*

X

6 mitos sobre el cerebro y sus funciones

Por: pijamasurf - 09/21/2015

Algunos mitos famosos sobre el cerebro que no son del todo ciertos
brain-512758_640

Imagen: pixabay.com

 

En un artículo para Smithsonian Magazine, Laura Helmuth hace una lista de 10 mitos sobre el cerebro; elegimos seis de ellos:

 

1. Utilizamos solamente 10% de nuestro cerebro

Seguramente hemos escuchado muchas veces esta aseveración. Esta cifra suena convincente, lo que nos asegura que tenemos grandes reservas de poderes mentales sin explotar.

Pero el supuesto 90% del cerebro no es un apéndice vestigial. Los cerebros son caros: se necesita una gran cantidad de energía para construir el cerebro durante el desarrollo fetal y la infancia, así como para mantenerlo en la adultez. Evolutivamente, no tendría sentido llevar el tejido cerebral más allá de sus límites. Los experimentos utilizando escaneos PET (en español: tomografía por emisión de positrones) o IRMf (Imagen por Resonancia Magnética funcional) muestran que gran parte del cerebro se activa durante tareas simples e incluso lesiones leves pueden tener profundas consecuencias para el lenguaje, la percepción sensorial, el movimiento y las emociones.

Es cierto que tenemos algunas reservas cerebrales. Los estudios de autopsia muestran que muchas personas tenían signos físicos de la enfermedad de Alzheimer (como placas amiloides entre las neuronas) en el cerebro a pesar de que no haber sufrido deterioros. Al parecer podemos perder algo de tejido cerebral y seguir funcionando bastante bien. Las personas obtienen mejores resultados en las pruebas de CI si están muy motivadas, lo cual sugiere que no siempre ejercitamos nuestra mente al 100% de su capacidad.

 

2. La memoria fotográfica es precisa, detallada y persistente

Todos tenemos recuerdos que se sienten tan vívidos y precisos como una foto instantánea; por lo general estos recuerdos derivan de algún episodio shockeante o algún evento dramático, como el asesinato del presidente Kennedy, el terremoto de 1985 en la ciudad de México, los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, etc. En estos casos, las personas recuerdan exactamente dónde estaban, qué se encontraban haciendo en ese momento, incluso con quién estaban, lo que vieron y/o escucharon. Sin embargo, varios experimentos han probado la memoria de las personas inmediatamente después de una tragedia y otra vez varios meses o años más tarde. Los sujetos tienden a estar seguros de que sus recuerdos son exactos y dicen que los flashazos de dichas memorias son más vivos que otros recuerdos. Por vívidos que sean o aparenten ser, con el paso del tiempo estos recuerdos sufren un desgaste, igual que otros menos traumáticos. La gente olvida los detalles importantes y agrega algunos incorrectos, sin la conciencia de que está recreando una escena confusa en su mente en vez de realizar una reproducción perfecta, fotográfica. La memoria, en mayor o menor medida, también es una invención.

 

3. Todo va cuesta abajo después de los 40 (o 50, o 60, o 70)

Es cierto que algunas habilidades cognitivas disminuyen a medida que envejecemos. Los niños son mejores en el aprendizaje de nuevas lenguas que los adultos. Por otro lado, los adultos jóvenes son más rápidos que los adultos mayores para juzgar si dos objetos son iguales o diferentes, pueden memorizar más fácilmente una lista de palabras al azar y son más rápidos en contar hacia atrás de 7 en 7.

Sin embargo, un montón de habilidades mentales mejoran con la edad. En las personas mayores, el vocabulario comprende un espectro más amplio de palabras; también, con la edad se logran entender sutiles diferencias lingüísticas. La edad da un mejor juicio respecto a la personalidad de un extraño; se puede juzgar mejor a primera vista. Se obtienen mejores resultados en las pruebas de sabiduría social, como la forma de resolver un conflicto. Con el tiempo, las personas aprenden cada vez mejor a regular sus propias emociones y a encontrar significado en sus vidas.

