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La filosofía debe responder a la sed de totalidad del hombre, de conocer e incluso ser la totalidad, y no particularizarse y convertirse en una rama menor y anticuada del conocimiento

La teología, como la filosofía, no es una ciencia particular. Está relacionada con el Todo.

-Raimon Panikkar

 

Ante la hiperespecialización, la tecnologización del saber y el dominio del materialismo, la filosofía -en su sentido clásico- se encuentra en entredicho. El extravío del espíritu de la filosofía ha sido notado por algunos filósofos con preocupación recientemente, si bien es un fenómeno que lleva en marcha ya numerosas décadas; sin embargo, su alerta no causa el mayor sobresalto en la sociedad actual. Pareciera que el mundo no necesita realmente de la filosofía. No es necesario hacernos las grandes preguntas para vivir de manera efectiva. Podemos confiar en la tecnología para resolver nuestros problemas e incluso para ahogar nuestras crisis de sentido con constantes ráfagas de estímulos. En la sociedad de la información, la sabiduría deviene mera información o poder de computación y análisis de información. Mientras que la filosofía es difícil de incrustar dentro del utilitarismo, la información es esencialmente conocimiento útil, conocimiento reducido a su utilidad e incluso siempre traducible a una divisa, siempre capitalizable. El espíritu, como notó McLuhan, ha sido reemplazado por la información.

Lo que hoy llamamos filosofía en el ámbito académico ya no es realmente filosofía -el amor a la sabiduría, el cuestionamiento de la realidad en su sentido más amplio y primordial-. Como señalan Robert Frodeman y Adam Briggle, "la institucionalización convirtió a la filosofía en una disciplina que sólo podía cursarse seriamente en un ambiente académico. Este hecho representa uno de los fracasos persistentes de la filosofía contemporánea".

En contra de las inclinaciones de Sócrates, los filósofos se volvieron expertos, como los demás especialistas disciplinarios. Esto ocurría aun cuando enseñaban a sus estudiantes las virtudes de la sabiduría socrática que resalta el papel del filósofo como un no-experto, un cuestionador, un tábano.

Lo cual nos hace pensar en los sofistas, a cuya actividad Aristóteles describe en su Metafísica  como la mera apariencia de la filosofía. A diferencia de los filósofos que se ocupan del ser, los sofistas prefieren "el accidente por sobre todo". Hoy tenemos muchos sofistas, con la era de la información, aquellos que aparentan saber porque están informados. Aquellos que se dedican a lo meramente accidental, y a sacar provecho de esto. 

Si los filósofos son expertos, no son filósofos; son lógicos, cosmólogos, filólogos, historiadores, etc. Aristóteles nos dice en la Metafísica que la ciencia por excelencia -la cual, considera, es la filosofía- se dedica a investigar el ser como ser. Por supuesto, el ser lo abarca todo. Pero dicha aseveración es además un principio de intención: lo fundamental es investigar el ser -y si hay algo eterno-, no el accidente. Actualmente es la física -y no la filosofía- la que se dedica a investigar el ser, en estricto sentido, pero no aquello que es (y tampoco el por qué es y para qué es), sino solamente cómo es el mundo, es decir, cómo es el ser material, cómo es la materia, ya que ninguna otra cuestión es validada por la academia y las instituciones que fondean sus preguntas. Una de las razones por las cuales los filósofos se han convertido en especialistas es porque ya no es valido preguntarse por el ser en un sentido filosófico y menos aún metafísico. La ciencia moderna supuestamente ha hecho intelectualmente absurda (o mejor dicho, inútil) la pregunta. Es tabú discutir también en las universidades seria y vitalmente, y no sólo dentro de una historia de las ideas, sobre Dios o lo Divino y menos aún pensar sobre la posibilidad de acercar lo Divino a la experiencia ("¡eso es misticismo!", se dice). Lo que ha ocurrido es una separación de la filosofía y la teología, siendo que la "filosofía" moderna rinde tributo a la ciencia y busca hacerse objetiva. Así entonces, como demuestra Raimon Panikkar en The Rhythm of Being, la filosofía se convierte en una mera opus rationis "y a la teología se le asigna su 'objeto' especial" separado del mundo y la realidad: "Dios". La teología "es reducida a mera exégesis de supuestos textos sagrados" y la filosofía sin la teología deriva en mero "análisis mental con prácticamente ninguna relación real a la vida". Esta separación en el fondo es una separación de los órganos epistemológicos: se acaba confiando solamente en la razón y no en el intelecto, que Panikkar asocia con el tercer ojo y el pneuma y que otras tradiciones asocian con la intuición o el ojo del corazón.

