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Una entrevista con Douglas Rushkoff, uno de los más importantes teóricos de medios en el mundo

Douglas Rushkoff lleva más de 25 años pensando sobre la tecnología y sus efectos en la conciencia humana. Actualmente es considerado uno de los teóricos de medios más influyentes en el mundo, quizá el más digno heredero de Marshall McLuhan, y sin duda uno de los más lúcidos exponentes de la crisis moral, ecológica y espiritual que representa la tecnología para el ser humano en estos momentos. Hace unos días pude conversar con Rushkoff y discutir algunos de los temas sobre los cuales hemos reflexionado en este sitio en los últimos años, mismos que trata con enorme claridad en su más reciente libro, Team Human. (El audio y la transcripción más abajo).

Rushkoff fue uno de los más cercanos observadores de los inicios del Internet -un proyecto académico para facilitar la colaboración y distribuir el conocimiento-, que de la mano de un grupo de artistas, intelectuales, programadores y psiconautas parecía tener el potencial de convertirse en una poderosa herramienta contracultural, capaz de expandir la conciencia a través de la información y conectar a las personas en torno a una serie de valores humanistas. Lamentablemente este entusiasmo, por momentos hasta psicodélico, no pudo hacer frente a los valores utilitarios del capitalismo que rápidamente cooptaron la Web. En alrededor de 20 libros, Rushkoff ha analizado cómo ése prometedor viaje inicial se ha ido tornando en un malviaje colectivo, que nos divide, polariza la realidad y amenaza con deshumanizarnos completamente. En Team Human, Rushkoff hace una summa, un destilado de todo lo que ha aprendido sobre la tecnología digital, a través de la cual se expresa y expande el capitalismo corporativo. Rushkoff nota que la tecnología digital está siendo programada "con una agenda antihumana" que pone en entredicho nuestra autonomía. Al promover una visión "mecanomórfica de la realidad", en la que el ser humano es concebido como una computadora y la realidad como información, se devalúa la esencia humana y se vuelve más fácil que aceptemos ser reemplazados por robots.

El software del capitalismo promueve sus valores utilitarios -de competencia e individualismo- por encima de los valores realmente humanos, prosociales, y así nuestra relación con el mundo y con los demás empieza a reflejar una visión mercantilizada. Vemos a los otros y al mundo como cosas: cosas que podemos usar o explotar para nuestro beneficio. Heidegger y McLuhan ya nos habían dicho que la tecnología no es nunca neutral y cuando la consideramos así, nos arriesgamos a que sus efectos sean aún más nocivos. Al amplificar algunas de nuestras capacidades, la tecnología también amputa otras, a veces mucho más esenciales. Rushkoff incluso ha sugerido que pensemos en la tecnología digital como una droga y en los algoritmos como una especie de demonología. Que miremos a los ojos de las personas que la consumen -esa droga de estar checando el teléfono a cada rato, buscando un nuevo fix de dopamina- y que decidamos si queremos consumirla. En la conversación que tuve hace unos días con él, incluso sugirió que lo que la tecnología está amputando es nuestra alma, una aseveración que me parece acertada. Es evidente que estamos perdiendo algo "esencial". Algo que sólo ocurre cuando respiramos el mismo aire -el mismo espíritu-, nos vemos a los ojos y hacemos rapport. (No se puede respirar el mismo aire a través de una pantalla). Tal vez estamos perdiendo la capacidad de asombro, la cualidad de maravillarnos y preguntarnos sobre los misterios de la existencia (de la cual nace la filosofía según Platón y Aristóteles). O tal vez nuestra facultad de controlar nuestra atención, la facultad esencial para educar, purificar e incluso iluminar nuestra mente (como notaron pensadores como William James, Simone Weil o los mismos rishis védicos).

A continuación presentamos una conversación con Douglas Rushkoff. El audio está en inglés, por lo que hemos transcrito y traducido la entrevista (levemente editada con fines de claridad y fluidez).

 

 

AMG: Hace poco menos de 20 años, cuando estaba en la universidad, leí tu libro Cyberia, era un momento cultural de mucho entusiasmo. Creíamos que el Internet iba a distribuir el conocimiento, la conciencia, la libertad. Todos estaríamos más conectados y la información nos emanciparía. Tim Leary había dicho que las computadoras eran el nuevo LSD. Otros hablaban de la Red como la materialización de las ideas de Teilhard de Chardin, una conciencia global o noosfera. Escribiste Cyberia hace 25 años y las cosas han cambiado, ¿qué fue lo que hizo que este sueño se acabara?

DR: Creo que todo lo que estábamos diciendo era verdad. Puedes darle a una persona cinco gotas de LSD y decirle que eso le hará ver las cosas como realmente son y le ayudará a despojarse del velo de ilusiones que lo detienen, y podrá ver cómo toda la humanidad y toda la vida están conectadas y son partes de una sola gran conciencia. Pero si tienes lo que Leary llamaba un set and setting [marco/configuración y contexto/ambiente] equivocado, entonces el resultado será otro. Cuando tomas ácido debes estar consciente de cuál es tu marco mental, cuál es tu intención y cómo es el setting, el ambiente en el que te mueves. En la época en la que escribí Cyberia y Leary hablaba del Internet como ácido, queríamos crear un marco conceptual alrededor de esta tecnología, queríamos promover un cierto set and setting, el set que estábamos impulsando era que esta era una forma de unir a la humanidad, de coordinarnos y promover el contacto. El setting que creamos era el rave, creíamos que era una forma de experimentar la electrónica y lo digital, como un paisaje social, como un fondo para la interacción social. Hacíamos música a 120 BPM, como el latido del corazón del feto, para intentar que todos se unieran a un maravilloso trance colectivo y luego llegaron los de Wired Magazine y los libertarios digitales y ellos trataron de promover un set and setting muy diferente. Ellos dijeron: "No, no, el Internet no se trata de conectar a las personas en este nuevo organismo hippie. El Internet va a promover el capitalismo corporativo como nunca antes. Ya se veía a principios de los 90 que el mercado se había quedado sin combustible, pero ahora que tenemos el Internet podemos colonizar la atención humana, podemos seguir creciendo el mercado, obtener nuevas superficies y expandirnos exponencialmente para siempre". El setting que crearon fue la bolsa de valores y el capital de riesgo. Esto ha llevado a la humanidad a este malviaje que experimentamos hoy en día, en el que todos están distraídos y todas las personas que ves en línea son algún un tipo de enemigo o adversario que se sólo se fija en todas las fronteras entre nuestros países y en todas las diferencias. [Una situación en la que nos la pasamos] deshumanizándonos los unos a los otros, e imaginándonos a zombis y robots que vienen a vengarse de nosotros. Esto es un gran malviaje. Si tú le dijeras a alguien en 1992, cuando el Internet estaba surgiendo, que una vez que el Internet se consolidara esto llevaría a que Donald Trump fuera presidente de Estados Unidos, eso le hubiera parecido ridículo, alucinatorio. O que el planeta estaría al borde de un cambio climático tan extremo que la humanidad probablemente se extinguirá en los siguientes 200 años. De nuevo, diría: "Esto es una locura, esto es un enorme malviaje de proporciones suicidas".

Creo que no nos equivocamos sobre lo que estaba pasando, sólo que no consideramos lo poco preparadas que estaban las personas del mundo para algo tan poderoso como un viaje de ácido, o qué ocurriría si fueran a experimentar uno. Y esto fue lo que ocurrió.

AMG: Al final de Cyberia advertiste sobre "los tipos de Wired"...

DR: Sí, lo hice, nadie parece acordarse de eso. Gracias por recordarlo. Me entrevistan y dicen "Cuando escribiste Cyberia pensabas que todo iba a estar bien, pero ahora admites que te equivocaste y que llegaron los de Wired". No, en realidad el final de ese libro dice que había otra visión compitiendo por el Internet, que ya se estaba posicionando la revista Wired y Mondo 2000 se estaba difuminando en el fondo y si no tomábamos conciencia y hacíamos algo, esto no iba a acabar sucediendo [la visión contracultural de la Red].

