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Una entrevista con Douglas Rushkoff, uno de los más importantes teóricos de medios en el mundo

Douglas Rushkoff lleva más de 25 años pensando sobre la tecnología y sus efectos en la conciencia humana. Actualmente es considerado uno de los teóricos de medios más influyentes en el mundo, quizá el más digno heredero de Marshall McLuhan, y sin duda uno de los más lúcidos exponentes de la crisis moral, ecológica y espiritual que representa la tecnología para el ser humano en estos momentos. Hace unos días pude conversar con Rushkoff y discutir algunos de los temas sobre los cuales hemos reflexionado en este sitio en los últimos años, mismos que trata con enorme claridad en su más reciente libro, Team Human. (El audio y la transcripción más abajo).

Rushkoff fue uno de los más cercanos observadores de los inicios del Internet -un proyecto académico para facilitar la colaboración y distribuir el conocimiento-, que de la mano de un grupo de artistas, intelectuales, programadores y psiconautas parecía tener el potencial de convertirse en una poderosa herramienta contracultural, capaz de expandir la conciencia a través de la información y conectar a las personas en torno a una serie de valores humanistas. Lamentablemente este entusiasmo, por momentos hasta psicodélico, no pudo hacer frente a los valores utilitarios del capitalismo que rápidamente cooptaron la Web. En alrededor de 20 libros, Rushkoff ha analizado cómo ése prometedor viaje inicial se ha ido tornando en un malviaje colectivo, que nos divide, polariza la realidad y amenaza con deshumanizarnos completamente. En Team Human, Rushkoff hace una summa, un destilado de todo lo que ha aprendido sobre la tecnología digital, a través de la cual se expresa y expande el capitalismo corporativo. Rushkoff nota que la tecnología digital está siendo programada "con una agenda antihumana" que pone en entredicho nuestra autonomía. Al promover una visión "mecanomórfica de la realidad", en la que el ser humano es concebido como una computadora y la realidad como información, se devalúa la esencia humana y se vuelve más fácil que aceptemos ser reemplazados por robots.

El software del capitalismo promueve sus valores utilitarios -de competencia e individualismo- por encima de los valores realmente humanos, prosociales, y así nuestra relación con el mundo y con los demás empieza a reflejar una visión mercantilizada. Vemos a los otros y al mundo como cosas: cosas que podemos usar o explotar para nuestro beneficio. Heidegger y McLuhan ya nos habían dicho que la tecnología no es nunca neutral y cuando la consideramos así, nos arriesgamos a que sus efectos sean aún más nocivos. Al amplificar algunas de nuestras capacidades, la tecnología también amputa otras, a veces mucho más esenciales. Rushkoff incluso ha sugerido que pensemos en la tecnología digital como una droga y en los algoritmos como una especie de demonología. Que miremos a los ojos de las personas que la consumen -esa droga de estar checando el teléfono a cada rato, buscando un nuevo fix de dopamina- y que decidamos si queremos consumirla. En la conversación que tuve hace unos días con él, incluso sugirió que lo que la tecnología está amputando es nuestra alma, una aseveración que me parece acertada. Es evidente que estamos perdiendo algo "esencial". Algo que sólo ocurre cuando respiramos el mismo aire -el mismo espíritu-, nos vemos a los ojos y hacemos rapport. (No se puede respirar el mismo aire a través de una pantalla). Tal vez estamos perdiendo la capacidad de asombro, la cualidad de maravillarnos y preguntarnos sobre los misterios de la existencia (de la cual nace la filosofía según Platón y Aristóteles). O tal vez nuestra facultad de controlar nuestra atención, la facultad esencial para educar, purificar e incluso iluminar nuestra mente (como notaron pensadores como William James, Simone Weil o los mismos rishis védicos).

A continuación presentamos una conversación con Douglas Rushkoff. El audio está en inglés, por lo que hemos transcrito y traducido la entrevista (levemente editada con fines de claridad y fluidez).

 

 

AMG: Hace poco menos de 20 años, cuando estaba en la universidad, leí tu libro Cyberia, era un momento cultural de mucho entusiasmo. Creíamos que el Internet iba a distribuir el conocimiento, la conciencia, la libertad. Todos estaríamos más conectados y la información nos emanciparía. Tim Leary había dicho que las computadoras eran el nuevo LSD. Otros hablaban de la Red como la materialización de las ideas de Teilhard de Chardin, una conciencia global o noosfera. Escribiste Cyberia hace 25 años y las cosas han cambiado, ¿qué fue lo que hizo que este sueño se acabara?

DR: Creo que todo lo que estábamos diciendo era verdad. Puedes darle a una persona cinco gotas de LSD y decirle que eso le hará ver las cosas como realmente son y le ayudará a despojarse del velo de ilusiones que lo detienen, y podrá ver cómo toda la humanidad y toda la vida están conectadas y son partes de una sola gran conciencia. Pero si tienes lo que Leary llamaba un set and setting [marco/configuración y contexto/ambiente] equivocado, entonces el resultado será otro. Cuando tomas ácido debes estar consciente de cuál es tu marco mental, cuál es tu intención y cómo es el setting, el ambiente en el que te mueves. En la época en la que escribí Cyberia y Leary hablaba del Internet como ácido, queríamos crear un marco conceptual alrededor de esta tecnología, queríamos promover un cierto set and setting, el set que estábamos impulsando era que esta era una forma de unir a la humanidad, de coordinarnos y promover el contacto. El setting que creamos era el rave, creíamos que era una forma de experimentar la electrónica y lo digital, como un paisaje social, como un fondo para la interacción social. Hacíamos música a 120 BPM, como el latido del corazón del feto, para intentar que todos se unieran a un maravilloso trance colectivo y luego llegaron los de Wired Magazine y los libertarios digitales y ellos trataron de promover un set and setting muy diferente. Ellos dijeron: "No, no, el Internet no se trata de conectar a las personas en este nuevo organismo hippie. El Internet va a promover el capitalismo corporativo como nunca antes. Ya se veía a principios de los 90 que el mercado se había quedado sin combustible, pero ahora que tenemos el Internet podemos colonizar la atención humana, podemos seguir creciendo el mercado, obtener nuevas superficies y expandirnos exponencialmente para siempre". El setting que crearon fue la bolsa de valores y el capital de riesgo. Esto ha llevado a la humanidad a este malviaje que experimentamos hoy en día, en el que todos están distraídos y todas las personas que ves en línea son algún un tipo de enemigo o adversario que se sólo se fija en todas las fronteras entre nuestros países y en todas las diferencias. [Una situación en la que nos la pasamos] deshumanizándonos los unos a los otros, e imaginándonos a zombis y robots que vienen a vengarse de nosotros. Esto es un gran malviaje. Si tú le dijeras a alguien en 1992, cuando el Internet estaba surgiendo, que una vez que el Internet se consolidara esto llevaría a que Donald Trump fuera presidente de Estados Unidos, eso le hubiera parecido ridículo, alucinatorio. O que el planeta estaría al borde de un cambio climático tan extremo que la humanidad probablemente se extinguirá en los siguientes 200 años. De nuevo, diría: "Esto es una locura, esto es un enorme malviaje de proporciones suicidas".

