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Poemas para estar en Pijama: La primavera es un archivo que se abre

Arte

Por: Tufillo de Poeta - 09/20/2020

La poesía es para todos y hay un poema para cada momento cotidiano de nuestras vidas. Por eso, todos los domingos, 'Tufillo de poeta' colabora en Pijama Surf con una columna dedicada al episodio de su podcast más reciente

Mientras que al norte los árboles se doran, al sur del mundo florecen. Qué bien se reciben los aromos después de un invierno de encierro. Incluso cuando aún los vemos con sigilo y cierta distancia –y no por la alergia, claramente–: los confinamientos van y vienen; igual que la cercanía con las cosas (y personas) que nos gustan. 

Aun así, norte o sur, las ganas de celebrar no se van. Celebrar que aquí estamos. Que ha sido duro, pero seguimos. Celebrar para no volverse loca/o. Para no pensar en todo lo que nos ha sucedido en los últimos seis meses. Celebrar conscientes de nuestra fragilidad. 

¿Cuál fue la última fiesta que tuvimos antes de la pandemia? El último festejo donde podíamos bailar, transpirar, compartir un cigarrillo, besarnos con desconocidxs. Es casi burdo pensar qué hubiéramos hecho distinto. Que se acabe el virus y los cumpleaños por Zoom, necesitamos tocarnos. 

Gadamer dice que cuando celebramos una fiesta, esta está siempre y en todo momento. El tiempo se llena de fiesta, se vuelve festivo. Es el tiempo propio de la fiesta, que conocemos gracias a nuestra experiencia vital. 

¡Llenemos el tiempo de fiesta, entonces!

Al celebrar, nuestros sentidos se abren, nos colmamos de entorno. Mejor lo dice Rita Gónzalez Hesaynes en sus versos:

Nadie lo dude:
la existencia completa
se parece a esa calle imperturbable
donde vi cien mil flores derramarse,
celestes y amarillas y rosadas,
y bailé y llené el aire de besos y de risas
porque ahí estaba todo tendido para mí,
el banquete crucial de los vivientes,
y me acuciaba el hambre
de la flor arquetípica
que alguna vez arqueó los primeros estambres
sobre el primer pistilo.

La fiesta es esa calle imperturbable con mil flores, y el aire lleno de besos y risas. Tiene sentido que suene a primavera, ¿no? Bien lo sabían los griegos con su Dioniso, dios del vino y la fertilidad. La tierra nace y nosotros con ella, estamos vivos, hay que festejar. Por algo, cuando Charly García busca un símbolo de paz, nos canta la emblemática estrofa: “nos divertimos en primavera y en invierno nos queremos morir”. 

Cuando la fiesta es fiesta se vuelve democrática. Después de todo, los carnavales y festejos populares y religiosos también tratan de cuán iguales somos, nos vemos, bailamos, mientras celebramos y compartimos. Todo es de todas/os, las máscaras ocultan nuestros rostros, hacemos comunidad. Y ya no importa si no conoces a nadie y nadie te conoce a ti. En tiempo de fiesta, somos lo mismo. 

Es bonito pensar que celebrar es elegir el amor. Y algo parecido (y no tanto) escribe la poeta polaca Mascha Kaléko:

Comí las frutas florecientes de la añoranza,
Bebí del agua que da sed.
Extranjera, muda en regiones extras, 
Me helé de frío en los años lúgubres.
Como patria elegí el amor.

La frase que da título a esta columna fue robada del texto “Séneca me dibuja un ocho entre las patas”, del escritor Juan de Dios Sánchez Jurado. Porque la invitación es esa: pensar la primavera como apertura y la fiesta como algo que desborda. No la vamos a perder. Por lo mismo, hoy nos despedimos con otro pasaje que nos regala Juan de Dios en su texto:

A la altura de mi nariz tropiezo con un puñado de primavera recién estallada. El fantasma dice que está prohibido tocarnos. Con mayor razón acerco mis mucosas a los pétalos: aspiro.

 


Si quieres escuchar más sobre fiesta y poesía (y escuchar estos poemas y otros completos), no te pierdas en este enlace el segundo capítulo de la tercera temporada de Tufillo de poeta.

 

Encuentra aquí la columna anterior de Tufillo de poeta en Pijama Surf: Poemas para estar en Pijama: Parada obligatoria frente a un plato de sopa

 

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Imagen de portada: Sole D'Alessandro G. / Unsplash