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En esta edición de DECÁLOGO, hacemos un breve recorrido por 10 de los imaginarios mundos que conforman el canon cinematográfico del director californiano

Genio, estrafalario, inadaptado, artista, irreverente, único, Tim Burton ha grabado su nombre en el imaginario generacional del cine contemporáneo. Desde que en 1985 estrenó por encargo La gran aventura de Pee Wee, hasta el estreno por diversión de El hogar de Miss Peregrine para niños particulares en el 2016, Burton ha desplegado una inventiva sui géneris que lo mismo abarca piezas originales que adaptaciones televisivas, literarias y biográficas. Mediante una estructura proverbial que entrelaza la trama secuencial con el asombro lírico de una ópera, Burton amalgama sus escenarios lo mismo coloridos en extremo que parcos sin vacilación, con personajes que van de la interioridad reflexiva y silenciosa a la alteridad sugerente de una timidez casi asustadiza, a una temeraria y estrambótica relación con la alteridad.

El universo de Tim Burton comprende la suma de varios mundos construidos por figuras geométricas de predominantes círculos, de maquetas que simulan sólidos bloques arquitectónicos y de una naturaleza que acorde a la temática se muestra rozagante o tétrica; la dinámica de su entorno se acompasa como una coreografía orquestada por el extraordinario Danny Elfman e interpretada según sea la ocasión por actores recurrentes: Michael Keaton y Winona Rider en sus inicios; Lisa Marie y Helena Bonham Carter, compañeras de profesión y, algún tiempo, de vida; Deep Roy en las últimas 2 décadas, y sobre todo, por su icónico símbolo interpretativo, el polifacético Johnny Depp

El cine de Burton ofrece una gama sonora y visual que destaca un estilo propio al que han dado vida diferentes fotógrafos como Stefan Czapsky, Dariusz Wolski o Emmanuel Lubezki, entre otros. Burton imprime un sello único a su innovadora visión al tiempo que rinde homenaje a la audacia, creatividad y narrativa del cine de monstruos y ciencia ficción de los años 30 y 50, hoy considerado de culto, y que brinda un corolario de múltiples ángulos en cuyas aristas podemos explorar al ser humano desde sus aprensiones, anhelos, sueños, apegos y arrojos.

Burton ha experimentado en sus realizaciones la taquilla exorbitante con Alicia en el país de las maravillas (2010), el éxito comercial de Willy Wonka y La fábrica de chocolate (2005), la crítica atroz en Marcianos al ataque (1996), el juicio de una fanaticada con El planeta de los simios (2001), o la indiferencia ante Ojos grandes o sombras tenebrosas (2012), pero ante todo, ha experimentado la admiración de cinéfilos en todo el mundo, de una audiencia que ha crecido fascinada por sus mundos imaginarios, y de un gremio artístico que se ha inspirado en su originalidad, en su habilidad para ser Tim Burton.

Aquel desaliñado estudiante del Instituto de Artes de California, que prodigó diversos proyectos atizados en los restiradores de Disney, se convertiría en uno de los más importantes, originales e influyentes directores del cine de nuestros tiempos posmodernos. En esta edición de DECÁLOGO, con motivo de la proyección nuevamente en cines de El extraño mundo de Jack, así como de la exposición El mundo de Tim Burton en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México, hacemos un breve recorrido por 10 de los imaginarios mundos que conforman el canon cinematográfico del director californiano y que aparecen sin orden, donde los números son mera suerte casuística.

                                                                                                        

10. El cadáver de la novia (Corpse Bride) 2005

La animación capturada desde el recurso de stop motion sirve de instrumento creativo para esta ópera lúdica que recrea el paralelo vida y muerte del canon burtoniano, mediante una armonizada postal de literarios vívidos grises y colores mortuorios, un juego irónico revela una historia de amor y las dimensiones en que el amor vive,  muere y perdura. Con la misma técnica animada y la riqueza creativa de El extraño mundo de Jack al que incluso hace referencia, Burton presenta una bella panorámica del limbo, lo que yo denominaría macabra belleza, y recalco “bella” debido al arte que acompaña a la película.