Creo que no nos equivocamos sobre lo que estaba pasando, sólo que no consideramos lo poco preparadas que estaban las personas del mundo para algo tan poderoso como un viaje de ácido, o qué ocurriría si fueran a experimentar uno. Y esto fue lo que ocurrió.

AMG: Al final de Cyberia advertiste sobre "los tipos de Wired"...

DR: Sí, lo hice, nadie parece acordarse de eso. Gracias por recordarlo. Me entrevistan y dicen "Cuando escribiste Cyberia pensabas que todo iba a estar bien, pero ahora admites que te equivocaste y que llegaron los de Wired". No, en realidad el final de ese libro dice que había otra visión compitiendo por el Internet, que ya se estaba posicionando la revista Wired y Mondo 2000 se estaba difuminando en el fondo y si no tomábamos conciencia y hacíamos algo, esto no iba a acabar sucediendo [la visión contracultural de la Red].

AMG: Ahí fue cuando se empezaron a programar los valores capitalistas a esta maravillosa Red que creíamos que nos conectaría y tenía tanto potencial para promover la conciencia humana. Pero como casi siempre sucede en la historia, lo que echa a perder algo bueno es el amor del dinero y el priorizar los valores utilitarios, como has mencionado en tu trabajo antes, el hacer las cosas sólo para obtener ganancias, bajo un esquema de crecimiento [económico] infinito, en lugar de hacer las cosas por sí mismas, por su valor intrínseco, por amor a la cosa en sí. Esto podría explicar un poco qué es lo que falló...

DR: Pues sí, es natural, porque los seres humanos tenemos eso en nosotros. Un poco antes del lanzamiento de mi libro, vi un relanzamiento de 2001 de Kubrick. Ya se me habían olvidado todas estas escenas con los humanos-monos en la primera parte de la película, y hay una escena en la noche en la que los humanos-monos están sentados a un lado de un acantilado, y todos están juntos, despiertos y muy atemorizados, porque en el fondo se escucha el sonido de un terrible predador, tal vez un tigre diente de sable gruñiendo en la distancia. Y me pregunté mientras lo veía: ¿cuántas noches pasamos así, por cuántos cientos de miles de años las personas se sentaban juntas en la oscuridad, con el temor de que algo las agarrara y las devorara? Y ese miedo es tan profundo, está tan arraigado. Es muy tentador cuando encuentras algo nuevo pensar "¿qué puedo hacer con esto para tener más seguridad, para lograr escalar por sobre los otros, para tener una casa más grande o tener dinero?". Estamos constantemente en este estado de amenaza o ansiedad. Así que entiendo, no creo  que sean malignos, simplemente tienen miedo y si no encontramos seguridad a través de una cultura comprensiva y una comunidad que nos brinde apoyo, obviamente lo vamos a buscar en el dinero y a través de mecanismos de autodefensa.

AMG: En tu libro argumentas eso, que vivimos en un mundo que es más un deporte de conjunto que una competencia, se trata menos de imponernos -al estilo de las langostas [macho alfa] de Jordan Peterson- y más de estar abiertos y de hacer rapport y de mirarnos a los ojos y todas las cosas que hacen que la vida tenga sentido y nos produzca asombro. Argumentas convincentemente esto en tu libro. ¿Por qué es tan importante para la evolución humana tener conexiones humanas significativas?

DR: La historia de la evolución ha sido pervertida por libertarios y neoliberales. Están intentado argumentar que el mercado de competencia -su modelo para la sociedad- es de alguna manera más consonante con las leyes de la naturaleza y argumentan que Darwin describió la naturaleza como una competencia, una batalla para la supervivencia del individuo más apto. Pero cuando leo a Darwin no leo esto para nada. Lo que Darwin dice es que las especies cooperan y colaboran para asegurar el florecimiento mutuo. Es la vieja historia que cuentan en la escuela sobre los árboles grandes que se extienden hacia el Sol y cubren a los árboles más pequeños que se quedan en la sombra y luego mueren. Pero no es cierto, los árboles grandes que obtienen el sol comparten los nutrientes con los pequeños a través de la tierra. Y luego, cuando los árboles más grandes pierden sus hojas en el invierno, los árboles perennifolios más pequeños comparten sus nutrientes con los más grandes, asegurando la supervivencia de todos. Y así es también cómo ocurre con los seres humanos. Si los seres humanos somos la especie más avanzada es porque tenemos los métodos más avanzados  para comunicarnos y colaborar entre nosotros. Y si consideras los 500 mil u 800 mil años de evolución humana, puedes ver cómo hemos desarrollado arduamente estos mecanismos sociales para hacer contacto visual, establecer rapport: sincronizando nuestra respiración, aprendiendo cuándo alguien está de acuerdo con nosotros y desarrollando neuronas espejo que liberan oxitocina en el flujo sanguíneo cuando estás entrando en rapport y comunicándote íntimamente con otra persona.

Estos mecanismos son sumamente complejos y elaborados y sin embargo tan fácilmente derrotados en los espacios en línea. Fácilmente derrotados por compañías que nos colocan en estados de temor o que sólo nos dejan comunicarnos a través de ventanas de 5 centímetros. Perdemos ese rapport, esa intimidad no verbal, y cuando no lo tenemos empezamos a sospechar de los otros. Es cómo encontrarse con otro hombre-de-la-cueva y no hacer contacto visual, no sonreír y no respirar juntos... pensaríamos: "Me quiere matar."

AMG: La tecnología digital está creando una falsa conexión humana. Llama la atención que la mayoría de las compañías de tecnología han utilizado en algún momento en su discurso la idea de que están conectando a las personas. Pero parece que lo que han hecho es lo opuesto, nos han desconectado de nosotros mismos, de los otros, de la naturaleza y nos han conectado con un espacio virtual que es una especie de simulación en la cual se proyectan valores narcisistas, nihilistas y hedonistas. En cierto sentido, lo que están haciendo es utilizar nuestra necesidad de conexión y usándola en nuestra contra. Como has argumentado antes, los algoritmos están aprendiendo a explotar nuestras debilidades mentales y nuestras necesidades de conexión y están poniendo en entredicho nuestra propia autonomía y agencia humana.

DR: Totalmente, es la vieja historia. Como la Iglesia haciendo que las personas tengan vergüenza del sexo y luego usando eso para controlarlas. La publicidad depende de una sociedad en la que las personas no están teniendo sexo para que puedan hacerte creer que al comprar sus productos obtendrás la intimidad de la que careces. Y ahora lo hacen de una manera adictiva, pues si con tu tecnología puedes obtener casi la sensación de una conexión con otra persona, eso te hace regresar una y otra vez, compulsivamente, a intentar obtener esa conexión real. Pero no está allí. Es una adicción pura. Sólo nos volvemos adictos a las cosas que no satisfacen realmente nuestra necesidad esencial, pues si la satisfacieran no nos volveríamos adictos, obtendríamos nuestras dosis y estaríamos listos para hacer otra cosa. Es algo muy oscuro, y lo triste es que es intencional, esto es lo que enseñan en el Captology Lab de Stanford, esto es lo que los libros de marketing digital enseñan: cómo aplicar el algoritmo de las máquinas tragamonedas de Las Vegas en tu newsfeed. Son formas  de manipular los mecanismos sociales altamente evolucionados de las personas y sobrepasarlos o abusar de ellos para persuadirlas a hacer cosas que van en contra de sus mejores intereses. Y entre más hondo nos metemos en esto, más necesitamos estas formas completamente falsas de conectar entre nosotros.

