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Más allá de temas evidentes como la mafia, el poder y la violencia, 'Los Soprano' es una serie en la que el concepto de 'inconsciente' tiene una importancia capital

Los Soprano es una de las series emblemáticas del periodo más reciente de entre siglos. Además es considerada una de las mejores en la historia de la televisión, debido a la calidad de prácticamente todos sus elementos: el guion, la cinematografía, los actores y actrices, etcétera.

Dejando de lado por un momento sus grandes temas –la mafia y el poder, que son los más evidentes y los más seductores, capaces de abarcar todo el horizonte del espectador–, Los Soprano puede verse como una de las escenificaciones mejor logradas en la cultura pop del concepto de inconsciente, tal y como fue desarrollado en la teoría psicoanalítica iniciada por Sigmund Freud.

Entre los motivos que pueden dar sustento a esta aproximación, el primero es el proceso terapéutico que el personaje principal, Anthony “Tony” Soprano, mantiene desde el inicio hasta el fin de la serie con la psiquiatra Jennifer Melfi. 

Al hilo de las sesiones con la Dra. Melfi, Tony reconoce que está deprimido, y con ello da lugar a emociones como la tristeza o la frustración, que hasta antes de ir a terapia estaba habituado a reprimir o a encarar a través de reacciones autodestructivas

Asimismo, el proceso lo enfrenta con la realidad del efecto que su madre, Livia, tuvo en él, particularmente respecto de la falta de afecto con que fue criado, o cómo la personalidad de ella (de la cual la Dra. Melfi destaca la marcada dificultad para permitirse sentir placer o felicidad) predispuso a Tony a establecer relaciones con mujeres con una cierta insatisfacción hacia la vida arraigada profundamente en su subjetividad, a quienes él, sin embargo, hace todo lo posible por “hacer felices”.

De esos dos elementos, vinculados entre sí, el más importante es la relación de Tony con su madre, cuya exposición en la serie depende directamente de los hallazgos realizados en el consultorio de la Dra. Melfi. Al menos a lo largo de las primeras temporadas en las que Livia Soprano tiene un papel decisivo en ciertos acontecimientos de la trama, la relación entre Tony y su madre es una ramificación narrativa con consecuencias importantes para toda la serie. Después de su muerte, ocurrida al inicio de la tercera temporada, el efecto se diluye y pierde importancia. 

Incluso descritos así, breve y esquemáticamente, los componentes de la relación de Tony con su madre y con las mujeres con quienes sostiene una relación al margen de su matrimonio, permiten ver la manera en que el inconsciente incide sobre el comportamiento y las “decisiones” que el sujeto cree tomar en libertad plena. A grandes rasgos, ese fue el gran hallazgo de Freud: intuir y conceptualizar una entidad presente en la psique humana, irrenunciable, que se forma durante los primeros años de vida con experiencias significativas e improntas dejadas por esas experiencias, reprimidas después y llevadas a una especie de zona “desconocida” de la mente (una terra ignota, como decían ciertos mapas de la Antigüedad) desde donde continúan ejerciendo una influencia notable en el comportamiento, con todo lo que este implica: acciones, decisiones, omisiones, “errores”, autosabotajes, preferencias, aversiones, etcétera. 

En la serie, un momento en donde el concepto de inconsciente adquiere realidad y cuerpo de manera contundente es en el capítulo "Amour Fou” de la tercera temporada. Ello ocurre en una secuencia en la que Tony va a la casa de Gloria Trillo para terminar la relación que mantienen desde hace unas semanas, luego de que ella se encontrara con Carmela, la esposa de Tony, sin revelar la relación con su esposo pero acariciando el goce perverso de poseer ese secreto. 