Como podemos decir con Aristóteles, Panikkar y muchos otros, la filosofía no admite separación, la especialización y el atomismo literalmente atentan contra su integridad. Todo lo que las demás ciencias estudian puede ser separado y estar especializado, pero no lo que indaga la filosofía, ya que indaga aquello primario de lo cual todo los demás se deriva. No es casualidad que la era de los especialistas sea también la era en la que, según Panikkar, "el prestigio y la credibilidad de la filosofía nunca han sido más bajos". Se suele decir que en la actualidad es imposible conocer "de todo", las ciencias se han especializado de tal manera que cada una constituye un universo cerrado, e intentar conocer "un poco de todo" sería inútil por lo complicado que es amaestrar el lenguaje especializado de cada disciplina. En radical oposición a esto persiste la intención central de las Upanishad de conocer "aquello que, si es conocido, todo lo demás se vuelve también conocido" (Ver Mundaka Upanishad 1.3). Por su parte, Pierre Hadot escribe en Ejercicios espirituales y filosofía antigua:

La práctica de la filosofía no consistía en producir la teoría de la lógica, eso es la teoría de hablar bien y pensar bien, tampoco en producir la teoría de la física, eso es del cosmos, ni en producir  la teoría de actuar bien, sino que se ocupaba de hablar bien, de pensar bien, de actuar bien y de estar verdaderamente consciente del lugar que uno ocupa en el cosmos.

Jürgen Habermas, en una reciente entrevista en el El País, dice lo mismo:

Mire, soy de la anticuada opinión de que la filosofía debería seguir intentando responder a las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me es dado esperar? y ¿qué es el ser humano? Sin embargo, no estoy seguro de que la filosofía, tal como la conocemos, tenga futuro. Actualmente sigue, como todas las disciplinas, la corriente hacia una especialización cada vez mayor. Y eso es un callejón sin salida, porque la filosofía debería tratar de explicar la totalidad, contribuir a la explicación racional de nuestra manera de entendernos a nosotros mismos y al mundo.

Si la filosofía no trata de explicar la totalidad y, me aventuraría a añadir, de experimentar la totalidad -sugiriendo que existe una identidad entre ser y conocer en su concepción más pura-, entonces la filosofía es un cadáver o una sombra de lo que fue. Pensar el Todo: no existe otra labor digna para el filósofo. "La verdad es el todo", dijo Hegel. Y el Todo es de alguna manera lo que se recapitula en el hombre, quien es la posibilidad del espíritu absoluto. "El alma es de cierta forma todo", dijo Tomás de Aquino, comentando a Aristóteles ('e psyke ta onta pos esti panta"). Nicolas de Cusa, explica que el mundos es tripartita: divino, cósmico y humano, pero "en cada parte brilla la totalidad" (De ludo globi). Explicar, o mejor dicho, dialogar con la totalidad, para experimentar la totalidad, eso que de alguna forma el ser humano es, no la parte sino el todo en la parte -esa es la tarea del filósofo. Alfred North Whitehead dice en el primero capítulo de Proceso y Realidad: 

De hecho, un individuo, de un alto grado, está involucrado con la totalidad de las cosas a razón de su pura actualidad; pero ha alcanzado la profundidad individual de su ser por un énfasis selectivo limitado a su propio propósito. La tarea de la filosofía es recuperar la totalidad oscurecida por la selección.