AMG: Escuché recientemente uno de los podcasts de Team Human con Mark Pesce, en donde hacen la conexión entre algoritmos y demonios. De alguna manera, la definición de un "demonio" coincide. Pues estos algoritmos están siendo operados invisiblemente como si fueran unos egregors, comunicándose entre sí, aprendiendo a explotar nuestras debilidades y a extraer cosas de nosotros, y no entendemos realmente cómo funcionan...

DR: Sí, hasta el lenguaje que usan cuando los desarrollan: les enseñan a buscar lo que llaman "exploits" (vulnerabilidades que explotar), estos son los agujeros en los humanos, el código inconsistente en los humanos. Hace tiempo, cuando yo era un joven hacker, los exploits eran los agujeros en los sistemas operativos, y eran los seres humanos, chicos jóvenes, humanos, los que buscaban exploits en la tecnología para encontrar una entrada a la tecnología. Ahora es la tecnología la que busca estos exploits en los seres humanos para encontrar una vía de entrada en nosotros. Es una inversión preocupante.

AMG: Sí, se revierte la figura y el fondo... Es importante ser consciente de esto. Podemos pensar en los algoritmos como demonios, o al menos como drogas. Pues realmente nos cambian de estado mental Cuando usamos Facebook o Instagram nuestro cuerpo-mente cambia y normalmente no cambia de una manera muy positiva, no nos hace más abiertos, nos cambia hacia un modo más narcisista, quizá más deprimido, quizá queriendo compararnos con los otros. McLuhan fue realmente iluminador en este sentido, con su idea de que la tecnología nueva siempre amputa una facultad a la vez que amplifica otra. Así que, ¿cúal sería la facultad que amputa actualmente la tecnología digital?

DR: En estos momentos, creo que lo que está amputando es nuestra alma. Por eso creo que "demonio" es una buena expresión para el algoritmo, nos están tratando de desconectar de nuestra alma. Están tratando de hacernos pensar en nosotros mismos únicamente en términos de nuestro valor utilitario, o de los datos que podemos proveer y cualquier cosa real y humana o artística y emocional para la computadora, para este sistema de valores, es sólo ruido. Esa es la cosa que debe autotunearse [eliminar las falencias humanas en una pista de audio] fuera de la existencia... y eso es todo lo que tenemos, eso es la existencia humana real. Si aceptamos hacer un autotune de esto, rasurarlo, programarlo fuera de nuestra conciencia, entonces bien podríamos sólo ser máquinas o zombis, porque esto es lo que nos hace humanos, raros y maravillosos.

Me acuerdo de que fui a la conferencia Bonus Mx y lo bueno ahí era que había estos jóvenes mexicanos muy despiertos, psicodélicos, y atractivos, pero luego cuando se acercaban a hacerme preguntas querían saber cómo hacer que la Ciudad de México fuera el nuevo Austin South by Southwest. Y realmente no es necesario irse por ahí. Y entiendo que económicamente tal vez no tengan lo que quieren, tal vez el dinero o las inversiones o lo que sea que sienten que necesitan, pero al menos están lo suficientemente conectados a la realidad como para luchar contra estas fuerzas.

AMG: Creo que mencionas en tu libro algo así: el problema parece ser que no creemos en la sabiduría tradicional, o en la sabiduría de la tierra. Creemos que lo nuevo es lo bueno. Dejamos de creer que nuestras tradiciones y nuestra forma de vivir tienen un valor intrínseco. Si siempre queremos competir, ser como el otro, acabaremos perdiendo nuestra alma o nuestra identidad.

DR: En Estados Unidos, todos odiamos a nuestros padres, o al menos hasta que crecemos. Y bueno, digamos que eso está bien. Vas a odiar a tus padres. Pero por lo menos, no odies a tus abuelos. Al menos créeles a ellos. Pero en Estados Unidos los encerramos en asilos para que no puedan infectar a los jóvenes con valores apropiados. Es realmente desquiciado. Pasas tiempo con una familia nativo americana y hacen de cenar y cuando la comida está lista, dejan que los más viejos se sirvan primero, luego alimentan a los más chicos y después se alimentan ellos. La idea de que los viejos tienen los valores es importante. En el libro escribí sobre el lugar donde construyeron la planta nuclear de Fukushima. Sus ancestros habían dejado advertencias inscritas en piedra de que no construyeran en ese lugar [por tsunamis previos], pero ignoraron esto y de todas maneras construyeron la planta. Y por supuesto, acabó inundada. Ya no hablan mucho de esto, porque no es una noticia nueva, pero sigue derramando inmensas cantidades de desechos nucleares tóxicos, cualquier pescado que pesques en las costas oeste de Norteamérica o de Sudamérica está infectado de esta radiación y lo puedes medir. Y esto sigue sin contenerse, todavía no saben cómo pararlo. Todo porque insistieron en pensar: "Ellos [los viejos] no sabían nada, no se comparan conmigo, no saben lo que nosotros tenemos, no sabían cuán poderosos somos con nuestra tecnología".

AMG: Eso me parece que revela una ideología nihilista que permea la cultura actualmente. Pues no valuamos la sabiduría ancestral porque pensamos que somos mucho más inteligentes con nuestra ciencia y nuestra tecnología que transforma la naturaleza y produce aparatos brillantes que hacen todas estas cosas asombrosas. Nos parece que somos mucho mejores. Pero tal vez con esto hemos perdido algo más esencial que nuestra tecnología: una forma de relacionarnos entre nosotros, de relacionarnos con nuestro entorno, de mirar hacia adentro y explorar nuestra propia conciencia. Es preocupante, pues al menos en mi experiencia no veo a muchas personas -y tal vez tú tengas otra experiencia hablando con muchas personas y enseñando en la universidad- creyendo en valores humanos auténticos, esenciales, en lo bueno, lo bello, lo verdadero. Me parece que el mundo se está volviendo un lugar en el que hay cada vez menos espíritu auténtico. Hay, por supuesto, mucha espiritualidad, en su forma capitalista: autosuperación, desarrollo del potencial humano, "encuentra tu yo verdadero" y conviértete en un mejor hombre de negocios o en un chamán. Pero no así una conexión auténtica con antiguos valores filosóficos. Creo que estos valores -como lo bueno, lo bello, lo verdadero- no deben hacerse a un lado tan fácilmente. Tal vez creemos que "todo es relativo, todo es subjetivo; yo creo mis propios valores, yo creo mi propia vida". Pero no veo cómo podamos valorar realmente al ser humano sin estos valores, incluso apelando a la idea religiosa de que "somos imágenes de la divinidad". Sé que decir eso es controversial en nuestra época, pero al menos tenemos que creer que somos algo esencialmente bueno, lo cual debemos cuidar. De otra manera, no veo por qué no nos deban reemplazar con máquinas.  

