*

X
Investigación científica sugiere que la voluntad es un recurso limitado que se agota en el cerebro --y no una fuente renovable--, ligada al consumo de glucosa; la filosofía y el ocultismo difieren en tanto que señalan que la voluntad, como la mente, se encuentra diseminada en el universo.

"El hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere", Arthur Schopenhauer.

Algunas películas --quién no recuerda a Rocky Balboa levantándose de la lona y siempre reaccionando en el último round--  nos han hecho ver la voluntad humana como un recurso inagotable, que entre más se usa más se manifiesta --en una especie de lucha épica con nosotros mismos. Y aunque esta visión no necesariamente esté equivocada, neurocientíficos han propuesto una teoría que sugiere que la voluntad es un recurso cerebral limitado, ligado al consumo de glucosa.

En su libro Willpower: Rediscovering the Greatest Human Strength, coescrito con John Tiernet, el psicólogo Roy Baumeister plantea que la voluntad se alimenta de un suministro limitado de químicos que se acumulan en el cerebro:  es "una forma medible de energía mental que se consume al usarla, igual a la gasolina en un auto". Baumeister llama a esto "agotamiento del ego" y se basa en un experimento realizado con estudiantes y galletas con chispas de chocolate. A algunos estudiantes se les permitió comer estas dulces tentaciones sin espera; a otros se les ordenó que se abstuvieran. Después, ambos grupos tuvieron que completar una serie de rompecabezas. Los estudiantes que habían sido forzados a resistirse a las crujientes galletas tiraron la toalla rápidamente y dejaron de resolver los rompecabezas. Los come-galletas, en cambio, se mantuvieron en el reto.

Existen numerosos estudios científicos, hasta 1000, en los que se sugiere que la voluntad está alimentada por la glucosa. De aquí surge la dificultad de bajar de peso, la paradoja de que para no comer se necesita voluntad, pero para tener voluntad se necesita comer (glucosa).

Tierney y Baumeister esbozan una teoría de la administración de la voluntad: es importante llevársela leve. Por ejemplo, si una persona logra no fumar una semana, se recomienda darle un descanso a la voluntad, dejar de apretar los controles, tal vez con una buena cena o consentirse de alguna forma. También se recomienda outsourcear la voluntad, encontrando, por ejemplo, a alguien que te motive a ir al gimnasio --cuando no tienes glucosa o los químicos de tu cerebro vuelan bajo tal vez él tenga una reserva. "Las personas con el mejor autocontrol no son los que lo usan todo el día. Son personas que estructuran sus vidas para conservarlo". Uno pensaría, según dice Tierney, que las personas de gran voluntad  libran una lucha permanente, forzándose a levantar su puño de hierro (inflaqueable) pero: "Eso no es correcto. Lo que parece es que las personas con mucho autocontrol minimizan los problemas".

¿Los niños que se resisten a los malvaviscos tienen mayor éxito en la vida?

El experimento seminal de la voluntad fue realizado en Stanford hace 40 años. 300 niños de 4 y 5 años fueron expuestos a ricos malvaviscos; podían tener uno inmediatamente o dos en 15 minutos. Se les dejó solos con los dulces y se les observó. Un pequeño grupo de los niños no pudo resistirse y tomó el dulce inmediatamente, otros aguantaron unos tres minutos y la tercera parte del grupo logró esperar los 15 minutos de la prueba. Aquellos que esperaron más, pruebas posteriores demostraron, tuvieron mejor desempeño en la escuela y lograron mejores resultados en pruebas psicométricas --incluso resultaron ser más populares y sanos. La voluntad es ciertamente una cualidad valiosa en múltiples formas, hasta más que uno de esos irresistibles dulces de todos los colores.