Burton visita la época victoriana por vez primera, y lo hace desde un sombrío relato inspirado en sendas referencias judías, rusas y europeas del Este, que muestran un conjuro que desposa al novio vivo con la novia muerta, salvo que la novia no es la novia que se quiere, y la muerte no es el destino que confiere el compromiso de la amada arenga. El cadáver de la novia, dirigida en compañía de Mike Johnson, cumple una labor específica dentro del ideario de Burton: dimensionar los dos escenarios de la cinta, donde la fantasía del director alcanza sus matices más distintivos, el de evocar la lucha del amor entre la vida y la muerte.

La trilogía animada de Burton explorará, así, las tradiciones y festividades en El extraño mundo de Jack, el amor de pareja en El cadáver de la novia, y el amor depositado en el apego en la que más adelante se convertirá en otra de sus aportaciones imaginarias, Frankenweenie.

 

9. El barbero diabólico (Sweeney Todd) 2007

Johnny Depp, en una de sus más celebradas actuaciones, protagoniza este musical que refiere al mítico asesino serial enfundado en su navaja de rasurar, y que homenajea el exitoso musical de Stephen Sondheim que fuera, entre otros, dirigido incluso por la actriz Angela Lansbury. Sweeney Todd sorprendió en la temporada de premios del año 2008, fue la vuelta al musical de Burton, y confirmó que un elemento fundamental de su imaginario es la coreografía emocional que conjuga la estridencia rítmica de fábula que imprimen las notas del propio Sondheim con la reconocida interpretación vocal de Depp.

La complicidad del barbero como el asesino y de la Sra. Lovett como la repostera que convierte a los cadáveres en deliciosos pasteles brinda un corolario viso al Londres de finales del siglo XIX, caracterizado en la época victoriana por la lúgubre existencia de asesinatos múltiples, misterios no resueltos, crímenes seriales y personajes fantásticos más que reales que convirtieron la desolación en un atractivo escenario para la invención de historias detectivescas, cáusticas y provocativas no sólo del contexto temporal sino a modo de la crítica social que también caracterizó a la época. Una historia de venganza que ajusticia el abuso del poder político, encarnado en el espléndido Alan Rickman, y la evocadoramente melancólica Helena Bonham Carter, hacen de esta película un deleite visual enmarcado en el arte fotográfico de Dariusz Wolski.

 

8. La leyenda del jinete sin cabeza (Sleeply Hollow) 1999

Si El barbero diabólico confirmaría en años posteriores la puntualidad historiográfica y la posibilidad creativa de Burton por mantener su estilo al adaptar una obra primigenia ambientada en el Londres del siglo XIX, La leyenda del jinete sin cabeza dio continuidad a ese proceso del director por capturar otras y ambientarlas, que iniciara con Ed Wood. Burton captura el espíritu lírico de finales del siglo XVIII que dibujó desde las letras Washington Irving, y que conjuga una reflexión de cambio de milenio entre los siglo XVIII y XIX justo desde el cambio del siglo XX al XXI.

A 200 años de su ambientación, y nuevamente con Johnny Depp como Ichabod Crane encabezando un estelar elenco, La leyenda del jinete sin cabeza vuelve creíble y aterradora la existencia de un jinete que hace del Halloween una aterradora pesadilla viviente, que lo mismo intriga la comuna que la unifica, que lo mismo hace aflorar los deseos ocultos que los valores tímidos de una cobardía que se libera y afronta. Christopher Walken como el jinete y Cristina Ricci como Katrina destacan el descubrimiento de las conspiraciones y el paso de las leyendas, al tiempo que los habitantes de la aldea fortalecen su fe entre los cultos nacientes y el puritanismo, así como una búsqueda de identidad que abraza la natura que vive y se expresa, lo fantasmagórico que aparece y confronta, y los ideales que buscan definirse en los albores de una nueva nación.

 

7. Ed Wood  (Ed Wood) 1994

Cuando en 1956 se estrenó la cinta Plan 9 del espacio exterior, la crítica de la época no dudó en considerarla una más en las excéntricas, terribles e incluso picarescas películas del director neoyorquino Ed Wood. No obstante, al paso de las décadas los adjetivos fueron adquiriendo un cariz más amable y de reconocimiento, pasando de lo bizarro y extraño hasta el clasificatorio concepto anhelado por quienes apuestan por lo experimental: “cine de culto”. Quizá en aquél intermedio del siglo XX, el propio cine de Burton atendería a esa pléyade conceptual para definirse, y siguiendo los quizás, el propio Burton lo haya pensado al homenajearle.

