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Bienvenidos a la era del deepfake, o cuando tus selfies de Instagram son utilizadas para superponer tu rostro de manera realista sobre el cuerpo de una actriz porno en un video

Como dice una nota de Motherboard que reporta este fenómeno: "We are all fucked" (todos estamos cogidos). En los últimos meses ha irrumpido en Internet lo que le sigue al "celebrity fake porn", luego de que usuarios de Reddit y otros sitios empezaran a usar un algoritmo que emplea machine learning para cambiar el rostro de una persona y superponerlo al de otra en un video. Por ejemplo, poner el rostro de Gal Gadot, Taylor Swift o Scarlett Johansson (todas ellas celebridades que han sufrido "deep fakes") sobre el de una actriz porno durante toda la duración de un video. Y actualmente ya ni siquiera se necesita conocimiento de programación para crear estos videos, ya que un usuario creó una app que simplifica el proceso. Las implicaciones de esto son realmente escabrosas.

Los videos, llamados deep fakes, aún no son perfectos, y dejan la impresión de algo raro, un no sé qué que salta un poco, algo robótico en los movimientos del rostro, pero de todas maneras se acercan asombrosamente a la verosimilitud, al punto de que la "falsedad" podría confundirse con sólo una falta de ancho de banda o un leve pixeleo. Si una celebridad ve estos videos en los que aparece debe de sentir algo sumamente perturbador, una especie de glitch ontológico. Por si fuera poco, evidentemente la calidad de los mismos sólo podrá mejorar en los siguientes años con la optimización de la inteligencia artificial que ya se está usando para crearlos.

La forma en la que estos deepfakes funcionan es relativamente sencilla. Los creadores de estos videos emplean software de reconocimiento facial que les dice qué actores o actrices porno se parecen a la persona con la que quieren hacer el cambio de rostro (algo que ha sido llamado "doppelbanger"). Para esto ya existen varias aplicaciones disponibles que son fáciles de usar. Una vez que se ha hecho el match de cara con el cuerpo, los usuarios pueden buscar en sitios de porno videos del actor o actriz elegido y empezar a hacer el "face-swap" o cambio de rostro, cuadro por cuadro.

Por el momento esto parece estar dominado por el porno de celebridades, hacer cumplir la fantasía masturbatoria de las masas, lo cual en sí es algo violatorio de la imagen, pero ya hay indicios de algo más. Usuarios de los foros de deepfakes dicen que ya han creado videos de una chica con la que iban en la escuela, usando 380 fotos de Instagram y Facebook. Hemos llegado al momento en el que las selfies que subes a Internet se pueden convertir en videos porno hardcore en apenas 3-5 horas de edición. Esto abre toda un caudal de "revenge porn".

El otro gran problema que se avecina son los videos fake de políticos circulando como las más convincentes fake news. Pronto podremos ver videos de Donald Trump declarando la guerra y asegurando la destrucción de Corea del Norte, México, Canadá o cualquier otro país, o aceptando que en realidad es gay. Cualquier cosa. Esto nos recuerda un artículo anterior en el que analizamos cómo el mundo en el que vivimos se parece más al imaginado por Philip K Dick que al de Orwell, un mundo en el que "humanos falsos generarán realidades falsas y se las venderán a otros otros seres humanos, convirtiéndolos, eventualmente, en falsificaciones de sí mismos". La caja de Pandora del "fake" está abierta. 

Wired señala que además, en términos legales, en Estados Unidos no hay mucho que una persona promedio pueda hacer. A diferencia de una foto desnuda hackeada de la nube, en este caso no se puede demandar a alguien por exponer los detalles íntimos de tu vida, y es que hay todo tipo de lagunas al respecto, porque no es tu cuerpo el que aparece. Técnicamente no eres tú en el video. Por otro lado, se podría objetar que es censura bajar estos videos, ya que son "arte". Existe la opción para las celebridades de demandar por "mala apropiación" de su imagen, pero esto sólo en el caso de que sea usada con fines comerciales. Como cuando, por ejemplo, la foto de una celebridad es usada para la publicidad de un club de strippersWe are all fucked.

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100 cantos, 100 días: una propuesta no sólo para leer y disfrutar la 'Comedia' de Dante sino, sobre todo, para redescubir la lectura como una actividad que se hace siempre en compañía de otros

Leer suele pensarse como un ejercicio solitario, silencioso y acaso por ello mismo aburrido. En cierta forma parece más deseable, siendo niños, salir al parque o a andar en bicicleta, jugar fútbol, o simplemente estar con los amigos. Y, ya mayores, quizá la experiencia sea similar: entre el encierro que parece representar la lectura y el tiempo pasado a solas, el tiempo pasado con otros tiene igualmente un valor preminente.