El dúo de Tierney y Baumeister, sin embargo, señala que la voluntad puede ejercitarse como si fuera un músculo. Baumeister hizo un experimento con un grupo de adultos a los que les pidió que hicieran una serie de ejercicios, como lavarse los dientes  o controlar una computadora con su mano menos diestra. Midió su "agotamiento de ego" antes y después y realizó una serie de pruebas de resistencia resolviendo anagramas: realizar los ejericios aumento la voluntad de los participantes. "El comportamiento habitual trabaja en piloto automático. Para incrementar el poder de la voluntad, debes de sobreescribir el piloto automático y tomar control deliberado", dice el psicólogo Baumeister. La voluntad en cierta forma es un juego oscilatorio entre saber obtener la fuerza del exterior --como quien surfea en el mar y cansado deja que las olas lo lleven a la playa-- y detener ese dejarse ir cotidiano, para controlar con creatividad el timón.

La teoría de que la voluntad es un recurso limitado, que se alimenta de glucosa y no de un mar ilimitado  --y ubicuo-- de energía mental  que solo hay que saber liberar, ha sido disputada por el investigador Greg Walton de Stanford, quien cree que se trata en alguna medida de una profecía autocumplida. "Entre más personas creen que el poder de la voluntad es un recurso fisiológico limitado, es más fácil de encontrar evidencia ostensible de que este es el caso".

Michael Inzlicht, psicólogo de  la Universidad de Toronto, argumenta que, aunque es evidente que la glucosa mejora el autocontrol, también se sabe que estar en un estado de ánimo de felicidad, tener opciones en una situación o el hecho de estar poniendo atención, todo esto, puede mejorar el poder de la voluntad.

¿La panacea de la neurociencia o la conciencia más allá de la máquina?

Existe una tendencia en la neurociencia a encontrar una explicación directamente relacionada a la química del cerebro para todo tipo de fenómenos, desde la voluntada hasta Dios o la maldad. Sin embargo, esta visión de la realidad parece exhibir un reduccionismo, al concebir a la conciencia como un fenómeno enteramente localizado en el cerebro, un subproducto de la materia cerebral o de las conexiones neurales, limitado a este complejo órgano. Es decir todo lo psicológico tiene una explicación meramente fisiológica. Aunque todo fenómeno psíquico pueda tener una contraparte física, esto no significa necesariamente que lo físico es la causa y realidad única de lo que sucede.

Una concepción distinta a la que propone la neurociencia, se encuentra en la filosofía y en la magia. En la obra de Arthur Schopenhauer, tenemos una oposición entre el mundo de la voluntad y el mundo de la representación: la voluntad siendo una especie de realidad metafísica que se desdobla en el mundo material y la representación una ilusión , una pobre manifestación de esa misma voluntad en el mundo cotidiano. "La voluntad es el fondo en sí de la naturaleza fenomenal…  es la esencia íntima de todas las cosas... la voluntad como cosa en sí no es su causa sino la esencia misma de las cosas”, escribió el filósofo alemán que incursionó profundamente en los Vedas.  La voluntad es la unidad de la naturaleza que "se objetiva en el  mundo entero" y es "la esencia de toda energía latente". Es decir, según Schopenhauer, aunque su definción de voluntad es algo distinta del autocontrol que en ocasiones usan como sinónimo algunos neurocientíficos, la voluntad existe en el mundo --es en realidad la cara última y primera del mundo-- de manera inagotable, como si el vacío (que se torna sinónimo de una dimensión de potencia) tuviera energía infinita. Aquí Schopenhauer encuentra parangón en el trabajo  del físico David Bohm, para quien el mundo de la voluntad es equivalente a un Orden Implicado, una totalidad holográfica y el mundo de la representación al orden explicado. "Cuando los físicos calculan la mínima cantidad de energía que una onda puede tener, encuentran que cada centímetro cúbico de espacio vacío contiene más energía que toda la energía de la materia en el universo conocido" (Will Keepin, David Bohm, Noetic Science Journal).

