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5 importantes razones para no usar cafeteras de cápsula

Por: pijamasurf - 02/17/2016

Puede parecer una opción práctica y sencilla pero los costos de las K-Cups, así como los materiales y el efecto en el ambiente (sin contar con el sabor a plástico), hacen de las cafeteras de cápsula una mala opción si te gusta tomar café

Durante los últimos años las cafeteras de cápsula (llamadas también K-Cups, o cafeteras Keurig) han cobrado gran auge: la promesa es obtener una taza perfecta de café directamente de la máquina con sólo introducir la cápsula. ¿Pero realmente cumplen lo que prometen? Una serie de razones de tipo ambiental y de salud se suman a otras concernientes exclusivamente al sabor y gusto del café:

 

1. El empaque afecta químicamente tu bebida

Existe una gran variedad de plásticos utilizados en el empaque de las K-Cups, dependiendo de la marca y de las leyes de los países donde se distribuye. Uno de los más notorios es el bisfenol A o BPA, por lo cual se giró el certificado "libre de BPA" como supuesto sello de calidad. Sin embargo, aunque muchos tipos de plástico son seguros para almacenar comida no ácida en frío, otros plásticos cambian el sabor y composición de la comida al ser sometidos a altas temperaturas, a rayos ultravioleta o al reaccionar con ingredientes ácidos. En el café están presentes al menos dos factores de riesgo: el café y su acidez pueden reaccionar a los componentes del empaque, y el uso de agua caliente en la elaboración misma de las bebidas incrementa la filtración de residuos plásticos en el café. ¿Te has dado cuenta del extraño sabor del agua de una botella que estuvo mucho tiempo al sol? Sabe a plástico, porque eso es justamente lo que estás bebiendo.

2. La contaminación ocurre dentro y fuera de ti

Tal vez tú estés bien con la idea de consumir residuos plásticos --que pueden reducir el conteo de esperma en los hombres, agudizar la obesidad o interferir con el metabolismo, y eso sólo a partir de estudios de consumo a corto plazo-- pero tampoco es una buena idea utilizar K-Cups, por la cantidad de residuos innecesarios que producen. Se estima que el año pasado se fabricaron 9.8 mil millones de K-Cups, los cuales no pueden ser reciclados y terminan en algún vertedero oceánico o contribuyendo a las islas de plástico que se forman gracias a las corrientes de mar. Keurig ha prometido desarrollar una K-Cup reciclable y nature friendly para 2020, ¿pero no parece un poco gratuito contribuir de modo tan dramático a la contaminación ambiental sólo por una taza de café (que sabe a plástico)?

3. Es mucho más caro que aprender a preparar café

No sólo necesitas una cafetera, sino pequeñas cápsulas que cuestan en una semana lo que un paquete de 1/2 kilo de café de grano. Si vas a invertir en equipo para preparar café en casa, ¿por qué no empezar por una prensa francesa o una cafetera italiana, un molino manual para que tu café esté siempre fresco o, por qué no, un juego de tazas? Si a esas vamos, con lo que te gastas en comprar paquetes de K-Cups en 1 año podrías tomar un curso de cata de café y aprender los diferentes estilos y métodos de preparación, con lo que te construirás un gusto propio y sabrás diferenciar un buen café de un líquido con sabor a plástico salido de una cápsula.

4. Se trata de una salida corporativa a un problema de gusto

Existen numerosos métodos y máquinas de extracción de café, así como prensas, estilos, agregados, temperaturas y sabores para acompañar: el café es importante porque cada taza dice mucho de quien la toma. Las K-Cups, sin embargo, vuelven homogéneo algo que es plural y variado: se trata de una máquina que trata el café como una línea de producción industrial a nivel doméstico que estandariza las cantidades utilizadas de ingredientes, que vuelve difícil personalizar el tiempo de drenado y la cantidad de líquido vertido en la taza, y que en realidad aleja a sus consumidores del verdadero gusto del café. Las cafeteras de cápsula ni siquiera deberían compartir una categoría con otro tipo de prensas, pues han convertido en una moda casera el consumo de mal café, por si no fuera suficiente con el daño que hacen las cafeteras industriales de las cadenas de cafeterías. 

5. ¿Es necesario repetirlo?

El café empacado en plástico sabe a plástico.

 

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Teatro en Chicago adapta la novela "2666" de Roberto Bolaño en montaje de 5 horas

Por: pijamasurf - 02/17/2016

¿Es posible traducir la experiencia de una novela tan ambiciosa como "2666" a un montaje de 5 horas con intermedio, algunas de cuyas partes fueron filmadas como película?

Esta nota podría comenzar con un personaje bastante bolañesco: Roy Cockrum de 58 años, actor, director, se hizo sacerdote hace unos años y tomó voto de pobreza, sin saber que inesperadamente ganaría 153 millones de dólares en la lotería.

Recordando un viaje a Londres y una obra que le pareció particularmente poderosa, Cockrum decidió que si alguna vez tenía dinero lo invertiría en las artes; por ello, poco después de recibir su premio, se dedicó a visitar teatros en Estados Unidos y hablar con directores que pudieran necesitar dinero para producciones ambiciosas. Ahí entran otros dos personajes, el director Robert Falls y el dramaturgo Seth Bockley.

Falls supo por primera vez del novelista chileno Roberto Bolaño en un viaje a Barcelona en 2006. La publicidad de la novela abarrotaba las calles, y los carteles de 2666, con sus exóticas cruces rosas, lo movieron a leer las más de mil páginas del libro. Años después, un sacerdote millonario tocaría a su puerta para conocer sus proyectos más irrealizables.

2666 de fue publicada por primera vez en 2004, poco después de la muerte de Bolaño. Estaba dividida originalmente en cinco secciones que serían, cada una, un libro separado. Sin embargo fue editada en una sola pieza y lanzada al mercado. Probablemente la expresión anterior es la más acertada: a partir de su muerte, el boom Bolaño cundió entre las mesas de novedades, a lo que siguieron traducciones y la romantización de la figura por parte de editoriales y lectores por igual.

La novela en sí es bastante demandante, puesto que va y viene entre multitudes de personajes, retratos oníricos, historias de la Segunda Guerra Mundial y discusiones sobre todo, desde literatura hasta deportes. ¿Son adaptables los recursos de una novela tan ambiciosa al espacio teatral? ¿Esta "traducción"-adaptación promoverá más la lectura y disfrute de la obra de Bolaño o será sólo la puntada de un sacerdote excéntrico que quería donar algunos millones para las artes? ¿Los gringos sabrán ver algo más que las espectaculares cruces rosas en el desierto, exotizando la tragedia de las mujeres muertas en Santa Teresa/Ciudad Juárez? El reto no es menor: en 2008, Alex Rigola montó en Chile 2666, con un planteamiento similar al montaje de Chicago: cinco pequeños espectáculos de 1 hora que conformaran una unidad. Cuando se le preguntó qué hubiera pensado Bolaño de su montaje, Rigola dijo: "creo que se hubiera cagado en mí y en mi familia".

Aunque su estreno está programado para este mismo año se sabe que tendrá secciones enteras en formato de video, lo que seguramente hará todavía más "espectacular" el montaje. Aquí una entrevista con Falls y Bockley acerca del proyecto, para LitHub.