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Una reflexión en torno a las afinidades entre la obra del pintor estadounidense y el ánimo general que se ha vivido recientemente

En medio de la cuarentena que se vive en todo el mundo, algunos amantes del arte, críticos e historiadores encontraron en la obra de Edward Hopper imágenes que parecieran anticipar o prefigurar el momento actual. Entre otros, Jonathan Jones, el crítico de arte del periódico inglés The Guardian, dedicó una de sus columnas habituales a trazar las afinidades entre la obra del pintor estadounidense y el ánimo general que se ha vivido recientemente.

En estos días de aislamiento forzado, de cierta desolación, de tristeza y ansiedad para algunos, de aburrimiento para otros, los cuadros de Hopper –protagonizados en su mayor parte por mujeres y hombres a solas, en posturas decididamente introspectivas, mirando el mundo exterior a veces con añoranza y a veces con extrañeza– parecieran evocar la situación en la que nos encontramos, en la que muchos de nosotros también hemos sido encarados al desafío de quedarnos en nuestra habitación (como sugirió Blaise Pascal).

Edward Hopper,

Edward Hopper, Four Lane Road (1956)

Edward Hopper,

Edward Hopper, Excursion into Philosophy (1959)

Por supuesto, no hay ningún tipo de profecía en la pintura de Hopper respecto de la circunstancia que vivimos. En todo caso, ahora que la cuarentena ha llevado a muchas personas a vivir consigo mismas, las imágenes capturadas por el pintor nos devuelven casi indiscutiblemente a la postura que el pintor tenía con respecto al mundo moderno, en particular, el efecto que la industrialización de la vida tenía sobre los seres humanos, creando personas alineadas y sociedades de relaciones rotas, en donde no era posible establecer un vínculo más allá de los fines mercantiles o utilitarios.

Edward Hopper,

Edward Hopper, Morning Sun (1952)

En un contexto así, la inclinación natural del ser humano por tejer relaciones significativas parecía morir en el vacío de un ambiente donde ese deseo no puede germinar ni mucho menos florecer. En parte esa fue la contradicción que Hopper quiso expresar en sus pinturas.

Edward Hopper,

Edward Hopper, Summer in the City (1950)

Edward Hopper,

Edward Hopper, Eleven A. M. (1926)

Edward Hopper,

Edward Hopper, Pennsylvania Coal Town (1947)

Edward Hopper,

Edward Hopper, Hotel Room (1931)

Hopper –pintor por antonomasia de la soledad, la melancolía y la introspección– nos recuerda con su obra que hay momentos en que la existencia se revela en un solo instante: de golpe, plena, tan compleja y absurda como es, encarando a la persona a la decisión irrenunciable de tomar conciencia de su deseo y de si este tiene cauce en la realidad de su vida. 

Edward Hopper,

Edward Hopper, Summer Interior (1909)

Edward Hopper,

Edward Hopper, Soir Bleu (1914)

 

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Twitter del autor: @juanpablocahz

 

Imagen de portada: Edward Hopper, Cape Cod Morning (1950; detalle)