Dicho sea de paso, la relación entre Tony y Gloria recibe un trato especial porque el inconsciente de Gloria también es objeto de exposición en la serie. De Gloria se da a conocer su inclinación “involuntaria” a poner en peligro su vida, casi hasta la muerte, lo cual la hace buscar a Tony y es el motivo por el cual propicia ese encuentro “casual” con Carmela. Al relacionarse con una persona como Tony –impulsiva, agresiva, que considera siempre la violencia como uno de sus principales recursos para enfrentar sus problemas–, Gloria encuentra lo que busca su inconsciente: perder la vida.

En la secuencia aludida, Tony acude a casa de Gloria para “romper” con ella. “Romper” dicho inicialmente en sentido figurado, pero pronto la situación se sale de control y Tony la rompe a ella. Al calor de la discusión, en algún momento ella amenaza con revelar su relación a la esposa y la hija de Tony. Esto enfurece a Tony tanto como para tomar a Gloria del cuello, levantarla en vilo y azotarla de espaldas contra el piso. Sometida así, comienza a asfixiarla. Tony se detiene antes de provocarle la muerte.

Poco antes de este clímax se encuentra el momento que nos interesa. Aun cuando Tony inició el rompimiento de manera amable, usando expresiones y métodos aprendidos en terapia (demostrando cierta intención de hacer las cosas de manera diferente), la renuencia de Gloria a terminar la relación lo lleva a golpearla y amenazarla, tras lo cual Gloria no se intimida ni cesa en sus reclamos. Ella persiste en llevar a Tony a su límite asumiendo una posición de “víctima” de su propia vida, manifestando el desprecio que siente por parte de todos a su alrededor, incluido Tony, cuya situación emocional es subestimada una y otra vez por Gloria. 

Es ahí donde Tony se “da cuenta”. Ocurre una revelación que no sería posible sin el trabajo realizado en las sesiones con la Dra. Melfi. Al ver a Gloria en el suelo, compadeciéndose de sí misma y desdeñándolo, incapaz de detener su propia inclinación al autodesprecio, Tony dice: “No te acabo de conocer. Te conozco de toda la vida. Mi madre era precisamente como tú: un agujero negro sin fondo”. Gloria se ríe, con el fin de provocar aún más a Tony, y es ahí donde adquiere todavía más los gestos de Livia y dice, con tono socarrón, justo como ella: “¡Oh! ¡La madre ahora! ¡Me rindo! ¡Quémenme en la hoguera!”.

Cabe señalar que un elemento que contribuye a crear la puesta en escena del inconsciente es la actuación de Annabella Sciorra como Gloria Trillo, así como las líneas asignadas. Tanto el trabajo actoral como el guión son por momentos una calca de los ademanes, las palabras y las inflexiones en la voz observados y escuchados previamente en Livia. Por momentos, Gloria parece ser Livia. Pero esto no por casualidad, sino por una planeación del efecto a conseguir en la pantalla y entre los espectadores. Esta escenificación es un ejemplo excelente de esas falsificaciones geniales que sustentan el milagro artístico del cine. La mirada y la memoria del espectador son engañadas a través de un uso premeditado de un recurso tan propio del cine como la actuación.

Pero incluso este ardid puede usarse a favor de una lectura de Los Soprano bajo los conceptos del psicoanálisis. Si la actuación de Sciorra puede considerarse una imitación del trabajo de Nancy Marchand (la actriz que interpreta a Livia Soprano), se trata de una imitación inexacta por definición, es decir, una reinterpretación del papel de Livia. Una repetición en toda forma, en términos psicoanalíticos. Esa repetición inconsciente que, según se dice en psicoanálisis, nunca es tampoco exacta.

Con este ejemplo es posible decir que gracias a que se le dio lugar al inconsciente en la estructura de los personajes clave, Los Soprano se convirtió en la gran serie que es. El inconsciente dio densidad a esos personajes y contribuyó a construir todo un ambiente en donde las pasiones actuadas se vuelven verosímiles. 

He ahí el peso y la importancia del inconsciente, incluso en una serie de ficción como Los Soprano.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

 

Los Soprano está disponible actualmente en HBO Max o en Amazon Prime (con suscripción a HBO)


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Imagen de portada: HBO