AMG: Ahí fue cuando se empezaron a programar los valores capitalistas a esta maravillosa Red que creíamos que nos conectaría y tenía tanto potencial para promover la conciencia humana. Pero como casi siempre sucede en la historia, lo que echa a perder algo bueno es el amor del dinero y el priorizar los valores utilitarios, como has mencionado en tu trabajo antes, el hacer las cosas sólo para obtener ganancias, bajo un esquema de crecimiento [económico] infinito, en lugar de hacer las cosas por sí mismas, por su valor intrínseco, por amor a la cosa en sí. Esto podría explicar un poco qué es lo que falló...

DR: Pues sí, es natural, porque los seres humanos tenemos eso en nosotros. Un poco antes del lanzamiento de mi libro, vi un relanzamiento de 2001 de Kubrick. Ya se me habían olvidado todas estas escenas con los humanos-monos en la primera parte de la película, y hay una escena en la noche en la que los humanos-monos están sentados a un lado de un acantilado, y todos están juntos, despiertos y muy atemorizados, porque en el fondo se escucha el sonido de un terrible predador, tal vez un tigre diente de sable gruñiendo en la distancia. Y me pregunté mientras lo veía: ¿cuántas noches pasamos así, por cuántos cientos de miles de años las personas se sentaban juntas en la oscuridad, con el temor de que algo las agarrara y las devorara? Y ese miedo es tan profundo, está tan arraigado. Es muy tentador cuando encuentras algo nuevo pensar "¿qué puedo hacer con esto para tener más seguridad, para lograr escalar por sobre los otros, para tener una casa más grande o tener dinero?". Estamos constantemente en este estado de amenaza o ansiedad. Así que entiendo, no creo  que sean malignos, simplemente tienen miedo y si no encontramos seguridad a través de una cultura comprensiva y una comunidad que nos brinde apoyo, obviamente lo vamos a buscar en el dinero y a través de mecanismos de autodefensa.

AMG: En tu libro argumentas eso, que vivimos en un mundo que es más un deporte de conjunto que una competencia, se trata menos de imponernos -al estilo de las langostas [macho alfa] de Jordan Peterson- y más de estar abiertos y de hacer rapport y de mirarnos a los ojos y todas las cosas que hacen que la vida tenga sentido y nos produzca asombro. Argumentas convincentemente esto en tu libro. ¿Por qué es tan importante para la evolución humana tener conexiones humanas significativas?

DR: La historia de la evolución ha sido pervertida por libertarios y neoliberales. Están intentado argumentar que el mercado de competencia -su modelo para la sociedad- es de alguna manera más consonante con las leyes de la naturaleza y argumentan que Darwin describió la naturaleza como una competencia, una batalla para la supervivencia del individuo más apto. Pero cuando leo a Darwin no leo esto para nada. Lo que Darwin dice es que las especies cooperan y colaboran para asegurar el florecimiento mutuo. Es la vieja historia que cuentan en la escuela sobre los árboles grandes que se extienden hacia el Sol y cubren a los árboles más pequeños que se quedan en la sombra y luego mueren. Pero no es cierto, los árboles grandes que obtienen el sol comparten los nutrientes con los pequeños a través de la tierra. Y luego, cuando los árboles más grandes pierden sus hojas en el invierno, los árboles perennifolios más pequeños comparten sus nutrientes con los más grandes, asegurando la supervivencia de todos. Y así es también cómo ocurre con los seres humanos. Si los seres humanos somos la especie más avanzada es porque tenemos los métodos más avanzados  para comunicarnos y colaborar entre nosotros. Y si consideras los 500 mil u 800 mil años de evolución humana, puedes ver cómo hemos desarrollado arduamente estos mecanismos sociales para hacer contacto visual, establecer rapport: sincronizando nuestra respiración, aprendiendo cuándo alguien está de acuerdo con nosotros y desarrollando neuronas espejo que liberan oxitocina en el flujo sanguíneo cuando estás entrando en rapport y comunicándote íntimamente con otra persona.

Estos mecanismos son sumamente complejos y elaborados y sin embargo tan fácilmente derrotados en los espacios en línea. Fácilmente derrotados por compañías que nos colocan en estados de temor o que sólo nos dejan comunicarnos a través de ventanas de 5 centímetros. Perdemos ese rapport, esa intimidad no verbal, y cuando no lo tenemos empezamos a sospechar de los otros. Es cómo encontrase con otro hombre-de-la-cueva y no hacer contacto visual, no sonreír y no respirar juntos... pensaríamos: "Me quiere matar."

AMG: La tecnología digital está creando una falsa conexión humana. Llama la atención que la mayoría de las compañías de tecnología han utilizado en algún momento en su discurso la idea de que están conectando a las personas. Pero parece que lo que han hecho es lo opuesto, nos han desconectado de nosotros mismos, de los otros, de la naturaleza y nos han conectado con un espacio virtual que es una especie de simulación en la cual se proyectan valores narcisistas, nihilistas y hedonistas. En cierto sentido, lo que están haciendo es utilizar nuestra necesidad de conexión y usándola en nuestra contra. Como has argumentado antes, los algoritmos están aprendiendo a explotar nuestras debilidades mentales y nuestras necesidades de conexión y están poniendo en entredicho nuestra propia autonomía y agencia humana.

DR: Totalmente, es la vieja historia. Como la Iglesia haciendo que las personas tengan vergüenza del sexo y luego usando eso para controlarlas. La publicidad depende de una sociedad en la que las personas no están teniendo sexo para que puedan hacerte creer que al comprar sus productos obtendrás la intimidad de la que careces. Y ahora lo hacen de una manera adictiva, pues si con tu tecnología puedes obtener casi la sensación de una conexión con otra persona, eso te hace regresar una y otra vez, compulsivamente, a intentar obtener esa conexión real. Pero no está allí. Es una adicción pura. Sólo nos volvemos adictos a las cosas que no satisfacen realmente nuestra necesidad esencial, pues si la satisfacieran no nos volveríamos adictos, obtendríamos nuestras dosis y estaríamos listos para hacer otra cosa. Es algo muy oscuro, y lo triste es que es intencional, esto es lo que enseñan en el Captology Lab de Stanford, esto es lo que los libros de marketing digital enseñan: cómo aplicar el algoritmo de las máquinas tragamonedas de Las Vegas en tu newsfeed. Son formas  de manipular los mecanismos sociales altamente evolucionados de las personas y sobrepasarlos o abusar de ellos para persuadirlas a hacer cosas que van en contra de sus mejores intereses. Y entre más hondo nos metemos en esto, más necesitamos estas formas completamente falsas de conectar entre nosotros.

AMG: Escuché recientemente uno de los podcasts de Team Human con Mark Pesce, en donde hacen la conexión entre algoritmos y demonios. De alguna manera, la definición de un "demonio" coincide. Pues estos algoritmos están siendo operados invisiblemente como si fueran unos egregors, comunicándose entre sí, aprendiendo a explotar nuestras debilidades y a extraer cosas de nosotros, y no entendemos realmente cómo funcionan...

DR: Sí, hasta el lenguaje que usan cuando los desarrollan: les enseñan a buscar lo que llaman "exploits" (vulnerabilidades que explotar), estos son los agujeros en los humanos, el código inconsistente en los humanos. Hace tiempo, cuando yo era un joven hacker, los exploits eran los agujeros en los sistemas operativos, y eran los seres humanos, chicos jóvenes, humanos, los que buscaban exploits en la tecnología para encontrar una entrada a la tecnología. Ahora es la tecnología la que busca estos exploits en los seres humanos para encontrar una vía de entrada en nosotros. Es una inversión preocupante.

