*

X

Carl Sagan sobre la reencarnación y la necesidad científica de estudiar este fenómeno

Sociedad

Por: pijamasurf - 06/27/2015

El popular astrónomo creía que los casos que se habían investigado merecían que la reencarnación fuera científicamente explorada

CarlSagan_20080903-browse

En 1960 el doctor Ian Stevenson, director del Departamento de Psicología de Virginia, documentó más de 2 mil 500 casos de personas que decían haber reencarnado. Aunque su trabajo no logró ser completamente reconocido por la ciencia establecida --ya que es anatema dentro de la academia considerar seriamente estos temas--, sí consiguió generar el interés de algunas personas reconocidas con una mentalidad más abierta. Tal es el caso de Carl Sagan, quien en su libro The Demon Hunted World escribe: "Hay tres afirmaciones de la parapsicología que, en mi opinión, merecen ser estudiadas seriamente", siendo una de ellas el caso de "niños pequeños que en ocasiones reportan detalles de sus vidas previas, que al ser revisados prueban ser precisos y los cuales no podrían haberse conocido por otro medio que la reencarnación". Sagan aclara que no cree en la reencarnación, pero explica que es necesario estudiar estos fenómenos, luego de conocer el trabajo de Ian Stevenson, como bien apunta Jim Tucker, el heredero de Stevenson en la Universidad de Virginia y continuador de su investigación. 

Tanto Tucker como Stevenson consideraron otras alternativas a la reencarnación, que necesariamente supone la existencia de un alma inmaterial, algo que destruye el paradigma científico dominante basado en el materialismo. En un artículo publicado por la Universidad de Virginia, Tucker señala que los más de 2 mil 500 casos sugieren que:

existe evidencia de que memorias, emociones, e incluso traumas físicos pueden, bajo ciertas circunstancias, pasar de una vida a otra. Los procesos involucrados en dicha transferencia de conciencia son desconocidos, y esperan futura dilucidación. Puede existir algo que sobreviva la muerte del cerebro y la muerte del cuerpo que de alguna forma está conectado al nuevo niño. A lo largo del tiempo me he convencido de que existe más en el mundo que el solo universo físico. Existe la mente, que es su propia entidad.

En Occidente se han planteado diferentes explicaciones a estos casos, además de la memoria selectiva. Una ellas está vinculada a la resonancia mórfica de Rupert Sheldrake, una teoría que señala que la información existe en la naturaleza como un campo, independientemente de las células animales, que en realidad sintonizan estos campos de memoria inherente en el espacio. Tal vez una persona podría resonar con cierta información e identificarse con la información. Otra interpretación similar tiene que ver con la idea de Carl Jung del inconsciente colectivo.

La teoría de la reencarnación, tan arraigada en Oriente, no es para nada ajena al pensamiento occidental. Debemos recordar que muchos filósofos griegos, incluyendo a Platón, Sócrates y Pitágoras, creían en la metempsicosis, o la transmigración de las almas. Platón cuenta esto con el mito de Er, explicando que la gran mayoría de las personas beben de Lete, el río del Olvido, y reencarnan olvidando completamente la historia de su alma, pero algunos casos excepcionales (como el de Er) beben del río Mnemósine y recuerdan sus vidas pasadas, estando más cerca de su propia alma.

 

Te podría interesar:
La escuela se propone informar a sus alumnos y la educación que nos importa va de formación y no de información
[caption id="attachment_98168" align="aligncenter" width="500"]Imagen: "The Bird of Self-Knowledge", Anónimo, siglo XVIII. Wikimedia Commons Imagen: "The Bird of Self-Knowledge", Anónimo, siglo XVIII. Wikimedia Commons[/caption]

No se trata de lo que sé, se trata de lo que hago con lo que sé.

La escuela no falla porque haga mal lo que se propone hacer, falla porque lo que se propone no vale la pena. Mal que le pese, es un problema de planificación. No de planificación tal como a ella le gusta entenderla (correlacionar con rigor unas cosas con las otras y hacerlas encajar en algún tipo de determinante no negociable, sea tiempo o concepto), sino de planificación en el sentido de no acertar en la definición del propósito.

La escuela se propone informar a sus alumnos y la educación que nos importa va de formación y no de información.

La erudición no es inútil tan sólo en sus excesos neuróticos, lo es siempre si por erudición entendemos información sin aplicación. Aprobar una prueba en la escuela no sirve para nada, a excepción de la aprobación misma. Lo mismo los exámenes de ingreso universitarios y esas cosas. Muchas de las herramientas educativas sólo se justifican por sí mismas y el solipsismo institucional de la escuela alcanza a estas alturas niveles escandalosos, por no decir patéticos. Es un sistema enfermo y obsesivo que ha perdido todo registro de contexto; al contrario, día con día se refuerza en su propia dinámica autorreferencial. Tiene miedo. Y paradójicamente, ese miedo es su registro más honesto y más verdadero.