Un sistema similar al que estructuró Schopenhauer fue delineado por Carlos Castaneda en su saga de antropología y brujería (que algunos consideran literatura fantástica). El brujo yaqui Don Juan Matus expone la existencia de dos mundos: el tonal (el mundo de la representación) y el nagual (el mundo de la intención o voluntad).  El nagual es una especie de energía insondable, mística a la manera de Wittengstein, y por lo tanto del dominio del silencio. El hombre de conocimiento, en ocasiones, llega a ser poseído por esta energía, por esta intención cuya raíz horada el mundo del tonal, encontrando una fuente magnifica de poder: tal que se convierte en el nagual: en la voluntad del mundo. Algunos pensarán que argumentar desde la trinchera de Castaneda un tema que ha sido traído a la mesa por la neurociencia es caer en un batidillo new age que reduce la seriedad de la discusión. Mi intención con esto no es adoptar un argumento que pretenda tener la verdad o responder a una pregunta, sino encontrar un contrapunto para romper la piñata y ampliar la discusión: el único conocimiento sólido me parece es que los conocimientos que tenemos sobre las cosas no suelen ser mucho más que perspectivas formuladas desde cierta visión del mundo --desde cierto promontorio--, reflejos de una realidad mental parcial.  A veces unos más útiles que otros (pero el arte es inútil, entonces...). Incluir a la magia en la misma frase interrogatoria que la ciencia es un ejercicio muy sano desde el punto de vista epistemológico.

Que uno se pueda convertir en el nagual, en la voluntad, o servir de la intención que fluye por el universo como un río silencioso de energía, parece contradecir la teoría de que la voluntad es un recurso limitado (aunque quizás sea necesario comer algo de fruta  y chocolates para que el  Tao te sobrecoga). Sugiere que, en cambio, la voluntad se alimenta de algo imperecedero e ilimitado y el ejercicio fundamental para aumentar nuestra reserva sería básicamente sincronizarse con ese cauce. Sincronizarse con una energía supuestamente infinita que incluso podría tener una inteligencia inscrita en su flujo ("en este flujo la mente y la materia no son sustancias separadas, sino más bien son aspectos diferentes de un movimiento único y continuo", escribió Bohm ) o dejarse poseer por un dios dinámico --usando el entendimiento de Roberto Calasso de la manía, y de la energía de los espíritus de la naturaleza: las ninfas y la serpiente. ¿Cómo entrar en este ritmo cósmico que nos arrastra con el élan vital de lo divino? Eso es algo obedece a otro ámbito --¿al de los maestros espirituales?--  y que requiere posiblemente toda una serie de ejercicios y prácticas que no estoy seguro de conocer y menos poder comunicar, solamente intuyo una veta que podría tener que ver con una visón de lo dionisiaco --"la luz plena de verano" era el epiteto de esta divinidad--, del pánico que se libera en el bosque, o del fauno, que encarna al espíritu de la naturaleza animal (la fauna) y gusta divertirse solo por el hecho de ser (have fun).

Usando la técnica dada por Tierney, de apoyarse en alguien más cuando la propia voluntad amenaza con cejar, el famoso novelista gráfico Alan Moore, nos dosifica un poco de glucosa metafísica:

Cuando hacemos la voluntad de nuestro Ser verdadero, inevitablemente estamos haciendo la voluntad del universo. En la magia esto es visto de manera indistinta: que cada alma humana es de hecho el alma del universo en sí mismo. Y siempre y cuando estés haciendo lo que el universo quiere, entonces será imposible hacer algo mal.

Una última reflexión sobre el poder del voluntad. Moore ciertamente se inspira aquí en la filosofía de Thelema (o voluntad) de Aleister Crowley. Crowley escribió que "todo acto intencional es un acto mágico", si nos tomamos la libertad de substituir voluntad por intención, descubrimos que la voluntad es un acto esencialmente mágico --magia definida como "la ciencia Ciencia y el Arte de hacer que un Cambio ocurra en conformidad con la Voluntad" (Crowley), es decir voluntad y magia son intercambiables.  ¿Pero por qué tiene tanto poder la voluntad, tal que se dice que mueve montañas o que es mágica? Quizás justamente porque es un recurso que se alimenta del universo en su cauce inagotable --y misterioso. Aunque no habría que olvidar que el universo (o la vida) es como una caja de chocolates y nunca sabes cuánta glucosa te va a tocar.

Con información de Disinfo, Wired y BBC

Twitter del autor: alepholo

 

 

Diferentes culturas a lo largo del tiempo han asignado al sexo poderes mágicos y tabúes, que de ser violados, propiciarían castigos supernaturales; revisar estas conductas es una fascinante forma de entender el magnetismo universal que ejerce la sexualidad.

