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9 formas de incrementar los niveles de dopamina en tu cerebro naturalmente

Salud

Por: pijamasurf - 06/29/2016

La atención, la motivación y el bienestar están asociados a la cantidad de dopamina que hay en tu cerebro, razón suficiente para querer incrementar sus niveles, ¿no crees?

La dopamina es uno de los neurotransmisores más importantes de nuestro sistema nervioso, fundamental para la percepción y procesamiento de nuestras emociones y sensaciones relacionadas con el bienestar, la motivación y la atención.

En este sentido, quizá no sea del todo casual el interés que la dopamina ha suscitado en nuestra época. Después de todo, si por algo existe una preocupación persistente es justamente por esas tres cosas: el bienestar, la motivación y la atención, que se nos arrebatan por todos lados. Internet y otros medios nos distraen, el sistema en el que vivimos nos fatiga y la suma de estas y otras circunstancias (como la alimentación industrializada, el consumo desmedido, etc.) menguan nuestro bienestar.

Con todo, la realidad no es única ni imperturbable y, de hecho, está diseñada para que intervengamos en ella y la modifiquemos a nuestro favor.

A continuación enlistamos nueve formas en que puedes incrementar naturalmente tus niveles de dopamina, con simples cambios en tu rutina y tus hábitos. Asimismo, en varias de ellas añadimos otros artículos que contribuyen a alguno de los puntos en particular.

Disfruta, comparte y ¡ponlo en práctica!

 

1. Evita los comportamientos adictivos

A nivel cerebral y en específico respecto de la dopamina las adicciones provocan una respuesta paradójica, pues si bien en el corto plazo la satisfacción de un comportamiento adictivo libera la reacción neuroquímica de la recompensa (lo cual involucra el placer de la dopamina), este estudio demostró que a mediano y largo plazo las conductas adictivas impactan negativamente en los niveles y la efectividad de la dopamina volviéndola, por así decirlo, “menos sustentable”, como si agotáramos el recurso. Además de en adicciones obvias como el alcoholismo o la ludopatía, esto también puede observarse en un hecho muy cotidiano: nuestra fascinación por las redes sociales, en cuya actividad también está involucrada la dopamina pero justo de esta forma tan poco benéfica.

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2. Enlista y cumple pequeñas tareas

A diferencia del punto anterior, existe una forma de recompensa cotidiana y mínima que sí genera un efecto positivo en nuestros niveles de dopamina: cumplir pequeños logros a lo largo de nuestro día. Pocas cosas tan frustrantes, en efecto, como darnos cuenta de que olvidamos cumplir con un pendiente o que éstos se acumulan de forma engorrosa sobre nuestra rutina. No lo permitas y, más bien, date cuenta de que con un poco de organización puedes completar tus tareas. Te compartimos estos artículos como sugerencia:

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3. Dedícate a algo

Usamos este verbo pensando sobre todo en su sustantivo: la dedicación. Cuando te entregas a un proyecto en específico que involucre tu creatividad, tu entusiasmo y tu interés, estás cultivando también tu dopamina, nutriéndola. Da un arreglo especial al lugar donde vives, practica la jardinería, escribe, sal a tomar fotografías bajo una premisa en particular, haz trabajo voluntario, toma alguna clase, etcétera.

 

 

4. Ejercítate

El ejercicio físico es una de las mejores fuentes de dopamina y de las más inmediatas. A nivel fisiológico las necesidades mismas de la actividad física provocan un incremento en sus niveles, pero también existe un efecto de recompensa al obtener una sensación de bienestar por alguna circunstancia asociada: batir un récord personal, haber salido a caminar, correr o nadar aunque al principio no queríamos, sentir ese cansancio tan especial del cuerpo, etc. Si no acostumbras ejercitarte comienza a hacerlo, pero sobre todo no lo abandones.

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5. Incrementa tus niveles de tirosina

La tirosina es un aminoácido fundamental para la producción de dopamina. Dietéticamente se le encuentra en alimentos como las almendras, los aguacates, el plátano, el chocolate, el café, el té verde, la sandía y algunos otros. Usa la alimentación a tu favor, no en tu contra.

 

6. Escucha música

Varios estudios de la neurociencia contemporánea han revelado la relación estrecha entre música y dopamina. La música que nuestro cerebro recibe con placer se transforma casi de inmediato en dopamina pura.

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7. Medita

Otra actividad vinculada íntima y provechosamente con el cerebro humano es la meditación, que en Occidente ha tenido un auge que apenas se cuenta en décadas pero que en Oriente se ha practicado desde hace siglos. En cuanto a la dopamina, la meditación ayuda sobre todo a barrer con los procesos mentales –el temor, la tensión, la preocupación, la tristeza, el rencor– que impiden su flujo libre y continuo.

