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Los recuerdos de la música que te gusta serán los últimos en perderse (ESTUDIO)

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/19/2019

Incluso en enfermedades como el Alzheimer, la memoria musical posee un grado sorprendente de conservación

La memoria es una de las cualidades cognitivas más enigmáticas; tanto, que incluso en nuestros días no se conoce bien a bien su funcionamiento. Si acaso, uno de los descubrimientos más sorprendentes de la neurociencia contemporánea es que todo parece indicar que nuestros recuerdos no se crean y se almacenan una sola vez, sino que el cerebro "rehace" una nueva versión de aquello que recordamos en el momento mismo en que nuestra memoria la requiere, un proceso fascinante que a su vez plantea nuevas preguntas sobre esta capacidad.

Pero eso no es todo. Como también se ha observado, la memoria posee diferentes registros de acuerdo a los sentidos que perciben un hecho y, en consecuencia, los grados de memorización y fidelidad de un recuerdo varían en función de éstos. El escritor francés Marcel Proust no se equivocó cuando a lo largo de su monumental En busca del tiempo perdido ofreció distintos ejemplos de la asociación que puede tener un recuerdo con un sabor específico, con una fragancia, con el sonido tan particular de la pisada de un tacón contra un adoquín o de la textura de una servilleta de tela sostenida entre los dedos. Cada una de esas sensaciones deja un recuerdo particular, que depende también del contexto en el cual se produce, y como Proust también notó, el recuerdo queda atrapado en esa red que es al mismo tiempo como un cristal que lo contiene.

Recientemente, un estudio publicado en la revista especializada The Journal of Prevention of Alzheimer's Disease dio cuenta del vínculo especialmente estrecho que existe entre la música y los recuerdos, al grado de que incluso en etapas avanzada de dicha enfermedad (que, como se sabe, mina poco a poco la memoria de una persona, incluso sus recuerdos más íntimos y estructurales), los pacientes son capaces de identificar la música que escucharon en etapas previas de su vida.

En el marco de esta investigación se analizó sobre todo la reacción conocida como respuesta sensorial meridiana autónoma, que quizá sea conocida por nuestros lectores por sus siglas en inglés: ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response). Este fenómeno cerebral se popularizó en Internet desde hace unos años a raíz de bloggers y sitios que publican videos que lo propician a través de sonidos como el murmullo de una voz o el golpeteo suave de una mano contra un micrófono. Ante estos estímulos (que muchas personas consideran relajantes, incluso para dormir, de ahí la otra razón de su celebridad), en el cerebro se desencadena una respuesta involuntaria que se experimenta como hormigueo a lo largo del cuerpo o en zonas específicas como el cuero cabelludo o la cabeza en general y, de hecho, la música también puede generarlo, en especial cuando se trata de una tonada que por motivos puramente sensitivos nos gusta y nos conmueve: si la música estremece tu cuerpo, esto es signo de que tu cerebro se encuentra en estado óptimo. Otros testimonios asocian la RSMA con experiencias como el culto religioso o la lectura (y en general la experiencia estética).

En el caso de las personas que padecen Alzheimer, dicha respuesta tiende a confundirse. Los pacientes con Alzheimer pueden sentir el estímulo y quizá también la respuesta, pero para ellos el punto de contacto entre uno y otra no es claro.

No es así, sin embargo, en el caso de la música. Según el estudio conducido, entre otros, por Jeff Anderson (médico y profesor de radiología en la Universidad para la Salud de Utah, Estados Unidos), en el caso de las memorias musicales y la RSMA asociada con éstas, ciertos pacientes con Alzheimer son capaces de identificar tanto la pieza musical en cuestión como las razones por las cuales ésta les produce escalofríos o los conmueve. Al menos durante ese instante, los pacientes recuperan un fragmento de lo que vivieron. 

De acuerdo con Anderson y tomando en cuenta otros estudios que asocian los beneficios de la música con la memoria, tal parece que la práctica y aun el mero disfrute de esta disciplina tienen un impacto positivo amplio en la salud cerebral y específicamente en la memoria, al grado de que valdría la pena considerarlos como una medida preventiva para combatir el aumento de enfermedades como el Alzheimer.

¿Qué te parece? Una razón más para amar la música, ¿no crees? Bien decía Nietzsche que "Sin música, la vida sería un error".

 

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Imagen de portada: videoclip de la canción "Feels Like We Only Go Backwards" (Tame Impala, 2012), dirigido por Joe Pelling y Becky Sloan

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La neurociencia da la razón a Freud: el inconsciente define la realidad

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/19/2019

Sigmund Freud tenía razón: nuestra mente está habitada por una entidad desconocida que domina nuestra conducta

En el pensamiento occidental, la figura de Sigmund Freud ocupa un lugar prominente, en particular por sus contribuciones al conocimiento de la conciencia humana. Si bien esta ha sido una cuestión que ha cautivado al ser humano a lo largo de su historia, Freud fue el primero en realizar sus observaciones sobre la psique de una manera científica, es decir, a partir de la observación dirigida y sistemática, con la puesta a prueba de ciertas hipótesis y la verificación de resultados. Según manifestó él mismo en diversos momentos de su trayectoria, Freud se consideró siempre un científico, y a lo largo de su vida intelectual procedió como tal.

