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Elocuentes y encantadores videos de la princesa Charlotte Casiraghi hablando de filosofía

Filosofía

Por: pijamasurf - 05/27/2019

La princesa Charlotte, con elegancia y elocuencia, promueve la filosofía en Europa

Para cualquiera que ame la filosofía y sea sensible a la belleza, algo que debe esperarse de cualquier filósofo, la princesa Charlotte Casiraghi, la nieta de la princesa Grace Kelly, es una bocanada de aire fresco, una suave corriente de brisa que lleva perfume y espíritu... o Logos. Charlotte es licenciada en filosofía y autora de un libro de filosofía que reflexiona sobre la modernidad, justamente sobre la importancia del pensar filosófico en un mundo cada vez más banal y menos racional. 

En los últimos años Charlotte ha encabezado Les Rencontres Philosophiques de Monaco (Los Encuentros Filosóficos de Mónaco), una serie de jornadas en torno a la discusión de la filosofía, talleres, coloquios y un premio al mejor libro francés de filosofía. La princesa, con una cierta inclinación platónica, ha dicho que "la filosofía debe estar en el corazón de la ciudad". Quizá ella sería una mejor gobernante, más cerca del ideal platónico del rey-filósofo, pues ha mencionado que la filosofía:

es una conciencia humana de lo real, un cuestionamiento que nos permite actuar desde valores y principios; en una época de confusión y prejuicios, nos aclara [el rumbo] y en otras ocasiones deconstruye nuestras certidumbres para ayudarnos a encontrar sentido a nuestras acciones.

A continuación presentamos una serie de videos, a riesgo de dejar aquí material adictivo. Al menos, confiamos en que esta nueva adicción será más edificante que ver fotos de Instagram. Los videos están en francés, pero cuentan con closed caption y subtítulos.

Aquí Charlotte comenta que llevar a la gente a la filosofía, aunque parece difícil porque generalmente el mundo moderno está alejado de la filosofía, es esencial. En realidad "la filosofía responde a preguntas que todas las personas se hacen", y por lo tanto, es relevante. Charlotte señala que el amor es una de las cuestiones fundamentales de la filosofía, y por ello fue uno de los temas centrales del coloquio.

El filósofo Nicolas Grimaldi dice estar impresionado por Charlotte (¿cómo no estarlo?) y por su inteligencia y belleza deslumbrante, esa feliz e insuperable combinación. Vivimos, dice el filósofo, una época banalizada por la expansión de la técnica, por lo que es importante recuperar a la filosofía.

 

Aquí con Robert Maggiori, coautor de su libro Archipiélago de pasiones de filosofía. Más allá de la sospecha de la "escritura fantasma", Charlotte habla con donaire de cómo en nuestra época la emoción reemplaza a la reflexión. Maggiori sugiere que la filosofía nace del diálogo con los otros, algo que es importante recordar en la Francia xenófoba de la actualidad.

 

Aquí Charlotte, con su característica elocuencia y elegancia, premia a Vinciane Despret con el primer Prix de Philosophie en el año 2016.

 

Aquí Charlotte habla de cómo la filosofía hace "flexible el pensamiento". Los autores sugieren que el problema de hoy en día es la médisance, un término que remite a hablar mal de los demás (el chisme, el escándalo, la difamación), y en general a la discusión de bajo nivel que se da ahora en las redes sociales.

 

En este video, siguiendo la escuela del más influyente de los filósofos franceses, René Descartes, Charlotte habla sobre la duda, "Je doute tout le temps!". Añade que vivimos en una era de conexión permanente a través de la tecnología pero, paradójicamente, el auténtico encuentro con el otro es cada vez más difícil.

 

Aquí Charlotte hace un sentido homenaje a Anne Dufourmantelle, su musa filosófica, y lee uno de sus textos, "L'hospitalité", sobre el psicoanálisis, el amor y el trabajo. 