 

Es evidente que el sexo ocupa un papel central en nuestra cultura. La biología y la neurociencia han descubierto que buena parte de los comportamientos que moldean nuestra evolución y determinan nuestra arquitectura neural están motivados o son generados por el sexo (tal que muchas de las habilidades más impresionantes de la mente humana son como la cola del pavorreal: herramientas de cortejo). Hoy en día es difícil concebir la salud mental y física sin el ejercicio de una sexualidad plena. Freud encontró en el sexo --o en su carencia-- la causa omnímoda de todos nuestros padecimientos psíquicos --de eso saltamos al presente donde  revistas de belleza y salud atestan los supermercados y kioskos con la ubicua promesa de una mejor vida sexual o de un secreto que te hará conseguir la imagen paradigmática de lo sexy y por lo tanto el grial secular de satisfacer todos tus deseos y/o conseguir una pareja ideal.

Aunque estemos en desacuerdo con este reduccionismo pansexual, y entendamos que existen otras cosas  --algunas caras más sutiles-- que mueven al mundo además del sexo --no sólo el Eros sino el Logos--, no podemos dejar de reconocer la fuerza primordial de la energía sexual. Probablemente no sólo nacemos para encontrar una pareja y reproducirnos, existen otros factores intelectuales, emocionales o espirituales que entran al crisol --el mundo quizás no sólo sea el hechizo de la biología, de los genes (que inventan cosas como el amor para que copulemos y transmitamos su información), para perpetuarse a sí mismos. Pero no hay nada tan incontrovertiblemente cierto, nada que abarque y convulsione tanto, ni ejerza una atraccción tan fuerte --más allá de sofismas, credos, metafísica, idiosincracias, dogmas y palabras-- como el sexo (o solo la muerte es tan real; el amor es impalpable como el cielo). Es por este magnetismo universal del deseo --imperio concreto del cuerpo: caballo real que arrastra al auriga fantasma de la psique-- que el sexo se disuelve y se destila como poder. Poder que es permisividad (capacidad de hacer y transformar el mundo, y también de dejar ver al otro ese mundo: el sexo es lo más cercano a la transubstanciación) y prohibición (control, negación, neurosis, impenetrabilidad). Un poder, el sexo, que opera y oficia también sobre lo secreto --los asuntos de estado y recámara, lo que no se puede comunicar de otra forma, la intriga y el estigma-- y trafica con la divisa fundamental del mundo: la energía.

No es extraño, entonces, que casi todas las culturas hayan imbuido su sexualidad de magia y tabú, de potencia y castigo. La palabra tabú viene del tongoleno y significa justamente prohibición. La prohibición primordial es la negación sexual (ese primer no), específicamente el incesto --una de las bases de la civilización según Freud. Para Levi-Strauss este tabú fundamental parte de que en sociedades primitivas existía una economía sexual de intercambio de mujeres. El tabú al incesto permite que se puedan ofrecer hijas y hermanas a cambio de otras mujeres --o de otros bienes. El romper con este tabú trae no sólo un castigo de la tribú, también un castigo invisible o supernatural --algo también práctico ya que el sexo generalmente se da manera secreta fuera de la mirada del grupo. Esto significa que el sexo toma un carácter de sagrado o execrable, es por eso que merece, al ser violado el orden impuesto, un castigo supernatural.

Extraños tabúes alrededor del mundo

En la Encyclopedia of Sex and Gender encontramos anotadas diferentes conductas de prohibición sexual. Los Cuna de Panamá aprueban el sexo solo en la noche, en sintonía con las leyes de Dios. Los Semang de Malasia creen que el sexo durante el día causa tormentas eléctricas y rayos letales, haciendo que perezcan no solo los infractores sino personas inocentes también.  En cambio, y en ese exceso de la luz, los Bambara de África del Oeste creen que una pareja que tiene sexo en el día tendrá un hijo albino.

Frecuentemente se prohíbe el sexo en ciertos lugares. Los Mende, también de África del Oeste, no permiten intercambio sexual en los arbustos, mientras que los Semang prohíben el sexo dentro de su campamento por miedo a perturbar a los dioses. Entre los Bambara tener sexo al aire libre llevará a que las cosechas fracasen, como si la tierra fuera mancilladas por el coito.

