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Michel Foucault habría absuado de niños en Túnez, según el intelectual francés Guy Sorman

La memoria del filósofo francés Michel Foucault, una de las grandes estrellas de la filosofía francesa del siglo XX, ha quedado un poco empañada después de que el diario británico The Sunday Times publicara hace unos días una serie de acusaciones de pedofilia.

Foucault, quien era abiertamente homosexual, ha sido acusado por Guy Sorman de abusar sexualmente de niños en Túnez. Sorman es intelectual, profesor universitario, editor y autor de decenas de libros.

Sorman dijo al Times de Londres que cuando visitó Túnez en 1969, Foucault estaba rodeado de niños de 8, 9 y 10 años que le preguntaban si se los iba a llevar y él les arrojaba dinero diciéndoles que se encontraran "en el lugar habitual a las 10 p. m.".

Sorman señala que no se hablaba de la cuestión del consentimiento. Acusó al filósofo de una forma de "imperialismo blanco" pues, según Sorman, Foucault no se habría atrevido a hacer esto en Francia. Y presumiblemente se aprovechaba del poder que tenía, como francés con dinero y prestigio, en un país que había sido protectorado francés por décadas. Sorman dijo que se arrepiente de no reportar esto, pues se mantuvo callado durante cincuenta años. 

Es conocido que en una ocasión Foucault firmó una petición en Francia para que se bajara la edad de consentimiento de los 15 a los 13 años. Llama la atención que es uno de los filósofos más influyentes actualmente en el pensamiento académico, particularmente aquel que favorece la igualdad de derechos y la diversidad sexual. Como señala el mismo Times, Foucault es un bastión de lo que se conoce popularmente como woke, el ser sensible a la injusticia social y sobre todo al racismo. 

Su trabajo es especialmente reconocido por hacer una genealogía del poder, en gran medida siguiendo el instinto genealógico de Nietzsche, en relación a la sexualidad y cómo el cuerpo y el conocimiento han sido históricamente cooptados y explotados para beneficio de ciertas instituciones o ideologías. Justamente, lo que Sorman llama "imperialismo blanco". 

De ser ciertas las acusaciones de Sorman, surgirá esa frecuente tensión que aparece entre los grandes pensadores y su vida personal, sus decisiones morales y el contenido de su obra, la pregunta de hasta qué punto acontecimientos como este deben influir en la lectura que se hace de sus obras o en su promoción institucional. Y aunque no hay una respuesta fácil, pese a los hechos en que ciertos personajes puedan haber incurrido, resulta una pérdida mayúscula no leerlos. Tal es el caso, por ejemplo, de Heidegger, un filósofo cuyos actos son sumamente cuestionables pero cuya obra no puede y no debe soslayarse en el estudio de la filosofía.

 

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Imagen de portada: Flickr CC