Incluso de cara a la información, la escuela ya comete errores graves. Se ha quedado fijada en un escenario caído y no lo registra. El primer error es el error de la fuente. La escuela cree que la fuente informativa más útil es única, curada y estable; no le sirven ni sabe cómo lidiar con las inconmensurables fuentes dinámicas y cruzadas de información que hoy tiene nuestra sociedad. Prefiere el libro de texto (incluso aún si su edición data de 6 años atrás) a cualquier otra fuente actual, sea un periódico del día o de 2 días o sea el Twitter de recién, sin hablar de Google y sus infinitos afluentes. Cree todavía --anclada en Diderot-- que una fuente “seria” vale más que el crisol de fuentes actuales, atravesado por la complejidad social de la cuestión. Cree que esa sempiterna enciclopedia didáctica que es el libro de texto vale más que la abierta efervescencia escenificada que refleja Wikipedia sobre –por ejemplo-- el conflicto Israel-Jordania. La escuela no entiende que la información que aplica no es la bendecida, sino la atravesada por su propia complejidad; que la información que sirve es la de los intersticios entre una posición fija y la otra, la que muestra y demuestra su inestabilidad, el rash incontrolable de la velocidad y como siempre, también su metafísica e inherente ambigüedad. La escuela no entiende que inconcluso no es sinónimo de inútil.

El segundo error es de estructura. La escuela cree que lo que nos informa es la síntesis simplificadora de un tema, su plana taxonomía presuntamente final, y no su rico curso, lo abierto de su discusión, la trama compleja y diversificada de su construcción. Por eso las fuentes escolares son siempre taxonomías cerradas, como si no hubiera conflicto o interpretaciones y como si todos los debates estuvieran cerrados; por eso, las fuentes escolares son ilegibles e insoportablemente aburridas. Hay tres tipos de amor: el filial, el amistoso y el pasional… como si fuera verdad; como si ellos no se mezclaran todo el rato, como si no hubiera matices, intersticios, hibrideces y nuevas formaciones que dinamitan la taxonomía. Como si sirvieran para algo esas taxonomías bobas, con semblante de sabias, que nos reducen el amor a una clasificación cerrada. Y si acaban con el amor, imagínense lo que no hacen con la historia mexicana del siglo XX.

El conocimiento es un producto social, consecuencia del juego social. La información objetiva es apenas una referencia poco importante del concepto información. La mayoría de las veces no importa lo que pasó –pensemos en historia, sino lo que pasó con lo que pasó y lo que se dijo de lo que pasó y lo que pasó con lo que se dijo que pasaba… Y verdadero es todo, incluso lo que se negó que se decía sobre lo que se supuso, incluso falsamente, que había pasado.

Y el tercer error es de proceso. La escuela supone que la relación útil con la información es la retención del dato. Pero se olvida que más que el dato, importa el proceso de construcción del dato; y olvida también que el dato, aislado de la trama compleja de datos que lo envuelve, carece absolutamente de sentido y de valor. Craso error. Que no importa recordar que fue Zedillo el presidente mexicano del período tal y cual, con independencia de qué pasaba en México y en el mundo por aquellas épocas; de dónde venía Zedillo, solución a qué conflicto previo suponía y –como siempre en México-- qué quería decir Zedillo para el PRI; y por último, a dónde fue a parar al cabo aquella ‘experiencia Zedillo’. Que cualquier dato aislado de su contexto, que es una parte importante de su sentido, es lo mismo que nada y computable en cero. ¿Qué importa el 10 de enero si me olvido o no sé que es el día del cumpleaños de mi hijo Mateo?

Pero decíamos también que el dato fuera del proceso constructivo es irrelevante, y es verdad. Llegar a la demostración del teorema de Pitágoras es infinitamente más significativo (además de bonito, emocionante, etc.) que saber que la suma de los cuadrados de los catetos… Los catetos se me vuelven inmediatamente catetas si no hago algo significativo con ellos. Lo mismo los epiciclos, las integrales, los modelos democráticos o las galaxias. La escuela confunde todo el tiempo proceso con resultado.

Decíamos que la información es irrelevante al lado de la formación y quiero acabar con esto. Estar formado es ser capaz de hacer con lo que tengo. Producir, crear o como queramos llamarlo. La información que nos sirve es aquella de la que nos valemos para ir a alguna parte; y lo valioso es esa parte, no aquel insumo. Podemos llamar a ese proceso movilización; que el conocimiento o la competencia es la movilización de la información al servicio de alguna producción/construcción significativa. Por eso, la escuela que necesitamos debe preparar a sus alumnos para movilizar sus bagajes informativos al servicio de su propio proceso de construcción. Se trata de emprender hacia algún lado.

Es decir, la información como punto de partida y no como punto de llegada. Y la verificación institucional del proceso –que llamamos evaluación-- se debe realizar sobre el proceso de movilización y no sobre la fuente de apoyo.

La escuela cree que la información templa a las personas y que la acumulación quieta de ella (que llamamos erudición) nos vuelve carismáticos. Pero se equivoca. La información sin formación, es decir, sin capacidad de movilización y articulación, en bajas dosis es tan sólo inútil y en altas dosis raya en lo patético. La única tierra fértil para la información es la inteligencia, que la potencia hacia el emprendimiento. Crear --que le llamamos. Por eso no podemos avalar escuelas que acumulan información a presión en cabezas no suficientemente estimuladas en su urgente inteligencia.

 

Twitter del autor: @dobertipablo