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10 libros sobre fútbol para mirar este deporte desde otras perspectivas

Libros

Por: pijamasurf - 06/16/2018

El fútbol también ha sido motivo de exploración literaria, periodística y creativa, y estos libros lo demuestran

Los deportes pueden contarse entre las grandes invenciones de la humanidad. Desde los tiempos en que se practicaba con cierto espíritu ritual y aun religioso, hasta ahora, que más bien forma parte del entretenimiento, el deporte es capaz de canalizar lo mejor de nuestra energía vital y creativa, de poner en movimiento lo que somos pero quizá, especialmente, de mostrar esa unidad que mente y cuerpo tienen naturalmente en el ser humano.

En el caso del fútbol, su práctica participa de todo ello. No es casualidad que en el siglo que tiene de vida se haya convertido en uno de los deportes más populares del mundo en todos los sentidos, pues además cuenta con un elemento que lo vuelve todavía más atractivo: el compañerismo. Sea que estemos en una cancha o que lo miremos en una pantalla, el fútbol es capaz de despertar esa inclinación gregaria propia del ser humano.

Los libros que compartimos a continuación exploran algunas de esas facetas del deporte, en todos los casos con creatividad y lucidez y, de ese modo, son capaces de aportarnos otros ángulos desde los cuales considerarlo.

 

Cerrado por fútbol, Eduardo Galeano

Eduardo Galeano fue uno de los grandes intelectuales de América Latina que tuvieron siempre un aprecio enorme por el fútbol. Por sus propias inclinaciones personales, Galeano no dudó en llevar al deporte a su campo de reflexión y de creatividad, tomándolo como motivo central para hablar del ser humano y sus contradicciones, de la sociedad mercantilista a la que el fútbol también pertenece, pero también, de cierta épica anónima que es capaz de provocar.

 

Los once de la tribu, Juan Villoro

El primer libro que Villoro dedicó al fútbol y, especialmente, al lugar que éste puede llegar a tener en el imaginario de una persona y también de toda una sociedad: una posición conflictiva, contradictoria, pasional, que se arraiga en lo profundo de lo que somos.

 

Breve historia del ya merito

De reciente publicación en la editorial Sexto Piso, este volumen colectivo reúne textos de 14 escritores en torno a los Mundiales que han ocurrido desde Chile 1962 hasta Brasil 2014. No se trata, sin embargo, de un libro histórico, en el sentido usual de la palabra, sino más bien de un recorrido por la memoria personal y colectiva que se encuentra ligada a ese acontecimiento inicialmente deportivo que, por su importancia, se extiende hacia otros ámbitos de nuestra vida.

 

Fútbol total. Mi vida contada a Guido Conti, Arrigo Sacchi

Sacchi se volvió un entrenador legendario porque entendió pronto que el fútbol es sólo un juego, y que en esto no es muy distinto a la vida en sí. Con ese espíritu desenfadado, ligero y al mismo tiempo profundamente vital, contó en este libro la historia de su vida.

 

Fútbol y poder en la URSS de Stalin, Mario Alessandro Curletto

Iósif Stalin buscó tener el control de verdaderamente todo: desde las cosechas que se hacían en la Unión Soviética hasta la teoría de la composición que usaban los músicos del Conservatorio de Moscú. En este sentido, el fútbol no escapó a sus intereses. Ahora que el Mundial ocurre en Rusia, vale la pena revisar esta obra para recordar que un evento deportivo puede servir también a otros fines.

 

Sobre el deporte, Pier Paolo Pasolini

Pasolini es mejor conocido por su faceta como director de cine (uno especialmente iconoclasta, cabe decir), pero su labor intelectual y creativa se extendió también a la escritura. Además, no era nada ajeno al fútbol, sino al contrario: en su memoria recordaba este deporte con felicidad y con cariño, y no dudaba en considerar los días de juventud en que lo jugó como una época especialmente dichosa. Este volumen reúne los textos que Pasolini dedicó al deporte.

 

Fiebre en las gradas, Nick Hornby

Un testimonio encendido sobre qué significa ser aficionado al fútbol en Inglaterra, país donde se originó este deporte. La pluma ingeniosa de Hornby explora algunos de los fenómenos más característicos que provoca el fútbol, pero no por ello menos extraños: la camaradería, el fanatismo, la locura, el sufrimiento que a veces viene acompañado de haber elegido un equipo y seguirlo en todas, en las buenas y en las malas.

 

Fútbol. Una religión en busca de un Dios, Manuel Vázquez Montalbán

Con perspicacia, este libro explora los paralelismos posibles entre el fútbol y la religión, a partir de comportamientos que se encuentran en ambos casos, y a la par, analiza con asombro cómo una actividad sencilla que se practica entre amigos, al abrigo de una calle poco transitada o en una cancha vecinal, se ha convertido en un negocio multimillonario sostenido por “feligreses” de todo el mundo.

 

Salvajes y sentimentales, Javier Marías

Cuando en un escritor se combinan la pasión por la literatura y por el fútbol, es capaz de generar un libro como este. Marías reúne aquí 30 textos en torno a las muchas caras de dicho deporte (sus personajes clave, momentos memorables, los efectos subjetivos y sociales a los que da lugar, etc.), en todos los casos, notablemente escritos.

