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Ikigai, el concepto japonés para encontrar satisfacción en la vida

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/21/2018

Encontrar el equilibrio de estos 4 ámbitos de la vida es la clave para la felicidad

El ser humano es, hasta donde sabemos, el único ser vivo que necesita dar a su existencia un propósito. Entre el momento en que nace y adquiere conciencia de sí y el instante de su muerte, su tiempo en esta tierra necesita estar animado por algo, lo cual a su vez va cambiando a lo largo del tiempo, pues el sentido de la vida no nos parece el mismo en la juventud –cuando comenzamos a preguntarnos sobre ello– que en la madurez o la vejez. 

Al respecto, vale la pena decir esto que a veces se olvida: no hay una sola respuesta a la pregunta por el sentido de la vida porque, de entrada, cada persona debe elaborarla por sí misma y, por otro lado, porque esa es una pregunta que es necesario sostener al hilo de nuestra existencia, que a veces, a la luz de ciertos hechos que vivimos, responderemos de algún modo y a veces de otro.

En ese curso, sin embargo, contamos con alguna asistencia de otros como nosotros que se han preguntado qué hacer con su vida. En el caso de la filosofía oriental, encontramos la idea del “ikigai”, una palabra japonesa que se traduce como “vivir la realización por la que habíamos esperado” y también como “aquello por lo cual vivir es valioso”. Nada más y nada menos. Recordemos que ya Albert Camus, al inicio de El mito de Sísifo, consideraba que no era otro el problema fundamental de la filosofía más que decir si la vida valía o no la pena de ser vivida. En Japón, esa respuesta está en el ikigai.

Aunque el desarrollo de esta idea es histórico, en años recientes ha cobrado nuevos bríos en razón, probablemente, de la insaciable búsqueda de sentido del hombre contemporáneo. Ahogados como vivimos en la prisa de vivir, en las múltiples ocupaciones, en la respuesta incesante a estímulos omnipresentes, el ikigai se ha presentado como una posibilidad de dar curso a la vida, de parar por un momento para reflexionar y decidir conscientemente sobre la dirección de nuestra propia existencia.

En ese sentido, el ikigai está basado en cuatro simples preguntas:

¿Qué amas hacer?
¿Qué eres bueno (a) haciendo?
¿Qué necesita el mundo de ti?
¿Por qué de lo que hagas puedes recibir un pago?

Si cruzamos esas áreas, el resultado es este:

Como vemos, la felicidad se encuentra ahí donde todo está en equilibrio: amas lo que haces, eres bueno (a) en lo que haces, esa ocupación genera un impacto positivo en el mundo y además recibes un ingreso a cambio que te permite vivir dignamente. 

Asimismo, cabe hacer notar que dicho balance se refiere tanto al individuo como a la sociedad, pues no es sólo que, egoístamente, puedas hacer lo que quieras, sino también que esto genere un cambio favorable en la comunidad a la que perteneces.

Fuera del papel puede parecer difícil vivir así, pero parte del propósito de filosofías como esta también es animarnos a construir el mundo que queremos. Quizá hoy tu ocupación principal te parezca vacía o insatisfactoria; quizá hoy amas lo que haces pero batallas para pagar las cuentas más elementales… ¿pero quién puede decir que mañana será igual? ¿Quién puede decir si no, quizá mañana, todos tengamos al menos una oportunidad de vivir una vida de plenitud?

 

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Estas son las razones por las cuales Copenhague es la ciudad más feliz del mundo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/21/2018

Para Meik Wiking, jefe ejecutivo del Instituto de Investigación de la Felicidad, son pequeños pero significativos cambios que modifican toda la perspectiva de vida

Año con año, el Instituto de Investigación de la Felicidad explora cómo es que algunas sociedades son más felices que otras. Tomando en cuenta factores para el bienestar general como la calidad y el estilo de vida, las normas y servicios públicos, el concepto de felicidad, entre otros, este año se ha propuesto a Copenhague como la ciudad más feliz del mundo.

Con una ciudad adaptada para las bicicletas, chapuzones en albercas comunitarias al aire libre durante el invierno y clases gratuitas tanto de yoga como de mindfulness, los copenhaguenses han encontrado el secreto de la felicidad: hacer actividades sólo para disfrutarlas o para hacernos la vida mas fácil (mas no con el único objetivo de poseer una mejor salud o la vida más cómoda o envidiable).

Siguiendo esta premisa, la cual forma parte de una reforma para la salud que tendrá una duración de 10 años, Copenhague se ha convertido en un modelo de desarrollo de ciudades saludables, sociables y felices a lo largo del mundo. Todo se trata de un tiempo estratégico, explica Katrine Schjønning, la directora de salud pública de la ciudad, pues a la hora de realizar cambios en la salud pública tan sólo "se necesita de una perspectiva a largo plazo" y de volver atractivos los principios básicos de una salud plena.

Por ejemplo, las autoridades enfocadas en la salud pública de esta región danesa empezaron promoviendo la salud cotidiana como parte de la estructura urbana. Es decir, volvieron atractivo el andar en bicicleta, sirvieron almuerzos nutritivos en las instituciones y permitieron que las escuelas ofrecieran programas para dejar de fumar. La premisa era que las personas enfocadas en una salud plena tienden a terminar su educación y a encontrar un trabajo; en palabras de Schjønning, promover la salud nos "permite vivir la vida que deseamos".

Tras años de promover esta iniciativa en salud se ha transformado a la ciudad: en invierno las calles están llenas de niños, adultos jóvenes y personas mayores en sus bicicletas, padres con sus hijos en bicicletas de cargo. De acuerdo con los habitantes no se trata de volverse saludable, sino sólo de aprovechar la manera más fácil de movilizarse. Schjønning explica:

Andamos en bicicleta todo el tiempo. Vamos en bici a la Luna varias veces al año en Copenhague. Un extraordinario 62% de las personas que viven en la ciudad se transporta en bici al trabajo cada día y la mayoría de ellos lo hace pese al frío y a la lluvia. No se trata de que sea la opción más saludable. Sólo es la más sencilla. La ciudad está diseñada para bicis y no para coches.

[…] Aquí todo el mundo anda en bici o camina con un café. Ahora se ha diseñado un recipiente verde para que los ciclistas puedan tirar la basura una vez que se hayan acabado su bebida. Y ahí en donde los ciclistas se detienen en un semáforo en rojo, se eleva una plataforma en donde pueden descansar sus pies sin salirse de sus monturas. Cuando nieva, la ciudad limpia los carriles de los ciclistas antes de limpiar las rutas de los automóviles.

Para Meik Wiking, jefe ejecutivo del Instituto de Investigación de la Felicidad, son pequeños pero significativos cambios que modifican toda la perspectiva de vida: "Copenhague no es una gran ciudad en términos de monumentos o atracciones, pero en términos de comodidad y atención a las personas, sí que lo es". Incluso en términos de salud mental, Copenhague tiene clínicas para combatir los efectos del estrés tanto por exceso de trabajo como por desempleo, en donde se imparten clases de yoga y meditación de manera gratuita.

Sin embargo, no es tan sencillo como se pinta: el costo de esta comodidad se ve reflejado en el pago de los impuestos. De hecho, los copenhaguenses pagan hasta el 60% de sus ingresos en impuestos, como si decidieran renunciar a la riqueza para gozar de un mayor bienestar. Podría incluso decirse que ellos invierten en la calidad de vida en vez de en un coche más grande o caro, y ahí reside la clave de su felicidad.