbustos, árboles, pantanos, del río que fluye en su cauce, del sol, de la humedad y del bochorno del calor como testigo; el blanco y negro de los uniformes en los presidiarios adquieren el tono gris del polvo, del lodo y de las cuitas, y en esa tonalidad se mimetiza con la tierra y el carbón como un enlace. Filmada en Canton, Mississippi, y en parajes de Carolina del Sur, la cinta es un homenaje a la obra maestra de Preston Sturges Los viajes de Sullivan, que de suyo es un homenaje al cine y a la libertad que se vive desde la contemplación que imagina desde su privación.  

Deakins se enfrenta así, nuevamente, a una película de prisión y libertad dialécticas y a un escape que avanza en un camino de vicisitudes, ofreciendo una secuencia icónica (sí, esa en que los prisioneros corren presurosos para subirse al tren en movimiento) y que resume el sustancial periplo del trinomio furtivo, una toma ya clásica del cine contemporáneo. 

 

6. EL HOMBRE QUE NUNCA ESTUVO ALLÍ (The Man Who Wasn’t There, Hermanos Cohen, 2001)

Una auténtica obra de arte de la cinematografía, El hombre que nunca estuvo allí nos permite admirar el talento de Roger Deakins desde el blanco y negro; consumando su lente en la ambientación del cine épico y de época, en esta película ofrece un despliegue de ángulos y claroscuros extraordinarios. Los perfiles ante la sombra y el humo de un cigarrillo, la sombra nuevamente para indicar la entrada del personaje tras la puerta o dejar paulatina la mirada iluminando el rostro, son algunos de los matices ópticos que Deakins nos regala a través de las ventanas, de un foco que se enciende y apaga, de la dubitación, el letargo y la ausencia de quien nunca estuvo. 

El color blanco es más importante que el negro que parece dominar la escena, y es que el barbero es al blanco lo que el negro a la noche para la trama, de ahí que el humo sea la significante escala de grises de su parsimonia. Ganadora del premio a Mejor Dirección del Festival de Cine de Cannes, El hombre que nunca estuvo allí está situada en Santa Bárbara, California, hacia finales de la década de los años cuarenta, y protagonizada por un elenco encabezado por Billy Bob Thornton, Frances McDormand, James Gandolfini, Tony Shalhoub y Scarlett Johansson, es una historia que aborda el romance, la infidelidad, el chantaje y los cortes de cabello, y al más puro estilo del cine noir, Deakins recrea la época y el arte de la fotografía de su tiempo para transportar a la audiencia con pericia y sumergirla en la pausada grafía de su protagonista. El barbero es un observador que atiende lo que sucede y que decide actuar en una resolución más razonada que instintiva, y por irónico que parezca, más ingenua que calculadora. 

Deakins refleja la época, aborda el género y explora la trama desde su propuesta visual, que parece capturar cada momento como un fotograma suspendido en el tiempo. 

 

5. SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES (No Country For Old Men, Hermanos Cohen, 2007)

Ganadora del premio Óscar a Mejor Película y a Mejor Dirección, Sin lugar para los débiles es una de las mejores películas de la primera década del nuevo siglo, destacando por las actuaciones de Josh Brolin, Tommy Lee Jones y Javier Bardem, la dirección orquestal de los hermanos Cohen, y por la fotografía manifiesta de Roger Deakins, una obra maestra poderosa, aguda, plena de tensión y movimiento. La cinta, filmada en Marfa, Texas, Las Vegas y Nevada, así como en localidades de Nuevo México, describe los vericuetos causados por un atraco frustrado, una cacería humana y una persecución policial que resultan en una panorámica tensa, puntillosa y violenta. 

Deakins vuelve a los escenarios naturales presentando desolación, aislamiento, escape y reclusión, física, espacial y mental, una combinación de profunda complejidad que el fotógrafo enmarca con sobrados atributos, destacando la forma en que, sublime, presenta el árido paisaje enhebrado con la angustia de quien escapa, la ira de quien caza y la ansiedad de quien persigue. Deakins ha captado diversas décadas del siglo XX, y en esta cinta le imbuye a los años setenta su estética cobriza y su gama paisajista única, puertas, parajes y lámparas, sol, tierra y horizonte, rostros y expresiones, donde prevalecen los colores de la vestimenta en cada uno de los personajes, como un guiño de intencionalidad y determinación. 

Las montañas imponentes contrastan con el matorral apenas crecido, y los pasos de las botas crujen al tiempo que los sombreros juegan al vaivén de las salutaciones o del cansancio que al sudor se agita; todo lo anterior de nuevo une al contraste, como el corte de cabello de Bardem, un imponente detalle narrativo que da identidad y misterio al personaje, pero que permite a Deakins experimentar con los colores que lo rodean. 