 

4. Tenemos cinco sentidos

Sin duda la vista, el olfato, el oído, el gusto y el tacto son los grandes, pero tenemos muchas otras maneras de sentir el mundo y nuestro lugar en él. La propiocepción, por ejemplo, nos dice cómo están posicionados nuestros cuerpos: es el sentido que informa a nuestro organismo de la posición de los músculos, la capacidad de sentir la posición relativa de partes corporales contiguas. Por otro lado, la nocicepción es el sentido que activa diversas respuestas autónomas que conducen a la experiencia del dolor en los seres vivos que tienen un sistema nervioso. La equilibriocepción (o sentido del equilibrio) se encuentra en el oído interno y es lo que nos permite, a todos los animales, caminar sin caernos.

No obstante, en comparación con otras especies, los seres humanos están perdidos. Los murciélagos y los delfines utilizan un sonar para encontrar presas; algunas aves e insectos pueden ver la luz ultravioleta; las serpientes detectar el calor de presas de sangre caliente: ratas, gatos, focas; los tiburones detectan campos eléctricos en el agua; las aves, las tortugas e incluso algunas bacterias se orientan por las líneas del campo magnético de la Tierra.

 

5. Los cerebros son como las computadoras

Hablamos de la velocidad de procesamiento del cerebro, su capacidad de almacenamiento, sus circuitos paralelos, entradas y salidas. La metáfora falla en casi todos los niveles: el cerebro no tiene una capacidad de memoria de ajuste que está esperando para ser llenada, no realiza cálculos en la forma en que un ordenador lo hace e, incluso, la percepción visual básica no es un receptor pasivo de insumos porque interpretamos activamente, anticipándonos y prestando atención a los diferentes elementos del entorno visual.

Hay una larga historia de comparaciones del cerebro con máquinas avanzadas de su tiempo. Por ejemplo, Descartes equiparó el cerebro a una máquina hidráulica, y Freud comparó las emociones con una máquina de vapor. Más tarde, el cerebro parecía una central telefónica y luego un circuito eléctrico, antes de evolucionar en una computadora; últimamente se está convirtiendo en un navegador Web o en Internet. Estas metáforas permanecen pues son, en realidad, clichés.

 

6. Vemos el mundo tal como es

No somos receptores pasivos de la información externa que entra en nuestro cerebro a través de los órganos de los sentidos. En cambio, buscamos activamente patrones (como un perro dálmata que aparece de repente en un campo de puntos blancos y negros), giramos las escenas ambiguas para que se ajusten a nuestras expectativas (esto es un florero, esto una cara) y perdemos completamente numerosos detalles que hay alrededor. Varios experimentos famosos comprueban que nuestro cerebro no puede percibir la totalidad de la realidad, sino fragmentos.  

Tenemos una capacidad limitada para prestar atención (por eso, hablar por celular mientras se conduce puede ser tan peligroso como conducir ebrio) y un montón de prejuicios acerca de lo que esperamos o queremos ver.

Nuestra percepción del mundo no está sólo hecha de observaciones objetivas; mucha de la realidad es una invención, una elección o una omisión. Incluso, una mezcla de estas tres.

Te podría interesar:

Mapas reordenados, ciudades rompecabezas de Armelle Caron

Por: Javier Raya - 09/21/2015

Más que el procedimiento obsesivo-compulsivo, "Les Villes Rangeés" representa las ciudades con un énfasis en lo gráfico más que en lo geográfico
[caption id="attachment_100537" align="aligncenter" width="717"]Berlín / Berlín reordenada Berlín / Berlín reordenada[/caption]

Estamos acostumbrados a utilizar los mapas de nuestras ciudades como una visión abstracta, práctica y ordenada del aparente caos del territorio: a la manera de los libros de consultas, en la misma estantería ontológica que los diccionarios, los mapas son una suerte de textualidades visuales que nos sirven para ubicarnos a nosotros mismos en el espacio, para transitar dentro de un territorio --la ciudad, y en especial la megalópolis-- donde la modernidad transformó en extranjeros a sus propios habitantes.

