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Cúrcuma, la poderosa especia que descalcifica la glándula pineal y sirve como antidepresivo natural

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/28/2014

La cúrcuma, planta milenaria usada de manera medicinal y ceremonial en la India, podría proveer una forma de combatir la calcificación de la glándula pineal, tratar la depresión de manera natural e incluso el cáncer.

radici-di-curcumaLa noción, actualmente difundida en Occidente, de que la glándula pineal es el tercer ojo o un centro espiritual proviene de la India y del sistema de clasificación anatómica de los chakras (y en parte también de la ubicación del alma que hizo Descartes). También de la India proviene el uso de la cúrcuma, una especia que forma la base del curry y que permea la gastronomía de este país. La raíz de la cúrcuma tiene numerosas aplicaciones medicinales y recientemente se ha incorporado, como extracto, al menú de suplementos para reforzar el sistema inmune, para combatir la depresión o como nootrópico, entre otros usos, que empiezan a consumirse en otros países. La cúrcuma (también conocida como tumeric) es uno de los antioxidantes y anti-inflamatorios naturales más poderosos del mundo.

Un estudio científico publicado en la revista Pharmacognosy muestra que la cúrcuma puede revertir los efectos neurotóxicos del fluoruro, un compuesto popularmente utilizado en la pasta de dientes y en el suministro de agua de muchas ciudades. Aunque los efectos tóxicos del floururo en la presentación y en los niveles que consumimos generalmente son exagerados por las teorías de conspiración, en dosis elevadas puede generar hasta osteoporisis y muchos otros padecimientos. El fluoruro, o las sales del ácido fluorhídrico, contribuye a la calcificación de la glándula pineal, un fenómeno que ocurre en la mayoría de las personas adultas y en algunos casos desde la infancia. La calcificación de la glándula pineal puede afectar en la patogénesis de males neurodegenerativos como el Alzheimer.

El estudio realizado por científicos de la Universidad de Sukhadia, en la India, utilizó ratas expuestas a la oxidación del fluoruro. Los investigadores dicen:

El fluoruro es probablemente el primer ión inorgánico que llamó la atención en la comunidad científica por sus efectos tóxicos y la toxicidad del floururo en el agua potable es un problema global reconocido. Algunos reportes sugieren que los efectos a la exposición prolongada del fluoruro incluyen varios cánceres, y reacciones adversas reproductivas, cardiovasculares y enfermedades neurológicas [...]. La suplementación con cúrcuma reduce significativamente los niveles de F a un nivel casi normal aumentando la defensa antioxidante ...

La filosofía new-age promete que al descalcificar la glándula pineal se abre un campo visionario y se activa un espíritu adormecido.  La medicina Occidental, salvo algunas excepciones, no considera que existe un peligro como tal en la calcificación de la glándula pineal (por lo que permite el consumo de fluoruro) ni considera que este órgano, más allá de ser una estructura análoga a una retina y a una córnea, pueda ser un surtidor de una forma de visión. Sin embargo, es ahí, en el asiento del alma de Descartes, donde se produce la melatonina, la hormona encargada de regular el sueño y muy posiblemente el DMT, la molécula psicodélica endógena usada de manera recreacional y medicinal en preparados como la ayahuasca. Así que seguramente la glándula pineal juega un papel en la parte visual del cerebro: las visiones internas, las alucinaciones y las teofanías.

Otro estudio científico concluyó que la cúrcuma es tan efectiva como los populares antidepresivos farmacológicos. Una concentración de BCM-95 de esta especia podría ser utilizada para tratar la depresión sin los efectos secundarios comúnmente asociados a los antidepresivos como la perdida del libido. Entre la comunidad raver, desde hace algunos años se utilizan suplementos de cúrcuma para combatir la depresión que genera el uso de MDMA, particularmente drenando la producción natural de serotonina, lo que se conoce como Tuesday's Blues. Aparenetemente, la cúrcuma tiene la misma o mayor efectividad que el uso de 5-HTP (el remedio más popular en la comunidad raver). Adicionalmente a la cúrcuma y al 5-HTP se recomienda tomar agua cuando se consume MDMA, tomar Omega-3 y otros antioxidantes como vitamina C.

Para una mejor absorción, se recomienda que la cúrcuma o su principio activo, la curcumina, se tome junto con pimienta negra o el principio activo de la pimienta, la piperina. Esta combinación incluso podría ayudar a combatir el cáncer, según algunos estudios.

La cúrcuma ha sido utilizada de manera tradicional en la India por milenios. El pigmento amarillo-naranja de esta especia es utilizado por diferentes monjes budistas e hinduistas para teñir sus ropajes ceremoniales y en las mismas ceremonias como libación. Su color y su contenido energético naturalmente se asocia con el sol. 

