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La antigua tradición de los celtas, cuyo origen se halla en la raíz del universo mismo, no se ha perdido

La antigua tradición de los celtas, cuyo origen se halla en la raíz del universo mismo, no se ha perdido. La tradición celta pervive en los mitos, en los cuentos, en los poemas, en las canciones, en las rimas, en las adivinanzas, en las danzas, en los viejos juegos, ritos y costumbres, en todo el folclore popular del cual una parte ha sido transcrito desde inicios de la Edad Media y en el que ha continuado ininterrumpidamente en la oralidad y actividad del pueblo y la aristocracia.

La tradición celta vive incrustada entre los trazos de los manuscritos iluminados, profundamente gravada en los megalitos, en las vainas de las espadas, en sus empuñaduras, en los cetros. La tradición celta brilla con total actualidad en el reino de los Sidhe que colinda con el mundo humano y que a veces se precipita ciegamente sobre él en un torrente de visiones. La tradición celta arde en el corazón del que la ama, secretamente lo guía hacia las alturas de los misterios que reverberan en su sangre y en la de sus antepasados, en el núcleo mismo de su amor. Donde hay un avellano virgen, o un nogal, o un roble oculto a la vista humana, la tradición celta brota, fluye al espíritu del primero que lo mira como el agua de una fuente, hasta empaparlo, hasta sumergirlo. Quien abre sus ojos, ve; quien aguza el oído, escucha; puede perforar la roca el que mira de frente un solo grano de arena.

Lo que no vive es incapaz de despertar el amor, de trocar la potencia en acto, de encarnar la presencia, de ejercer ese movimiento vívido del alma que se orienta en una dirección ascendente atraída por una fuerza superior; si el amor se encuentra presente, se halla presente su causa, el fuego, la flama, la chispa, la Vida que como un imán lo atrae hacia sí en la misma tradición que anhela, obrando a través de esta un efecto nítido en su alma enamorada, una conexión vivencial y real con lo Divino.

Una tradición que duerme puede despertar en un solo instante en una persona después de milenios. Porque las tradiciones no tienen su origen en el mundo humano y no se agotan ni finalizan con él, sino que se remontan a las profundidades y tienen su raíz en el mundo espiritual que subyace a los mortales, y en él permanecen como un flujo continuo que se irradia, súbitamente, por periodos prolongados o por instantes, a muchos o a uno, en el corazón de los que se inclinan a mirar. La tradición celta vive en un mundo donde el tiempo no transcurre y desde él se desliza al río del tiempo donde quiere y cuando quiere: se presenta en un druida, Merlín, en una hechicera, Morgana, o canta a través de la boca de Yeats y de todos los poetas que, contemplando los restos celtas que se alzan invictos en ruinas, somos tocados, inspirados por un rayo que mana de ellos.

Lo que no vive es incapaz -lo muerto carece de “capacidad”- de inspirar nostalgia. Lo muerto no puede inspirar nada, pues lo que es capaz del acto de inspirar ejerce un movimiento magnético atrayendo hacia sí la voluntad y ese movimiento solo es posible en lo viviente -lo que nos revela que la muerte no existe-. El Más Allá es el Reino de los Vivos. La nostalgia tiene algo de divino: anhela lo que sabe inmortal en un nivel contiguo; eso inmortal atrae con un lazo invisible la voluntad del nostálgico hacia sí en sentido vertical, no horizontal, en sentido simbólico y metafísico puro, y no histórico, técnico y nimio. Es así porque pertenece al tiempo mítico de presente continuo, al nivel arquetípico y, más allá de este, desemboca en la eternidad Divina.