AMG: Sí, se revierte la figura y el fondo... Es importante ser consciente de esto. Podemos pensar en los algoritmos como demonios, o al menos como drogas. Pues realmente nos cambian de estado mental Cuando usamos Facebook o Instagram nuestro cuerpo-mente cambia y normalmente no cambia de una manera muy positiva, no nos hace más abiertos, nos cambia hacia un modo más narcisista, quizá más deprimido, quizá queriendo compararnos con los otros. McLuhan fue realmente iluminador en este sentido, con su idea de que la tecnología nueva siempre amputa una facultad a la vez que amplifica otra. Así que, ¿cúal sería la facultad que amputa actualmente la tecnología digital?

DR: En estos momentos, creo que lo que está amputando es nuestra alma. Por eso creo que "demonio" es una buena expresión para el algoritmo, nos están tratando de desconectar de nuestra alma. Están tratando de hacernos pensar en nosotros mismos únicamente en términos de nuestro valor utilitario, o de los datos que podemos proveer y cualquier cosa real y humana o artística y emocional para la computadora, para este sistema de valores, es sólo ruido. Esa es la cosa que debe autotunearse [eliminar las falencias humanas en una pista de audio] fuera de la existencia... y eso es todo lo que tenemos, eso es la existencia humana real. Si aceptamos hacer un autotune de esto, rasurarlo, programarlo fuera de nuestra conciencia, entonces bien podríamos sólo ser máquinas o zombis, porque esto es lo que nos hace humanos, raros y maravillosos.

Me acuerdo de que fui a la conferencia Bonus Mx y lo bueno ahí era que había estos jóvenes mexicanos muy despiertos, psicodélicos, y atractivos, pero luego cuando se acercaban a hacerme preguntas querían saber cómo hacer que la Ciudad de México fuera el nuevo Austin South by Southwest. Y realmente no es necesario irse por ahí. Y entiendo que económicamente tal vez no tengan lo que quieren, tal vez el dinero o las inversiones o lo que sea que sienten que necesitan, pero al menos están lo suficientemente conectados a la realidad como para luchar contra estas fuerzas.

AMG: Creo que mencionas en tu libro algo así: el problema parece ser que no creemos en la sabiduría tradicional, o en la sabiduría de la tierra. Creemos que lo nuevo es lo bueno. Dejamos de creer que nuestras tradiciones y nuestra forma de vivir tienen un valor intrínseco. Si siempre queremos competir, ser como el otro, acabaremos perdiendo nuestra alma o nuestra identidad.

DR: En Estados Unidos, todos odiamos a nuestros padres, o al menos hasta que crecemos. Y bueno, digamos que eso está bien. Vas a odiar a tus padres. Pero por lo menos, no odies a tus abuelos. Al menos créeles a ellos. Pero en Estados Unidos los encerramos en asilos para que no puedan infectar a los jóvenes con valores apropiados. Es realmente desquiciado. Pasas tiempo con una familia nativo americana y hacen de cenar y cuando la comida está lista, dejan que los más viejos se sirvan primero, luego alimentan a los más chicos y después se alimentan ellos. La idea de que los viejos tienen los valores es importante. En el libro escribí sobre el lugar donde construyeron la planta nuclear de Fukushima. Sus ancestros habían dejado advertencias inscritas en piedra de que no construyeran en ese lugar [por tsunamis previos], pero ignoraron esto y de todas maneras construyeron la planta. Y por supuesto, acabó inundada. Ya no hablan mucho de esto, porque no es una noticia nueva, pero sigue derramando inmensas cantidades de desechos nucleares tóxicos, cualquier pescado que pesques en las costas oeste de Norteamérica o de Sudamérica está infectado de esta radiación y lo puedes medir. Y esto sigue sin contenerse, todavía no saben cómo pararlo. Todo porque insistieron en pensar: "Ellos [los viejos] no sabían nada, no se comparan conmigo, no saben lo que nosotros tenemos, no sabían cuán poderosos somos con nuestra tecnología".

AMG: Eso me parece que revela una ideología nihilista que permea la cultura actualmente. Pues no valuamos la sabiduría ancestral porque pensamos que somos mucho más inteligentes con nuestra ciencia y nuestra tecnología que transforma la naturaleza y produce aparatos brillantes que hacen todas estas cosas asombrosas. Nos parece que somos mucho mejores. Pero tal vez con esto hemos perdido algo más esencial que nuestra tecnología: una forma de relacionarnos entre nosotros, de relacionarnos con nuestro entorno, de mirar hacia adentro y explorar nuestra propia conciencia. Es preocupante, pues al menos en mi experiencia no veo a muchas personas -y tal vez tú tengas otra experiencia hablando con muchas personas y enseñando en la universidad- creyendo en valores humanos auténticos, esenciales, en lo bueno, lo bello, lo verdadero. Me parece que el mundo se está volviendo un lugar en el que hay cada vez menos espíritu auténtico. Hay, por supuesto, mucha espiritualidad, en su forma capitalista: autosuperación, desarrollo del potencial humano, "encuentra tu yo verdadero" y conviértete en un mejor hombre de negocios o en un chamán. Pero no así una conexión auténtica con antiguos valores filosóficos. Creo que estos valores -como lo bueno, lo bello, lo verdadero- no deben hacerse a un lado tan fácilmente. Tal vez creemos que "todo es relativo, todo es subjetivo; yo creo mis propios valores, yo creo mi propia vida". Pero no veo cómo podamos valorar realmente al ser humano sin estos valores, incluso apelando a la idea religiosa de que "somos imágenes de la divinidad". Sé que decir eso es controversial en nuestra época, pero al menos tenemos que creer que somos algo esencialmente bueno, lo cual debemos cuidar. De otra manera, no veo por qué no nos deban reemplazar con máquinas.  

DR: Creo que hay muchas razones para esto. Una de ellas es el culto del individuo. El cual en realidad nació en el Renacimiento europeo, esta idea de que el ser humano es un individuo y no un colectivo. Y esa idea fue peligrosa, porque al irnos por allí creamos la ilusión de que somos independientes, que la autonomía es de alguna manera independiente. Y no es así, la autonomía es colectiva. Sólo experimentas tu poder en solidaridad con otras personas. Allí es donde comienza. Y la otra idea es la forma en la que entendemos la ciencia. Como una violación de la naturaleza, como una conquista del hombre sobre la mujer, de los humanos sobre la naturaleza, del día sobre la noche. Como una forma de erradicar el misterio. Pero no erradicamos el misterio, sólo lo externalizmaos o lo reprimimos. Y el misterio regresó para mordernos el trasero. Y ahora nos vamos a morir. Así que toma eso. Pero no es demasiado tarde para despertar y entender que la salida no es ni siquiera a través de un trance espiritual de autosuperación, sino de pensar juntos y salirnos de la nube y regresar a la tierra juntos Y no tenerle miedo a la naturaleza, a las mujeres y a los otros. 

La espiritualidad es mucho más sencilla de lo que  la gente quiere creer. Seguro, puedes comprar todos los libros de budismo tibetano y cosas por el estilo, e irte por esos caminos sumamente complicados, pero de lo que realmente se trata es de conectar con los otros. Realmente empieza allí. Tomar de la mano a un hombre viejo o a un niño y poder sentarte con las personas y ser quien eres. Ser capaz de tolerar y no saber -la gran ambigüedad de la existencia- y disfrutar ese misterio. No es tan complicado, es complejo, pero no es astrofísica. Cuando las personas empiezan a tener miedo, entonces sí, es complicado. Y entonces, necesitas astrofísica para construir naves espaciales y escapar del planeta. Esa es la única forma que pueden imaginarse estar bien: saliéndose de aquí.

