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El poeta Nicanor Parra tiene interesantes observaciones sobre no identificarnos con nuestras propias imágenes

Nicanor Parra, quien falleció el año pasado, fue uno de los grandes poetas de Chile, país generoso con la poesía. Parra buscó ir a contracorriente del canon establecido y fue una voz crítica y siempre fresca y llena de humor, dando a luz lo que llamó "antipoesía".

En una entrevista que recoge el sitio La Tercera, encontramos una serie de perlas de sabiduría de este poeta que son especialmente útiles para entender la situación actual. El poeta cuenta una conversación que tuvo con otro poeta contracultural, asociado con la generación beat:

Tiempo atrás Allen Ginsberg me dijo cuál era la lección básica del budismo. El budismo que trata de resolver también un problema central, como suprimir el dolor. Lo que me dijo Ginsberg es que la primera lección es que no hay que identificarse con lo que ocurre en la pantalla de la conciencia; si uno se identifica con sus propios pensamientos, con los pensamientos que surgen, con las imágenes que aparecen en la pantalla de la conciencia, está perdido.

Este consejo es especialmente relevante porque se aplica con un doble sentido en el mundo en el que vivimos. Fundamentalmente se refiere a no identificarnos con nuestros pensamientos, a no encasillarnos en nuestras identidades y no obsesionarnos con el flujo discursivo. A fin de cuentas, los pensamientos son sólo eventos cognitivos que no tienen existencia inherente: nosotros no somos nuestros pensamientos, de la misma manera que el espacio no es las nubes. Esto es altamente liberador, pues podemos entonces jugar con diferentes identidades, con diferentes formas de ser, y podemos además desapegarnos de nuestro concepto de yo.

Por otro lado, la frase nos hace pensar en el mundo actual, en el que en todos lados nos relacionamos con y a través de pantallas. En este sentido, es importante recordar no identificarnos con las pantallas y los contenidos que observamos en ellas. Las pantallas están siendo programadas para que nos identifiquemos con sus productos, sean éstos modelos o artistas o incluso formas de existir dependiendo de bienes materiales que nos prometen la felicidad. Al extender nuestros deseos a los fantasmas de las pantallas, quedamos cautivos y dejamos de ver el mundo desde nuestros propios ojos

Asimismo, la narrativa que vemos constantemente reflejada en las pantallas es una de polarización y dualidad, una en la que se nos presenta la felicidad como la búsqueda de todo lo que nos produce placer y la evasión de todo lo desagradable. Parra tiene comentarios relevantes en este sentido:

A mí me parecía que había que alternar la alegría con la tristeza. Desde muy temprano comprendí que uno está hecho de opuestos, o que vivimos en el valle de los opuestos, para decir las cosas en términos taoístas. Y que no podemos, simplemente, poner atención a un solo aspecto, a una sola de las componendas, sino que también hay que trabajar con el otro lado de la luna. (…) Yo no quiero ser simplemente un payaso, es decir, hacer reír nomás. Me interesa también hacer pensar a la gente, hacerla sentir.

Entender que la vida está basada en opuestos -que son estrictamente complementos- y que no por ello debemos rechazar lo negativo es fundamental para liberarse de los procesos de identificación, pues el deseo de identificarnos solamente con ciertas cosas y rechazar todo lo demás es una fuente profunda de conflicto.

 

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