 

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Mi respuesta a quienes afirman la imposibilidad de seguir la tradición celta por ser una tradición muerta:

Antes me afligía por las dificultades que entrañaba el acceso a una tradición muerta cuyos registros eran escasos. Advertía, además, que las corrientes modernas que la reconstruían eran en varios aspectos fraudulentas. Pero un día, cuando paseaba por un lugar solitario lleno de árboles verdes, hubo algo que me atrajo hacia ellos y me detuve a contemplarlos por largo tiempo. Entonces pude oír sus voces, escuchar sus cantos, sus gemidos y lamentaciones, y presencié batallas y vislumbré la historia de cada uno, y permanecí consternada. Los árboles hablan, cada árbol tiene una música, emite un sonido incorpóreo que penetra directamente en el alma. Hasta entonces yo tenía la costumbre de ceñirme a los escasos restos escritos de paganismo celta que se conservaban de antaño. Pero ese día mi Hada, el ser que me guarda y me guía, se presentó ante mí tras largo tiempo de ausencia y me dijo:

Tú buscas agitadamente en libros, buscas en las antiguas sagas, en los antiguos restos, te viertes en la poesía de eras remotas con el fin de descubrir el mensaje que encierran. No es ahí donde encontrarás la verdad última de lo que buscas. Si quieres que tu mano vierta autentica poesía y por tu sangre reverbere el antiguo mensaje, debes ir directo a la fuente: ir a la fuente viviente de donde se inspiran todas las sagas, ir a la fuente viviente de la que las antiguas hechiceras extraían su magia, ir a la fuente viviente sobre la que el druidismo alzó sus murallas, a la fuente viviente que nutre el corazón de la tradición pagana. Esa fuente son estos árboles, es el cielo que te cubre, la tierra, el mar, la dura roca y la montaña, las hondas cuevas, el día y la noche. No bebas de arroyos que están secándose, sino ve antes al río de donde ellos extrajeron su agua, de donde ellos nacieron. Una vez en el río, podrás llenar de nuevo los arroyos con su agua viviente y estos volverán a vivir.

Entonces vi que la naturaleza era el Gran Libro, la Gran Tradición, y que estaba viva. No, la tradición de la que hablo es intemporal, eterna, no fenece, vive en todo instante en el corazón de quienes la sienten y aman, y habla por boca de las flores y de la lluvia, y habla por boca del amor. No muere lo que sigue obrando en el ser, lo que sigue despertando un amor indomable en el alma. La fuerza que me atrae, que despierta en mí lo más maravillo, es una fuerza llena de vida. Lo que no está vivo no puede ejercer atracción, ni revelar, ni comunicar. La antigua tradición solo está muerta para aquellos que no son capaces de leerla en las nubes, pero no para los corazones a los que la naturaleza ha alcanzado con su ardid irresistible. ¿Cómo puede morir la antigua tradición si el río aun canta, si aun reverbera, si aun crepita lleno de espíritu? ¿Cómo puede morir la antigua tradición si la montaña la anuncia, si las tormentas la aclaman, si las aves en los árboles la cantan al amanecer y los grillos al anochecer? Ni aun si todo registro escrito se perdiera, ni aun si la última saga fuese destruida, moriría la antigua tradición: bastaría una hoja verde para despertarla en el corazón amante.

 

Sofía Tudela Gastañeta

Blog de la autora: Revolución espiritual

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Elegante teoría sugiere que la conciencia no es más que la forma en la que vibran las cosas

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/21/2018

La vibración podría ser el origen de la conciencia y la frecuencia constitutiva del cosmos en su totalidad

Una nueva teoría científica propone que la conciencia está basada en vibraciones; específicamente, en vibraciones sincronizadas o resonancias. A grandes rasgos, la teoría de Jonathan Schooler y Tam Hunt se basa en la noción de que todas las cosas en el universo vibran a ciertas frecuencias. A escala subatómica, la materia, más que como una serie de cosas o corpúsculos, puede describirse mejor como vibraciones de diferentes campos. Cuando las cosas empiezan a vibrar juntas, dicen los autores, algo empieza a suceder: las cosas se sincronizan y esto permite "autoorganización espontánea", algo que está ligado con estados de mayor complejidad y coherencia. 

Existen notorios ejemplos de cómo la naturaleza se sincroniza de manera espontánea: las luciérnagas que se reúnen despiden luz en patrones sincronizados de manera no del todo entendida por la ciencia. Los láseres se producen cuando los fotones de la misma frecuencia y poder se sincronizan. La rotación de la Luna está sincronizada con la Tierra de tal forma que siempre vemos la misma cara.