AMG: Insistiendo sobre este punto, podemos realmente valorar a las personas y cambiar esta inercia de dejar que las máquina y los algoritmos decidan por nosotros y nos digan qué hacer sin regresar a valorar al ser humano, ¿existe una esencia humana que debemos definir juntos? La ciencia mecanicista o el materialismo científico nos coloca en un universo en el que no hay propósito. Somos, según Richard Dawkins, sólo "robots somnolientos", el envoltorio de la información, utilizados por genes egoístas que nos manipulan para transmitir su código. Dices que necesitamos un Renacimiento [más que una Revolución], ¿y para ello no necesitamos entonces regresar a un entendimiento esencial de lo que es el ser humano?

DG: Es curioso. Yo hice este tipo de argumentos al principio de los 90, cuando me había dado cuenta que el Internet se estaba yendo por mal camino. Hablando en un seminario en Princeton con intelectuales de mayor pedigrí que yo, uno de los profesores de allí me dijo: "Rushkoff, estás sucumbiendo al esencialismo". Y yo pensé que me había equivocado, no sabía qué era realmente, pero entendía que era algo malo. Que yo argumentara que los seres humanos tenían un valor esencial preexistente o dignidad o alma, que eso es llamado esencialismo, y que eso es malo. Eso no es buena y rigurosa filosofía y que cualquier intelectual que se respete a sí mismo, no caería en la trampa del esencialismo. Así que luego me metí a Wikipedia, como suelo hacer cuando soy atacado por personas más inteligentes que yo. Y ahí me tienes leyendo sobre el esencialismo y pensando 'Y ¿qué hay de malo con esto? No, en realidad estoy bien con esto. No lo veo como un problema'". Se supone que en última instancia acaba contradiciendo al Big Bang, porque si eres como Dawkins, la conciencia y el espíritu son ilusiones, o sólo una propiedad emergente de la complejidad de la materia, no son causas preexistentes de la materia. Y me gusta esa: "causas preexistentes de la materia". Y entre más lees sobre el Big Bang, pues algo podría haber ocurrido antes del Big Bang y eso es valido. Así que me permito pensar: "el alma está atrás y el alma dijo 'Bang' e hizo eso". Y finalmente los seres humanos son lo suficientemente complejos como para sintonizar esa sustancia espiritual esencial y ser consciente de ella. No necesito un modelo histórico del universo, o no debería requerir de uno, para justificar la dignidad esencial del ser humano y la dignidad de todas las cosas e incluso las cosas muertas. Que hay algo que está ocurriendo aquí y no es sólo algo aleatorio. Y hay valores aquí que vale la pena defender y promover al tiempo que vamos hacia delante. Y no estoy dispuesto a renunciar a lo que significa ser humano, ciertamente no en favor del capitalismo corporativo basado en el crecimiento infinito que fue inventado por monarcas de la alta edad media para preservar su poder en contra de una emergente clase media. Eso es una locura. Que hayamos decidido entregarle la realidad a ese defectuoso modelo de negocios.

AMG: Creo que llamas a esto también "el modelo mecanomórfico". A fin de cuentas, esto es sólo una historia. No estoy diciendo que la ciencia sea sólo un mito. Pero la idea en la que se basa el modelo mecanicista, de que la conciencia es sólo algo que hace el cerebro o incluso una ilusión, es algo que no ha sido en ninguna medida demostrado. Entonces, tal vez realmente no sabemos sobre la conciencia y es el "problema duro de la ciencia", pero también es la cosa más fascinante que tenemos como seres humanos. Y en vez de dejarle este problema a las máquinas o a los científicos solamente, ¿no deberíamos todos investigar la conciencia en nosotros mismos, y en nuestras relaciones? Mirando hacia adentro. Lo que me recuerda una cosa que me parece que contaste alguna vez. La posibilidad de que no hayamos encontrado vida extraterrestre porque una civilización avanzada empieza a ensimismarse en su propia tecnología y en sus propios medios y deja de explorar el espacio físico, complemente autoinvolucrada. E incluso deja de explorar su propia conciencia y sólo explora la realidad mediada a través de la tecnología. Me pregunto si esto no sería lo que nos pasaría con el transhumanismo? [Rushkoff luego aclaró que esta historia no la había dicho él].

DR: Bueno, los transhumanistas lo que harán es dejar atrás la humanidad, quieren graduarse de su propio cuerpo hacia la pura conciencia. Y piensan que la forma de hacer eso es migrar del cuerpo hacia algo más. Hay muchos diferentes tipos de transhumanistas. Unos sólo quieren un montón de gadgets para insertarlos en su cuerpo, para hacerse algo así como "extrahumanos" y no exactamente dejar de lado lo humano. Pero cuando veo lo que está haciendo Google o Ray Kurzweil, su transhumanismo no es un entendimiento muy prohumano, se trata más de reemplazarnos con algo artificial. De nuevo, esa es su respuesta a la muerte. Todos están tan asustados por la muerte, porque están atrapados en este entendimiento lineal de la realidad y el espíritu que sólo va en una dirección. Te mueres y se acabó, eso es todo. Pero no, hay que decirles: "Escucha, todo es un círculo, una espiral, algo regenerativo. Y si no te identificas con lo regenerativo entonces tal vez sí te vaya muy mal. Porque no estás jugando, no estás dentro de la rueda, en el círculo".

AMG:  Es una especie de materialismo gnóstico...

DR: Sí exacto, escribí sobre esto en el libro. Los cosmistas rusos llegaron con eso e introdujeron a los espiritualistas y tecnologistas de la costa oeste de Estados Unidos a sus ideas de insertar el cerebro humano a un robot para que las personas pudieran vivir para siempre. Eso se convirtió en el nuevo tecnognosticismo.

AMG: Justamente estaba leyendo al teólogo ruso Sergii Bulgakov, quien criticó a los cosmistas rusos, y él dice: "El cuerpo es tal sólo en relación al alma y al espíritu que viven en él. Fuera de esta unión es un robot". Y Bulgakov está comentando las ideas de [Nikolai] Fedorov, quien es el padre de los transhumanistas. Y al final de cuentas esto es creer que el ser humano no podría alcanzar por su propia naturaleza todo lo que estas personas se imaginan... se imaginan estar en una computadora y vivir una especie de paraísos artificiales de placer perpetuo. Pero todas estas cosas, aunque quizá tomando en cuenta que el dolor es también parte esencial del ser humano, tal vez las podríamos vivir en nuestra propia conciencia si le dedicáramos el tiempo a esto.

DR: Sí, ha habido algunos buenos Black Mirrors sobre esto. Hay uno en el que dos mujeres van a un resort virtual, creo que porque se están muriendo. Así que suben su conciencia. Y hacen pensar que esto está bien, porque tienen cáncer y se están muriendo. Así que van a poder pasar la eternidad juntas en una simulación estilo Second Life, pero quién sabe.... No me importa como un plan B para algunas personas si se quieren retirar a a algún lugar. Pero siempre y cuando no signifique que te estás negando a ti mismo la posibilidad de lo que sea que siga. Porque podría haber algo más.

AMG: Eso es lo que estamos erradicando, un acercamiento al misterio, el asombro y el deleite ante lo desconocido. Queremos que todo pueda ser medido y que nos digan qué es lo que debemos hacer... 

DR: Y es interesante porque algunas personas creen tener certidumbre de que hay algo más. Por ejemplo, hablas con Genesis P. Orridge, hablas con él o con "ellos", y ellos creen que están en comunicación con Jackie, del Más Allá. Y que ella está tirando cuadros de la pared e insinuándoles qué hacer.

AMG: Eso resuena con muchas tradiciones espirituales o con experiencias como la del neurocientífico de Harvard, Eben Alexander, que tuvo una experiencia cercana a la muerte -que le pareció probar la existencia de un mundo más allá de este-. No sabemos bien, pero no es absurdo pensar en que existe otro estado de realidad en el cual la conciencia continúa. Carl Jung incluso observó en sus pacientes que las personas creían naturalmente en la vida después de la muerte y que esta era una creencia muy sana. Y las ideas de karma y reencarnación, que son más gentiles y generosas con la naturaleza, también están en esta misma línea de pensamiento.

