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La cábala es una de las expresiones más altas del misticismo y suele ser entendida sólo superficialmente

En los últimos años hemos visto la entrada del término "cábala" a la conciencia popular, particularmente (como suele ocurrir en estos casos) de la mano de celebridades que se acercan a esta disciplina, generalmente adoptando versiones superficiales o diluidas de un sistema místico-filosófico (algo similar ha ocurrido con el tantrismo). Este artículo busca definir de una manera más precisa qué es la cábala, divulgando principalmente la labor erudita y pionera en el campo de Gershom Scholem, la máxima figura académica en la historia de los estudios cabalísticos. Creemos que, aunque puedan existir otras interpretaciones más esotéricas y nuevos desarrollos académicos, el trabajo de Scholem sigue siendo muy sólido y es insuperable como introducción teórica a la cábala.

Scholem (1897-1982) fue un filólogo e historiador alemán-israelí, cuyos estudios sobre el misticismo judío abrieron brecha en un campo que antes de él era bastante pantanoso y enredado. Scholem, quien es conocido también por su larga amistad con Walter Benjamin, hizo su tesis doctoral sobre el Sefer Bahir, un texto medieval, el cual considera que es propiamente el primer texto cabalista -antes de esto tenemos sobre todo en el misticismo judío lo que se ha llamado el misticismo del Merkabah-. Fue también uno de los miembros destacados del círculo intelectual de Eranos, donde también participaron Henry Corbin (el gran académico del misticismo islámico), Mircea Eliade (otro gran historiador de la religión), Carl Jung y muchos otros. Los lectores de Borges probablemente recordarán su nombre, ya que el escritor argentino escribió sobre la cábala basándose en Scholem e incluso lo inmortalizó en su poema sobre el golem, la misteriosa figura antropomórfica que era creada por los cabalistas a través del lenguaje sagrado, palabra que Borges no dejó de notar que rimaba con Scholem

En su pequeño libro de ensayos La cábala y su simbolismo, Scholem escribe: "La cábala, literalmente tradición, esto es, tradición de las cosas divinas, es la mística judía". Esta pequeña definición está sumamente cargada de significado, ya que la cábala se desarrollará dentro de esta tensión inherente entre la tradición (y la ortodoxia) y el misticismo; una tensión propia de todo misticismo, pero que se vive de manera especialmente clara en la cábala. El misticismo nace siempre de la tradición y en ocasiones es lo que permite confirmar las creencias de la tradición y a la vez revitalizar la misma; sin embargo, en ocasiones los místicos suelen ser demasiado creativos e innovadores para la tradición ortodoxa y esto hace que el misticismo siempre esté en una tenue línea entre lo más alto de la tradición religiosa y la herejía. "Lo que podemos decir con certeza de un cabalista es que aspira a ser un tradicionalista, tal como lo indica el concepto mismo de cábala", dice Scholem. Los cabalistas se veían a sí mismos como modestos "receptores de una manifestación del profeta Elías", el profeta que es "el portador de los mensajes divinos a través de todas las generaciones" y  de quien se interpreta que ascendió al cielo estando vivo aún. Para la tradición judía Elías es quien confirma la autoridad divina, no quien la quebranta, nos dice Scholem. Y así los primeros cabalistas, Abraham de Posquières y su hijo Isaac el Ciego, fueron grandes autoridades rabínicas en su tiempo. A la vez fueron místicos y crearon un sistema que puede ser percibido como heterodoxo, por lo menos. Cabe mencionar que Elías tiene un avatar en la tradición alquímica occidental: los alquimistas hablan de ser visitados por un misterioso adepto llamado Elías, el Artista, quien les entregaba el polvo de la proyección de la piedra filosofal. Elías ha sido vinculado con Enoch, quien a su vez guarda relación con Hermes, según una versión esotérica. 