DR: Creo que hay muchas razones para esto. Una de ellas es el culto del individuo. El cual en realidad nació en el Renacimiento europeo, esta idea de que el ser humano es un individuo y no un colectivo. Y esa idea fue peligrosa, porque al irnos por allí creamos la ilusión de que somos independientes, que la autonomía es de alguna manera independiente. Y no es así, la autonomía es colectiva. Sólo experimentas tu poder en solidaridad con otras personas. Allí es donde comienza. Y la otra idea es la forma en la que entendemos la ciencia. Como una violación de la naturaleza, como una conquista del hombre sobre la mujer, de los humanos sobre la naturaleza, del día sobre la noche. Como una forma de erradicar el misterio. Pero no erradicamos el misterio, sólo lo externalizmaos o lo reprimimos. Y el misterio regresó para mordernos el trasero. Y ahora nos vamos a morir. Así que toma eso. Pero no es demasiado tarde para despertar y entender que la salida no es ni siquiera a través de un trance espiritual de autosuperación, sino de pensar juntos y salirnos de la nube y regresar a la tierra juntos Y no tenerle miedo a la naturaleza, a las mujeres y a los otros. 

La espiritualidad es mucho más sencilla de lo que  la gente quiere creer. Seguro, puedes comprar todos los libros de budismo tibetano y cosas por el estilo, e irte por esos caminos sumamente complicados, pero de lo que realmente se trata es de conectar con los otros. Realmente empieza allí. Tomar de la mano a un hombre viejo o a un niño y poder sentarte con las personas y ser quien eres. Ser capaz de tolerar y no saber -la gran ambigüedad de la existencia- y disfrutar ese misterio. No es tan complicado, es complejo, pero no es astrofísica. Cuando las personas empiezan a tener miedo, entonces sí, es complicado. Y entonces, necesitas astrofísica para construir naves espaciales y escapar del planeta. Esa es la única forma que pueden imaginarse estar bien: saliéndose de aquí.

AMG: Insistiendo sobre este punto, podemos realmente valorar a las personas y cambiar esta inercia de dejar que las máquina y los algoritmos decidan por nosotros y nos digan qué hacer sin regresar a valorar al ser humano, ¿existe una esencia humana que debemos definir juntos? La ciencia mecanicista o el materialismo científico nos coloca en un universo en el que no hay propósito. Somos, según Richard Dawkins, sólo "robots somnolientos", el envoltorio de la información, utilizados por genes egoístas que nos manipulan para transmitir su código. Dices que necesitamos un Renacimiento [más que una Revolución], ¿y para ello no necesitamos entonces regresar a un entendimiento esencial de lo que es el ser humano?

DG: Es curioso. Yo hice este tipo de argumentos al principio de los 90, cuando me había dado cuenta que el Internet se estaba yendo por mal camino. Hablando en un seminario en Princeton con intelectuales de mayor pedigrí que yo, uno de los profesores de allí me dijo: "Rushkoff, estás sucumbiendo al esencialismo". Y yo pensé que me había equivocado, no sabía qué era realmente, pero entendía que era algo malo. Que yo argumentara que los seres humanos tenían un valor esencial preexistente o dignidad o alma, que eso es llamado esencialismo, y que eso es malo. Eso no es buena y rigurosa filosofía y que cualquier intelectual que se respete a sí mismo, no caería en la trampa del esencialismo. Así que luego me metí a Wikipedia, como suelo hacer cuando soy atacado por personas más inteligentes que yo. Y ahí me tienes leyendo sobre el esencialismo y pensando 'Y ¿qué hay de malo con esto? No, en realidad estoy bien con esto. No lo veo como un problema'". Se supone que en última instancia acaba contradiciendo al Big Bang, porque si eres como Dawkins, la conciencia y el espíritu son ilusiones, o sólo una propiedad emergente de la complejidad de la materia, no son causas preexistentes de la materia. Y me gusta esa: "causas preexistentes de la materia". Y entre más lees sobre el Big Bang, pues algo podría haber ocurrido antes del Big Bang y eso es valido. Así que me permito pensar: "el alma está atrás y el alma dijo 'Bang' e hizo eso". Y finalmente los seres humanos son lo suficientemente complejos como para sintonizar esa sustancia espiritual esencial y ser consciente de ella. No necesito un modelo histórico del universo, o no debería requerir de uno, para justificar la dignidad esencial del ser humano y la dignidad de todas las cosas e incluso las cosas muertas. Que hay algo que está ocurriendo aquí y no es sólo algo aleatorio. Y hay valores aquí que vale la pena defender y promover al tiempo que vamos hacia delante. Y no estoy dispuesto a renunciar a lo que significa ser humano, ciertamente no en favor del capitalismo corporativo basado en el crecimiento infinito que fue inventado por monarcas de la alta edad media para preservar su poder en contra de una emergente clase media. Eso es una locura. Que hayamos decidido entregarle la realidad a ese defectuoso modelo de negocios.

AMG: Creo que llamas a esto también "el modelo mecanomórfico". A fin de cuentas, esto es sólo una historia. No estoy diciendo que la ciencia sea sólo un mito. Pero la idea en la que se basa el modelo mecanicista, de que la conciencia es sólo algo que hace el cerebro o incluso una ilusión, es algo que no ha sido en ninguna medida demostrado. Entonces, tal vez realmente no sabemos sobre la conciencia y es el "problema duro de la ciencia", pero también es la cosa más fascinante que tenemos como seres humanos. Y en vez de dejarle este problema a las máquinas o a los científicos solamente, ¿no deberíamos todos investigar la conciencia en nosotros mismos, y en nuestras relaciones? Mirando hacia adentro. Lo que me recuerda una cosa que me parece que contaste alguna vez. La posibilidad de que no hayamos encontrado vida extraterrestre porque una civilización avanzada empieza a ensimismarse en su propia tecnología y en sus propios medios y deja de explorar el espacio físico, complemente autoinvolucrada. E incluso deja de explorar su propia conciencia y sólo explora la realidad mediada a través de la tecnología. Me pregunto si esto no sería lo que nos pasaría con el transhumanismo? [Rushkoff luego aclaró que esta historia no la había dicho él].