Whitehead, quien concibe el universo como un proceso y no como algo estático, nos dice aquí que la filosofía debe de asimilar y pensar todo el organismo (el universo como proceso creativo) y sus relaciones. En cada parte está involucrado el todo, pero las partes son eventos u ocasiones y no objetos (o cosas); los objetos no son más que ocasiones repetibles. Estas ocasiones son los constituyentes básicos del mundo. El físico Werner Heisenberg dijo que los átomos no son cosas son probabilidades; Whitehead utiliza similarmente, en vez de átomos, la frase "gotas de experiencia" que connota dinamismo, interpenetración y posibilidad: lo que vemos como entidades son "gotas de experiencia, complejas e interdependientes". Estas "gotas" recuerdan las "perlas" del collar de Indra, la metáfora de la totalidad o vacuidad interdependiente del budismo mahayana. Como el Buda que percibió la cadena de la originación interdependiente, el (pratityasamuptada) antes de alcanzar el despertar, Whitehead considera que ampliar el rango de nuestra actividad cognitiva es fundamental para la labor filosófica. "La actitud filosófica es el intento resoluto de engrandecer el entendimiento del rango de aplicación de cada noción que entra en nuestro pensamiento actual". Hasta el punto de alcanzar a percibir el todo en la parte, (como escribió Blake "un mundo en un grano de arena"), y es que la parte no puede comprenderse sin el Todo. 

Raimon Panikkar, en The Rhythm of Being, escribe:

La búsqueda del filósofo por el Ser es una búsqueda de inteligibilidad, una pasión por la verdad, sea cual sea el resultado. Es una búsqueda de la totalidad. No estoy buscando Algo o Alguien. Estoy buscando al Todo, el Ser... Si en la búsqueda de Dios nos encontramos algo que todavía huele a las criaturas, no nos conformaremos y procederemos más lejos. Estamos buscando el Infinito, incluso si llegamos al descubrimiento que no hay tal Entidad, que el cielo está vacío y que la Vacuidad es su nombre. Si en nuestra búsqueda del Ser, encontramos una Entidad, incluso la más alta, no estaremos satisfechos.

Esta es la verdadera búsqueda del filósofo, de todo hombre que ama la verdad por sí misma, no como una herramienta para obtener un beneficio o para encontrar sus creencias reflejadas en el mundo. No es una empresa meramente racional -aunque no se puede realizar sin el Logos-; como nota Panikkar, se necesita del Eros y del Pneuma (del espíritu) también. La filosofía no es sólo el amor a la sabiduría; es, también, la sabiduría del amor. En este sentido, el filósofo genuino está cerca del místico. De la misma manera que ocurre en San Juan de la Cruz ("el amante transformado en el amado"), el filósofo deberá ser transformado en la verdad, aunque esto suponga su aniquilamiento. Si lo que se busca (conocer) es la totalidad, se debe estar dispuesto a darlo todo, y por lo tanto, a ser nada. A quedarse vacío. La totalidad no admite entidades independientes y requiere que el candidato se despoje de todo bagaje y se adentre desnudo en el misterio. La filosofía requiere del filósofo la refinación de su propio aparato de conocimiento; de otra manera su interacción con el "objeto de conocimiento" será estéril, no habrá unión, no habrá experiencia viva, sólo habrá discurso. Panikkar nos da una pista:

En lugar de una vía para llegar a la meta, debemos hablar de cómo abrirnos a ese mismo Todo que nos permea, y no sólo en parte, sino como imagen e icono que refleja el Todo. La palabra apropiada sería la contemplación en su sentido más profundo. El único método es no preparar la vía, sino prepararnos a nosotros mismos. Los sabios de todas las tradiciones han llamado a esto la "purificación del corazón", una peregrinación interior. 

