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El fracaso de la guerra contra las drogas y las alternativas para despenalizar su consumo en el mundo

Por: pijamasurf - 11/20/2013

Algunos líderes del mundo, al igual que ciertas legislaciones de E.U., ya han comenzado a despenalizar la portación y consumo de pequeñas cantidades de drogas. ¿La tendencia crecerá o la violencia seguirá recrudeciéndose?

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Las drogas, lo sabemos desde hace tiempo como una verdad incómoda, han ganado la guerra contra las drogas. Entre desplazados, asesinados y afectados directa o indirectamente por la política mundial de criminalizar el consumo de drogas, 230 millones de personas en el mundo consumían alguna sustancia ilegal en el mundo. Frente a este panorama, documentales como Breaking the Taboo y trabajos periodísticos como los presentados por la televisora Al Jazeera llaman con urgencia a considerar nuevos enfoques para lidiar socialmente con la producción, almacenamiento, venta y consumo de drogas.

Figuras como el anterior secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, y el anterior presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, entre otros ex mandatarios como César Gaviria de Colombia, integran una Comisión Global de Políticas sobre Drogas que se encarga de presentar la aterradora evaluación de lo que ha sido la sanguinaria política de "lucha contra las drogas", iniciada por el corrupto Richard Nixon a principios de los '70 y adoptada como modelo a seguir por países como México, Ecuador y Chile, como el único enfoque de estado frente al problema.

En una editorial de la mencionada Comisión Global, leemos:

Llamamos a los gobiernos a adoptar maneras más humanas y efectivas de controlar y regular las drogas. Recomendamos que la criminalización del uso de las drogas sea reemplazada por un enfoque de salud pública. También apelamos a los países a probar cuidadosamente modelos de regulación legal como un medio para minar el poder del crimen organizado, que se beneficia del tráfico ilícito de drogas.

Y es que además de los altos costos sociales y de salud que esta guerra acarrea (y que en México ha provocado un ambiente de violencia e inseguridad que los medios de comunicación se han hartado de cubrir durante los últimos 12 años), tal vez los gobernantes presten atención a nuevos enfoques si se plantean desde el costo económico de mantener la guerra: se calcula que desde 1971, cuando Nixon presenta la criminalización de las drogas como solución a un conflicto social más amplio, más de un trillón de dólares se han gastado ($1,000,000,000,000), una cantidad difícil de conceptualizar si pensamos que cada año, a nivel global, esta guerra cuesta $100 mil millones de dólares. El ex mandatario mexicano, Vicente Fox, un empresario disfrazado de político, es una prueba inesperada de que el capitalismo también es parte del ADN de la criminalización: transformar un problema social en negocio, un negocio que tal vez sea una mejor alternativa al enfoque militar de los últimos 40 años.

Tal vez sea más fácil hacernos una idea del alto costo económico de esta estrategia si pensamos que el mercado de las drogas gana cada año lo que los gobiernos del mundo han gastado en cuatro décadas en combatirla.

Algunas propuestas de descriminalización tan extremas como las de Portugal son presentadas como pioneras en documentales como Breaking The Taboo para buscar nuevas soluciones a viejos problemas. En aquel país se descriminalizó el uso de drogas hace doce años, y tener una pequeña cantidad de drogas es equivalente, a nivel de responsabilidad jurídica, a la multa por estacionarse en un lugar prohibido.

En Chile, Ecuador y Colombia, poseer drogas ya no es un crimen, y Uruguay analiza una nueva legislación donde el gobierno producirá y venderá marihuana. ¿Es posible que estos acercamientos acaben con el crimen organizado, al menos con la parte de él que se alimenta de los beneficios de la política de prohibición (como los gángsters de Chicago cuando el alcohol era ilegal)? Puede ser que no, pero es preciso plantearnos una estrategia nueva para lidiar con las drogas; el esquema tradicional, la lucha frontal y directa, es demasiado costosa en términos humanos y materiales, y a la larga, insostenible.

Entrevista con el asesino serial, Joseph Paul Franklin, a escasas horas de ser ejecutado

Por: pijamasurf - 11/20/2013

"No es un infierno ardiente" el que espera a este asesino, según sus propias palabras, "porque estoy sirviendo al Señor. Será el reino del cielo para mí, porque me he arrepentido".

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"Sentía que estaba en guerra. La supervivencia de la raza blanca estaba en juego", afirma el hoy occiso Joseph Paul Franklin, alias de James Clayton Vaughn, quien recibió la mañana del miércoles una inyección letal en una penitenciaría del estado de Missouri, EU.

Joseph Paul Franklin fue uno de los asesinos seriales más perturbadoramente conscientes de su papel en la historia moderna. En sus propias palabras, su misión era "comenzar una guerra racial" y enseñar a otros supremacistas blancos la forma de matar afroamericanos, judíos y miembros de otras razas. Entrenado como francotirador, Franklin caminó impunemente durante tres años cargando en un estuche de guitarra un potente rifle, con el cual asesinó a más de 20 personas.

"La considero mi misión", afirmó Franklin en su última entrevista con CNN. "Mi misión es de tres años. El mismo tiempo que Jesús estuvo en su misión, del tiempo en que tuvo 30 a 33." Franklin pasó de 1977 a 1980 cometiendo asesinatos en distintos estados del sur de EU, además de una docena de robos de banco. Encontraba un lugar elevado para colocarse con su rifle y acechaba a los que consideraba sus enemigos: judíos y negros, y con especial saña a parejas interraciales. 

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El 8 de octubre de 1977, Franklin disparó contra Gerald Gordon mientras éste salía de una sinagoga en compañía de su esposa, tres hijos y más de 200 asistentes a un bar mitzvah, en San Luis Missouri. También fue hallado culpable de los asesinatos de Alphonse Manning y Toni Schwean en Madison, Winsconsin, a quienes asesinó sólo por ser una pareja de diferente raza. Rebecca Bergstrom lo hizo enojar una vez al contarle que durante unas vacaciones había estado con un jamaiquino, por lo que la mató también. Pero probablemente el caso por el que la apelación de misericordia de Franklin no tuvo oídos en las cortes estadounidenses fue el de Dante Evans y su primo Darrell Lane, de 13 y 14 años respectivamente: dos niños afroamericanos que recibieron dos disparos cada uno, a gran distancia, para asegurarse de que estuvieran muertos.

Sin embargo, una de las más famosas víctimas de Franklin fue quien levantó la voz para tratar de impedir su ejecución: Larry Flynt. El notorio empresario y creador de la revista pornográfica Hustler, recibió dos disparos por parte de Franklin en marzo de 1978, cuando enfrentaba él mismo cargos por obscenidad. Flynt no murió, pero quedó paralizado de la cintura para abajo de por vida. En un editorial aparecido días antes de la ejecución, Flynt escribió que "la única motivación en la que se basa la pena de muerte es la venganza y no la justicia, y creo firmemente que un gobierno que prohíbe la muerte entre sus ciudadanos no debería dedicarse a matar gente". Los argumentos de Flynt no disuadieron a la corte de apelaciones.

Franklin murió pensando que lo que lo esperaba del otro lado "no es un infierno ardiente, porque estoy sirviendo al Señor. Será el reino del cielo para mí, porque me he arrepentido".  

Joseph Paul Franklin eligió su nombre en homenaje a Paul Joseph Goebbels, el infame propagandista de Adolf Hitler, y en homenaje al científico Benjamin Franklin. Su ejecución la mañana de ayer fue la primera en el estado de Missouri desde el 2011.