DR: Bueno, los transhumanistas lo que harán es dejar atrás la humanidad, quieren graduarse de su propio cuerpo hacia la pura conciencia. Y piensan que la forma de hacer eso es migrar del cuerpo hacia algo más. Hay muchos diferentes tipos de transhumanistas. Unos sólo quieren un montón de gadgets para insertarlos en su cuerpo, para hacerse algo así como "extrahumanos" y no exactamente dejar de lado lo humano. Pero cuando veo lo que está haciendo Google o Ray Kurzweil, su transhumanismo no es un entendimiento muy prohumano, se trata más de reemplazarnos con algo artificial. De nuevo, esa es su respuesta a la muerte. Todos están tan asustados por la muerte, porque están atrapados en este entendimiento lineal de la realidad y el espíritu que sólo va en una dirección. Te mueres y se acabó, eso es todo. Pero no, hay que decirles: "Escucha, todo es un círculo, una espiral, algo regenerativo. Y si no te identificas con lo regenerativo entonces tal vez sí te vaya muy mal. Porque no estás jugando, no estás dentro de la rueda, en el círculo".

AMG:  Es una especie de materialismo gnóstico...

DR: Sí exacto, escribí sobre esto en el libro. Los cosmistas rusos llegaron con eso e introdujeron a los espiritualistas y tecnologistas de la costa oeste de Estados Unidos a sus ideas de insertar el cerebro humano a un robot para que las personas pudieran vivir para siempre. Eso se convirtió en el nuevo tecnognosticismo.

AMG: Justamente estaba leyendo al teólogo ruso Sergii Bulgakov, quien criticó a los cosmistas rusos, y él dice: "El cuerpo es tal sólo en relación al alma y al espíritu que viven en él. Fuera de esta unión es un robot". Y Bulgakov está comentando las ideas de [Nikolai] Fedorov, quien es el padre de los transhumanistas. Y al final de cuentas esto es creer que el ser humano no podría alcanzar por su propia naturaleza todo lo que estas personas se imaginan... se imaginan estar en una computadora y vivir una especie de paraísos artificiales de placer perpetuo. Pero todas estas cosas, aunque quizá tomando en cuenta que el dolor es también parte esencial del ser humano, tal vez las podríamos vivir en nuestra propia conciencia si le dedicáramos el tiempo a esto.

DR: Sí, ha habido algunos buenos Black Mirrors sobre esto. Hay uno en el que dos mujeres van a un resort virtual, creo que porque se están muriendo. Así que suben su conciencia. Y hacen pensar que esto está bien, porque tienen cáncer y se están muriendo. Así que van a poder pasar la eternidad juntas en una simulación estilo Second Life, pero quién sabe.... No me importa como un plan B para algunas personas si se quieren retirar a a algún lugar. Pero siempre y cuando no signifique que te estás negando a ti mismo la posibilidad de lo que sea que siga. Porque podría haber algo más.

AMG: Eso es lo que estamos erradicando, un acercamiento al misterio, el asombro y el deleite ante lo desconocido. Queremos que todo pueda ser medido y que nos digan qué es lo que debemos hacer... 

DR: Y es interesante porque algunas personas creen tener certidumbre de que hay algo más. Por ejemplo, hablas con Genesis P. Orridge, hablas con él o con "ellos", y ellos creen que están en comunicación con Jackie, del Más Allá. Y que ella está tirando cuadros de la pared e insinuándoles qué hacer.

AMG: Eso resuena con muchas tradiciones espirituales o con experiencias como la del neurocientífico de Harvard, Eben Alexander, que tuvo una experiencia cercana a la muerte -que le pareció probar la existencia de un mundo más allá de este-. No sabemos bien, pero no es absurdo pensar en que existe otro estado de realidad en el cual la conciencia continúa. Carl Jung incluso observó en sus pacientes que las personas creían naturalmente en la vida después de la muerte y que esta era una creencia muy sana. Y las ideas de karma y reencarnación, que son más gentiles y generosas con la naturaleza, también están en esta misma línea de pensamiento.

DR: Sí, pero fíjate qué torcido se vuelve. Pues ahora ya casi aceptamos que si queremos argumentar por la preservación de los humanos en un mundo de máquinas evolucionado, debemos comprobar que existe la vida después de la muerte. Y eso es tomarles la palabra a los transhumanistas de que todo  está funcionando. Cuando en realidad no está funcionando. Todo lo que estamos viendo es al capitalismo destruir el planeta, separando a las personas, redistribuyendo la riqueza en las peores proporciones posibles, acabando con especies cada día y amenazando incluso la existencia humana. Puedes tener tu sueño transhumanista todo lo que quieras, pero no a expensas de la realidad natural. Eso no es justo.

AMG: Por eso creo que es importante tu libro y tu podcast. Por la posibilidad de que todavía podamos alterar el curso que llevamos y encontrar a otras personas que no tienen estas formas de pensar [capitalistas-utilitarias o transhumanistas]...

DR: Creo qué sí podemos. Mañana voy a hablar con los fundadores de Extinction Rebellion, están combatiendo el cambio climático a través de la acción directa y de la desobediencia civil. Y luego descubrí que están interesados en el arte, en la moda, en la magia, el ocultismo y en las emociones. Parece que para enfrentar esta batalla y armar a la humanidad en contra de su propio suicidio, necesitamos recuperar estas tecnologías ancestrales que quedaron fuera de la ecuación. No sólo se trata de desobediencia civil al estilo de Gandhi y Nelson Mandela. Quién sabe, quizá cosas como las de Aleister Crowley...

AMG: Sería interesante recuperar, por ejemplo, la teúrgia neoplatónica, como la de Jámblico. 

DR: Hay algo extraño y alquímico en esto. Debemos recuperar las artes humanas para poder ejercer el privilegio humano de existir.

AMG: Pues sí, si la tecnología está siendo usada como una demonología, tal vez debemos responder con una divina magia blanca... 

DR: Exacto.

AMG: ¿Has visto la película de Godard, Alphaville? Creo que hace una interesante analogía en torno a lo que nos está sucediendo. Valores capitalistas [tecnocráticos] están dejando fuera de la ecuación cosas esencialmente humanas como la poesía y el amor. Y lo que Godard imagina es una sociedad donde las personas ni siquiera se acuerdan de las palabras para emociones como amor y los poetas son asesinados por las máquinas [que no entienden qué es la poesía]. Claro que esto no es lo que va pasar en nuestra sociedad, pues lo nuestro es [en lugar de la censura] la inundación de información insignificante, ahogarnos en un mar de datos entretenidos pero irrelevantes. Pero en cierto sentido eso es lo que está pasando, lo poético no está siendo programado en el algoritmo.

DR: Por eso regresé a esta noción de Team Human y del humanismo, y de que existen estas expresiones humanas intocadas por el mercado y éstas son las que debemos recuperar, están en un espacio liminal, no hay número que les quede, no tienen métrica, no caben. Cuando recomiendo que las personas se desconecten, no me refiero solamente a no usar la computadora, sino a que se relacionen con cosas que no pueden ser colonizadas. 

AMG: Esto me recuerda la palabra māyā en sánscrito, que generalmente se traduce como ilusión, aunque tiene también otros significados [como magia o poder creativo]. Pero esta palabra tiene una raíz (mā) que significa "medir". Así que en cierto sentido lo que es mensurable, o lo que es sólo mensurable, es lo ilusorio. Lo que es verdad es lo que no puede medirse. No puedes ponerle una métrica a lo que sientes cuando ves los ojos de una mujer o el Sol en el atardecer. Así que estamos comprando esta ilusión de que lo verdadero es sólo lo que podemos medir o lo que podemos producir como un objeto bajo de demanda. Y al hacer esto, nos perdemos de lo más significativo de la existencia.  