En ocasiones la prohibición sexual está asociada con la guerra o la economía. Los Ganda de Uganda prohiben el sexo la noche antes de la batalla (como algunos entrenadores de futbol hoy en día, pero no por el desempeño físico). Los Lepcha de Bhuta y el Tibet prohíben las relaciones sexuales por tres meses después de que se ha colcocado una trampa para atrapar a un oso. Si se rompe el tabú, no se atrapará ningún animal. Los Cuna tampoco permiten sexo durante una cacería de tortugas. Los Yapese de Oceanía lo mismo durante una excursión de pesca  y los Ganda durante el proceso de hacer una canoa (sería interesante investigar si estas prohibiciones no sólo tienen que ver con el miedo a un castigo supernatural sino con cultivar la propia energía para realizar una tarea, por ejemplo, entre tribus del amazonas se prohíbe tener sexo días antes de tomar ayahuasca o entre los huicholes antes de tomar peyote).

Las mujeres de los Ganda no pueden tener sexo mientras están velando a los muertos y los hombres de los Kwoma después de que se ha realizado una ceremonia religiosa. Los Jivaro no pueden tener sexo después de la muerte de alguien, después de  plantar narcóticos, cuando se preparan para una fiesta o cuando han dado muerte a un enemigo.

Aunque  estos tabúes nos pueden parecer exóticos, las prácticas sexuales de Occidente para otras culturas también seguramente parecerán extrañas. Entre ellas: no tener sexo un día a la semana, sólo tener sexo anal para llegar virgen al matrimonio, escribir símbolos másonicos en la ropa interior para purificar la genitalia, como hacen los mormones o incluso tener que ver videos pornográficos para tener relaciones autoeróticas, ya que el intercambio sexual en la sociedad ha sido anquilosado por una extraña sofisticación por momentos incomprensible.

Magia sexual: el portal del cuerpo

El sexo que encierra tanta prohibición, también libera y permite manipular el mundo exterior. La otra cara del tabú es la magia sexual, el desencadenamiento de fuerzas y energías al interior del cuerpo y en la naturaleza, algunas de ellas con una intención específica para operar un cambio en el entorno.

Los Cubeo del norte del Amazonas incluyen la actividad sexual dentro de los ritos fúnebres, bajo la creencia de que ayudarán a liberar las almas. Esta misma cultura realiza una compleja danza ritual erótica con falos de madera y ataques psicosexuales con fines mágicos.

Los Etoro de Nueva Guinea creen que existe un élan vital que es transmitido a través del semen, por lo que los jóvenes adolescentes realizan sexo oral a los más grandes para obtener el "poder" a través de su semen. Después de estas prácticas homosexuales, regresan, como sementales, a la heterosexualidad, aunque después podrán recibir felaciones de los más jóvenes.

Los misterios de Eleusis fueron execrados por las autoridades cristianas porque supuestamente el cúlmen del ritual involucraba la cópula entre la sacerdotisa y el hierofante, en un hierosgamos performático --sin embargo, según Hipólito, el más perfecto de los misterios era "una espiga de trigo cultivada en silencio". 

Los druidas, según Robert Graves en La Diosa Blanca, consideraban sagrados a los animales que copulaban al aire libre, que no se escondían al aparearse y observarlos era considerado algo auspicioos --quizás por tener cerca el eros telúrico.

Numerosas tradiciones paganas, de las que se desprende el culto moderno de la wicca, consideran que tener sexo ciertos días, bajo cierta alineación  de los astros y realizando una serie de ritos, suscita una serie de cambios (relacionados especialmente con la fertilidad: un espejo suscitativo) y beneficios energéticos. Esto especialmente se da el día de Mayday- Walpurgisnacht, donde también se celebra a la diosa madre Beltane, donde  el Dios Joven y la Diosa tienen sexo y a través de su cópula en el talamo de la luz creciente se simenta el camino hacia el esplendor del verano donde "los frutos brillarán como el sol".