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8. Toma algunos suplementos naturales

También de Oriente y su antigüedad tenemos una buena sabiduría respecto de ciertos suplementos naturales que contribuyen a la sensación de bienestar y, dicho neuroquímicamente, a la generación de dopamina. Raíces como la cúrcuma y el ginkgo biloba se han asociado desde siempre con la purificación de la mente, además de ciertos ingredientes activos del té verde (en especial la L-teanina).

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9. Desintoxícate

La dopamina es en, cierta forma, una metáfora. ¿De qué? Del bienestar. Si entraste a leer esta nota seguramente es porque tu deseo es simple: estar bien. Si de verdad lo quieres, el camino pasa necesariamente por una desintoxicación en todos los ámbitos de tu vida. ¿Comes alimentos industrializados o lo más natural posible? ¿Haces ejercicio? ¿Cuál es la calidad de tus relaciones personales? ¿Qué tanto te conoces a ti mismo? ¿En qué ocupas tu tiempo?

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La barrera mente-cuerpo es de naturaleza racional y artificial: los neurólogos y psiquiatras están trabajando en nuevos acercamientos para entender cómo el cuerpo se ataca a sí mismo (a través de la mente) con la paradójica intención de curarse

Imagen: Yuliya Libkina

La relación entre neurología y psicología, entre las bases físicas de la conciencia y los comportamientos individuales y sociales, ha tenido una historia larga y problemática. En el siglo XIX, la psiquiatría buscaba el origen de las enfermedades mentales en una base física o fisiológica; luego de los adelantos de la psicología profunda y el psicoanálisis, así como las tecnologías de la subjetividad, la distancia entre cuerpo y mente, neurología y enfermedad mental pareció ensancharse. Los adelantos en la investigación de enfermedades autoinmunes, sin embargo, podrían dar nueva luz acerca de las sombras que habitan nuestros cuerpos y mentes y que desconocen la diferencia artificial entre ellas, una diferencia racional muy peligrosa que produce equívocos en cuanto a diagnóstico y tratamiento.

Científicos como Josep Dalmau, neurólogo de la Universidad de Pensilvania, han tratado de entender la conexión entre síntomas tratados tradicionalmente como enfermedades mentales y enfermedades del sistema autoinmune. Por años se creía que el cerebro no participaba de los problemas del sistema autoinmune y Dalmau, entre otros, ha sido pionero planteando las conexiones entre ellos.

Por ejemplo, existen casos de lupus, enfermedad de Parkinson, epilepsias, demencias, etc., que pueden beneficiarse de tratamientos del sistema autoinmune cuando otros fármacos no funcionan. Heather Van Mater, reumatóloga pediátrica de la Universidad de Duke, ha cuidado pacientes que llegaron con severos síntomas de psicosis, sólo para identificar que el tratamiento autoinmune permite que el cuerpo deje de atacarse a sí mismo y, por lo tanto, que la mente se despeje y recupere sus funciones “normales”.

Robert Yolken, de la Universidad Johns Hopkins, estima que hasta 1/3 de los casos de esquizofrenia muestra signos de origen autoinmune; el factor genético a menudo observado en familias donde está presente esta condición está llevando a investigar otros factores, como la obesidad o el tabaquismo, en el desencadenamiento de los síntomas.

Por otra parte, se ha observado que muchos pacientes que tienen depresión también muestran inflamaciones sistémicas en la sangre producidas por vía autoinmune. Esto quiere decir que el sistema de defensa del cuerpo se activó tal vez a causa de una mala dieta, estrés crónico o traumatismo severo. Existen investigaciones actuales que tratan de probar que la depresión podría tener más que ver con una respuesta del cuerpo ante una posible amenaza física —por lo que actúa como si estuviera enfermo, disminuyendo la actividad del cuerpo y buscando descanso, que podría aliviarse en tanto síntoma si se consiguiera determinar el verdadero origen fisiológico, no psicológico.

En 2013, científicos de la Universidad Emory administraron un tratamiento de infliximab (un inmunosupresor) a pacientes diagnosticados con depresión que mostraban inflamación autoinmune; estudios similares han encontrado que la aspirina, una de las drogas más comunes que hay, puede contribuir a la terapia de la esquizofrenia al ayudar al sistema autoinmune a atacar la verdadera causa de los síntomas. La relación neurología-psicología se encuentra en un momento muy interesante, un umbral donde la enfermedad mental deja de ser achacada —como antes del siglo XIX— a factores como la religión o la moral, y donde ahora puede ser vista como un síntoma más entre otros de desórdenes inmunológicos. Más que una nueva cura o procedimiento, lo que está cambiando es la comprensión del cuerpo y la mente como un contínuum que se comunica más allá de lo que nuestros actuales métodos o patrones de investigación nos permiten corroborar.

 

(Con información de The Atlantic)