DR: Sí, pero fíjate qué torcido se vuelve. Pues ahora ya casi aceptamos que si queremos argumentar por la preservación de los humanos en un mundo de máquinas evolucionado, debemos comprobar que existe la vida después de la muerte. Y eso es tomarles la palabra a los transhumanistas de que todo  está funcionando. Cuando en realidad no está funcionando. Todo lo que estamos viendo es al capitalismo destruir el planeta, separando a las personas, redistribuyendo la riqueza en las peores proporciones posibles, acabando con especies cada día y amenazando incluso la existencia humana. Puedes tener tu sueño transhumanista todo lo que quieras, pero no a expensas de la realidad natural. Eso no es justo.

AMG: Por eso creo que es importante tu libro y tu podcast. Por la posibilidad de que todavía podamos alterar el curso que llevamos y encontrar a otras personas que no tienen estas formas de pensar [capitalistas-utilitarias o transhumanistas]...

DR: Creo qué sí podemos. Mañana voy a hablar con los fundadores de Extinction Rebellion, están combatiendo el cambio climático a través de la acción directa y de la desobediencia civil. Y luego descubrí que están interesados en el arte, en la moda, en la magia, el ocultismo y en las emociones. Parece que para enfrentar esta batalla y armar a la humanidad en contra de su propio suicidio, necesitamos recuperar estas tecnologías ancestrales que quedaron fuera de la ecuación. No sólo se trata de desobediencia civil al estilo de Gandhi y Nelson Mandela. Quién sabe, quizá cosas como las de Aleister Crowley...

AMG: Sería interesante recuperar, por ejemplo, la teúrgia neoplatónica, como la de Jámblico. 

DR: Hay algo extraño y alquímico en esto. Debemos recuperar las artes humanas para poder ejercer el privilegio humano de existir.

AMG: Pues sí, si la tecnología está siendo usada como una demonología, tal vez debemos responder con una divina magia blanca... 

DR: Exacto.

AMG: ¿Has visto la película de Godard, Alphaville? Creo que hace una interesante analogía en torno a lo que nos está sucediendo. Valores capitalistas [tecnocráticos] están dejando fuera de la ecuación cosas esencialmente humanas como la poesía y el amor. Y lo que Godard imagina es una sociedad donde las personas ni siquiera se acuerdan de las palabras para emociones como amor y los poetas son asesinados por las máquinas [que no entienden qué es la poesía]. Claro que esto no es lo que va pasar en nuestra sociedad, pues lo nuestro es [en lugar de la censura] la inundación de información insignificante, ahogarnos en un mar de datos entretenidos pero irrelevantes. Pero en cierto sentido eso es lo que está pasando, lo poético no está siendo programado en el algoritmo.

DR: Por eso regresé a esta noción de Team Human y del humanismo, y de que existen estas expresiones humanas intocadas por el mercado y éstas son las que debemos recuperar, están en un espacio liminal, no hay número que les quede, no tienen métrica, no caben. Cuando recomiendo que las personas se desconecten, no me refiero solamente a no usar la computadora, sino a que se relacionen con cosas que no pueden ser colonizadas. 

AMG: Esto me recuerda la palabra māyā en sánscrito, que generalmente se traduce como ilusión, aunque tiene también otros significados [como magia o poder creativo]. Pero esta palabra tiene una raíz (mā) que significa "medir". Así que en cierto sentido lo que es mensurable, o lo que es sólo mensurable, es lo ilusorio. Lo que es verdad es lo que no puede medirse. No puedes ponerle una métrica a lo que sientes cuando ves los ojos de una mujer o el Sol en el atardecer. Así que estamos comprando esta ilusión de que lo verdadero es sólo lo que podemos medir o lo que podemos producir como un objeto bajo de demanda. Y al hacer esto, nos perdemos de lo más significativo de la existencia.  

DR: Sí, entonces māyā es básicamente métricas.

AMG: Hace algunos años trabajaba en una compañía de Internet y ofrecíamos servicios y recuerdo que era fácil venderlos, porque las cosas se podían medir. Si se podían medir, debían ser ciertas y reales. Claro que las métricas eran fácil de manipular para que dijeran lo que uno buscaba. Así que era como un truco de magia... Este es el encantamiento de māyā: pensar que sólo la materia y lo mensurable es real.

DR: Todo lo mensurable es consonante con el capitalismo, pero es anatema para la experiencia humana. En algunos sentidos, es perfecto. Como el sonido digital en el que no se pierde nada, no hay distorsión, pero hay algo que se está quedando fuera. Están usando el autotune, y una vez que usan el autotune ya lo mataste. 

AMG: Cómo dijo Philip K. Dick, estamos creando humanos falsos que le venden realidades falsas a otros humanos.

DR: Él fue uno de los que primero lo vio.

AMG: Sí, hay un video de 1977 hablando de lo que luego llamaríamos La Matrix [la realidad programada informáticamente]. Y su trip era justamente el gnosticismo, anticipando cómo se usaría la tecnología para producir una especie de embrujo de la realidad... Antes de concluir, quiero recuperar algo que has estado mencionando en otras conversaciones: la importancia de tomar una pausa, pues en cierto sentido hacer una pausa es un acto político [pues dejamos de participar en la economía capitalista] y podría ser incluso un acto espiritual, pues es en el silencio donde conocemos lo divino. Recomiendas que las personas se tomen por lo menos 10 minutos...

DR: Sí, 10 minutos a la semana...

AMG: Creo que deberían ser 10 minutos al día... Simplemente estar en un espacio sin ninguna tecnología o ninguna distracción y estar con alguien y ver qué pasa.

DR: Digo 10 minutos a la semana casi como broma. En parte para hacer que las personas se den cuenta de lo grave que es el asunto. Y por otra parte, porque me doy cuenta de que pedirles 10 minutos a las personas en esta época es mucho. Usualmente es más de lo que están dispuestos a hacer, es como un recurso retórico. En realidad deberías pasar la mayoría de tu tiempo con otros humanos en un estado de flow, pero ni siquiera puedes pasar 10 minutos, así que, ¿qué está pasando, quién te controla? Eres un esclavo de estas cosas. ¿Te das cuenta de esto? En cierta forma yo también lo soy, por ahora. Pues estoy esclavizado a tratar de promover estas ideas. Y la mitad de mi querer promoverlas es el capitalismo y la otra mitad es que no quiero que todos muramos. Quizá tengo una idea de que voy a ayudar a salvarnos de nosotros mismos. Pero como les estaba diciendo a mis amigos aquí, tengo que reclamar mi propia existencia. No puedo estar haciendo siete podcasts al día y volar y dar platicas por todos lados. Llega un cierto punto en el que las cosas ya están dichas. Están los libros y los podcasts y demás. Quizá sería interesante publicar este libro en español...

AMG: Seguro que sí, creo que esté libro es muy importante, urgente incluso, y deberíamos buscar a alguien.

DR: Uno de mis libros, Program or be Programmed, fue publicado en español. Y al parecer le fue bastante bien.

AMG: Creo que Team Human es especialmente importante porque es una especie de summa, una condensación de la esencia de tus otros libros.

DR: Sí, es un poco "greatest hits", pero desde la perspectiva de finalmente entender lo que había querido decir todo el tiempo. Finalmente puedo entretejerlo y sintetizarlo. Medio capítulo sintetiza lo que importa, por ejemplo, de Media Virus, o de Coercion. Así que fue interesante atravesar todo esto y y descubrir realmente lo que ese chico [que escribió esos libros] estaba realmente argumentando.

AMG: Sí, la sensación que te deja es que realmente entiendes el tema. Porque logras poner en un lenguaje muy sencillo cosas muy complejas. 

DR:  Es como las matemáticas, la parte difícil es llegar a E=mc2. Entre más sencillo mejor. Ahora lo puedes comunicar.