Asimismo, numerosas sociedades secretas modernas conceden a la sexualidad un rol principal dentro de sus misterios iniciáticos. Tal es el caso del sistema ideado por el ocultista británico Aleister Crowley dentro de la magia de Thelema y la Ordo Templi Orientis. Dentro de la magia de Crowley existen numerosos rituales, uno de los más llamativos y estrafalarios es la Misa del Fénix, donde los practicantes ingieren una oblación --o "pastel de luz"-- preparada con líquidos vitales, incluyendo semen, saliva y sangre.

El mismo Crowley relata haber puesto en práctica la magia sexual, junto con la Mujer Escarlata, y después de cópulas consagradas, abrir portales de comunicación con entidades dimensionales, las cuales eran canalizadas por su pareja --que encarnaba a la Diosa Babalon. En una de estas sesiones en Egipto, en 1904, su esposa Rose, la diosa en turno, entró en comunicación con entidades angelicales (o algunos dirán demoniacas y entre ellas su gran aliado Aiwass) que fueron revelando a Crowley lo que sería el Libro de la Ley, bastión de la filosofía de la voluntad crowleyana. Que inicia:

Had! The manifestation of Nuit.
The unveiling of the company of heaven.
Every man and woman is a star.
Every number is infinite; there is no difference.
Help me, o warrior lord of Thebes, in my unveiling before the Children of men!

Este mismo libro, Liber al vel Legis, tiene la aportación de tratar todo acto sexual como un sacramento. Algo que Crowley continuará a través de su obra, con una licencia siempre irreverente. En el Book of Lies, Crowley revela técnicas para prolongar el sexo oral mutuo bajo el influjo del hashish para así lograr un estado de trance. En el libro The Paris Workings, Crowley escribe sobre operaciones de magia homosexual, las cuales frecuentemente practicaba con sus adeptos vía el (otro) ojo de Horus o per vas nefandum. De Crowley podemos tomar una idea generatriz, siguiendo esta definición"todo acto intencional es un acto mágico", el sexo realizado con una intención específica puede alterar la naturaleza y conseguir la materialización de dicha intención. El mismo Crowley dabe el tip de, al momento del orgasmo, decir una oración.

Por supuesto, dentro del taoismo y el budismo tántrico, existen numerosos relatos sobre los poderes que se pueden obtener a través de cultivar la energía sexual y la sacralización de la unión de la energía femenina y la energía masculina. Una versión más pop y extraña de esto es lo que narra el escritor Drew Hempel, estudiante de qi-gong y entusiasta de las drogas psicodélicas. Según Hempel, después de practicar tantra y qi-gong ha logrado lo que llama "O at a D", lo que consiste en ir a lugares públicos y sentarse en flor de loto para provocar múltiples orgasmos a distancia a mujeres desconocidas que llegan al sitio donde él esta, incluyendo en McDonald's. Después de este asombroso acto sexual a distancia --como el del Merovingio en The Matrix-- Hempel dice que sólo respira los electroquímicos que despiden las mujeres de esta forma obteniendo un superávit energético.

En el libro Think and Grow Rich, uno de los más grandes bestsellers de la historia de la literatura de negocios y superación personal, Napoleon Hill expone que el sexo tántrico --junto con el poder psíquico-- es la clave para magnetizar riqueza en el mundo.

El siempre recatado Jorge Luis Borges ideó en un cuento, La Secta del Fénix, toda un culto esotérico para aludir al sexo, Y aunque la descripción que hace Borges del "Secreto" (que es el sexo) es más bien un juego literario de metáforas y enigmas para el lector común y no para el místico, existe una notable referencia iniciática, al llamar a esta religión secular sexual "del Fénix": el ave que renace de sus cenizas, es decir el sexo como una especie de alquimia que contiene el secreto de la inmortalidad. De cualquier forma el exceso ocultista del sexo de Borges es un claro ejemplo de la propiedad mágico-misteriosa que, pese a la obscenidad predominante, aún se le imbuye al sexo: "Lo propio de las sociedades modernas no es que hayan obligado al sexo a permanecer en la sombra, sino que ellas se hayan destinado a hablar del sexo siempre, haciéndolo valer, poniéndolo de relieve como el secreto", dijo Foucalt.

[Mind Hacks]

Twitter del autor: @alpeholo