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Que no te importe lo que otros piensen de ti: 5 formas de lograrlo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/04/2019

5 cambios que puedes operar en tu mente para dejar de otorgarle una importancia excesiva al parecer de otros

Con cierta frecuencia, la satisfacción o infelicidad que sentimos con respecto a la vida es una cuestión de actitud. Con cierta frecuencia hay gente que lo tiene todo –un techo donde dormir, comida, trabajo, amigos, etc.– y aun así mira la realidad bajo los colores tristes del malestar y el desencanto. Otros, por el contrario, en la misma situación o aun en condiciones menos agradables, viven la vida con entusiasmo y alegría. Y hasta cierto punto, esto es una cuestión en enfoques.

Entre las cosas que pueden contribuir a nublar una percepción objetiva de la vida, se encuentra el interés excesivo que podemos darle a la opinión de los demás sobre nuestra propia persona. Cuando vivimos atentos a lo que otros piensan de lo que hacemos o decimos, de cómo conducimos nuestra existencia, etc., puede ocurrir que inconscientemente busquemos complacer a más de una persona al mismo tiempo que intentamos dirigir nuestra vida, con lo cual se impone un doble esfuerzo que las más de las veces resulta contraproducente y fatigante. 

Los consejos que compartimos a continuación son sugerencias para aligerar esa carga. No se trata de pensar que tienes que aislarte y que el mundo te deje de importar –a fin de cuentas, el ser humano necesita de su comunidad para sobrevivir y ser feliz–, pero quizá sí de poner las cosas en el lugar que les corresponde y poder sostener firmemente lo que eres, piensas y haces.

 

Conoce tu propio valor

Por distintos motivos hay personas que tienden a ignorar o menospreciar sus propias cualidades y, en el mismo sentido, piensan que los otros son siempre mejores. En ciertas corrientes de la psicología a este rasgo de personalidad se le denomina baja autoestima. Asimismo, puede considerarse que su origen se encuentra en ocasiones en una infancia vivida con mucha exigencia o con una continua desvalorización de las acciones del infante.

Sea como fuere, seguramente estás en un momento de tu vida en el que eso ha quedado atrás. Es cierto, quizá tu pasado y tus años de formación dejaron una huella profunda en lo que eres, pero desde entonces tu vida ha continuado y por lo mismo es muy probable que hayas adquirido nuevos conocimientos y habilidades, nuevas experiencias, y que en general todo ello haya enriquecido tu personalidad. ¿Por qué no valorar quien eres en su justa medida?

Aprende a conocerte. No tengas miedo de reconocer en qué eres bueno e incluso si hay cosas en las que eres mejor que otros. Una evaluación correcta y real de ti mismo puede ayudarte a darte cuenta de tu valor como persona.

 

Toma la responsabilidad de lo que te corresponde

Fue Epicteto quien nos legó una perla de sabiduría que aunque relativamente elemental, es sin embargo poco practicada en la vida diaria. Nos dice el filósofo estoico en su Manual que hay que aprender a distinguir las cosas que corresponden a nuestra voluntad, nuestra responsabilidad y nuestra influencia de aquellas que no. Sobre unas tenemos no sólo el derecho, sino incluso la obligación de actuar, pero en cuanto a las otras, por más que dediquemos todos nuestros esfuerzos, el intento de cambiarlas será en vano, y no obtendremos de ello más que frustración.

Entender esta diferencia puede llevarte a concentrarte mejor en aquello de tu vida sobre lo cual sí tienes las riendas y, por lo mismo, dejar de preocuparte por aquello que corresponde al ámbito de acción y de responsabilidad de los otros. 

Si sabes que eres impecable en lo tuyo y que hiciste tu mejor esfuerzo por conseguirlo, ¿por qué habría de preocuparte la opinión de los demás?

 

Reconoce la importancia de tus emociones

Todos poseemos algo que forma parte de lo que somos y que, si así lo reconocemos, nadie podrá nunca arrebatarnos. Una de esas posesiones imperecederas es tu conocimiento, otra tu experiencia, una más tus emociones.

Cabe resaltar el caso específico de las emociones porque en la medida en que aprendemos a entenderlas, a saber por qué reaccionamos de cierta manera y no de otra, a establecer los vínculos entre un estado emocional y nuestras acciones de todos los días, entonces podemos tomar control sobre ellas y no cederlo más a otras personas. 

Llega el momento en que necesitas darte cuenta de que tus emociones son también un bien sumamente valioso, pues determinan la manera en que percibes la realidad y te desenvuelves en ella. ¿Vas a permitir que otros se aprovechen de eso que te pertenece a ti?