DR: Sí, entonces māyā es básicamente métricas.

AMG: Hace algunos años trabajaba en una compañía de Internet y ofrecíamos servicios y recuerdo que era fácil venderlos, porque las cosas se podían medir. Si se podían medir, debían ser ciertas y reales. Claro que las métricas eran fácil de manipular para que dijeran lo que uno buscaba. Así que era como un truco de magia... Este es el encantamiento de māyā: pensar que sólo la materia y lo mensurable es real.

DR: Todo lo mensurable es consonante con el capitalismo, pero es anatema para la experiencia humana. En algunos sentidos, es perfecto. Como el sonido digital en el que no se pierde nada, no hay distorsión, pero hay algo que se está quedando fuera. Están usando el autotune, y una vez que usan el autotune ya lo mataste. 

AMG: Cómo dijo Philip K. Dick, estamos creando humanos falsos que le venden realidades falsas a otros humanos.

DR: Él fue uno de los que primero lo vio.

AMG: Sí, hay un video de 1977 hablando de lo que luego llamaríamos La Matrix [la realidad programada informáticamente]. Y su trip era justamente el gnosticismo, anticipando cómo se usaría la tecnología para producir una especie de embrujo de la realidad... Antes de concluir, quiero recuperar algo que has estado mencionando en otras conversaciones: la importancia de tomar una pausa, pues en cierto sentido hacer una pausa es un acto político [pues dejamos de participar en la economía capitalista] y podría ser incluso un acto espiritual, pues es en el silencio donde conocemos lo divino. Recomiendas que las personas se tomen por lo menos 10 minutos...

DR: Sí, 10 minutos a la semana...

AMG: Creo que deberían ser 10 minutos al día... Simplemente estar en un espacio sin ninguna tecnología o ninguna distracción y estar con alguien y ver qué pasa.

DR: Digo 10 minutos a la semana casi como broma. En parte para hacer que las personas se den cuenta de lo grave que es el asunto. Y por otra parte, porque me doy cuenta de que pedirles 10 minutos a las personas en esta época es mucho. Usualmente es más de lo que están dispuestos a hacer, es como un recurso retórico. En realidad deberías pasar la mayoría de tu tiempo con otros humanos en un estado de flow, pero ni siquiera puedes pasar 10 minutos, así que, ¿qué está pasando, quién te controla? Eres un esclavo de estas cosas. ¿Te das cuenta de esto? En cierta forma yo también lo soy, por ahora. Pues estoy esclavizado a tratar de promover estas ideas. Y la mitad de mi querer promoverlas es el capitalismo y la otra mitad es que no quiero que todos muramos. Quizá tengo una idea de que voy a ayudar a salvarnos de nosotros mismos. Pero como les estaba diciendo a mis amigos aquí, tengo que reclamar mi propia existencia. No puedo estar haciendo siete podcasts al día y volar y dar platicas por todos lados. Llega un cierto punto en el que las cosas ya están dichas. Están los libros y los podcasts y demás. Quizá sería interesante publicar este libro en español...

AMG: Seguro que sí, creo que esté libro es muy importante, urgente incluso, y deberíamos buscar a alguien.

DR: Uno de mis libros, Program or be Programmed, fue publicado en español. Y al parecer le fue bastante bien.

AMG: Creo que Team Human es especialmente importante porque es una especie de summa, una condensación de la esencia de tus otros libros.

DR: Sí, es un poco "greatest hits", pero desde la perspectiva de finalmente entender lo que había querido decir todo el tiempo. Finalmente puedo entretejerlo y sintetizarlo. Medio capítulo sintetiza lo que importa, por ejemplo, de Media Virus, o de Coercion. Así que fue interesante atravesar todo esto y y descubrir realmente lo que ese chico [que escribió esos libros] estaba realmente argumentando.

AMG: Sí, la sensación que te deja es que realmente entiendes el tema. Porque logras poner en un lenguaje muy sencillo cosas muy complejas. 

DR:  Es como las matemáticas, la parte difícil es llegar a E=mc2. Entre más sencillo mejor. Ahora lo puedes comunicar.

AMG: Creo que todos deberían de buscar este libro. He seguido mucho este tema de cómo la tecnología afecta la conciencia humana, habiendo leído a McLuhan y demás, pero creo que este libro es actualmente el más claro e importante para entender el paisaje tecnológico y cómo éste nos afecta...Todas las personas que quieren cuidar su propia humanidad, su propia capacidad de poner atención y de conectar con otros seres humanos, deberían de leerlo.

DR: Gracias...

AMG: Gracias Douglas por esta conversación.

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Lee también: Spirit Against the Machines: On Douglas Rushkoff's Team Human

Team Human  (podcast)

Team Human (libro)

Twitter del autor: @alepholo

 

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Introducción al tantra budista o vajrayana

Tantra se ha convertido en una palabra de uso común en Occidente, que generalmente suscita en las personas una asociación con el sexo y el yoga, una especie de yoga sexual. Esta concepción se debe a un entendimiento muy superficial de lo que es el tantra. La palabra tantra etimológicamente significa "continuidad", "tejido" o "hilo". El tantra es tanto la continuidad -el hilo luminoso- de una doctrina esotérica como de una energía primigenia (vajra); una tradición que busca reconocer y experimentar aquello divino e indestructible que existe de manera prístina en el cuerpo humano, que es de hecho la realidad sin tapujos u oscurecimientos. Muchas de las prácticas tántricas se centran en el cuerpo -que es un microcosmos del universo- y en la producción de deleite (o samadhi), pero no pueden separarse de una visión filosófica y de una práctica contemplativa (es jnana, bhakti y karma juntos). No se trata del sexo, sino de una visión no-dual que concibe al universo como la unión de polos opuestos, tanto del hombre como la mujer, como de la luz y el espacio, o de los sentidos y el campo sensorial, o del espíritu y la materia, o de la sabiduría y el amor, etcétera. Por su parte los "tantras" son un tipo de textos utilizados en tradiciones hindúes y budistas en los cuales se cifran conocimientos prácticos asociados a una deidad, que el practicante debe lograr  o realizar.