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La filosofía en la antigüedad era un arte de vida o un "ejercicio espiritual", y cuando menos, una terapia. La modernidad ha hecho de la filosofía algo más parecido a una disciplina retórica, una ciencia del discurso racional, una especie de gimnasia verbal que la acerca más al sofismo criticado por Platón. Así tenemos que desde la época de Homero, según nota Thomas McEvilley, se entendió que el logos era "para el alma como la medicina para el cuerpo". Los griegos no eran dualistas cartesianos, y consideraban que la salud debía abarcar ambos aspectos. Pitágoras, nos dice Jámblico, utilizaba ciertos metros con los que cantaba a sus discípulos para curarlos de múltiples padecimientos, siguiendo la idea de que el alma era fundamentalmente un ritmo y la salud era un estar en ritmo con el cosmos. A través del orden (logos) se podía hacer que el cuerpo entrara en sintonía con los principios universales y hacer de la vida humana una sinfonía. Platón determinó para su ciudad ideal que se debía enseñar gimnasia y música (la cual incluía todo lo que venía de las Musas) como los dos pilares de una buena educación.

Por su parte, Mircea Eliade ha notado que el chamán (ese protofilósofo) antes que otra cosa es un sanador, un sanador que usa tanto hierbas como cantos mágicos y otras técnicas extáticas. Muchos de los primeros filósofos fueron también una especie de médicos, siendo Pitágoras, Demócrito y Empédocles los más notables en este sentido. Empédocles, quien practicó medicina, escribió que su poema proveía "pharmaka [medicina, panacea] para los males humanos". Las escuelas cínicas, escépticas y epicúreas se concibieron expresamente como terapias para alcanzar la imperturbabilidad (ataraxia, apatheia). Según Sexto Empírico, quien fuera él mismo médico, el interés de los escépticos griegos era "curar a través del argumento (logos) las opiniones de los dogmatistas" y con esto alcanzar un estado de sosiego, libre de cuitas innecesarias. Epicúreo escribió: "De la misma manera que no hay beneficio en una medicina si no elimina la enfermedad del cuerpo, no hay beneficio en una filosofía si no elimina la enfermedad de la mente".

Esta tradición proseguiría a través de los iatroquímicos y de los alquimistas, quienes practicaron la medicina hermética, y en el caso de Paracelso (el "Lutero de la medicina", el "Hermes suizo"), Robert Fludd o Sir Thomas Browne, la combinación de la medicina con la filosofía fue notablemente exitosa.

En Oriente también se concibió la misma noción de que la filosofía (o el dharma) era la medicina para sanar la existencia cíclica (el samsara). El Buda es llamado numerosas veces un doctor que receta una medicina para eliminar la enfermedad del mundo, y el individuo debe aplicar esta receta practicando. Sus enseñanzas, como las de un médico, son eminentemente prácticas. El monje Chandrakirti señala que la medicina más poderosa es la vacuidad (shunyata), pues permite "escapar de todas las convenciones fijas". Shantideva habla del bodhicitta, la "mente del despertar" igualada con la compasión como una sustancia alquímica. Y la tradición tántrica utilizará este bodhicitta, identificado también con el semen y el deleite, como la medicina para alcanzar el estado de un Buda. 

Estas concepciones de la filosofía como una medicina están orientadas sobre todo a curar la enfermedad más grave, que es la existencia misma en tanto que la vida mundana es esencialmente insatisfactoria. Para algunos de los filósofos griegos la cura no implicaba una trascendencia, sino solamente una cierta paz ante del devenir. Para ello, en algunos casos era importante buscar la salud corpórea, la cual podía encontrarse también a través de la filosofía, de los buenos hábitos y del cultivo de una cierta perspectiva; en otros casos lo esencial era el desapego del placer y el dolor, lo cual llegaba a incluir el desapego total del cuerpo. De cualquier manera, podemos concluir que la filosofía y la medicina están profundamente unidas -y no sólo porque quien es un "doctor" lo es, originalmente, en filosofía- y la auténtica filosofía, siendo la madre de todas las ciencias, como notó Aristóteles, es una vía a la más alta salud, la salud que incluye al cuerpo y al alma, que piensa no sólo en esta vida sino en la muerte y cuyo fin no es más que la integración del individuo con la totalidad de la existencia. Pues, como dice una Upanishad, mientras haya dos o hasta que el individuo no sea todo, habrá miedo.

 

Citas tomadas de The Shape of Ancient Thought, de Thomas McEvilley