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Por qué la música es superior a todas las demás artes, según Schopenhauer

Arte

Por: pijamasurf - 07/23/2019

La metafísica de la música

La música es claramente el arte más popular del mundo, siendo por mucho el que más dinero genera y el que más público convoca. Esto, por supuesto, no debe tomarse como prueba de su superioridad, pero quizá nos acerca a entender uno de sus atributos: la fuerza emocional e instintiva que tiene. Es indudable que no hay ningún otro arte tan poderoso, al menos en tanto a su poder de arrastrar a las personas e influir en su conducta. En gran medida, el otro arte que en algún momento del tiempo se comparó a la música en su poder de arrastre y transformación, la poesía, toma su fuerza de la misma música (y en algún momentos se hablaba de poesía con la misma palabra: música o aquello que viene de las musas).

Comúnmente se dice que la música es un lenguaje universal, que no requiere un entendimiento previo, en ocasiones ni siquiera una "cultura" o refinamiento (aunque esto es discutible). Esta noción nos viene de Schopenhauer, quien en su monumental clásico en dos tomos El mundo como voluntad y representación escribió que la música era "un lenguaje enteramente universal, cuya claridad supera incluso la del propio mundo intuitivo". Schopenhauer, en su capítulo sobre la poesía, había dicho que el poeta es el hombre universal porque accede a las ideas platónicas a través de la intuición; pero la música va más allá de las ideas, dice el filósofo, y es la voluntad, la cosa en sí, la fuerza inconsciente del universo. En la música podemos presenciar la energía del universo actuando:

la música no es en modo alguno, como las otras artes, el trasunto de las ideas, sino el  trasunto de la voluntad misma cuya objetivación son también las ideas; por eso el efecto de la música es mucho más poderoso y penetrante que el de las otras artes, pues éstas sólo hablan de sombras, mientras que aquélla habla de la esencia. 

La voluntad misma, en la filosofía de Schopenhauer, es la esencia del sujeto y del universo, más fundamental que la conciencia misma. Algunos estudiosos de su obra han entendido que este término puede explicarse utilizando la palabra "energía", y en todo caso ocupa el lugar supremo en su sistema. En el segundo tomo de su obra dice:

para la música sólo existen las pasiones, los movimientos de la voluntad y, al igual que Dios, sólo ve los corazones. 

Y en otra parte:

una sinfonía de Beethoven nos muestra la mayor confusión, que pese a todo tiene como fundamento el orden más perfecto, el combate más intenso, que un instante después se transforma en la más hermosa armonía: es la concordia discordante de las cosas, una imagen fiel y completa del mundo, que gira en una inabarcable maraña de innumerables formas y se conserva mediante una continua destrucción de sí mismo. Pero al mismo tiempo en esta sinfonía nos hablan todas las pasiones y todos los afectos humanos: la alegría, la tristeza, el amor, el odio, el terror, la esperanza.

Todas estas emociones y esta "concordia-discordante" pueden extrapolarse a la voluntad, que es a la vez feroz y majestuosa. De esta manera Schopenhauer equipara la música con la metafísica, siendo lo metafísico las ideas y la voluntad, lo fundamental en el universo.