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Entrevista con integrantes de la iniciativa "Internet para Todos"

Por: Ana Paula de la Torre - 03/11/2013

Pijama Surf entrevistó a miembros de Internet para Todos, una movilización ciudadana que recaudó las firmas necesarias para presentar una iniciativa de ley en México.

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Sin duda los involucrados en la movilización ciudadana Internet Para Todos (para conocerla a detalle, haz click aquí), registrada recientemente en México, han dado una lección para entender que un cambio es creado mediante acciones. Esta representa la primera vez que una iniciativa popular, una propuesta de ley organizada por ciudadanos a través de reunir firmas, ocurre en este país. Nadie de ellos está seguro si su esfuerzo dará resultado –falta la aprobación en la cámara–, aún así llevaron a cabo las acciones necesarias para presentar una propuesta de ley, inspirados en la premisa de que una nueva realidad se construye caminando, de forma concreta, hacia ella.

A continuación presentamos una entrevista con Ruth Arellano, una de las principales promotoras de esta histórica iniciativa.

¿Cómo surgió la idea de la iniciativa?

Óscar Mondragón, experto en tecnologías de información y activista, tuvo la idea desde hace aproximadamente 5 años. Después de la promulgación de la Reforma Política -en agosto de 2012-, se reunieron otros expertos en el ramo, abogados y activistas, conformaron un equipo jurídico y otro de planeación y redactaron el documento que consta de 17 hojas.

¿Cómo se animaron a iniciar la recolección de firmas pues no estaba aún reglamentado el proceso para presentar la iniciativa?

Nosotros debíamos cumplir el requisito Constitucional. El artículo 71, fracción IV indicar que para presentar una iniciativa ciudadana “se debe contar por lo menos con el 0.13 por ciento de la lista nominal de electores”.

Tengo entendido que lograron la recolección de firmas con 40 personas de base. ¿Cómo fue toda la estrategia en internet?¿Cuántas personas participaron incluyendo a voluntarios?

Participaron muchas personas de diversas ciudades del país, es complicado dar una cifra exacta porque hubo muchos voluntarios que sólo nos hicieron llegar los paquetes de firmas; aventurándonos a dar un número aproximado serían unas 80 personas las que colaboraron en la recolección.

¿Qué ventajas encontraron en el proceso para la presentación de iniciativa gracias a las herramientas del mundo digital, redes sociales y demás?

Por un lado, tuvimos el respaldo de los mejores expertos en materia de telecomunicaciones que hay en México, como Alejandro Pisanty, Óscar Mondragón y Erick Huesca. Por el otro, al ser la primera vez que los ciudadanos se organizan para respaldar una iniciativa de ley, el apoyo y la difusión en nuestras redes sociales fue muy participativo. Voluntarios que con tan sólo ver nuestras publicaciones en redes, se organizaron por su cuenta y recabaron firmas.

 

¿Qué sugerencias harían a algún ciudadano que quisiera presentar una iniciativa?

Lo principal para que una iniciativa surta efecto es la organización, además de buscar todas las alianzas posibles con los diferentes actores sociales y políticos correspondientes.

¿Cómo darán seguimiento a la iniciativa en el Congreso –cámara de diputados y senadores-?

El 6 de marzo presentamos la iniciativa en ambas cámaras junto con 127 mil firmas, ahí solicitamos reuniones de trabajo con los legisladores para darle seguimiento al proceso. Esperamos que la iniciativa sea turnada a la o las Comisiones correspondientes, a fin de que el IFE comience el proceso de verificar las firmas entregadas y empezar a trabajar en el proyecto de Dictamen. La ley dice que cada iniciativa deberá ser discutida y votada por el Pleno de la Cámara de su origen en un plazo máximo de 30 días naturales, en caso de ser aprobado o modificado por la Cámara de su origen, el respectivo proyecto de ley o decreto pasará de inmediato a la Cámara revisora, la cual deberá discutirlo y votarlo en el mismo plazo.

En Pijama Surf enfatizamos nuestro respaldo a acciones como la anterior, estaremos publicando los avances de esta propuesta que nació de un grupo de mexicanos que decidieron atender de manera tangible a su responsabilidad cívica: a fin de cuentas el cambio debe originarse en la sociedad.

Twitter del autor: @anapauladelatd

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El futuro de la energía renovable podría estar en el sexo

Por: pijamasurf - 03/11/2013

El mito moderno de la especialización y la eficiencia evolutiva aplicado al progreso debe reevaluarse a la luz de la variedad genética, una lección no aprendida de los intercambios sexuales para la selección natural.