 

4. SKYFALL (Skyfall, Sam Mendes, 2012)

Para muchos críticos y un sector de la audiencia, Casino Royale marcó un antes y un después en las cintas de la serie del agente secreto James Bond, no sólo por la unción de Daniel Craig como protagonista, sino por el realismo y cierto grado de crudeza con que el personaje aparece, teniendo sufrimiento, crisis, remordimiento y frialdad al mismo tiempo. Pero es la tercera aparición de Craig como el agente 007 la más exitosa en términos de taquilla a nivel internacional. Skyfall, dirigida por el británico Sam Mendes, no solamente es una de las mejores películas de James Bond, sino también una de las mejor fotografiadas.
 
Roger Deakins explora el cine de acción mediante la captura de secuencias llenas de adrenalina y movimiento, donde la dinámica, las acrobacias y la pirotecnia sobresalen en las escenas climáticas, lo que permite al fotógrafo innovar su propio estilo y técnica, sin que esto soslaye su sello característico; valga enunciar las entradas y salidas de puertas y pasillos, la iluminación de las siluetas y los matices de colores fijos con el cobrizo horizonte y el juego de sombras que emerge de los paisajes al tono de los personajes. Colores como el blanco, el amarillo o el negro, responden al turno de quien comanda la escena, y el escenario que les viste representa el cenizo significativo que da título a la cinta. 

Daniel Craig, Javier Bardem, Judy Dench, Bérénice Marlohe, Ralph Finnes, Ben Wishaw, Nahomie Harris y el enorme Albert Finney integran el coral elenco de esta cinta filmada en Turquía, China, Japón, Inglaterra y Escocia, en diferentes climas, orografías y panoramas que permitieron a Deakins plasmar una acuarela de luces y sombras. La iluminación de Skyfall es por demás poderosa, una bella postal que provee profundidad y refleja frente al personaje visos azules cual espejo, líneas que son más detalle que requerimiento, pero que matizan una obra visual por demás sugerente. 

 

3. SICARIO (Sicario, Denis Villeneuve, 2015)

Roger Deakins ofrece uno de sus mejores trabajos tras la lente en esta poderosa, cruda y angustiante película dirigida por Denis Villeneuve sobre los cárteles y la frontera México-Estados Unidos. Las secuencias que presenta Deakins son por demás alucinantes, realistas y atrevidas, un ejercicio temerario que encumbraría un par de cintas más adelante en su canon. En esta película, al parecer lo más importante para Deakins no es el uso del color en sí, sino la colocación de la cámara, la proyección de luces y lentes, así como la disposición estratégica del equipo técnico para brindar movimiento a cada escena y seguimiento al personaje. 

Bajo la dirección acuciosa de Denis Villeneuve, Sicario es una cruda, violenta e intensa panorámica de los cárteles situados en la frontera entre México y Estados Unidos; el director hace un seguimiento de las fuerza especiales, de la corrupción en todos los niveles y de ambas partes aborda el deber y la ética, el riesgo, el reto y la resignación de quien ejerce su trabajo. Cada incursión al espacio del delito es una angustiosa caminata, seguida espalda con espalda y desde la mira por el talento de Deakins y su cámara en movimiento. El fotógrafo se da a la tarea de innovar en la disposición de su lente pero también en construir artefactos, armar dispositivos técnicos o diseñar improvisados recursos para conseguir la mejor toma y hacer de la secuencia una obra de arte cinematográfico. En Sicario Deakins apoya al director en su franca misiva intencional mediante la realización de una serie de largas tomas únicas y secuencias continuas que van in crescendo a medida que se devela en la edición una trinchera o un camino, y para las cuales dispone de precisas coreografías para cada escena, donde el fotógrafo relata una acción, presenta un escenario y prosigue hacia su descubrimiento. Sicario, filmada en Nuevo México, protagonizada por Benicio del Toro y Emily Blunt, sobresale por el matiz de sus países que al ocre tradicional de sus horizontes, agrega una gama de colores lilas, azules y amarillos, propios del ocaso, y por la exposición de sombras a contraluz que, por ejemplo al mostrar algún personaje recorrer un túnel, simula entradas vistas desde una salida inexistente pero que permite brindar aire a la toma, sin dejar de pretender la asfixiante experiencia del protagonista, como los visos cilíndricos cuyo recurso semeja las armas, las miras y su laberinto. 

 

2. BLADE RUNNER 2049 (Blade Runner 2049, Denis Villeneuve, 2017) 

Nuevamente en colaboración con Denis Villeneuve, Roger Deakins asume la difícil tarea, un reto mayúsculo, de realizar la fotografía de la segunda parte del clásico de culto Blade Runner. Dar vida al universo ambiental de la obra maestra de Ridley Scott no sólo era un desafío para el director sino para el propio Deakins, quien gracias a esta extraordinaria cinta recibió sendos halagos de la industria y de la audiencia, recibiendo además, tras varias nominaciones, el premio Óscar a Mejor Fotografía. Para fotografiar la futurística cinta, clásico indiscutible de la ciencia ficción y epítome de los años ochenta, Jordan Cronenweth fue seleccionado por Ridley Scott. El trabajo resultó en una innovadora, evocadora y sugerente fotografía, plena de tomas icónicas y secuencias alucinantes, donde a la vera de los efectos de la época, capta la angustia existencial, la incertidumbre, la confusión y la ética al amparo de un futuro distópico, posmoderno, desbordante de oscuridad, de luces y sombras, de rostros sobre los edificios de ciudades en estática y sinergia, de artefactos, vehículos y atuendos vertidos en el negro que resalta el caleidoscopio visual de su propuesta. 

