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10+ famosos bares literarios (que no son La Floridita de Hemingway)

Por: pijamasurf - 12/29/2015

Un sitio donde se pueda escribir es todo lo que un escritor necesita, además de algo de talento y un poco de papel y tinta. Estos son algunos de los locales que acogieron a escritores y escritoras cuyos fantasmas aún sobrevuelan
Jack Kerouac, Lucien Carr y Allen Ginsberg

Jack Kerouac, Lucien Carr y Allen Ginsberg

La "bohemia" es algo con muchas y extrañas connotaciones para las generaciones más jóvenes que crecen y leen en un mundo donde las redes sociales son imperantes: pero no hace tanto tiempo la gente (y especialmente los aspirantes a artistas) se reunían en locales que fomentaban no sólo la cultura sino también el encuentro. La glorificación del alcoholismo (o el high en la vertiente escritores + drogas duras) pierde de vista la relación del escritor con una comunidad, así como con su propio espacio de trabajo.

El caso paradigmático de bar de escritor podría ser La Floridita, en La Habana, Cuba, donde incluso ahora los clientes pueden tomarse fotos con una estatua tamaño real de Ernest Hemingway. Otro ejemplo clásico no es de un bar, sino de un café: el Habana, en México DF la Ciudad de México, que aparece como "Café Quito" en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, y donde cuenta la leyenda que también se fraguó el inicio de la Revolución Cubana entre Fidel Castro y sus amigos. En la intersección cubana, el Sloppy Joe's Saloon es mucho menos conocido que La Floridita o La Bodeguita del Medio, pero fue el lugar que Graham Green llamaba hogar mientras estaba en la isla. El bar aparece en su novela Nuestro hombre en La Habana, de 1958. Al año siguiente, cuando se filmó la adaptación cinematográfica, el Sloppy Joe's fue una de las locaciones. Justo a tiempo, porque la Revolución mantuvo cerrado el lugar hasta hace un par de años, cuando fue reabierto.

Dylan Thomas en el White Horse de Nueva York

Dylan Thomas en el White Horse de Nueva York

Existen lugares que terminan dando forma a los personajes, como el Club Liguanea, en Jamaica, donde Ian Fleming pasaba un par de meses al año escribiendo las novelas policíacas que eventualmente darían vida a uno de los más famosos espías de la ficción, James Bond. El Club figura en películas como Octopussy Dr. No. O qué decir del Davy Byrnes Pub en Dublín, Irlanda, que ofreció materia prima para la imaginación de James Joyce; el bar aparece en los cuentos de Dublineses y también en ese monstruo de la narrativa moderna llamado Ulises.

El aura de otros establecimientos parece salida directamente de una obra literaria, como el Carousel Bar de Nueva Orléans: la barra giratoria y los asientos con forma de animales de feria aparecen en dos obras del dramaturgo Tennessee Williams, The Rose Tattoo Orpheus Descending. El Carousel, ubicado en la parte baja del hotel Monteleone, también fue refugio y visita obligada de otros escritores mientras estaban en la ciudad, como William Faulkner, Truman Capote, Eudora Welty o Papá Hemingway.

Sylvia Plath y Anne Sexton

Sylvia Plath y Anne Sexton

Los bares de hoteles tienen cierto atractivo importante para la fauna literaria. Otro caso es el del bar del hotel Ritz-Carlton en Boston, donde Sylvia Plath y Anne Sexton compartieron martinis y conversaciones sobre la muerte, las clases en la Universidad de Boston, y la poesía. Porque cuando se trata de beber, los poetas son campeones: hay que pensar en las épicas parrandas de la taberna White Horse, en Nueva York, de donde salieron tambaleantes más de una vez Jack Kerouac y Allen Ginsberg; la leyenda cuenta que Dylan Thomas bebió 18 tragos una noche en el White Horse y murió 3 días después. Otros autores que frecuentaron el sitio fueron el novelista Norman Mailer, el poeta James Baldwin y el novelista y activista Frank O'Hara.

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Y si bien existen casos de escritores que van solos al bar, también los hay que van en cofradía, o en parvada, como en el caso del bar The Eagle and Child (afectuosamente llamado por sus parroquianos "Bird and Baby", durante los años 40) en Oxford, donde un grupo de vírgenes ñoños futuros maestros de la pluma se hacían llamar The Inklings, e intercambiaban notas de trabajo y anécdotas. Entre pintas de cerveza, C. S. Lewis llevó los primeros borradores de El león, la bruja y el ropero, mientras recibía comentarios de J. R. R. Tolkien, autor de la saga El Señor de los Anillos.

Para terminar, hablaremos de un par de casos donde el escritor deja una marca tan indeleble en el lugar que (como en el Floridita) su fama póstuma termina absorbiendo el lugar. Es el caso de Hunter S. Thompson y su taberna predilecta (en rigor, la que estaba más cerca de su casa), el Woody Creek en Aspen, Colorado. El lugar está lleno de parafernalia del doctor Thompson, y algunos lo describen como un altar gonzo. El segundo caso es el del Café Literario de San Petersburgo, Rusia, donde Alexander Pushkin cenó por última vez antes de enfrentarse en un duelo, donde sería mortalmente herido. Hoy en día, una estatua de Pushkin observa a los parroquianos.

Aquí algunos otros ejemplos extraídos de Drinking in America, de Susan Cheever. 

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¿Ya conoces la obra pictórica de Bob Dylan?

Por: pijamasurf - 12/29/2015

Aunque pocos lo saben, el maestro Dylan también dedica ratos a componer ideas con pintura sobre un lienzo

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A pesar de que el músico Bob Dylan comenzó a pintar desde los años 60, pocas personas han tenido el gusto de presenciar en vivo la obra pictórica de este legendario artista. Por otro lado, desde 1994 Dylan ha expuesto únicamente tres series de dibujos suyos, lo cual sugiere que la pintura es un pasatiempo que acompaña a su verdadero oficio.

bob-dylan-painting-offbeat-magazineCabe destacar que Dylan no es el único músico que dedica parte de su tiempo al arte de la pintura. Personajes como Syd Barrett de Pink Floyd, quien pasó sus últimos años en casa de su madre dedicado a la pintura, Paul Stanley, guitarrista de Kiss, quien ha presentado sus obras en múltiples  galerías, o el cantante británico David Bowie son ejemplos de lo anterior. Aunque pintar de manera constante y profesional requiere dedicarse de tiempo completo, tampoco es ajena a cualquiera de nosotros la inspiración de “trazar” en algún momento de la la vida.

Muchas de las pinturas de Dylan, en particular una serie expuesta en el Palazzo Reale de Milán hace un par de años y que fue realizada entre 2008 y 2011, representan fragmentos de una historia más larga, y cada imagen se encuentra en el camino entre los sueños y la memoria. Las pinturas están basadas en fotografías de imágenes de Nueva Orleáns que contienen una atmósfera de suspenso, contadoras de historias de amor y violencia a la vez.

Observar las obras de esta serie nos remite a la fascinación de Bob Dylan por la cultura de Nueva Orleáns, no sólo en términos musicales --lo cual resulta obvio en su trabajo en este rubro-- sino también relativa al entramado social lleno de vida, ritmo e intensidad que se palpaba en la vida cotidiana de este fascinante nicho geográfico de Estados Unidos. Y más allá de la evidente sensibilidad plasmada en su obra pictórica, lo cierto es que ésta resulta interesante por el simple hecho de estar firmada por Dylan, un innegable maestro de la vida.

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Screen Shot 2015-12-30 at 9.23.56 PM

'New Orleans Series'  paintings by Bob Dylan