Como ya mencionamos, Scholem ubica el Bahir como el primer texto cabalístico, y lo data en el siglo XIII. Poco después surge el Zohar, el Libro del esplendor, el texto central de la tradición cabalista. Scholem da la autoría del texto a Moises de León, un rabino español; De León, sin embargo, mantiene que él sólo fue el amanuense y atribuye el texto a Simeón bar Yochai, quien lo habría compuesto después de estudiar durante 13 años en una cueva, en el siglo II. También el Bahir es atribuido a un autor previo, pero Scholem considera que estas prácticas son pseudoepigrafías comunes a otras religiones, formas de aumentar la autoridad de los textos, los cuales se alimentan también de lo mítico. Es importante mencionar también el Sefer Yetzira o Libro de la formación, el cual, si bien no es un texto propiamente cabalístico, puesto que es mucho más viejo  (alrededor del siglo II), es sin duda uno de los más citados por los cabalistas, siendo el manual para las prácticas del golem. Otro precursor de los cabalistas, por así llamarlo, es Filón de Alejandría, cuyas concepciones, nos dice Scholem, guardan gran afinidad con las de los cabalistas. Entre ellas está la teoría de las correspondencias, generalmente vinculada con la idea del hombre como microcosmos, algo que en la cábala jugará un papel preponderante, desarrollando hasta su última consecuencia la idea de que el hombre es imagen y semejanza de la deidad o de un hombre macrocósmico arquetípico llamado Adán Cadmón. A diferencia de lo que puede extraerse de la teología racionalista, la deidad no yace separada del mundo, lo que los cabalistas llaman Ein Sof (lo Infinito, la luz divina eterna) brilla en todos los detalles de la emanación, aunque, según algunas versiones cabalistas, oscurecido o de manera limitada. Scholem explica que "cada individuo equivalía aquí al todo y en ello radica la gran fascinación... que poseen los símbolos de la cábala". Seguramente a la profusión conectiva de la doctrina de las correspondencias se debe también el interés poético por la cábala. El gran poeta estadounidense Kenneth Rexroth en su introducción al libro de A. E. Waite, The Holy Kabbalah, dice: "la cábala es el gran poema del judaísmo, un árbol de joyas simbólicas que en su resplandor muestran la doctrina del universo como la vestimenta de la Deidad, la comunidad como el cuerpo de la Deidad, y el amor como la acción divina en el hombre".

La cábala tiene su primera difusión en Francia y España a principios del siglo XIII, siendo los dos principales círculos cabalistas de esta primera época Provenza y Girona. Es en Girona donde florece lo que se considera el rasgo distintivo de la cábala: su reacción a la teología racionalista judía del Medievo, en la que se establecía una deidad mayormente inalcanzable. El misticismo es justamente aquello que se rebela ante esta postura ortodoxa de una deidad desligada de la experiencia del devoto, "místico es aquel al que se le ha concedido una expresión inmediata, y sentida como real de la divinidad", dice Scholem. La cábala, esencialmente mística, se alimenta de las otras grandes corrientes místicas de su milieu, como son el neoplatonismo y el gnosticismo. Scholem, de hecho, llama en ocasiones a la cábala "gnosticismo judío". Lo hace con cierto matiz: a diferencia de los gnósticos cristianos, los cabalistas no han sido considerados herejes, salvo algunas excepciones -la cábala mesiánica, por ejemplo-; tampoco consideran, como los gnósticos, que el creador sea un falso creador; pero como los gnósticos, dentro de los cabalistas existe la preeminencia de la experiencia de la divinidad, es decir, de la gnosis. Esto será expresado por la cábala luriánica, la cual afirma que la comunión con Dios (la gnosis) "es más importante que el estudio de las escrituras", algo que luego será considerado herejía.

Los judíos, como los otros dos grandes monoteísmos, son "religiones del libro", y en el judaísmo ortodoxo la Torá (los primeros cinco libros de la Biblia hebrea o el pentateuco) ya tiene una posición de absoluta centralidad, siendo que incluso prefigura a la Creación. En un Midrash antiguo se decía que Dios "miró en la Torá y creó el mundo". En la cábala esto llega a un nuevo estadio y, como dice Scholem, "la Torá es transformada a un corpus mysticum", es letra viviente, letra espiritual y el universo es una representación de su potencia mística. Existe en el judaísmo la noción de que la Torá, siendo la palabra de Dios, debe de ser infinita y por lo tanto su significado "se da desplegando infinitos planos de sentido, en los cuales adopta, desde el punto de vista humano, el aspecto de figuras finitas y comprensibles". De alguna manera el texto sagrado, que contiene en sí un potencial ilimitado, se constriñe en su interacción con los hombres, se delimita para hacerse el mundo, pero no deja de contener un misterio y un potencial infinito. Cuando los místicos -cuando los cabalistas- interactúan con los textos sagrados, nos dice Scholem, ocurre: "la refundición del texto sagrado y el descubrimiento de nuevas dimensiones en él." Así, los cabalistas dicen que el mítico autor del Zohar "abrió el versículo", ensanchó su horizonte de significados. Como dice el Zohar: "En cada palabra brillan muchas luces". Los cabalistas de Safed encuentran una correspondencia entre las 600 mil almas de los israelitas y las 340 mil letras de la Torá, las cuales suman 600 mil con sus aspectos ocultos. De tal manera que "cada israelita poseería una letra dentro de esa Torá mística a la que su alma permanece ligada". Un cabalista moderno, Aryeh Kaplan, dirá que el número de las permutaciones posibles de las 22 letras del alfabeto hebreo coincide con el número de estrellas en el universo. (Letras, estrellas y almas: una correspondencia mística que nos hace pensar en un poema de Octavio Paz: "Miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea"). Sobre las vertiginosas posibilidades que encierran las escrituras, la cábala luriana (siglo XVI) diría: "cada palabra de la Torá posee 600 mil rostros, planos de sentido o entradas, según el número de los hijos de Israel que se encontraban reunidos en el monte Sinaí". La palabra cobra una "plasticidad infinita" y el místico es el individuo adecuado para dar sentido a este fecundo plano simbólico-numinoso, ya que "reencuentra su experiencia en el texto sagrado" y, por lo tanto, puede revelar su significado oculto.