Deakins asume el reto de fotografiar la secuela del clásico y, de la mano de Denis Villeneuve, construye un marco visual de extraordinaria realización para la cinta protagonizada por Harrison Ford, Ryan Gosling y Ana de Armas. Filmada en Hungría, la película permite a Deakins, experto en retratar dramas épicos y películas de época, presentar su arte para una trama futurística, y tal como en Sicario captura el tiempo real, en Blade Runner 2049 abre un panorama único, creando desde su óptica un futuro para el futuro que había sido concebido en la cinta original, lo que implicó vislumbrarle un futuro al pasado que había construido su devenir. Desolación, ansiedad, soledad, vacío y esperanza, se vierten en la escala de colores que van desde el cobrizo característico del maestro hasta los grises del agua que acusa de mareas ser testigo. Al extraordinario diseño de arte de la cinta, Deakins enmarca su óptica en ángulos que capturan la visión de personaje como un caminante que abre senderos al recorrido y es capaz de reflejarse en los edificios que le atisban.

 

 

1. 1917 (1917, Sam Mendes, 2019) 

1917 es una obra maestra de la fotografía, un cometido extraordinario que el director asume como una propuesta técnica en favor de la narrativa y Deakins eleva al grado de innovación cinematográfica. Inspirada en cintas clásicas filmadas en una sola secuencia o en secuencias largas que simulan una larga toma, Deakins provee a su director de una simulación de toma única sublime, de gran realización y esmero, de creatividad e improvisación implícitas. El maestro Alfred Hitchcock hizo la proeza de filmar La soga en 1949 con una sola toma, el genio Orson Welles hizo las veces en la memorable secuencia inicial de Sed del mal de 1958 y Aleksandr Sokúrov cimbró la industria a inicios de siglo con la célebre El arca rusa del año 2002, filmada en una secuencia continua de 1 hora y media de duración. No obstante, algunas otras cintas han propuesto una mezcla de largas secuencias y edición continua, para mostrar el efecto de una sola toma; en el caso de largas secuencias tenemos a Emmanuel Lubezki, quien para Los niños del hombre presenta una secuencia de persecución extraordinaria, y es justo con el fotógrafo mexicano –amén del intento por realizar secuencias largas como en Birdman, que a su vez funciona con la técnica de simulación de una sola toma– por la utilización de luz natural en exteriores, tal como el mexicano realizó en El árbol de la vida o en El renacido

En 1917, Roger Deakins vuelve a colaborar con el director Sam Mendes, y el resultado es un hito de la cinematografía contemporánea, especialmente dominada por el cine de súper héroes o por secuencias de acción que recurren, salvo notables excepciones, John Wick o Mission Impossible, al uso de pantallas verdes y al recurso excesivo de la tecnología CGI. Deakins consigue captar la emotiva trama, un par de soldados reciben la encomienda de entregar un mensaje al otro lado de su trinchera, con ello deben detener un ataque al enemigo que ha simulado la retirada, al haber detectado la trampa, la misiva se vuelve un asunto de vida o muerte, ya que de su entrega depende salvar miles de vidas, incluyendo de suyo, la del hermano de uno de nuestros protagonistas, George MacKay y Dean Charles-Chapman, quienes junto a los destacados cameos de Colin Firth, Mark Strong, Andrew Scott, Richard Madden y Benedict Cumberbatch, conforman un elenco de estupendas interpretaciones. 

Filmada en Inglaterra y Escocia, 1917 irrumpió en la temporada de premios con la adrenalina misma del escape y el armónico cauce de la fotografía del maestro, quien apoya el excelso trabajo de dirección artística que recrea las trincheras de bandos opuestos en las instancias finales de la Primera Guerra Mundial. Mediante vehículos especiales, diseñados ex profeso, motocicletas, cámara en mano, uso de dolly, rieles y camarógrafos a paso raudal incluyendo al propio Deakins, 1917 atendió a un presupuesto limitado que no permitía realizar muchas tomas, especialmente aquellas que integran disparos y explosiones, para lo cual el elenco debió ensayar durante varios meses las escenas para dar paso al guion y evitar en la manera de lo posible los errores, ensayos generales, repeticiones y la ubicación de posiciones específica para cada actor, fueron algunos de los enormes retos que tuvo la producción, y Deakins, a cargo de la fotografía, debía estar atento a la probable improvisación derivada de la propuesta. 

Además de la trama y de la dirección que hacen de 1917 una gran película, es el trabajo de edición y en particular la fotografía lo que destaca en medio de una brillante realización cinematográfica.  

 

Iván Uriel Atanacio Medellín es escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial hispanoamericana. Es autor de las novelas El Surco El Ítamo, y de los poemarios Navegar sin Remos y Puntos cardinales, los cuales abordan la migración universal y han sido estudiados en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es director editorial de Filmakersmovie.com.