AMG: Creo que todos deberían de buscar este libro. He seguido mucho este tema de cómo la tecnología afecta la conciencia humana, habiendo leído a McLuhan y demás, pero creo que este libro es actualmente el más claro e importante para entender el paisaje tecnológico y cómo éste nos afecta...Todas las personas que quieren cuidar su propia humanidad, su propia capacidad de poner atención y de conectar con otros seres humanos, deberían de leerlo.

DR: Gracias...

AMG: Gracias Douglas por esta conversación.

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Team Human  (podcast)

Team Human (libro)

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La ontología de poder de Nietzsche se opone a la esencia del amor, concebida como la ofrenda del ser propio al otro, por y para él; esta tensión contribuye a los valores egoístas que predominan en una modernidad mayormente nihilista

Donde el amor reina, no hay voluntad de poder, y donde el poder predomina, el amor falta.

Carl Jung

La metafísica de Nietzsche consecuentemente se vuelve el cumplimiento del nihilismo, porque es la metafísica de la voluntad de poder.

Heidegger

 Amor significa la renuncia al propio yo... Es ver con los ojos del otro, sentir con su corazón y entender con su mente.

S. Radhakrishnan

 

 

Una de las ideas que más han influido en la filosofía contemporánea y también -consciente o inconscientemente- en la sociedad en general, es la noción de la "voluntad de poder". Aunque es en la controversial obra que no publicó en vida donde más enérgico se muestra Nietzsche a favor de esta idea, seguramente es el centro mismo de toda su filosofía, incluso "su único pensamiento", según Heidegger. "El mundo es la voluntad de poder, y nada más", escribió Nietzsche. Ahora bien, existen numerosas lecturas divergentes (y ciertamente pocas obras se prestan a tanta variedad interpretativa) sobre qué quiso realmente decir Nietzsche con "voluntad de poder": si se trata de ejercer un poder político, de un poder más bien psicológico o, como sugiere en el texto que compiló su hermana, La voluntad de poder, si incluso se trata de una fuerza cósmica que permea toda la existencia, "un monstruo de energía", sin propósito alguno, aún más fundamental que la misma evolución. Es evidente que Nietzsche no pensaba en la voluntad de poder precisamente como un deseo de poder político o dominio por sobre los demás. Esta voluntad de poder es una fuerza universal, orgánica e inorgánica, pero que encuentra su expresión cabal y máxima referencia en el yo individual, en el individuo que es maestro o dueño de sí mismo y no se rige ya por las presiones, imposiciones y opiniones de la sociedad; el amo de sí mismo, capaz de crecer por encima de los hombres más débiles y autodeterminarse. Acaso entregarse al flujo de la existencia -amar su fatalidad-, pero no por ello entregarse al otro, abandonándose o negándose a sí mismo, y menos aún sometiendo su voluntad a una voluntad superior, pues para Nietzsche toda "voluntad superior" es un engaño: sólo existe la misma voluntad de poder que pulsa a través de los cuerpos. Nietzsche creía que todos los demás deseos humanos, como el deseo de saber la verdad, ocultaban el deseo más profundo, la fuerza telúrica misma, que era la voluntad de poder. Los filósofos y los hombres religiosos que supuestamente buscaban la verdad en sí misma o deseaban unirse con Dios, en realidad sólo hacían esto movidos por su voluntad de poder.

Nietzsche evidentemente hace una lectura un tanto cínica del platonismo y del cristianismo (al que lee bajo el contexto del protestantismo liberal de su época), los dos grandes sistemas metafísicos de Occidente, los cuales considera tanto esclavizantes -voluntad de poder hipócritamente disfrazada de amor a la verdad y amor al prójimo- como propios de la mentalidad de un esclavo, de la llamada "alma bella", débil y pobre. Sin embargo, estos sistemas metafísicos, los grandes educadores morales del alma occidental, enseñaban también lo que podemos llamar una doctrina del amor espiritual, particularmente enfatizada en el cristianismo, donde la caridad (agape) se convierte en el valor esencial, siendo éste el atributo fundamental de la divinidad. Se trata de un amor que purifica la mente a través de la renuncia, la compasión, el servicio y la negación del yo. Un amor que se basa en la relación personal -y por ello valúa a la persona, siendo por ello la fundación de los "derechos humanos"-, orientado radicalmente hacia el Otro: tanto el prójimo como Dios. No obstante todos los crímenes humanitarios de la Iglesia, quizá hechos discursivamente en nombre de Dios pero reflejando más bien una corrupción de las enseñanzas cristianas, justamente en la persecución de la "voluntad de poder" (¿ese "pecado original"?), la religión y la filosofía (platónica, estoica y demás) proveían una estructura moral y un centro dador de sentido cuya ausencia es difícil de sustituir, como el mismo Nietzsche notó. Seguimos viviendo "a la sombra del dios", o entre sus sucedáneos: las "estrellas" pop, el consumismo, el fanatismo político, el culto al dinero.

Al dejar de lado estos sistemas metafísicos y afirmar la voluntad individual se fue consolidando la visión de que el ser humano no tiene un telos, un propósito más allá de su deseo de poder y autoafirmación; así entonces, la verdadera motivación de nuestros actos es siempre a fin de cuentas el egoísmo. Incluso las relaciones de amor modernas han sido revisadas como juegos de poder o relaciones a través de las cuales hombres y mujeres logran desarrollar su yo y empoderarse. Esto es un poco injusto y reduccionista para la complejidad del pensamiento de Nietzsche, pues como ya dijimos su voluntad de poder es también una búsqueda de libertad y autoconocimiento, pero en cierta medida la aceptación tácita de la voluntad de poder como idéntica a nuestra naturaleza (a lo cual ha contribuido también el nominalismo) ha establecido la dinámica moderna del desarrollo y sentido humano como la búsqueda de estatus -dinero, fama, éxito, posesiones, explotación de la naturaleza, conquista-. La vida como una competencia. Nietzsche anunció la muerte de Dios en un mercado y paradójicamente, en la búsqueda de poder personal, el mundo desdiosado se ha convertido en un mercado del tamaño del mundo. Esto es algo que le produciría repulsión, una especie de traición a su espíritu, pero, sin embargo, esa semilla fue sembrada en su obra al elegir una ontología del poder, negar todo valor trascendente y relativizar la verdad. Para Nietzsche lo importante era desear algo, elegir una meta -así ejerciendo y cultivando la voluntad- y soportar (amar) lo que sobrevenga a esa elección, pues esta es la fuente del poder, no lo que se desea sino el hecho de desear, de querer más (incluso hasta el punto de querer que todo se repitiera otra vez). Para el cristianismo y para el platonismo lo importante no era solamente elegir, sino sobre todo poder elegir lo bueno, haciendo uso de la razón y el discernimiento, y orientarse hacia ello (hacia la Idea del Bien, hacia Dios). Nietzsche no creía que existiera tal cosa como lo "bueno", por lo cual la voluntad era en sí misma su razón de ser. La época actual, en este sentido, es más nietzscheana que cristiana o platónica, pues la libertad es considerada fundamentalmente como puro libre albedrío, puro ejercicio de la voluntad, y no como el conocimiento de lo bueno como condición para poder elegir y actualizar el ser conforme a una esencia o una causa final. 