Fotografiada en un sonoro blanco y negro, Ed Wood ofrece un recorrido por el proceso creativo del director a través de su vida, concatenando el auge y declive del extraordinario Bela Lugosi interpretado magistralmente por Matin Landau, quien de hecho recibió por ello el Premio Óscar a Mejor Actor de Reparto. Burton, con esta película, explora por vez primera las cintas de época, y lo hace desde la biografía como recurso; de igual forma recorre académicamente, desde su imaginario, algunas de las principales definiciones que la industria del cine y el colegiado cinematográfico hicieran justo a mitad del siglo pasado sobre las películas realizadas fuera del patrón de los grandes estudios. Incluso fuera también del naciente cine independiente, y del cine que hacía de la narrativa fantástica una nueva veta, tal como lo hiciera el cine de monstruos de los años 30, del que Lugosi fuera gran protagonista. Una oda a la realización cinematográfica que nace del idealismo, de los sueños y del anhelo por romper esquemas construyendo mundos propios reflejados en la pantalla que los hace posibles.

 

6. Frankenweenie (Frankenweenie) 2012

Cuando en 1818 fue publicado en varias entregas el relato Frankenstein, no sólo se hacía una exploración a profundidad de la modernidad, de la ciencia y la ética, de las ideologías por venir, del ser humano que caminaba hacia la realización de sí mismo al intentar inventarse. La realización de experimentos galvánicos para levantar cuerpos inertes podría ir más allá, al ansiado afán de revivir cadáveres o a una suma de ellos, para formar un cuerpo y hacerlo vivir desde la energía vertida en ciencia. Publicado de forma editorial en 1831, la obra maestra de Mary Shelley sería llevada 100 años después al cine a través de otra magistral pieza de arte, la cinta Frankenstein de 1931 dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff, quien plasmó con tiento su versión de este moderno Prometeo.

Y es Frankenweenie no sólo el cumplido dual de Burton tanto a la obra literaria de Shelley como a la cinematográfica de Whales, sino la realización en largometraje del corto animado que el propio Tim realizó a mediados de los años 80. En la cinta, Víctor sufre la pérdida de su perro Sparky, que más que mascota es su amigo, un reflejo del amor hacia el apego y la compañía que Burton retrata desde la infancia. El mundo que Burton recrea en esta película remite a los suburbios estadounidenses y semeja en su dinámica infantil una aproximación a las camarillas de amistad, a las historietas y a las series de ciencia ficción que de igual forma influyen la película.

La tragedia del triunfo deportivo en Víctor, así como el laurel de dar de nuevo vida a Sparky y en ello tener que anular su propia resurrección desde una mirada ética del amor, la vida y la muerte, logran una complejidad extraordinaria que atiende a la expectativa del público seguidor de Burton y, por otra parte, abre un debate explicativo de las preguntas perennes para una audiencia conformada por varias generaciones.

 

5. El escarabajo (Beetlejuice) 1988

Un festín de proporciones épicas, la perfecta combinación entre una trama fantasmagórica, divertida, tenebrosa y plena de júbilo con efectos especiales, animación a escala, escenarios propios de la fábula, el reflejo de la pesadilla que sugiere y de la doble realidad en la superposición de planos narrativos, integran esta película que izó la bandera del mundo creativo, extraño y genuino de Tim Burton tan alto, como La gran aventura de Pee wee no pudo hacerlo, debido al seguimiento que el director debía dar a un personaje ya establecido.

En El escarabajo su libertad creativa alcanza niveles hilarantes, llenos de ironía, humor y deslumbrantes secuencias llenas de colorido. Una pareja es asustada en su nuevo hogar por un residente permanente, inquilino que les antecede y da la bienvenida, que disuade a quienes habitan sin darse cuenta un mundo que no es este, y que magníficamente esconde y muestra el también caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Michael Keaton, quien había tenido un éxito relativo en comedias tanto disparatadas como familiares, hace de Beetlejuice una oda alucinada que dejaría honda huella en quienes ya podían, a partir de ese momento, declararse fanáticos del mundo imaginario de Tim Burton, ese mismo genio que sorprendería en un futuro no muy lejano, al tomar el asiento de una película de superhéroes que relanzaría el género, sin que eso disuadiera su inventiva vocación creativa.

