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La cultura de la cancelación no detiene la guerra: cancelar lo ruso no es la solución

Sociedad

Por: Valentina Cisniega - 03/11/2022

Cancelar lo ruso ahora parece tendencia

El conflicto armado entre Rusia y Ucrania no ha cedido. Aunque las delegaciones diplomáticas de ambas naciones mantienen una negociación, ha sido imposible generar acuerdos que satisfagan los requerimientos políticos y económicos de cada una de ellas. A diferencia de los conflictos armados que el mundo sufrió a causa de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la intervención rusa en territorio ucraniano no ha generado un levantamiento armado de otras naciones pero sí ha logrado escalar el rechazo a las acciones bélicas rusas en temas de entretenimiento, deportes, música, cine y teatro, entre otras. 

Las guerras y las revoluciones ya no son como antes. Y es que las sociedades posmodernas han optado por atrincherarse en sus redes sociales y tomar parte en el conflicto desde la comodidad del hogar. Para muchos usuarios es más sencillo posicionarse desde el privilegio y condenar severamente la guerra sin atender de una forma crítica la narrativa de los hechos. 

En esta escalada de las buenas conciencias que creen que condenando la guerra de manera virtual la detiene de manera real, se encuentran grandes industrias, empresas y gobiernos que están cancelando a diestra y siniestra el territorio y la cultura rusa. En ese listado, se encuentran Netflix, Spotify, EA Sports, importantes cadenas de comida rápida, marcas y federaciones deportivas e incluso universidades. Uno de los argumentos para esta retirada del mercado ruso, es que estas empresas no están dispuestas a financiar la guerra. Pero, ¿que acaso no está en la misma situación Israel? ¿Acaso Palestina ha recibido ese tipo de solidaridad internacional?

En Europa, algunos artistas rusos han tenido que suspender sus giras y conciertos. En este caso se encuentra el grupo ruso de postpunk Motorama, quienes únicamente mantienen confirmadas sus presentaciones en gran parte de Latinoamérica.  Asimismo, el director de orquesta Valery Gergiev, un conocido aliado de Vladimir Putin que apareció en uno de sus videos de campaña electoral, canceló conciertos y contratos con la Ópera Metropolitana de Nueva York, las Orquestas Filarmónicas de Viena y Munich, la Ópera de La Scala de Milán, el Festival de Edimburgo, el Festival de Verbier y otros recintos más en Europa. La soprano Anna Netrebko, ante la posibilidad de prohibiciones similares, ha cancelado todas las funciones hasta nuevo aviso. La Royal Opera House y el Met han cancelado las apariciones de los ballets Bolshoi y Mariinsky. Los concursos de piano de Dublín y Calgary se han negado a aceptar competidores rusos. La Orquesta Filarmónica de Cardiff amateur ha retirado un concierto de Tchaikovsky que incluye la Obertura de 1812. La Swiss Théâtre Orchestre de Bienne Soleure ha cancelado sus representaciones restantes de la ópera Mazeppa de Tchaikovsky .

Desde luego, el conflicto de Rusia y Ucrania tiene dimensiones sociales, políticas y económicas muy complejas. Quienes están detrás de estas cancelaciones saben lo que implica retirar sus servicios del mercado ruso, y los rusos también lo saben, pero la mayor consecuencia no se encuentra en ese aspecto. 

Existe un principio fundamental en la teoría sociológica formulado por William I. Thomas que se resume de esta manera: "Lo que la gente enuncia como real, es real en sus consecuencias." Mediante este teorema el autor describe la capacidad de los sujetos sociales para convertir en reales situaciones que suponen como tales, al adecuar su conducta a esa situación. Este fenómeno también es conocido como la "profecía autocumplida". Este teorema se sitúa en estudios sobre la desviación y la condena social, por lo que retomar las aportaciones del autor en el contexto actual permite generar una crítica menos ligera sobre los verdaderos motivos que existen alrededor de la cultura de la cancelación. 

Precisamente, William Thomas ejemplifica su propuesta de análisis a través de una situación de dos países en guerra. Existen dos bandos y cada uno de ellos se disputa el poder; un día al terminar la guerra, no llega el mensaje del cese al fuego y determinadas regiones siguen en conflicto; en esta región los miembros de los dos grupos continuarían combatiendo, de conformidad con su "definición de realidad" y colectivamente seguir construyendo su entorno a través de la disputa. 

Entonces, cancelar todo lo ruso no es una medida de "presión" para el cese al fuego en este conflicto. Una de los motivaciones para seguir implementando estas sanciones es para generar cada vez más un rechazo inherente a todo lo que representa Rusia. Un rechazo a su sistema económico, a su forma de gobierno, a su territorio, a su ideología política, a ser y existir en Rusia. Cuando el consenso social legitima esta rechazo viene lo más peligroso, pues entonces se deja de lado el supuesto interés superior por la vida de personas inocentes y entonces se ejecutan acciones pseudosalvadoras y liberadoras

Se debe rechazar la guerra y el conflicto, no el derecho a ser y existir fuera del establishment. El problema es el régimen no las personas que nacieron ahí.


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Imagen de portada: Getty Images