Ahora bien, lo que quiero argumentar aquí es que la ontología de poder de Nietzsche es una metafísica de la voluntad, como ha sugerido Heidegger, en la cual podemos elegir creer, pero que a fin de cuentas es sólo una creencia más y una que nos acerca a un nihilismo, a través de una hibris que se deja seducir por el poder y la promesa de autonomía individual, de no depender de ningún poder superior: ser amo y maestro de uno mismo y no rendir cuentas a nadie. Parafraseando a Milton "reinar en la tierra es mejor que servir en el cielo". Razonando desde la premisa de que el ser humano sólo encuentra sentido a su existencia a través de un otro -incluso la palabra y la conciencia parecen ser fruto de la socialización o del deseo de relacionarse-, de que lo que somos, esencialmente, más que un yo atomizado es un yo-tú dialógico (en el sentido del filósofo judío Martin Buber), o de que la persona es siempre un "rostro-hacia-alguien", una relacionabilidad, como el griego prosopo lo sugiere en contraste de atomo o individuo, me parece que existen otros caminos que nos sirven de mejor manera para afirmar la esencia y verdad de la persona, incluso para actualizar su más alta posibilidad, si bien algunos de ellos lo hacen, paradójicamente, a través de la negación del yo o de la importancia personal. Heidegger en su famoso "giro" hizo una crítica sutil de Nietzsche, el filósofo al que llamó el "último metafísico" y a quien consideraba uno de los pocos auténticos "pensadores", pero en cuya voluntad de poder leyó la realización del nihilismo, que ahora se ha establecido como nuestro valor fundamental, y a consecuencia del cual nos es imposible relacionarnos con el mundo de otra forma que no sea como sus dueños o amos. A la voluntad de poder, Heidegger opone el concepto que toma del misticismo cristiano de Eckhart (y que en general se encuentra en todo el misticismo apofático): Gelassenheit, el cual nos habla de un estado de sumisión y disponibilidad, de dejar ir y dejar que las cosas sucedan; desasimiento y desapego. Incluso de una "voluntad de la no-voluntad", un querer no-querer que se acerca al zen y al taoísmo. Para Eckhart es liberarse de la voluntad y del apego al yo lo que permite la unión mística, sólo haciéndose nada se alcanza el todo. Para Heidegger el desapego a lo creado de Eckhart era útil en el movimiento de (pensar) los entes hacia (pensar) el Ser, o de cosificar la existencia hacia abrirse al evento en el que la totalidad del ser se muestra y se dice a sí misma.

Es indudable que el ser humano tiene un instinto de supervivencia -el cual no es necesariamente su propósito ni la fuerza dominante que lo mueve-, una voluntad de vida (Schopenhauer) o una libido, pero esto no es lo mismo a una voluntad de poder. De hecho, el mismo Nietzsche ideó su voluntad de poder como una respuesta crítica al instinto de supervivencia entendido como la esencia de la evolución que leyó en Spencer: lo que quiere la vida, según Nietzsche, no es preservarse sino ser más, incrementarse siempre. Este mismo instinto puede experimentarse como un instinto de afirmación, competencia  y superación, pero también como un instinto de colaboración y comunión. Nietzsche apostó por el poder, otros pensadores han apostado por definir lo auténticamente humano como amor (o compasión) o sabiduría (o conciencia pura). Como un deseo innato de conocer lo bueno, lo bello y lo verdadero. Un deseo de trascender la muerte a través del amor. Incluso una ontología de la paz. ¿Es ingenuo pensar esto a la luz de la historia, de las guerras, la esclavitud y la destrucción de la naturaleza? 

En este sentido resulta interesante reflexionar sobre el himno de la creación védica (Rig Veda 10.129). En este himno, uno de los textos cosmogónicos más viejos y más estudiados en la historia de la humanidad, se habla de que fue kama lo que hizo manifiesto el mundo ("la primera semilla de la mente", y con ello, de la experiencia y de la realidad). Ahora bien, kama generalmente ha sido traducido como "deseo", si bien otros traductores (Panikkar, Max Müller, por ejemplo) lo traducen como "amor". Seguramente un traductor nietzscheano traduciría "voluntad" o quizá "poder". Deseo, amor, voluntad, poder, entre estos cuatro oscila la fuerza o energía primordial que hace que se manifieste el mundo y que la vida corra. El Veda la describe como un fuego que se hace en el agua. El Génesis, como un aliento -o espíritu: ruach elohim- que se posa sobre las aguas. El mito órfico habla de Fanes, la energía radiante (lo fenoménico), la luz misma, el dios primigenio (que equipara con Eros). Nietzsche dice que este mundo no es más que la voluntad de poder. El evangelio juanino: "Dios es amor".  Dos formas parecidas de verlo pero con una sutil e importante diferencia.  

Quizá la exégesis de la creación se trate solamente de una cuestión de estilo, de una cierta mirada. Quizá no. De cualquier manera, ya sea que éste primer brote sea el ciego impulso de una energía impersonal o el deseo erótico de lo divino (que quiere hacerse conocido y por ello se ofrece kenóticamente), el ser humano, como imagen racional y vehículo encarnado de esta energía, tiene la capacidad de entenderla y de expresarla libremente. Alguien podrá ver en el cosmos mismo el amor: en la forma en la que las flores crecen hacia el Sol, o los pájaros entonan sus cantos en el amanecer o en las estrellas que giran en sus armonías matemáticas; otro creerá que el amor, siendo algo que requiere de la libertad, es algo que no puede expresarse más que en un ser consciente, capaz de decidir por sí mismo y elegir (¿entre amar al otro como a uno mismo y la voluntad de poder?). Más al punto: el ser humano puede concebir la existencia como voluntad de poder o como reciprocidad, compasión, sacrificio, servicio y amor. Algunos dirán que la voluntad de poder no se opone al amor. A lo que creo que habría que contestar que a lo que no se opone es a una concepción de amor egocéntrica, de amor como autodesarrollo y conquista del sí mismo, en el cual el otro es visto como un medio, y no como un fin en sí mismo. Nietzsche escribió en sus notas de La voluntad de poder que los cuerpos lo único que quieren es expandirse y dominar el espacio, la única razón por la cual llegan a un acuerdo y conceden unirse es para "conspirar juntos por más poder". Si es que podemos hablar de esta unión como una elección, entonces no deja de ser utilitaria. Si no es libre y solamente el resultado de un proceso mecánico, entonces tampoco estamos hablando del amor humano, que creemos que aquí hemos definido como una entrega del uno al otro, una disposición a anteponer la felicidad del otro, incluso, en su más alta celebración, un estar dispuesto a morir por el otro. Es aquí donde las enseñanzas de Cristo o del budismo mahayana se oponen a la noción de voluntad de poder, pues la afirmación del deseo autorreferente -a su juicio- sólo podía perpetuar la ignorancia y el sufrimiento. El sentido de la vida era justamente ir más allá de esta voluntad individual, morir, como si fuere, al entregarse al otro, para en esa aniquilación del yo acceder a la realidad, a la existencia verdaderamente libre, a la "comunión universal del ser". Se trata, por supuesto, de dos sistemas metafísicos que parten de premisas muy distintas pero que coinciden en que negar o suprimir la voluntad individual es deseable y en que negar el yo (o al menos sacrificarlo por amor al otro) y seguir existiendo es posible, pues la existencia tiene un soporte que trasciende al individuo, sea éste Dios o la mente búdica. Nietzsche, en cambio, escribe irónicamente en Ecce Homo:

[...] que uno busque el principio del mal en lo que es profundamente necesario para el crecimiento, en el severo amor propio [...] o que uno considere los signos típicos de decadencia y contradicción de los instintos, la 'negación del yo': la pérdida del centro de gravedad, despersonalización y 'amor al prójimo'' (adicción al prójimo) como el valor más alto -qué digo- ¡como el valor absoluto!

Quiero criticar la visión de Nietzsche de la mano de un filósofo cristiano contemporáneo, Christos Yannaras. En su comentario al Cantar de los Cantares (traducido al inglés como Variations on the Song of Songs), Yannaras sugiere que, más allá de qué sea la naturaleza original, la plenitud de nuestra naturaleza sólo se encuentra en la relación:

Nuestra naturaleza humana (esa indescriptible mezcla del cuerpo y el alma) "conoce" con absoluta claridad que la plenitud de la vida sólo se logra en la reciprocidad de la relación. En la totalidad recíproca del autoofrecimiento. [...] El Otro se convierte en el significante que corresponde a los deseos más profundos de nuestra naturaleza.