 

4. El joven manos de tijera (Edward Scissorhands) 1990

Si alguna cinta de Tim Burton se envuelve en la melancolía con un blasón superlativo, por más que la fuerza de la muerte no aparezca con el imponderable de irreversible antípoda que caracteriza a otras de sus cintas sensibles, esa es sin duda El joven manos de tijera. Una película fundamental del imaginario Burton, que atiende el cruce de 2 décadas, los años 80 que despedían 10 años de emociones y blockbusters enarbolados en su último mega hit, Batman, dirigido por el mismo Burton, y la década de los 90 que atestiguaría el talento del director a plenitud. Mientras Beetlejuice y la propia Batman habían sido apuestas arriesgadas y de altas contras por la elección de Michael Keaton, El joven manos de tijera inauguraría una colaboración de cómplice mancuerna y creativa definición para el mundo de Tim Burton y su exponente definitivo: Johnny Depp.

La cinta aborda el reconocimiento que Burton siente por relatos del siglo XIX que describen la obsesión del ser humano por crear vida; Edward es una creación incompleta, a la que le falta un par de manos que por causa de la fatalidad no pudo ponerle su creador, personificado por el mítico Vincent Price. Esa será la causa del peregrinar doloso del joven, del viaje que el personaje realiza desde su gótica soledad y aislamiento hasta su inserción social casi festiva dentro del matiz de un pueblo dibujado por las formalidades de sus colores; la cita es un vaivén de esperanzadas emociones que deambulan el sentir como el amor mismo y que desembocan, como el cauce de río incontrolable, en la tragedia.

La incomprensión de la sociedad, la dualidad, la ambigüedad y la doble moral son situaciones de la condición humana que explora el director, una sociedad donde quienes construyen estatuas son los mismos que las derriban, y donde precisamente el juicio social emerge por falta de compasión. Una crítica de la modernidad que bien asienta al fin de siglo XX; Diane West interpreta, en su actuación célebre, esa compasiva capacidad del ser humano por abrazar lo desconocido, lo raro, lo inexorable, la dosis de humanismo que hace de esta cinta una obra maestra.

 

3. Batman (Batman) 1989

No podríamos entender Spiderman (2002) de Sam Rami, Iron Man (2008) de John Favreau y la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan, sin apelar a las cintas de que delimitaron el dogma del blockbuster para superhéroes: Superman (1978) y Superman 2 (1980) de Richard Donner, así como Batman (1989) y Batman regresa (1992) de Tim Burton. En ambos casos el guión, audacia y dinámica dirección, dieron sentido a la inversión y al consecuente apego de la audiencia.

En ambas producciones, las primeras dos entregas de las sagas estuvieron dirigidas por el mismo director, y en ambas el cambio de realizador afectó en demasía y casi hasta el exterminio sus respectivas franquicias antes de recibir reanimación en décadas posteriores. Si la elección de Burton en la dirección fue de suyo polémica, más aún lo fue la selección de Michael Keaton como protagonista. Un actor cómico que encarnaría al hombre murciélago generó críticas previas y toda clase de prejuicios; sin embargo, su actuación y la empatía que generó con el público hicieron de su Batman un entrañable superhéroe que brindó sobriedad, humor e hidalguía. Irónicamente, es Keaton quien ofrece un concierto interpretativo nominado al Premio Óscar en Birdman (2014) de Alejandro González Iñárritu, profundizando la dualidad, casi hologramática y cual sentencia de los actores que protagonizan a superhéroes y terminan siendo villanos de su popularidad.

A ritmo de Prince, Batman encendió el último año de los años 80 e inundó las calles con playeras, llaveros, juguetes, calcomanías y todo aquello que pudiera comercializarse con el hombre murciélago y su icónico logo. Jack Nicholson se apoderó del Guasón y Kim Basinger derrochó una sensualidad casi limitada al erotismo que la había desbordado desde la sumisión en 9 semanas y media (1985), en tanto Nicholson hizo de su Joker un convite del cómic que bien acompaña Jack Palance. Casi 2 décadas después, gracias a la trilogía de Nolan, Heath Ledger y su oscareado Guasón psicológico en El caballero de la noche (2008), mentalmente perturbado desde la ingenuidad de la locura, elevará al Guasón al pináculo del limbo psicológico y la confrontación moral.