Aunque para todas las grandes religiones las escrituras sagradas son la plataforma sobre la cual se puede erigir la experiencia mística en consonancia a la tradición, es difícil encontrar una tradición más allegada al texto y donde el texto se vuelve místicamente más fértil. La experiencia mística cabalista surge sobre todo a través del estudio, de la hermenéutica de la Torá, si bien obviamente existen numerosos ejercicios de contemplación, oración y algunos que incluso pueden compararse con el yoga, como señala Scholem. En el judaísmo se desarrolla tempranamente la noción de que existe un aspecto esotérico de la Torá. Scholem cita al Rabi El'azar, quien en un comentario afirma que "los diferentes capítulos de la Torá no han sido dados según su secuencia correcta. Porque si hubieran sido dados en un orden correcto cualquiera que los leyese podría resucitar a los muertos y hacer milagros". La identidad de la divinidad con el lenguaje de la Torá infunde a las letras y a los nombres divinos una cualidad de creatividad divina, que será luego también puesta en práctica en los ejercicios del golem. Será importante también para los cabalistas el libro Simmuse Tora, donde se cuenta:

cuando Moisés ascendió a los cielos para recibir la Torá, conversó con los ángeles y obtuvo de Dios finalmente no sólo el texto de la Torá tal como nosotros lo leemos, sino también las combinaciones secretas de letras que representan en su conjunto un aspecto diferente y esotérico de la misma. Precisamente esta fuente literaria llegó también al conocimiento de los primeros cabalistas de Provenza y de España hacia el año 1200.

Así entonces, debemos ver a los cabalistas como los exégetas o decodificadores del sentido oculto, de las combinaciones secretas de la Torá, que contienen la potencia creativa de la divinidad. "La Torá [para los cabalistas] no está compuesta de los nombres de Dios, sino que en realidad constituye en su conjunto el único y sublime nombre de Dios. Esto ya no es una tesis mágica, sino una tesis puramente mística", dice Scholem. Como dijimos anteriormente, los cabalistas buscan hacer contacto con la divinidad en el mundo, y las letras son el mecanismo a través del cual esto se les hace posible. Para el judaísmo ortodoxo, la Torá es "el instrumento que colaboró en la existencia del mundo". Los cabalistas dan un paso adelante y entienden que el instrumento de la creación debe de estar también impregnado de la divinidad y se convierte en un organismo viviente. A través de la Torá:

Dios ha expresado su ser trascendente, o al menos aquella parte o aspecto de su ser que es susceptible a revelarse en la creación... los nombres encierran en sí un poder, pero al mismo tiempo abarcan también las leyes secretas y el orden armónico que rigen y penetran toda la existencia.