Sin embargo, no siempre fue así, y de hecho, la lectura solitaria y en silencio es una invención de la modernidad. En la Grecia Antigua, la poesía era una actividad ritual y por ello mismo comunitaria: la Ilíada y las grandes tragedias se “leían” frente a otros (en un tiempo en que la lectura era más bien memorización). En la Edad Media, los monasterios y conventos acompañaban sus comidas de lecturas sacras, leídas igualmente en grupo. Lo mismo en el Renacimiento y los siglos posteriores: como se testimonia en diversas obras (de Chaucer a Cervantes), tanto en palacios como en el campo era común que una persona leyera a otras en voz alta, por mero entretenimiento o como forma de instrucción. Fue hasta los siglos XVIII y XIX que la lectura comenzó poco a poco a enclaustrarse en el “cuarto propio” del que habló Virginia Woolf, en el cubículo universitario, el libro de bolsillo y acaso, incluso, la soledad de la erudición.

Pero en su espíritu la lectura tendrá siempre una gota de comunidad, de compañía y complicidad. Siempre hay un otro presente en la lectura: ese otro elemental que es el autor, el otro amplio que son las circunstancias en que fue escrito lo que leemos, el otro que llevamos en nuestro interior y que acaso, como sugiere Charles Dantzig, leemos justamente para instigarlo, para molestarlo, para contradecirnos a nosotros mismos y hacerlo surgir y desafiarnos. Finalmente, el otro elemental en el punto opuesto del arco: el otro prójimo, con quien eventualmente podemos hablar de un libro, criticarlo o alabarlo mutuamente, el otro a quien podemos recomendar una lectura o que nos señala un detalle del texto que pasamos por alto. Leer es, en esencia, una actividad que se hace con otros.

Este año comenzó en Twitter, con cierta espontaneidad, una lectura colectiva, simultánea e inesperadamente asequible de la Comedia de Dante, un título que acaso evoca el tormento del deber escolar en algunos o el sopor con que a veces hemos aprendido a ver las “obras clásicas” pero que, por esta iniciativa, se revela como un libro profundamente lúdico, sorpresivo y no por casualidad elogiado en todas las épocas.

La iniciativa lleva como distintivo el hashtag #Dante2018 y, en breve, tiene reglas muy simples: a partir del 1o de enero, leer un canto de la Comedia al día. En tanto el poema de Dante está dividido en 100 cantos, después de 100 días (esto es, el martes 10 de abril del 2018), habrás terminado de leerlo. Y no sólo eso. A través de Twitter podrás acompañar tu lectura con la de otros: preguntas, comentarios, observaciones, otros libros que la Comedia te hace recordar… lo que desees. Hay quien, como Humberto Ballesteros, está publicando un ensayo al día en torno al canto respectivo; Leonardo Achilli hace lo mismo pero con una ilustración y Diego Papic se tomó el tiempo de transcribir todas las menciones que se hacen de Dante en el diario monumental (y al mismo tiempo íntimo) que Bioy Casares llevó durante sus encuentros con Borges.

El artífice de esta lectura compartida fue Pablo Maurette, profesor de origen argentino que radica actualmente en Chicago, Estados Unidos. Sin saber bien a bien el alcance de su propuesta, Maurette la lanzó en Twitter y, pronto, muchísimos hispanohablantes de todas latitudes respondieron y se sumaron al ejercicio. 

Si te interesa, aún estás en tiempo de unirte a #Dante2018. Basta conseguir una edición (en Internet circulan algunas digitalizadas) y leer al menos un par de cantos al día para que puedas ponerte al corriente. La Comedia, es cierto, está rodeada de cierta atmósfera de erudición y crítica, sin mencionar su antigüedad, que puede suponer para algunos cierta dificultad para leerla. Todo eso, sin embargo, puede mirarse un poco como un prestigio. Aunque útiles o loables, los comentarios a la Comedia (o a cualquier otro libro) también pueden ser prescindibles en al menos un punto: la lectura por placer. No sin ironía Borges digo alguna vez, hablando de la lectura por placer, que Shakespeare escribió toda su obra sin leer ni una sola línea sobre Shakespeare. Lo mismo pasa con Dante: su viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Cielo, del que acaso tanto hemos oído hablar (así sea vagamente), es también un relato maravilloso, simple en algún sentido cuando se le sigue y se le mira en la sencillez de la historia contada. 

#Dante2018 es también una oportunidad para descubrir la Comedia así, en el placer soberano de una historia asombrosa que alguien más nos está contando.

 

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Ilustración de la portada: Leonardo Achilli