Con Batman, Burton continuó la mancuerna que Beettlejuice había iniciado con Keaton y que propuso un cuño impar a su filmografía, y para cuando Burton se retiró de Batman, redimensionamos la valía nocturna y definida de su mundo. Muchas cintas de superhéroes han rebasado con creces la taquilla de aquella primera Batman; no obstante, el impacto cultural que en 1989 logró, le otorga un lugar de privilegio en la memoria emocional de quienes admiraron emerger el Batimovil de su cueva, y la afirmación de Bruce Wayne respecto de su otro yo: “I am Batman”.

 

2.  El gran pez (Big Fish) 2003

Obra cumbre, para muchos, del cine intimista de Tim Burton, El gran pez representa la habilidad del director por abarcar distintas temáticas y géneros, su capacidad para hacer de un mundo imaginario un mundo real y viceversa, haciendo de esta película un relato magistral de la relación padre hijo, y a su vez, de la relación de los sueños que se sueñan cuando la realidad habita los recuerdos de la memoria y los recrea.

Albert Finney ofrece como Edward Bloom una de sus más memorables actuaciones, como ese padre que relata los pasajes de su vida desde la fantasía que hacía de cada probable palestra una alusión a la imaginación; la que por consecuencia de su imaginaria había estado alejado de su hijo Will, quien incluso hasta en su boda rechazó este vicio relator de su padre. Una vez en el lecho de muerte, ante tanto pasaje fantástico, es Will quien relata a Edward la historia de su vida para cavilar ante su partida, que aquellos personajes de su infancia, los que compartió su padre en cada cuento, en realidad eran visos de una realidad que poco había creído.

Una sentida y profunda fábula de redención, El gran pez fue el manifiesto de Burton ante la crítica y el poco reconocimiento de sus cintas a los premios de la crítica, y que curiosamente no fue del todo abordado en masa por sus seguidores. La ironía misma de la película fue llevada a la relación del director con su público; así, no obstante la tibia recepción popular, El gran pez recibió varias nominaciones en distintas entregas de premios, y hoy se considera una de sus entregas más personales, atípicas y aclamadas del universo burtoniano.

 

1. El extraño mundo de Jack  (The Nightmare Before Christmas) 1993

Estrenada en 1993, El extraño mundo de Jack se convirtió en uno de esos raros clásicos instantáneos, películas que al estrenarse generan un impacto cultural, más raro aún si ponemos atención a que la palabra “raro” atenida al concepto de lo poco convencional sería un referente simplista al complejo, sugerente y extraordinario imaginario de Tim Burton. Dirigida por Henry Selick, la deslumbrante cinta animada ofrece un oscuro y a la vez tétrico puente a través de dos temporales celebraciones - Halloween y Navidad-, siendo desde su título en inglés una irónica alegoría de la tenue línea que separa a ambas, no sólo por los meses consecutivos en que suceden sino por la vida y la muerte, el terror y la alegría representadas por peculiares personajes nacidos de la imaginación de Burton y llevados al cine gracias al guión de Caroline Thompson.

El extraño mundo de Jack se considera una de las películas más significativas del universo Burton, incluso sin haberla dirigido él. Es una muestra clara, elocuente y efusiva de su extraordinario talento, una epifanía de celebraciones que se entrelazan en la emotividad de lo raro, gótico, extraño, de esos adjetivos que califican, juzgan o reconocen la obra del genio.

Y es que esta película, que ayudó a dirigir y de la que estuvo pendiente a cada secuencia, representó la oportunidad de Burton de ser espectador de su propio mundo, de ser libre para ver como otros le daban vida. La película significó la posibilidad de encuentro de un creador ante sus personajes, con un intermediario equipo de filmación que animó cada movimiento con el mismo entusiasmo que el director mostró en aquellas aulas del Instituto de Artes de California o en los pupitres de planos y trazos en Disney. La misma capacidad de asombro que Burton ofrece sobre su ágora aparece exponencialmente en esta versión de sus pesadillas hechas sueños, de un Halloween hecho Navidad, y de una Navidad que ante la maestría de su mundo se convierte en un clásico para todas las temporadas, estaciones y públicos.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo (Universidad Veracruzana, 2015), que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.