El mapa de la ciudad llevado al extremo de su representación formal deriva en Les Villes Rangeés de la artista francesa Armelle Caron. A manera de rastro de un proceso meticuloso de clasificación, el mapa monocromático y su versión "organizada" son dos formas de pensar el dispositivo mapa, codificando los elementos que lo integran pero sin cambiarlos más que de posición. 

En mi caso, las ciudades reordenadas de Caron me hacen pensar en una página de texto escrito con una tipografía localísima, hecha nada menos que de las representaciones físicas del espacio urbano. La morfología de las manzanas, glorietas, colonias y en suma, espacios habitables de cada ciudad, me hacen pensar también en una vista comparada de la heterogeneidad de trazo y concepción del dibujo involuntario que cada ciudad adopta en el tiempo como los rasgos de un rostro.

[caption id="attachment_100538" align="aligncenter" width="717"]Bordeaux / Bordeaux reordenada Bordeaux / Bordeaux reordenada[/caption]

Nueva York aparece como un largo código de barras debido a la simetría monótona de sus manzanas, mientras que París presenta una rica variedad de formas, donde la semejanza termina en el tamaño de ciertos elementos, que guardan entre sí, como los alfabetos --o tal vez, en un sentido más técnico, como las familias tipográficas, cierto aire de familia.

Más que el procedimiento obsesivo-compulsivo, Les Villes Rangeés representa las ciudades con un énfasis en lo gráfico más que en lo geográfico; el mapa escapa de su papel referencial y se ofrece como rompecabezas desarmado, y tal vez le devuelva al angustiado paseante la sensación de que el mapa es también, él, un espacio de ficción, cuyos elementos pueden reorganizarse con fines de divertimento formal.

Como ejemplo de esto, pienso en el Martín Fierro ordenado alfabéticamente del argentino Pablo Katchadjian, donde el poema se convierte en catálogo de palabras. En el caso de Armelle Caron, la ciudad se convierte en el catálogo de sus formas transitables, y acaso de los espacios vacíos entre ellas: las calles, o bien el espacio por donde leemos una ciudad al movernos por ella.

[caption id="attachment_100539" align="aligncenter" width="717"]Estambul / Estambul reordenada Estambul / Estambul reordenada[/caption]

Leer la ciudad, caminar con los ojos por el mapa: dudar de la convención de que el mapa --ese artificio inmutable-- fija el territorio. Se parece a esa "gran revelación estética" que Jed Martin experimenta en El mapa y el territorio de Michel Houellebecq, cuando el personaje compra un mapa Michelin de carreteras a escala 1/150.000, del cual realiza una lectura artística más que práctica: "se mezclaban la esencia de la modernidad, de la percepción científica y técnica del mundo, con la esencia de la vida animal. El diseño era complejo y bello, de una claridad absoluta, y sólo utilizaba un código de colores restringido. Pero en cada una de las aldeas, de los pueblos representados de acuerdo a su importancia, se sentía la palpitación, el llamamiento de decenas de vidas humanas...".

[caption id="attachment_100540" align="aligncenter" width="717"]Le Havre / Le Havre ordenado Le Havre / Le Havre ordenado[/caption]

 

[caption id="attachment_100545" align="aligncenter" width="717"]París / París reordenada París / París reordenada[/caption]

 

[caption id="attachment_100544" align="aligncenter" width="717"]Nueva York / Nueva York reordenado Nueva York / Nueva York reordenado[/caption]

 

[caption id="attachment_100543" align="aligncenter" width="717"]Montpellier / Montpellier ordenado Montpellier / Montpellier ordenado[/caption]

 

[caption id="attachment_100541" align="aligncenter" width="717"]El mundo / El mundo reordenado El mundo / El mundo reordenado[/caption]

 

Twitter del autor: @javier_raya