Yannaras sostiene que la plenitud se alcanza no en la exaltación individual y en el dominio sino en la entrega y sólo estamos completos, sólo somos todo, hasta que nos vaciamos, hasta que renunciamos a reducir y referir el mundo a nuestro placer o poder personal, dando la totalidad de lo que somos al Otro (ese Otro que puede ser Dios pero también la mujer o el hombre amado, en los cuales encontramos la imagen divina). Esta entrega total, o kénosis, es algo que debemos aprender o quizá sólo reaprender:

[La persona] no sabe cómo compartir, como dar de sí misma. Sólo sabe cómo hacer la vida suya, como apropiarse de ella y explotarla. Si el sabor de la plenitud es una comunión de vida con el Otro, nuestra motivación natural destruye la comunión, al convertirse en un dominio demandante y posesivo del Otro.

Si es que existe este instinto de voluntad de poder -esta "motivación natural"-, el ser humano es capaz de existir en otro modo, en un modo de relación que trasciende el modo en bruto de lo meramente natural o material. Pero este modo de relación o modo que personaliza la naturaleza, que la revela como cuerpo y alma -y no sólo cuerpo-, como el teatro del espíritu, no es antinatural, es lo supernatural, es decir, lo metafísico, lo que trasciende, sostiene e informa lo físico. El sema en el soma, pero no en el sentido de "tumba" sino de "signo", el cuerpo como el significante que apunta al significado: el alma, lo que le da sentido y propósito a la vida encarnada. Es el amor el que acaba dando a luz al auténtico übermensch, que no es, por supuesto, más que el hombre actualizado, el hombre que ha realizado su propio potencial, ya no la imagen solamente sino la semejanza divina. El hombre que es movido, como escribió Dante, por el mismo amor que mueve al Sol y a las estrellas. El hombre real: "no existiendo y luego amando como un traspensamiento, sino existiendo porque amas, y en el grado mismo en el que amas".

Tenemos sed de vida, y sin embargo no tenemos sed de vida con nuestros pensamientos o ideas. Ni siquiera con nuestra voluntad. Tenemos sed de vida con nuestro cuerpo y alma. La energía de la vida está tejida dentro de nuestras naturalezas, llena cada parte de nuestro ser. Nos mueve infatigablemente hacia la relación, hacia compartir la existencia: a convertirnos en uno con la realidad objetiva del mundo. [...] Uno con la belleza de la tierra, con la vasta expansión del océano, con el sabor de las frutas, con el aroma de las flores.[...] El Otro es el rostro del mundo, la esencia de la realidad objetiva. Esta realidad dice mi nombre y me llama hacia la comunión universal del ser. Me promete un mundo de vida y me muestra la arrebatadora hermosura de [integrar] la totalidad. A través de una relación. 

Mi pregunta es: ¿nos podemos relacionar con el Otro y establecer esta relación auténtica -en la cual radica nuestra plenitud y la cual da sentido a nuestra existencia- si operamos desde la búsqueda del poder y la autoafirmación? Hay quien argumenta que sólo las personas individuadas, sólo las que han desarrollado su yo (¿sólo las que han ido a terapia?), las que se han conquistado a sí mismas, son capaces de realmente amar y tener una relación que no sea una proyección de sus complejos o una fachada hipócrita. ¿Pero es cierto esto? Pues, ¿acaso no vemos brillar el amor en los ojos de los débiles y en los pobres, en las madres que lloran por sus hijos, en los devotos que dedican su vida a postrarse a los "pies de loto" de su dios, en los que cuidan a los enfermos, en los que se olvidan a sí mismos? Pero Nietzsche afirma: "¿Qué es más dañino que cualquier vicio? La simpatía activa por los débiles y los de constitución maltrecha" (Anticristo). El filósofo criticó al cristianismo por ser, según él, "irreconciliable con el ascenso de la vida que dice siempre Sí". Pero hay algo a lo que la visión cristiana -y de otras religiones de "moralidad de esclavo" como el bhakti hindú- le dice "sí": a la realidad esencial y superna del amor. Incluso con el exceso que tanto celebró Nietzsche, pues el mundo -para Aquino, Agustín o Eckhart- no es más que el exceso de bondad de la divinidad, su amor por la creación, que se derrama en la forma que actualiza la materia, en la belleza a través de la cual la criatura es llamada de vuelta hacia lo divino. Para ser, el amor no puede creer que todo es reductible a una estrategia de poder, lo suyo es la confianza y no la sospecha, el regalo y no la imposición. Sostiene radicalmente que para conquistar el mundo no hay que vencer al otro, ni siquiera conquistarse a sí mismo, sino libremente rendirse, entregarse y dar todo lo que es, como el dios que tomó la forma de un esclavo por amor: humillándose -haciéndose humus-, mezclándose con la tierra, humanizándose y -en el acto gratuito del amor-  divinizando a la humanidad. El amor es poder, -el amor lo puede todo, se dice- pero su poder viene de renunciar al poder, de renunciar a su propia voluntad. "Dona su carne por la vida del mundo y recibe a cambio el alma del mundo", escribió Simone Weil. El que ama debe creer y afirmar esto como real: que la vida es un espíritu de amor que le ha sido dado y que, como dice el Cantar de los Cantares, "el amor es tan fuerte como la muerte". 

*

Para concluir es mejor ilustrar lo anterior con una parábola budista. Hay una bella historia que se cuenta sobre Upagupta, quien algunos creen fue el maestro de Ashoka, el emperador que famosamente se convirtió al budismo y renunció al espíritu de conquista.

En una ocasión una joven mujer muy bella y alegre, un espíritu libre y lleno de vitalidad, se acercó a Upagupta y lo intentó seducir diciéndole: "No me hables de las estrellas o los santos, del sufrimiento del mundo o del destino del cosmos. No son cosas que me afecten. Yo creo en el calor natural del cuerpo, en una vida sana, vibrante y feliz. Lo que la sangre siente y cree eso es lo que es real para mí", le dijo esta mujer que podríamos describir como un espíritu dionisíaco. Upagupta logró zafarse de su interés, sólo diciéndole que se encontraría con ella en otra ocasión. Muchos años pasaron y el santo no regresó. La mujer siguió su vida de placer, riqueza y belleza, sin mayores consideraciones morales. Después de un tiempo su vida disoluta la llevó a la decadencia: había perdido su belleza e incluso en sus arrojos pasionales había cometido un crimen, por el cual le habían cortado los brazos. Ahora era despreciadas y rechazada por todos; débil e indefensa. En ese estado maltrecho, ya sin pasión, en la completa oscuridad y vacuidad de lo que había sido su vida, la mujer vio a través de las ilusiones que había perseguido. Y mientras rezaba y lloraba en silencio, sintió el tacto gentil de un hombre. Upagupta había regresado, brillando con la misma cualidad de pureza radiante que tenía cuando lo había conocido hace años. La mujer le dijo: "Upagupta cuando mi cuerpo estaba adornado por joyas brillantes y ropas suntuosas y yo era dulce como un loto, te esperé pero no regresaste. Cuando yo inspiraba deseo ardiente, tú no te apareciste. ¿Por qué regresas ahora a presenciar esta carne sangrienta y mutilada, horripilante y desgraciada? Upagupta suavemente acarició su cabello, la estrechó y le dijo: "Hermana, para aquel que ve y entiende no has perdido nada. No te lamentes. Yo te amo, créeme. No te aferres a las sombras de los placeres y alegrías que se te han escapado. Mi amor por ti es mucho más profundo que lo que tiene su sostén en vanas apariencias". El rostro de la mujer se iluminó y conoció entonces una alegría más profunda de la que había conocido en sus placeres juveniles. Desde entonces se convirtió en discípula Upagupta. (East and West in Religions, S. Radhakrishnan)

 

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