 

Aprende a hacer tu mejor esfuerzo (y a valorarlo)

Como decíamos en un punto anterior, cuando sabes que has hecho tu mejor esfuerzo, nadie tiene derecho a reprocharte nada. 

No obstante, para ello es necesario que verdaderamente tomes conciencia de aquello que implica esforzarte: tus recursos, tus posibilidades de acción, tus limitaciones, el marco de realidad en el cual te desempeñas, etcétera. 

Si después de evaluar estas y otras condiciones afines puedes llegar a la conclusión sincera de que, en efecto, hiciste lo que pudiste, reconócelo y aprende de ello. También usa dicha experiencia para consolidar tu valor propio y sostenerlo con firmeza frente a otros.

 

Todos nos equivocamos, de diversas maneras

El error es parte de la naturaleza humana, pero curiosamente no todas las personas son capaces de aceptarlo de esa manera. Hay quienes viven el error como algo de lo cual tendrían que avergonzarse; otros como una afrenta personal; alguien más cree que un error invalida todo lo que ha hecho hasta la fecha o que un error será un motivo de burla eterno hacia su persona.

Pero nada de eso es cierto. El error tiene siempre una dimensión humana en la que nos encontramos todos. Nadie está exento de ello. Y más importante aún: los errores son siempre una oportunidad de aprendizaje: sobre lo que estabas haciendo cuando te equivocaste, sobre tu manera de abordar las cosas, sobre las personas con quienes trabajas, sobre ti mismo, sobre la influencia de tus emociones en tus acciones, sobre los patrones mentales involucrados en tu acción, etc. Esto es sólo algo de lo mucho que puedes aprender de tus errores: no los rechaces.

Fue el filósofo Ludwig Wittgenstein quien dijo: "Si la gente nunca hiciera cosas tontas, nada inteligente se haría nunca”.

 

¿Qué te parece? ¿Qué agregarías tú? No dejes de compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota o a través de nuestros perfiles en redes sociales.

 

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Imagen de portada: broken' isn't bad

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Por: pijamasurf - 03/04/2019

La gurú del orden recomienda deshacerse de todos los libros no leídos

En uno de sus libros, en una recomendación controversial, Marie Kondo, la gurú japonesa del orden y la limpieza, exhorta a sus seguidores a vaciar los libreros de todos los libros no leídos. Ella misma se limita a tener unos 30 libros, una cifra sumamente pobre. Según Kondo, "no hay significado en los libros que sólo están en los libreros"... pero esto es absolutamente falso.

Evidentemente, los libros tienen significado, aunque estén cerrados y acomodados en los libreros. Por una parte, cuando han sido leídos comunican toda una historia de relaciones con su contenido, una memoria que es también espacial y que se detona cuando los miramos. Si no han sido leídos, de todas maneras comunican un significado, pues seguramente han sido adquiridos por alguna razón, algún tipo de atracción, que aunque no haya sido ejercida sigue latente. Nos recuerdan algo que queremos saber o el estilo y la personalidad de su autor, y a veces casi, como la arquitectura, una música congelada. Por otra parte, es obvio que los libros que tenemos comunican parte de lo que somos, tienen ese significado de mostrar nuestra vida intelectual, algo que puede ser ciertamente vanidad, pero que no deja de ser una especie de mente externa, entre la cual habitamos.

Es cierto que mucho de esto mismo se puede decir también de la ropa o de cualquier objeto -pues todo comunica algo, guarda memorias y da señales de quiénes somos-. Pero a diferencia de otros objetos, los libros no sólo son objetos nostálgicos, de colección o de vanidad; son pensamientos latentes, dinámicos, y generalmente, los mejores pensamientos que el ser humano ha pensado, que aguardan para seguir conversando: el diálogo del espíritu en el tiempo. Uno tendría que ser altamente imaginativo -y más bien, sentimental y fetichista- para encontrar esto también en prendas de ropa o en coches de juguete.

La regla modificada que se debería seguir es simplemente no mantener libros que uno no piensa leer. Si simplemente cierto libro no te atrae ni te interesa, es mejor regalárselo a alguien. Pero si el libro te interesa y mueve tu intelecto al deseo, aunque en este momento no consideres apropiado leerlo, ese libro tiene un sentido en tu vida. Es como un futuro posible, una línea de tiempo que te llama y, también, parte de tu imaginación. De la misma manera que hay personas muy sociales que pueden mantener relaciones con muchas personas, hay personas que pueden mantener relaciones con muchos libros -y algunas de amor- incluso sin leerlos del todo, a veces cultivando una especie de coqueteo previo, una larga seducción, hasta finalmente llegar al momento adecuado, en el estado de ánimo propicio -o por la sincronicidad o serendipia de la vida- en el cual se hace posible, finalmente, leer ese libro.