Entre las características principales del tantra están el uso del mantra y de mandalas o yantras, la magia, tomar el tabú como sendero, la aceptación de todas las castas y clases, la espiritualidad del cuerpo (el cuerpo como vehículo de la iluminación), la concepción del ser humano como microcosmos del universo, el uso del deseo (y del placer) como una poderosa energía para alcanzar la liberación (su orientación y exaltación y no su represión). En el caso del llamado "tantra de mano izquierda" (vamacara), la característica esencial es el uso de sustancias prohibidas -las famosas cinco m's (en sánscrito): carne, pescado, grano seco, alcohol y sexo- como sacramentos. El tantra de mano derecha se suele diferenciar supuestamente por sólo incorporar estas sustancias de manera metafórica; sin embargo, en la práctica no existe tal cosa como una delimitación fija, sino que hay gran fluidez y la mayoría de los "tantras" utilizan estas sustancias literal  y metafóricamente. Uno de los principios esenciales del tantra es hacer lo que sea necesario para alcanzar la liberación, sin importar las convenciones morales o legales. En Occidente, el tantra fue primero repudiado por los británicos de la época victoriana que viajaron a la India y tradujeron algunos de los textos. El famoso indólogo Monier-Williams lo consideró lo más bajo de la religión y lo más decadente del hinduismo. Sin embargo, actualmente el tantra es la escuela o estilo del hinduismo que más atracción ejerce sobre Occidente. Algunos han dicho que es un sistema, junto con el bhakti, específicamente acondicionado para practicarse en una era como la nuestra.

Aunque el sexo es parte importante de las prácticas en etapas avanzadas dentro del tantrismo, éste es mucho más complejo que un "yoga sexual" o una terapia para alcanzar el éxtasis sexual. El tantrismo concibe el universo como la encarnación de los principios femeninos y masculinos de la divinidad, y por ello utiliza la imagen, tanto metafórica como literalmente, de la unión sexual de la diosa (Shakti, Radha, Lakshmi, Herukini, etc.) con el dios (Shiva, Krishna, Vishnu, Heruka, etc.). Esta unión, sin embargo, no sólo se manifiesta en la unión sexual del hombre y la mujer, sino en la respiración, en la percepción, en el sacrificio y en todos los fenómenos, una vez que son experimentados con una visión pura.

El tantra budista, también llamado vajrayana, probablemente construyó sus propias prácticas en base al tantrismo shaiva -como ha demostrado el profesor Alexis Sanderson-. El budismo tibetano es esencialmente tántrico. También en Japón se practica un tipo de tantra budista conocido como shingon

Compartimos aquí una excelente introducción al tantra budista impartida como una cátedra extraordinaria por el doctor Roberto E. García en la Universidad Nacional Autónoma de México. A continuación hacemos un resumen de algunos de los puntos expuestos por García en el video, con algunas anotaciones y comentarios extra.

Para entender qué es el tantra budista, García necesariamente se remite al budismo antiguo o theravada y al budismo mahayana, siendo el tantra budista, según se quiera ver, una evolución o coronación del mahayana o una corrupción del budismo original (si es que podemos conocer qué era el budismo originalmente), como han sugerido algunos académicos escandalizados por las prácticas tántricas que, al postular una visión no-dual, incorporan aspectos que ciertas moralidades consideran perversas (magia, sexo, interacción con espíritus o demonios, etcétera).

García hace una buena síntesis de los aspectos que diferencian a cada una de estas grandes corrientes dentro del budismo. El theravada mayormente considera que si bien no existe un alma (o atman) que tenga existencia intrínseca e independiente, sí habla de la existencia intrínseca de los dharmas, es decir, existe una realidad objetiva independiente. El mayahana, por su parte, introduce el concepto de shunyata o vacuidad y con esto sostiene que el mundo exterior de objetos o fenómenos (dharmas) tampoco tiene existencia inherente, esta vacío porque es interdependiente (cada cosa depende de todas las otras y al someterlas al análisis todas se disuelven en un vórtice de relaciones, incluyendo la misma mente). Asimismo, el mahayana, en lo que la tradición considerará el tercer giro de la rueda del dharma (las enseñanzas esotéricas del Buda, que reservó a ciertos momentos y escuchas más capacitados) introduce la noción de "tathagatagarbha", la naturaleza búdica de todos los seres -esto es casi una tendencia natural evolutiva hacia el despertar que existe como base-.

Con esta noción, el mahayana alterará también la aspiración de un practicante; mientras que en el theravada mayormente lo que se busca es obtener el estado de arhat (aquel que ha perfeccionado su contínuum mental, pero que no ha logrado la budeidad como tal), el mahayana aspira propiamente a la budeidad, al creer que ésta no está reservada a una limitada serie de individuos absolutamente extraordinarios sino que es, por así decirlo, una potencialidad accesible a todos; de hecho, la realidad esencial de cada individuo que debe hacer relucir a través de la virtud y el mérito. Asimilando en su práctica el entendimiento de que la realidad es vacuidad, de que cada cosa está íntimamente interrelacionada con todas las demás, el mayahana enfatizará el camino del bodhisattva y el método de la compasión como la expresión más noble y acertada de un practicante budista.

El bodhisattva jurará permanecer en el mundo hasta no vaciar el océano del samsara de seres sensibles. Este juramento presenta una serie de dificultades lógicas. Se dice que el samsara no tiene inicio pero puede llegar a su final de manera individual, pero también se dice que sus habitantes son innumerables. El samsara, la percepción incorrecta de la realidad es siempre una posibilidad de la mente (del aspecto cognitivo que es parte de la naturaleza: claridad y darse cuenta), así que vaciar del todo el samsara parece ser imposible. Sin embargo, desde la perspectiva del mahayana el samsara está vacío, no tiene realidad inherente, es como un sueño y todos los seres que sufren dentro de su existencia cíclica están soñando su sufrimiento. Aquí resulta oportuno hacer mención de la doctrina de la verdad relativa y la verdad absoluta: el samsara y el combustible que lo alimenta (el karma) solamente existen dentro de la concepción relativa de la realidad, y son productos de la ignorancia. En términos absolutos, la realidad está libre de sufrimiento y existencia cíclica (en la gnosis no-dual: samsara y nirvana serán un mismo sabor). El juramento del bodhisattva -que alcanza una dimensión mesiánica cósmica- debe entenderse como un medio hábil para catalizar en el individuo el correcto entendimiento que le permite trascender la dualidad samsara/nirvana. El gran maestro indio Shantideva sugerirá que la compasión, que caracteriza al bodhisattva, está estrechamente emparentada con el bodhicitta, esto es, la mente o espíritu del despertar. El bodhicitta -la compasión- opera como una sustancia alquímica que avanza hacia el perfeccionamiento del individuo, llevándolo a trascender el apego y el aferramiento. El budismo mahayana justifica el utilizar aspiraciones que podrían ser irrealizables o ilusorias en tanto que tienen la más noble intención y en tanto que se mueven dentro de un mundo relativo en el que nada tiene sustancia (si todo es como un sueño, la ficción es magia liberada de tener que ser verdad... ya que en el samsara nada es realmente real, las ilusiones tienen validez funcional). Asimismo, notando que el mismo Buda enseñó cosas distintas, algunas de las cuales se podrían contradecir, con el fin de ayudar dentro del contexto particular de cada practicante, la majestuosidad del voto del bodhisattva tiene esta misma hábil aplicación didáctica de inspirar. En un sutra del mahayana, el Buda le dice a Shariputra: "sabía que te decepcionaría si te hubiera dicho que el nirvana no es más que el entendimiento del samsara sin el apego a un yo".