Fue gracias a dicha labor que Freud realizó algunos de los descubrimientos más decisivos sobre el funcionamiento de nuestra mente. En una época en la que no existían las radiografías o las máquinas de resonancia magnética, Freud fue capaz de entender que un pensamiento no es igual en dos personas y que dicha diferencia radical modela la manera en que habitamos el mundo. Y una vez que se dio cuenta de esto, el médico de Viena dio otro paso para preguntarse en qué radica dicha diferencia.

Fue así, usando casi exclusivamente las herramientas de su observación, su intuición y su vasta cultura, que Freud arribó a la noción del inconsciente y la importancia capital que éste tiene en la conducta humana. Grosso modo, Freud entendió que la mente se divide en dos grandes partes: lo consciente, que es de lo que nos damos cuenta sobre nosotros mismos, nuestra percepción, nuestros pensamientos, etc.; y lo inconsciente, que es como un gran mar sobre el cual flota nuestra conciencia, hecho sobre todo de recuerdos, imágenes fragmentadas, ideas reprimidas, pensamientos de los cuales tenemos una vaga idea pero no alcanzan la superficie de nuestra percepción… y sin embargo, son los que dirigen lo que hacemos, lo que pensamos, lo que decimos, etcétera. 

Si Freud aseguró que los descubrimientos del psicoanálisis infligieron una “herida narcisista” al ser humano fue porque le hizo ver que, en esencia, algunas de nuestras cualidades más preciadas como el albedrío, la voluntad y otras afines son, por decir lo menos, cuestionables, pues en buena medida el ser humano es una especie de “marioneta” controlada por una entidad que paradójicamente es al mismo tiempo desconocida e interna, esto es, en la mayoría de los casos el sujeto ignora aquello que dirige su existencia pero que vive en su propia mente.

Dado el material con el que Freud trabajó para llegar a estas conclusiones –sueños, recuerdos reprimidos, perversiones sexuales (entendidas en un sentido amplio del término, no moral)–, muchos de sus descubrimientos fueron inmediatamente cuestionados. Si ya a nivel subjetivo el ser humano suele resistirse a hacer frente a ciertas verdades sobre su condición, las cosas no son muy distintas a nivel social. Por lo demás, como hemos dicho antes, por los recursos con los que Freud contaba en su época parecía increíble que un solo hombre hubiera recorrido con tal precisión los laberintos de la psique humana y hubiera trazado el mapa necesario para recorrerlos.

Ahora, más de 100 años después de la publicación de los primeros escritos en los que Freud comenzó a definir el psicoanálisis y hablar del inconsciente, la neurociencia contemporánea le da la razón y confirma que nuestra manera de concebir la realidad y, por lo tanto, actuar en ella, está determinada por todo aquello que se encuentra en la región inconsciente de nuestra mente.

Entre otros, el neurocientífico estadounidense David Eagleman, a través de sus investigaciones, ha encontrado pruebas tanto de la existencia del inconsciente como de su efecto en nuestra conducta cotidiana: “En vez de que el cerebro registre pasivamente la realidad, lo cierto es que la construye de manera activa”.

De acuerdo con los estudios dirigidos por Eagleman, dicha construcción de la realidad ocurre en su mayor parte de manera inconsciente. La manera en que los pensamientos surgen, por ejemplo, o la forma en que una decisión se toma, son procesos que, según se ha constatado, no ocurren directamente, sino que más bien como resultado de la intervención de distintos procesos mentales de los cuales el sujeto no se da cuenta.

En ese sentido, Eagleman también ha realizado experimentos en los que encuentra evidencia de que la parte inconsciente de nuestra mente es capaz de percibir fenómenos que una persona no registra conscientemente. El inconsciente suele ser o más rápido o más perspicaz que nuestra conciencia o, en otro aspecto, posee la capacidad de hacer conexiones con material almacenado en nuestra mente que no necesariamente tenemos en cuenta en determinado momento. Esto explicaría fenómenos como la inspiración creativa o el hallazgo súbito de una respuesta (como Arquímedes y su famoso “eureka”, o la manzana con la que Newton se dio cuenta de la existencia de la fuerza de gravedad).

Eagleman sugiere no sólo que Freud estaba en lo cierto en cuanto al dominio del inconsciente sobre la percepción humana, sino también que dicha región de nuestra mente conserva un enorme potencial, tanto en términos vitales como creativos.

Sin duda quedan muchas investigaciones por hacer, pero ante este panorama quizá sea momento de aceptar que pocas veces estamos en verdadero dominio de lo más íntimo y propio de nosotros mismos: nuestra mente.

 

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