Los cabalistas, sin embargo, no se contentarán solamente con la exegesis de la Torá, crearán sus propias imágenes simbólicas para visualizar el despliegue de la potencia creativa divina y, de alguna manera, también, la presencia inmanente de la divinidad en el mundo (Malkut, la Shejiná) y el posible retorno o reintegración con la luz infinita de Dios. La más conocida de éstas sin duda es el el sistema de las 10 sefirot, a veces visualizado como un árbol con caminos que van desde la corona a la base. Vemos como el Zohar hace esta transición dando a luz imágenes como el hombre cósmico y el árbol del mundo:

Porque la Torá es denominada Árbol de la Vida... Al igual que éste se compone de ramas, hojas, corteza, médula y raíces, y cada uno de estos elementos componentes puede ser llamado parte constituyente del árbol, sin que formen realidades sustancialmente separadas unas de otras, también verás que la Torá contiene muchas cosas interiores y exteriores... y todas forman un sola Torá, y un solo árbol.

En las siguientes partes de esta introducción a la cábala revisaremos los conceptos claves de esta tradición, como las 10 sefirot (el popularmente conocido árbol de la vida cabalístico), Ein Sof, la Shejiná, el tetragrama o nombre de Dios, la gematria, el ticún, la creación del golem, y las nupcias sagradas o hierosgamos.

Lee la segunda parte: Las diez sefirot y Ein Sof

Twitter del autor: @alepholo

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5 cosas que debes considerar cuando lees noticias en Internet para evitar ser engañado

AlterCultura

Por: Pijama Surf - 05/22/2018

Internet se ha convertido en un terreno salvaje de manipulación de información con fines políticos y económicos. Para evitar ser víctima de las fake news, practica estos 5 puntos

Actualmente, es evidente que la era de la Información embanderada por el Internet es también la era de la desinformación y de la malinformación. Los casos del Brexit y la elección de Donald Trump en Estados Unidos, en los que las fake news y las "cámaras de ecos" jugaron un papel importante, han alertado a la opinión pública sobre la problemática de vivir conectados permanentemente y consumir información en las redes sociales. Cálculos recientes sugieren que en la elección de Estados Unidos, diversos sitios de fake news recibieron más de 150 millones de visitas y las notas más vistas en la contienda electoral fueron de hecho falsas, habiéndose viralizado en redes sociales, aprovechándose de cierta ingenuidad en los usuarios.

Teniendo en cuenta que los políticos en su ambición electoral, y las corporaciones en su ambición de seguir creciendo, buscan explotar todo tipo de debilidades o puntos grises en la legislación y en la conciencia de los individuos, hemos reunido cinco puntos que pueden servir como un pequeño protocolo en la búsqueda del equilibrio y la veracidad informativa -si bien, conocer la verdad a través de la información es utópico y contradictorio, puesto que la información en sí misma se genera con sesgos ineludibles y es siempre relativa a un contexto de aprehensión-. Dicho eso, en la era de la posverdad, la búsqueda de la verdad -aunque sea simplemente un acercamiento hacia ella- es más importante que nunca puesto que es un acto de contrapeso moral, un compromiso con una realidad que está siendo subvertida y desintegrada.

 

1. Pregúntate quién redacta la información

Es importante saber quién está escribiendo la información que leemos, ya que esta persona podría tener un conflicto de intereses. Pero más aún que conocer al autor, es importante conocer el medio en el que se publica la información. Esto requiere ciertamente de un esfuerzo, pero el lado positivo es que obliga al consumidor a dejar de ser pasivo. La realidad es que todos los medios de comunicación tienen agendas y cuidan intereses. Algunos lo hacen de manera frontal y otros de manera velada. Es útil saber quiénes son los dueños de los medios y cuáles son sus tendencias políticas. Ciertamente uno debe reconocer, por ejemplo, que el periodismo del New York Times suele ser de más calidad que el de Fox News y en gran medida menos tendencioso, pero es importante saber que el New York Times tiene una tendencia liberal y seguramente no sólo será favorable a los políticos liberales sino que, sobre todo, informará sobre cosas que se ajusten a su ideología liberal -simplemente porque esto es lo que le interesa- y por lo tanto configura una realidad parcial, basada en su propia ideología. Notar por ejemplo que Carlos Slim tiene un porcentaje de las acciones puede ser útil cuando uno lee una nota sobre México, sin que esto signifique que todas las notas sobre México reflejen los intereses de Slim. O saber que Jeff Bezos, el creador de Amazon, adquirió recientemente el Washington Post sería útil cuando veamos en un futuro cómo se reporta el tema de la regulación de los gigantes de Internet. En general, la pregunta sobre la fuente y la posible agenda de la misma es la base de un lector crítico de noticias. La realidad es que los medios son negocios y en algunos casos, son creados taimadamente por ciertas personas para influir en la opinión pública y avanzar sus agendas; aunque existan códigos de ética, generalmente lo que rige la información son los intereses económicos o políticos.