 

La suela de mis zapatos, Gonzalo Suárez

Amparado bajo el pseudónimo de Martín Girard, Gonzalo Suárez (cineasta y periodista, ambos por accidente) conoció en la década de 1960 una Barcelona muy distinta a esa imagen de glamur con que hoy la pensamos; una ciudad donde se miraban aún las consecuencias de la guerra, las crisis económicas y el exilio, misma que recorrió y contó después con un estilo en donde la verdad tenía el lugar central, sin matizarla ni intentar esconderla. El libro tiene como punto de partida una entrevista que Suárez le hizo a Helenio Herrera, jugador y entrenador legendario que en esa época dirigía el equipo de la ciudad.

 

BONUS

En Putas asesinas puede encontrarse “Buba”, un cuento extraordinario de Roberto Bolaño en torno a un futbolista chileno en Barcelona a quien se le acaba la racha de éxito y, por ese motivo, se ve arrastrado a una extraña espiral de sordidez.

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Imagen de portada: Johan Cruyff

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La literatura nos enseña a experimentar emociones y descubrir todo lo que un ser humano puede sentir

La literatura puede llegar a conmovernos porque somos seres empáticos, es decir, somos seres capaces de imaginar lo que siente otro ser vivo e incluso casi sentirlo como propio. Es posible que sin esta capacidad nuestra especie no hubiera sobrevivido, pues vulnerables como somos, desde la infancia hasta la vejez, sólo gracias a que podemos preocuparnos mutuamente unos por otros podemos cuidarnos, ayudarnos o trabajar juntos por un propósito común. 

En este sentido, la literatura es una especie de expresión refinada de esa capacidad empática, pues nos hace sentir, incluso bajo el manto de la ficción, como personas que nunca existieron realmente, lo cual, en vez de sentirse como un engaño, se convierte más bien en un entrenamiento. Como han demostrado varios estudios al respecto, la literatura puede mejorar nuestra habilidad para comprender las emociones, tanto las propias como las de otros. Ese es parte de su milagro.

Mencionamos esto para introducir un poema y una anécdota. El poema es “El caballero pobre”, escrito por Aleksandr Pushkin, considerado el primer gran poeta nacional de Rusia, autor de una obra amplia, diversa e influyente para buena parte de los artistas rusos de su época y de otras posteriores.

La anécdota, que esta relacionada con dicho poema, la cuenta Liubov Dostoyevski, a quien se conoce también con el sobrenombre de “Aimée” (“Amada” en francés, usado también como nombre personal), la segunda hija que tuvo Fiódor Dostoyevski con su esposa Anna. “Aimée” escribió una biografía de su padre que en español se publicó con el título Vida de Dostoyevski por su hija, en la cual cuenta que el escritor acostumbraba leer poemas a sus hijas y que siempre que les leía este de Pushkin, inevitablemente lloraba –tanto lo conmovía–. 

Pero demos paso a los textos. En particular el fragmento de proviene de la edición publicada por la editorial El buey mudo en el 2011, mismo que figura en el sitio narrativabreve.com

 

EL CABALLERO POBRE
Aleksandr Pushkin

Era un pobre caballero
silencioso, sencillo,
de rostro severo y pálido,
de alma osada y franca.
Tuvo una visión,
una visión maravillosa
que grabó en su corazón
una impresión profunda.
Desde entonces le ardía el corazón;
apartaba sus ojos de las mujeres,
y ya hasta la tumba
no volvió a hablar a ninguna.
Púsose un rosario al cuello,
como una insignia,
y jamás levantó ante nadie
la visera de acero de su casco.
Lleno de un puro amor,
fiel a su dulce visión, escribió con su sangre
A.M.D. sobre su escudo.
Y en los desiertos de Palestina,
mientras que entre las rocas
los paladines corrían al combate
invocando el nombre de su dama,
él gritaba con exaltación feroz:
Lumen coeli, sancta Rosa!
Y como el rayo, su ímpetu
fulminaba a los musulmanes.
De regreso a su castillo lejano,
vivió severamente como un recluso,
siempre silencioso, siempre triste,
muriendo por fin demente.

***

[…] Habiendo formado así un poco nuestro gusto literario, empezó a recitarnos las poesías de Pushkin y de Tolstói, dos poetas nacionales a los que tenía particular afección. Recitaba admirablemente sus poesías; había una que no podía leer sin lágrimas en los ojos, "El caballero pobre", de Pushkin, un verdadero poema medieval, la historia de un soñador, de un don Quijote, profundamente religioso, que pasa su vida por Europa y por Oriente combatiendo por las ideas del Evangelio. En el transcurso de sus viajes tiene una visión: en un momento de exaltación suprema, ve a la Virgen Santísima a los pies de la Cruz. Corre desde entonces una cortina de acero sobre su rostro y, fiel a la Madona, no vuelve a mirar a las mujeres. En El idiota refiere cómo recitaba esa poesía una de sus heroínas. 'Un espasmo gozoso recorre su rostro', dice describiendo esta escena. Eso es precisamente lo que le sucedía a él cuando recitaba; su rostro se transfiguraba, su voz temblaba, sus ojos se velaban de lágrimas. ¡Padre querido! ¡Era su propia biografía la que nos leía en aquel poema! También él era un caballero pobre, sin miedo y sin tacha, que combatió toda su vida por las grandes ideas. También él tuvo una visión celeste, pero no fue la Virgen la que se le apareció: fue Cristo el que le salió al encuentro en el presidio y le hizo seña de que le siguiera.

 Vida de Dostoyevski por su hija (El buey mudo, 201; páginas 224 y 225)

 

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Imagen: Un anciano, Abram Efimovich Arkhipov (1891; detalle)