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¿Por qué los aficionados japoneses limpian el estadio después de sus partidos en el Mundial?

Sociedad

Por: pijamasurf - 06/19/2018

Una elegante demostración de cultura por parte de los aficionados japoneses

Los aficionados japoneses han probado otra vez ser los más educados, al quedarse a limpiar la basura después de que su selección le ganara a Colombia en su primer partido de la Copa del Mundo Rusia 2018. Además del triunfo, que fue una sorpresa y llenó de alegría a los nipones, los aficionados dieron una clase de elegancia al permanecer en el Mordovia Arena y limpiar las gradas. 

Como suele ocurrir en estos partidos, que son también fiestas del consumo de todo tipo de productos, las gradan quedan llenas de basura. En este caso, algunos conmovidos aficionados colombianos grabaron videos de los japoneses limpiando el estadio. Y, habiendo recibido la lección, algunos se quedaron también a limpiar.

Se tienen también imágenes de fanáticos de Senegal haciendo algo parecido, así que tal vez esta buena costumbre se empieza a diseminar. Ciertamente es mucho mejor que el grito de "puto" que los mexicanos dedican al portero rival, algo que es ya una costosa tradición.

En Occidente asociamos poco al fútbol con Japón, creyendo que no se trata de un deporte popular allí. Sin embargo, aunque quizás no tiene el mismo arrastre de masas que en otros lugares, el fútbol llegó a Japón desde finales del siglo XIX y tuvo un notable éxito, al grado de que, en la actualidad, cuenta con una afición que lo mismo se expresa en los estadios que en la práctica cotidiana del deporte.

Pero eso no es todo. Otra costumbre en estas latitudes del mundo, que podría sorprendernos, es que los japoneses que asisten a un encuentro deportivo están habituados a recoger la basura cuando éste finaliza. Sin duda, esto a muchos nos parecerá asombroso y quizá, incluso, nos cause un poco de vergüenza darnos cuenta de que no es un impulso casi natural, pero para los japoneses es común. En cualquier deporte o evento masivo al que asisten, los japoneses suelen limpiar la basura, y con ello evitan la necesidad de un excesivo servicio de limpieza y se hacen responsables de sus actos. Y en casos como los de un Mundial, también de la basura de los demás.

De ahí que el mundo esté impresionado con el comportamiento de los aficionados de Japón que asistieron al partido que su equipo disputó con la selección de Colombia. No obstante, este comportamiento ya había llamado la atención antes (y quizá más en los países latinoamericanos, donde estamos acostumbrados a dejar las cosas tiradas), desde el Mundial en Brasil pasado cuando, pese a perder, los aficionados japoneses mantuvieron la entereza y se quedaron después del partido a limpiar.

Además, en el 2014 un grupo de japoneses ayudó a limpiar las playas de Acapulco: los nipones bajaron del buque Kashima y realizaron una loable labor.

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Juez ordena a ‘joven’ de 30 años salir de casa de sus padres

Sociedad

Por: pijamasurf - 06/19/2018

Luego de varias peticiones y hasta ultimátums, padres de un hombre de 30 años en Nueva York tuvieron que acudir a la Corte para conseguir que su hijo saliera del hogar familiar

Mucho se ha hablado en años recientes de una “crisis” que vive cierto sector de las generaciones más jóvenes que, a diferencia de las precedentes, parecen vivir en un estado de menor bienestar material

Los salarios, se dice, son menores, o su valor adquisitivo ha caído drásticamente; beneficios sociales como la salud pública, la educación gratuita o el retiro no existen más o se han precarizado y, en lo que concierne a la vivienda, la inflación de los costos relacionados con ésta se ha elevado de tal modo que parece que vuelve impensable aquello que otros en las generaciones anteriores sí consiguieron: vivir en una casa propia.

En ese contexto, no es extraño que la “independencia” material parezca tardar cada vez más. Ahora es común que personas que rondan los 30 años de edad vivan aún en el hogar familiar, so pretexto de la inviabilidad económica de poder llevar una vida aparte. En varios de estos casos, quienes así lo hacen cuentan con la anuencia de sus padres, quienes parecen conformarse con la situación y aceptan apoyar de esa manera a sus hijos. ¿Pero será esta una decisión de la cual se sienten plenamente convencidos? ¿O quizá los padres se sienten obligados a admitir a sus hijos sólo porque el vínculo familiar “obliga”? ¿No llegará el momento en que los hijos se convierten en extraños en una casa que, después de todo, no es la suya? ¿Y no será esto un tanto insoportable para los padres?

Un caso un tanto radical de esta situación ocurrió recientemente en Nueva York, donde un hombre –que no “joven”– de 30 años fue obligado a dejar la casa de sus padres por orden de un juez, luego de que sus padres demandaran la intervención oficial de la autoridad judicial.

Es difícil decir dónde comienza esta historia, pero para fines prácticos podemos fechar su inicio en febrero de este año, cuando Christina y Mark Rotondo comenzaron a pedirle a su hijo Michael que abandonara la casa familiar en Camillus, cerca de Syracuse. Cabe mencionar que Michael había vivido ya fuera de ésta, pero por razones que no han sido aclaradas regresó a vivir con sus padres en el 2010, sin intenciones verdaderamente manifiestas de volver a salir del hogar familiar.

En febrero pasado, decíamos, los padres de Michael comenzaron a dirigirse a él por medio de cartas y notas breves en las que, con distintos tonos y ofrecimientos, le anunciaban que debía dejar la casa, se lo pedían o le daban un ultimátum. “Después de discutirlo con tu madre, hemos decidido que dejes la casa inmediatamente”, puede leerse en una de estas notas. Incluso, en otra ocasión (el 18 de febrero) los padres de Michael acompañaron la carta de mil 100 dólares y algunas ofertas de trabajo que se tomaron el tiempo de buscar para su hijo, esto para facilitarle la mudanza y el “difícil” tránsito de encontrar nuevas condiciones de vida.

Sin embargo, los días transcurrieron, y a juzgar por el curso que tomaron los hechos, Michael hizo caso omiso de las peticiones y las advertencias de sus padres, quienes ante esta respuesta optaron en abril por acudir a la Corte local y plantear una demanda de desalojo contra su hijo. Curiosamente, se les dijo ahí que la instancia donde su caso podía proceder era la Suprema Corte, la cual atrajo el caso y recibió en audiencia a la familia Rotondo el martes pasado.

Donald Greenwood fue el juez encargado de dirimir entre las partes en litigio. Luego de escuchar tanto a los padres como al hijo, Greenwood intentó convencer a Michael de dejar la casa familiar, pero según reporta The Guardian, Michael argumentó que tiene derecho a vivir al menos 6 meses más en el hogar de sus padres. Greenwood rechazó dicha pretensión, la calificó de “indignante” (outrageous) y en respuesta a Michael le obsequió una orden de desalojo (que Michael, a su vez, consideró también indignante).

La historia es sin duda un tanto rocambolesca, digna de una comedia satírica de Molière, pero de algún modo refleja también ciertos elementos de la subjetividad compartida de este tiempo. Más allá de la adversidad propia de la vida (presente en todas las épocas), parece existir también cierta dificultad entre los individuos de las generaciones recientes para “despegarse” definitivamente del seno familiar y enfrentar el desafío de vivir por cuenta propia, acometiendo por un lado las circunstancias presentes reales, pero realizando también el trabajo o el esfuerzo de obtener la realización de aquello que se quiere, se necesita o se desea.

 

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Imagen: ABC7