 

2. Pregúntate sobre el contexto

La información no nace en un vacío, está relacionada al momento histórico. A veces una nota o un tema que aparentemente no tiene ninguna relación con algún suceso importante están siendo generados o se les está dando importancia para distraer de otro suceso. Durante crisis, elecciones, guerras y demás, los medios suelen tomar partido, o en ocasiones, ya que existen enormes intereses por los resultados, pueden recibir grandes cantidades de dinero para hacer avanzar alguna agenda. Esto llega al punto de que muchos medios surgen expresamente por la oportunidad que brinda una coyuntura o como brazos mediáticos de una campaña, un organismo o algún proyecto ideológico. Lamentablemente muchos medios llegan a vivir, más que de la publicidad, del dinero que les dan los gobiernos o ciertos políticos para generar contenido o cubrir ciertos eventos bajo una luz favorable. 

 

3. Sal de la "cámara de ecos"

Las redes sociales han creado una burbuja de filtro y una "cámara de ecos" en las que los usuarios, bajo el axioma de recibir más información como la que les gusta -o la que le han dicho a las redes sociales que les gusta-, ya no se ven expuestos a información divergente y sólo reciben más de lo mismo, ecos de su propio pensamiento. El caso emblemático fueron los seguidores de Hilary Clinton en la elección pasada en Estados Unidos, quienes jamás se imaginaron que Trump podía ganar porque en sus timelines en las redes sociales no aparecían publicaciones apoyando a Trump o mostrando esta posibilidad. Es importante exponerse a lo otro para formarse un panorama más amplio e, incluso, cuestionar las propias creencias y preferencias. Para hacer esto es recomendable seguir a sitios que tienen una ideología diferente -si uno es liberal o se inclina a la izquierda, ver lo que están reportando los sitios conservadores o de derecha, por ejemplo-. Y también es útil salir de las redes sociales y no recibir toda la información en base a los algoritmos de Facebook o Twitter, los cuales no son enteramente neutrales.

 

4. Compara la información

Relacionado al punto anterior, el ciudadano que busque tener una impresión más completa de la realidad se beneficiará de cotejar la misma información en distintos medios. Resulta provechoso tener ciertos conocimientos sobre las tendencias de los medios para cotejar información en medios que se oponen en el espectro ideológico. Esto es especialmente útil con las fake news. Cuando uno tiene cierto conocimiento de los diferentes medios, resulta bastante fácil saber si una nota es fake news y se puede evitar darle clic a un bulo o a información seriamente tendenciosa. Pero si uno no conoce el medio en el que la nota está publicada, resulta fácil corroborar haciendo una búsqueda en Google y ver qué medios han publicado dicha información.

 

 5. Practica un sano escepticismo, sin llegar a la conspiranoia

Dudar de la información que se presenta es bastante sano, especialmente en un ambiente digital en el que, como mostramos aquí, parece que estamos viviendo en una novela de Philip K. Dick, dentro de un ecosistema donde bots, trolls pagados, algoritmos y programas de inteligencia artificial están siendo utilizados para manufacturar la opinión y crear realidades falsas partisanas. Parece apropiado para nuestros tiempos sospechar de la realidad de las cosas. En términos prácticos, es sentido común dudar de los títulos demasiado escandalosos o llamativos y de las notas que contienen imágenes manipuladas digitalmente. Hay que estar atentos de los sitios que intentan copiar sitios oficiales, por ejemplo, un sitio local de CNN o de una televisora -esto se puede hacer poniendo atención a la URL o al propio diseño del sitio, el cual generalmente revela que fue hecho sólo como una fachada-. Evidentemente, es difícil ser escéptico de las cosas que parecen confirmar nuestras creencias. Si odiamos a Trump y se publica una nota falsa sobre él, es más fácil que no la cuestionemos, pues confirma nuestra opinión. Es por ello que lo esencial es tener una capacidad autocrítica y honestidad intelectual, algo que lamentablemente no muchas personas tienen y cuya carencia es lo que permite el clima enrarecido de las fake news. La sombra y el peligro de esta actitud de escepticismo ante la información es la conspiranoia, la sensación paranoide de que todo es una conspiración, de que toda la información está siendo manipulada y obedece a las siniestras intenciones de poderosas organizaciones. La realidad es más caótica que monolítica y es necesario tener cierta moderación, incluso en el escepticismo.