Por otra parte, el físico Jeremy England ha teorizado que la vida puede haber surgido a través de la acción del calor generando la emergencia de la autoorganización o de la autorreplicación. England, uno de los líderes en el campo de la biogénesis y la termodinámica, cree que la vida puede ser algo que sucede de manera natural cuando los átomos son expuestos a una fuente de energía. England señala:

cúmulos de átomos rodeados por un baño a cierta temperatura, como la atmósfera o el océano, tienden a ajustarse por sí mismos para resonar mejor y mejor con las fuentes de trabajo [o energía] mecánico, electromagnético o químico en sus ambientes.

La resonancia es algo especialmente relevante en el caso de las ondas cerebrales (theta, alpha, beta, gamma), las cuales son oscilaciones (o vibraciones) eléctricas del cerebro que están asociadas con ciertos estados de conciencia. Los grupos de neuronas producen oscilaciones al usar impulsos electroquímicos para comunicarse. Las ondas gamma, por ejemplo, han sido observadas en meditadores budistas, particularmente cuando practican la meditación de la compasión. Anteriormente, el científico alemán Pascal Fries sugirió que la comunicación en el cerebro se produce a través de la coherencia o sincronización cerebral. En otras palabras, la actividad única, la firma de nuestra experiencia consciente, es un estado particular de resonancia.

Schooler y Hunt aplican estas ideas a una visión panpsíquica de la conciencia, lo cual es la teoría que más tracción ha ganado en los últimos años, luego de que se acuñara el término del "problema duro de la conciencia", para reflejar que en realidad la ciencia no ha logrado explicar cómo es que se produce la conciencia con un modelo meramente materialista. Científicamente, es más coherente decir o que la conciencia no existe -si se quiere mantener el paradigma dominante- o que la conciencia debe de existir, aunque sea de manera limitada o potencial, en todas las cosas.

En la mayoría de los casos, según la versión panpsíquica, la conciencia sería sumamente rudimentaria, pero al tener organismos más complejos que permiten mayor interconexión, la misma conciencia o la coherencia de la experiencia mental se incrementaría también.

La tesis central de su teoría es que "los enlaces particulares que permiten conciencia a gran escala -como la de los humanos y los mamíferos- son resultado de  las resonancias compartidas entre muchos constituyentes más pequeños. La velocidad de esas ondas resonantes presentes es el factor limitante que determina el tamaño de cada entidad consciente en un momento determinado".

Quizás los hippies no estaban equivocados cuando despertaron al entendimiento de que todo se trata de la "vibra". Pero más aún, y esto hace que la teoría "resuene", es posible que los hindúes no se hayan equivocado cuando creyeron entender que el universo entero no era más que una vibración, aquello que emerge del sonido primordial "OM". Particularmente el shivaísmo, con su teoría del spanda (o vibración) postuló la misma "teoría", en ese caso fruto de la contemplación mística, sosteniendo que la existencia no era más que la vibración de la conciencia divina. En el tantrismo shaiva de cachemira, el universo es visto como la vibración que ocurre en el corazón de Shiva, su emanación y su disolución es el sístole/diástole de la divinidad. Esta vibración cósmica (spanda) es también el modo de la energía universal kundalini, visualizada como una serpiente acaso también por su semejanza con una onda, como la que puede esparcirse en el agua. Kundalini, como dice la Dra Lilian Silburn, "es la fuente de todos los ritmos de vida; lo que genera no es más que ritmo". El más grande maestro tántrico de todos los tiempos, Abhinavagupta, dice "Shiva, consciente, libre y de esencia transparente, siempre está vibrando, y su suprema energía alcanza el borde de los órganos sensoriales; luego él no es más que gozo y como él todo el universo vibra".  Silburn señala que "hoy en día los físicos hablan sobre la importancia de la vibración como un principio unificador fundamental.. antes del siglo 9 en nuestra era, la tradición de Cachemira ya menciona la vibración" como el fundamento del universo.