Se prescinde del "método", pues "descubrimos que nosotros mismos somos las vías del Todo en su Ser, en su llegar a ser lo que es". Preguntarse por la totalidad es una pregunta que involucra al ser humano, y si el conocimiento (la gnosis) y el ser son idénticos en el fondo, conlleva la posibilidad de hacerse el Todo, de que el Todo se reconozca a sí mismo en la parte, el homo totus de la alquimia occidental y el zhenren de la taoísta. Este sería el destino del hombre que el quehacer filosófico abre. Según Whitehead, la filosofía hace posible que "se conciban [en nosotros] la infinita variedad de instancias específicas que yacen sin haberse realizado en el vientre de la naturaleza". "Cada acto creativo", dice, "es el universo encarnándose como uno". Esta participación creativa en el Todo es el derecho y a la vez la responsabilidad del ser humano como microcosmos.

Twitter del autor: @alepholo

 

Imagen: J. D. Mylius, Opus Medico-Chymicum

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Estas son las 4 claves para el bienestar, según neurocientífico que ha estudiado la mente de maestros budistas

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Por: pijamasurf - 06/20/2018

4 cualidades que desarrolla la meditación y que los científicos han asociado con el auténtico bienestar

Richard J. Davidson es uno de los principales expertos a nivel mundial en los efectos de la meditación en el cerebro, y es fundador del Center for Healthy Minds de la Universidad de Wisconsin, Madison. Davidson ha estudiado a expertos meditadores que han meditado más de 10 mil horas, entre ellos, personas como el monje francés Matthieu Ricard y el maestro budista Mingyur Rinpoche. Según su extensa investigación, y aplicando sus conocimientos a una definición de la felicidad no hedonista (más cercana a la eudaimonía aristotélica), Davidson considera que hay cuatro cualidades de la mente que constituyen la base del auténtico bienestar. Estas cualidades están relacionadas con la neuroplasticidad, es decir, cualquier individuo puede entrenarse para desarrollarlas, y la meditación ayuda a ello.



1. Resiliencia

Un mundo impermanente, como enseñó el Buda, produce sufrimiento. Es inevitable que pasemos malos ratos, momentos difíciles. Lo fundamental es cómo respondemos a ellos y cómo somos capaces de recuperarnos. La resiliencia es la rapidez con la que se recupera alguien de la adversidad, lo cual está asociado con el bienestar. Davidson llama a la resiliencia también "no-pegajosidad": la cualidad de que las cosas que vives no se te queden "pegadas". 

La meditación mejora esta capacidad; sin embargo, para que existan diferencias notables, debes meditar unas 10 mil horas. Esta es la cualidad que tarda más en producir beneficios. No obstante, una práctica intermedia de meditación puede ayudar en general con el apego y por lo tanto, crear una actitud más sana antes las emociones.

 

2. Prospección

Davidson describe esta cualidad como la capacidad de ver lo positivo en los otros y en la vida en general, tener una prospección positiva. En el budismo y en general en las religiones, esto se conoce como ver la bondad innata de todos los seres. Practicar la meditación de la compasión (como el metta o el tong-len) conlleva rápidamente activaciones en los circuitos cerebrales ligados a la prospección o a la forma que encaramos las cosas. Generar pensamientos compasivos cambia tu cerebro y te hace feliz. 

 

3. Atención 

Esta es la cualidad que quizás más urge cultivar en el mundo moderno, bombardeado por estímulos fragmentarios de información digital. De hecho, la nueva economía está basada en capturar la información de las personas. Es por ello que algunos maestros de meditación, como Alan Wallace, consideran que como especie tenemos un déficit de atención global. Asimismo, existen numerosos estudios que muestran que la distracción y la rumiación están asociadas con la  depresión y la ansiedad. Por otro lado, los llamados estados de "flow" se caracterizan por la concentración. Davidson considera que la meditación es una forma de educar la atención.

 

4. Generosidad

De acuerdo con Davidson, los comportamientos generosos y altruistas, o el simple agradecimiento, están asociados con el sentimiento de bienestar. De nuevo, las meditaciones que generan una sensación de amor o compasión producen la activación de circuitos neurales vinculados con el bienestar. Seguramente, cuando una persona reza por alguien más, ocurre lo mismo.