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Pareja de pingüinos australianos gay se convierten en padres de recién nacido

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 01/24/2019

Una pareja de pingüinos machos cría con éxito a un polluelo en el Acuario de Sídney

Cuando Australia estaba votando si permitir el matrimonio gay, los pingüinos Sphen y Magic, dos machos de 3 y 6 años, se volvieron celebridades por aparentemente haber formado una relación de pareja gay. En un país que tiene serpientes letales, arañas, canguros, tiburones y otros animales salvajes únicos, estos pingüinos se han convertido en los más célebres. Una versión más tierna y de fácil identificación, que se tornó un símbolo.

Recientemente, esta pareja ha criado a un pequeño pingüino exitosamente. Los encargados del Acuario de Sídney ya habían notado que estos dos pingüinos podían tener madera de padres. Cuando los administradores les dieron un dummy de huevo, la mayoría de los pingüinos jóvenes del acuario abandonó su nido para realizar otras actividades, pero Sphen y Magic parecieron ser más diligentes, al quedarse a cuidar a su "huevo". Esto le sugirió a los encargados que Sphen y Magic podían hacerlo en serio.

Generalmente, las hembras producen dos huevos pero sólo tienen recursos para cuidar uno, así que el otro suele perecer. Hábilmente, la gente del acuario proporcionó a Sphen y a Magic su propio huevo. En octubre, estos pingüinos se dieron a la tarea de cuidarlo y calentarlo, sentándose por turnos en el nido que construyeron (pues, aparentemente, los machos también nacen sabiendo cómo hacer esto). 3 meses después, felizmente Magic y Sphen han criado a un pequeño pingüino que ya empieza a meterse a nadar.

Aunque para algunos críticos Sphen y Magic son sólo amigos, la gente del acuario ha observado en estos pingüinos comportamientos típicos de un cortejo y una pareja. Cuando se conocieron, se hicieron reverencias y seleccionaron las piedras para el nido que querían construir juntos. Ambos admiraron y aceptaron las piedras, lo que los científicos consideran algo similar al "consentimiento". Posteriormente, empezaron a cantarse hasta que aprendieron a reconocer sus voces para llamarse. Según la gente del acuario, mientras otros pingüinos seguían coqueteando, Sphen y Magic ya se habían decidido. Luego, como si fueran una pareja heterosexual que esperaba tener una cría, construyeron su nido y cuando el huevo llegó -gracias a la providencia humana- pasaron 28 días sentándose sobre él hasta que alcanzó la fruición y tuvieron su propio polluelo. Sphen y Magic le cantaron y alimentaron a su cría, y actualmente ésta está sana y activa. Quizá en un futuro puedan criar más pingüinos que de otra manera estarían destinados al abandono.

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Los árboles tienen un lenguaje que usan para cooperar y sobrevivir

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 01/24/2019

Contrario a lo que usualmente se cree, investigaciones recientes sugieren que el lenguaje también existe en el reino vegetal

Usualmente consideramos que el lenguaje es una facultad limitada a seres vivos con cierto grado de desarrollo intelectual, que a su vez asociamos a la existencia de un cerebro. En ese sentido, pensamos que la mayoría de los animales poseen un lenguaje, en algunos casos más complejo que otros, y a veces también francamente elemental.

Sin embargo, pocos se han atrevido a asegurar que otros seres vivos carentes de dichos requisitos han sido capaces también de desarrollar un lenguaje. Particularmente, de las plantas se considera que si bien tienen vida y cierta sensibilidad, ello no se traduce en una habilidad que les permita comunicarse entre sí.

Esta idea, sin embargo, ha sido cuestionada en los últimos años, pues diversas investigaciones sugieren que los seres del reino vegetal también han desarrollado un código y un medio para transmitir información sobre la realidad, que en esencia son el propósito y los elementos básicos de un lenguaje.

Entre otros, la ecóloga Suzanne Simard ha reunido evidencia comprobada científicamente de una vasta red subterránea que es tejida por los árboles pertenecientes a un mismo bosque, a través de la cual circulan mensajes concernientes a su entorno.

Esta red (que para fines pedagógicos ha sido comparada con Internet) está formada fundamentales por las raíces de los árboles, las cuales interactúan con el sustrato donde se encuentran y con los hongos a su alrededor. 

De acuerdo con las observaciones de Simard, que le han tomado cerca de 3 décadas de trabajo en los bosques de British Columbia (Canadá), los árboles son capaces de trabajar en conjunto con los hongos por medio de mensajes químicos para afectar los elementos de la tierra que los rodea, particularmente el agua, el carbón y los nutrientes, mismos que pueden “mover” según sus necesidades de supervivencia.

La red, sin embargo, no es únicamente subterránea. La evidencia aportada por Simard sugiere también que los árboles son capaces de usar animales como ciertas aves o murciélagos, o elementos como las corrientes de viento (que al parecer conocen) para enviar información vital, como paquetes de semillas.

Las observaciones de la científica han sido corroboradas por otro investigador, Peter Wohlleben, quien constató la existencia de una especie de “vida social” entre las hayas de un bosque notoriamente antiguo de Alemania. En particular, Wohlleben se encontró con un espécimen de cerca de 500 años de edad, que aunque debió morir hace tiempo, continúa con vida gracias al trabajo colectivo de los árboles vecinos, quienes lo “alimentan” con una solución nutritiva que le hacen llegar a través de sus raíces. 

Este fenómeno hizo a Wohlleben replantear su idea respecto a la competencia por los recursos que usualmente se asocia con la supervivencia, lucha que estamos habituados a pensar que siempre es despiadada. Para el científico, en el caso de los árboles parece existir un interés por mantener con vida y saludables a todos los miembros de su comunidad, lo cual los ha llevado a desarrollar este sistema de cooperación del cual se benefician mutuamente.

Hace unos meses, la BBC realizó este video que expone claramente las tesis de Simard y Wohlleben:

“Leer en el gran libro del mundo” era un dicho común entre los filósofos de los siglos XVII y XVIII, pues se creía que la realidad podía compararse con un tomo cuyo signos se ofrecían a nuestros ojos para ser descifrados. El ser humano, en efecto, se ha distinguido por intentar aprender prácticamente todos los idiomas de este mundo: desde el idioma de las estrellas hasta aquel de los seres más microscópicos. 

¿No podríamos, entonces, hacer lo mismo con el lenguaje de los árboles? En los tiempos que vivimos, quizá más que nunca podríamos aprender de ellos una lección de cooperación y ayuda mutua.

 

Imagen de portada: Fotografía de Lynn Valley (British Columbia, Canadá)Arnaud DG (Flickr)