 

La caminata como una forma modesta y elegante de reclamar el mundo de regreso. De desafiar a las masas apresuradas con un ritmo anacrónico.

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Caminar es una forma de reclamar el mundo. Atenta contra la velocidad del pensamiento, contra la inercia de los días y la separación tajante entre el cuerpo y la razón, que sufre tanto hoy en día. Roland Barthes señalaba que “es posible que caminar sea mitológicamente el gesto más humano. Todo ensueño, toda imagen ideal, toda promoción social, suprime en primer lugar las piernas; ya sea mediante el retrato o el automóvil”. Caminar, entonces, podría verse como un acto subversivo que nos permite estar en nuestro cuerpo y en el mundo sin estar siendo ocupados por ellos. O como un descanso, pero uno que no es una pausa porque no deja de fluir en consonancia con el mundo externo.

De entre los caminantes (y pensadores sobre la caminata) más entrañables de la actualidad están Fréderic Gros, Rebecca Solnit y David Le Bretón. Los tres hacen de la peripatecia una filosofía que supone, en el contexto del mundo contemporáneo, una forma de nostalgia o resistencia. Gross, por ejemplo, es un filósofo francés que escribió Una filosofía de caminar, y en él dejó una de las frases más cercanas a lo que uno verdaderamente siente cuando camina y camina por horas: “La sedimentación de la presencia del paisaje en el cuerpo”.

“Sí”, apunta Gross en entrevista. “[Caminar] es seguir considerando las cuestiones de la eternidad, la soledad, el tiempo y espacio… Pero con base en la experiencia. Con base en cosas muy simples, cosas muy ordinarias”. Vale la pena conocer a este hombre, aunque sea sólo a través de la mirada de su entrevistador (o mejor aún de sus propias palabras) porque, además de que apela a una desobediencia cultural encantadora, es un académico silvestre que recuerda un poco al querido Thoreau.

Todos los que tenemos piernas y de vez en cuando las usamos participamos de la historia del caminar. Cuando caminamos estamos haciendo exactamente lo mismo que hacía Walter Benjamin, Baudelaire, Rimbaud, Woolf, Walser y Sontag. Lo mejor (al menos personalmente) es que uno puede escoger su propia legión de fantasmas y sumergirse con ellos en las mareas de las calles mientras el mundo solito se ordena con los pies.

Rebeca Solnit acaba de publicar un libro −ambicioso pero supongo que muy necesario− llamado Wanderlust: A History of Walking, que pretende hacer una perspectiva cultural sobre la caminata como una actividad elegida que se introdujo al mundo hace relativamente poco y está estrechamente ligada con la literatura inglesa del siglo XVIII y con los jardines. Estos últimos, de acuerdo a ella, se inventaron con el objetivo de contener las caminatas de personas pensativas. Una asociación por lo demás bellísima. En su libro observa que “caminar, idealmente, es un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo están alineados, como si fueran personajes que finalmente conversan juntos. Tres notas tocando, repentinamente, un solo acorde”.

Pienso que para llegar a entonar este acorde, como para llegar a sedimentar la presencia del paisaje en nuestro cuerpo, se requiere más que una dirección final. Se requiere un poco de anacronismo (de anacronismo crónico, quizás) y de disposición para dejar que el ritmo y las cosas que van apareciendo en el camino se vuelvan parte del incesante monólogo interno que se produce. En un mundo en el que reina el hombre apresurado, el vagabundeo es un atentado contra el automatismo. “Los senderistas, por ejemplo, son individuos singulares que aceptan pasar horas o días fuera de su automóvil para aventurarse corporalmente en la desnudez del mundo”, dice Le Bretón “La marcha es entonces el triunfo del cuerpo”.  

Cada vez me convenzo más de que el ritmo lo es todo. El ritmo del cuerpo y de los sueños, sobre todo de los sueños. Cuando sueñas historias encabalgadas que se enciman unas con otras sabes que no estás bien. La narrativa frustrada es un lugar incomodísimo. Pero si sueñas en ritmo cadencioso, que se parezca más a las mareas del mar que a las estampidas, estás bien y puedes proseguir sin tener que decirte nada a ti mismo. Eso, más que ninguna otra cosa, lo da caminar. La marcha genera un ritmo de pensar, y el paisaje estimula pensamientos. La mente, entonces, se vuelve un paisaje que puedes atravesar caminando. Si, como decía Gertrude Stein, “la repetición es una forma de sentir la Tierra”, caminar, por ser una repetición prosódica, también lo es. Y no sólo eso. Caminar es la forma más modesta, y por lo tanto hermosa, de reclamar el mundo.  

 

Twitter del autor: @luciaomr