Queda por discutir una de las cuestiones más complejas, que es que si el sufrimiento no tiene una realidad intrínseca, por qué habríamos de ser compasivos. Una respuesta posible tiene que ver con el hecho de que la compasión es simplemente el método más hábil para alcanzar el despertar. Otra respuesta que se utiliza en el tantra budista es que la compasión es simplemente una expresión natural del estado búdico, y en sí mismo de la naturaleza de la realidad, algo que se expresa con el término tibetano thugs rje, el cual significa tanto compasión como resonancia y responsividad y es una de las cualidades de los kayas (cuerpos) búdicos. Podríamos decir que la compasión es la energía del universo, siendo el universo fundamentalmente interdependencia, interpenetración, inter-ser (por usar el término del monje zen Thich Naht Hahn). Un Buda, según la lectura que hace el doctor Robert Thurman de la obra de Je Tsongkhapa, experimenta el universo entero como su cuerpo, por lo cual la compasión es algo tan natural y espontáneo como quitar la mano del fuego o amamantar a un bebé que llora. 

Doctrinalmente, la diferencia entre el tantra (mantranaya, mantrayana, vajrayana) y el mahayana es que el tantra considera que el estado búdico, que es la naturaleza esencial, puede alcanzarse con mayor celeridad. No es necesario acumular tres eones de virtudes; se pueden utilizar métodos enraizados en el cuerpo y en la manipulación de la energía (que podemos llamar alquímicos) para llevar al practicante a la liberación de toda cárcel conceptual (el samsara y el nirvana son, finalmente, conceptos). Al final la liberación es sólo un cambio de perspectiva, un cambio de conocimiento significa un cambio de ser, pero para esto se necesita energía. Y aquí entran las diversas técnicas yóguicas que se basan en la purificación de los vientos para lograr dirigir la energía al canal central del cuerpo sutil, donde se echa andar, por así decirlo, la maquinaria de la iluminación y que en el vehículo tántrico más elevado, el ati yoga, será llamado el cuerpo arcoíris. Esta base corporal de la iluminación, sin embargo, no debe concebirse como la producción de una sustancia de la iluminación o del despertar, sino solamente como el descubrimiento o el desvelamiento de aquello que siempre ha sido. La metáfora que se usa aquí es la del Sol, que siempre ha estado ahí, pese a que puede ser temporalmente cubierto por las nubes.

El gran salto del tantra es emplear la base como fruto (por eso se le conoce como el camino resultante). Este es el supremo "wishful thinking" (el uso del deseo en su máximo esplendor). Mientras que el mahayana dice "yo seré un buda", el tantra budista dice "yo soy un buda", partiendo de la premisa del tathagatagarbha y de la vacuidad como realidad esencial: en el fondo el tantra budista lleva al extremo la noción de que la realidad esta vacía y juega con la ilimitada posibilidad de esto para resignificarse. La ausencia de solidez y existencia inherente del yo y de todos los fenómenos permite un juego de rol, un make-believe que no es de hecho una falacia, sino que entra en consonancia con una realidad que sólo puede definirse como una ausencia de realidad inherente. Una fantasía que, como la palabra misma que contiene una raíz de luminosidad (phanein), se apoya en una realidad luminosa, en la luz -en la fantasía, en la ilusión- como realidad última. El tantrika construirá su palacio de deificación utilizando solamente la luz de la mente, que es de alguna manera la esencia tántrica, la continuidad de un brillo, de lo divino.

Otro factor importante es que el tantra no busca erradicar el deseo sino transformarlo, lo utiliza como energía no-dual. Son famosas las líneas del tantra de Hevajra: "Uno debe alzarse a través de aquello por lo cual uno cae", y también: "Por la pasión el mundo está encadenado, por la pasión, también, se libera". Mientras que en el mahayana se aplican antídotos para que un deseo cese, por ejemplo, y se considera que el objeto que produce el deseo es una proyección mental, en el tantra, el deseo es incorporado a la práctica y los objetos del deseo son sublimados y sostenidos como divinos (y como medios para tener experiencias de vacuidad). Así, el deseo de objetos ordinarios se desvanece y sus aflicciones asociadas también se anulan. Esto se conoce como visión pura.

García sugiere, junto con Ronald Davidson, que lo que define al tantra budista es su incorporación de aspectos regios, de una consagración y coronación simbólica del practicante, un empoderamiento que le permite colocarse en el centro del mandala, en el centro del universo y asumir el rol de una deidad (con lo que emula a un monarca). Si bien esto puede tener una lectura política, un juego de poder y control dentro de un contexto histórico particular, también tiene una lectura que está fincada en la perspectiva mahayana y mantrayana de considerar, de hecho, al practicante como el centro y surtidor de todo su universo de fenómenos. En este sentido la coronación del tantrika es una metáfora apropiada en la que resuenan una serie de significados de gran riqueza estética y simbólica. Es un príncipe exiliado que regresa a casa a tomar lo que es suyo, sus súbditos son sólo las aflicciones de la mente y lo que conquista es una visión pura (reconocer su propia realeza y que todo era un palacio infinito). Como dijera Hamlet, "podría estar encerrado en una cáscara de nuez y considerarme rey del espacio infinito". El tantra sugiere que de hecho todos somos reyes del espacio infinito (el samsara es sólo el no saberlo)... y el reino es el mandala iluminado, que se autoorganiza en torno a un centro. Ese centro es el bindu indestructible de la mente despierta. El maestro tántrico Chögyam Trungpa ha sugerido que un mandala es "una esfera de sabiduría autoemergente" y el tibetólogo Herbert Günther, que el mandala es la "autogeometrización de la totalidad". En este sentido podemos pensar en el mandala como un principio -el principio básico- de la cosmología tántrica, en la cual, aunque no exista un inicio o un dios creador, hay ciertamente el reconocimiento de una energía divina creativa que todo lo permea. Esta energía creativa (lúdica luminosidad autocognitiva) es la que da origen al mandala de las cinco familias de los budas, los cuales pueden ser percibidos como cinco sabidurías o cinco aflicciones mentales (según la pureza o el logro del practicante) o como el encuentro de los cinco elementos y los cinco skandhas (agregados), lo cual es percibido como la unión de las cinco devis o dakinis con los cinco budas.

El aspecto del mandala y la práctica o logro de una deidad es fascinante, y seguramente uno de los actos más complejos y sublimes de mitopoética religiosa de cualquier cultura en la historia. En la fase de generación, el practicante construye un palacio (una especie de holograma de joyas de luz) a través del ejercicio de la más minuciosa imaginación (imaginación en el sentido de Henry Corbin, un ojo de percepción espiritual), para que una vez que haya estabilizado este palacio a través del samadhi y haya magnetizado a una deidad (usando el mantra) para residir en su centro, él mismo cambie de foco y se asuma como la deidad generada (fase de compleción). Este acto de alquimia imaginal convierte entonces el universo entero en el palacio de luz de la deidad y es equivalente a lograr el estado de perfecta vacuidad. Una vacuidad que está lejos de ser nada, sino que es todo-radiante, todo-extasiante, todo-pura. 

 

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