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4 mil millones de años de organismos vivos en el planeta cuentan una historia que podría ayudar a los seres humanos a enfrentar el mayor reto: el desarrollo sustentable. Ese ente plural y diverso que conocemos como naturaleza se ha encargado de producir organismos que aprovechan la energía de manera más eficiente que cualquier invento de la ingeniería moderna: albatros que planean durante kilómetros de millas náuticas sin prácticamente mover las alas, plantas que sintetizan la luz para convertirla en nutrientes aún en los climas más extremos, casi sin desperdicio alguno, e incluso organismos que aprovechan los desechos de otros son sólo algunas muestras de la fascinante eficiencia alcanzada durante eones de evolución.

Y es que la evolución ha sido entendida como un equivalente en la naturaleza del progreso humano. No es coincidencia que las teorías de Charles Darwin hayan sido producidas en un tiempo histórico paralelo al de la Revolución Industrial en Europa. El ser humano, a través de la tecnología, ha buscado alcanzar la eficiencia de la naturaleza, conceptualizándose a sí mismo a través de las ciencias como una máquina: piénsese en la neurología de principios del siglo XX, que veía cada parte del cerebro humano como una pieza asociada a una función —hoy sabemos, en cambio, que la memoria y otras funciones cognitivas involucran la relación entre varias zonas del cerebro en su conjunto.

Leemos la evolución a través del mito moderno del progreso, pero en realidad eso que entendemos por "naturaleza" no tiende solamente a la eficiencia. Pensemos en el sexo. El sexo es probablemente la función más complicada e inútil —en términos de eficiencia— de entre todos los mecanismos que tiene la vida para reproducirse. Una flor espera que un polinizador se lleve la información genética de una planta a otra; una tortuga recorre kilómetros para desovar, y las tortugas bebé están siempre a merced de depredadores como cangrejos y gaviotas; los salmones remontan la corriente de los ríos sólo para volver al lugar donde nacieron y los pájaros tropicales muestran imbricadas plumas de colores para atraer parejas potenciales, pero también atraen involuntariamente a sus depredadores. ¿Por qué la naturaleza no tiene mecanismos eficientes para reproducirse? ¿Por qué tomarse tanto trabajo (entendiendo trabajo como energía) para aparearse?

La respuesta a esto podría ser que el gasto de energía que constituye la reproducción sexual podría ser más que un sabotaje: podría ser la médula misma de la variabilidad genética. Pensemos que la información genética de una especie se perfecciona durante generaciones y generaciones hasta alcanzar un grado supremo de perfección. Si un organismo fuese totalmente eficiente, probablemente en el transcurso de algunos millones de años podría dejar de lado las prácticas sexuales y reproducirse con mayor aprovechamiento energético, o tomar su energía del sol, del viento o de sus propios desechos. Sólo hay un problema: para que esta élite de organismos hiperevolucionados pudiera sobrevivir las condiciones medioambientales deberían permanecer constantes, lo cual, en el universo, no es nunca el caso.

El sexo es una especie de autosabotaje que la naturaleza se impone a sí misma, una especie de trampa o prueba: si la especie la sigue derrotando durante sucesivas generaciones, la información de variabilidad genética puede asimilar no sólo las mejoras que cada generación aporta al ADN, sino también prepararse para responder a los cambios en su medio ambiente, a las fuentes de alimento y a la densidad poblacional.

La selección natural, sin la trampa del sexo, reproduciría individuos con un altísimo nivel de eficiencia, pero también de un altísimo nivel de simplicidad. Sin la variedad, las especies no podrían adaptarse. Ahora viene la verdadera pregunta, ¿por qué si las ciencias humanas toman como modelo la naturaleza aún no hemos aplicado estas lecciones de la evolución a la regulación de nuestros complicados sistemas artificiales, como la economía o la resolución de los problemas energéticos?

Dicho de manera muy simple, se trata de que si ponemos "todos los huevos" en una sola canasta (por ejemplo, si invertimos todo el capital en combustibles fósiles), perdemos la oportunidad de aprovechar otras fuentes de energía: no necesariamente mejores, simplemente diferentes. Es preciso abandonar el delirio de que la eficiencia de un sólo método para extraer energía (a menos que sea el prana o energía vital) servirá en el largo plazo para resolver la actual crisis energética. El progreso vendrá solamente de la diversidad, o al menos es lo que el sexo nos enseña para acceder a un futuro sustentable.

Los ecosistemas no crecen consumiendo y agotando los recursos disponibles, sino adaptándose y aprovechando lo que hay. Este camino está probado por más de mil millones de años de sexo en la naturaleza contra unos 200 años de desastroso uso de combustibles fósiles. Implementar una variedad de sistemas de aprovechamiento energético sin duda puede ser costoso en un principio, pues implica invertir en investigación, en reeducación de nuestros paradigmas actuales y con todo nada podrá asegurarnos que estamos ante la panacea; sin embargo, desaprovechar esta oportunidad tendrá consecuencias peores a la larga. El paso seguro a la extinción es la especialización y la eficiencia, trampa de la que nos salva un viejo aliado: el sexo.

Con información de Slate.