*

X
"Bienvenidos a la era de la posverdad", se anuncia por todos lados, ¿pero realmente las cosas han cambiado mucho? ¿La verdad ha dejado de importar? E incluso, ¿realmente podemos percibir la verdad?

Si uno lee los diarios en gran parte del mundo occidental, parece que en el último año se ha asumido la entrada de una nueva era, la era de la posverdad (post-truth). Los medios y diferentes analistas políticos y teóricos de comunicación han decidido como la punta más aguda de su análisis que estamos en una era donde la verdad, los hechos, los datos duros, han dejado de importar. "Post-truth" fue nombrada la palabra del año por el diccionario Oxford en el 2016 (1 año antes había sido emoji). El diccionario define esta palabra así: "relativa a o denotando las circunstancias en las que los hechos objetivos tienen menos influencia en moldear la opinión pública que las emociones y las creencias personales". El uso de este término se incrementó 2 mil veces en el 2016, particularmente en relación al Brexit y a la campaña de Trump. Sin embargo, el término también fue usado para describir las estrategias de políticos en China, Turquía, la India y demás países, incluyendo a Rusia, que es considerado por algunos analistas como el país cuyo gobierno ha amaestrado la propaganda de la posverdad.

El término post-truth fue usado memorablemente por Steve Tesich en relación con la Guerra del Golfo en 1992: "nosotros, los ciudadanos libres, hemos decidido libremente que queremos vivir en un mundo de la posverdad". Un libro titulado The Post-Truth Era, publicado en el 2004 por Ralph Keyes, anunciaba la llegada de esta era. Sin duda, la obra que mejor define a esta era es el documental de Adam Curtis HyperNormalization, que en octubre del 2016 narraba ya cómo "el mundo había dejado de ser real":

Vivimos en un mundo donde los poderosos nos engañan. Sabemos que mienten, y ellos saben que sabemos que mienten, pero no les importa. Decimos que nos importa, pero no hacemos nada. Nada nunca cambia. Es normal. Bienvenidos al mundo de la posverdad.

Ahora bien, uno podría pensar que la posverdad, que la mayor importancia de las creencias y las emociones por sobre los hechos objetivos es algo nuevo, parte de la degeneración de nuestra sociedad y del nuevo ecosistema tecnológico. Pero esto es algo que merece debatirse. Por una parte. es indudable que estamos viviendo una cierta decadencia cultural en tanto que la visión preponderantemente económica de la realidad --y del sentido y propósito de la vida humana-- potenciada por los medios tecnológicos está produciendo una era no sólo de la posverdad sino de la distracción, en la que la cultura antes basada en el arte hoy está basada sobre todo en el entretenimiento, donde la sobreinformación y la falta de curaduría de la información hacen que nos ahoguemos en un mar de irrelevancia, como temía Aldous Huxley (un mundo donde los libros no tienen que ser prohibidos porque no hay nadie que los quiera leer). Por otra parte, es indudable que el ser humano siempre se ha guiado más por sus emociones y creencias personales que por la supuesta realidad objetiva, fundamentada en los puros hechos. La realidad de esto es que el ser humano no está evolutivamente construido para ver la verdad y ni siquiera la realidad parece tener una existencia independiente de nuestra propia subjetividad (algo que sugiere la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica). Lo que existe, sin embargo, es una realidad consensual y convencional, lo que se conoce como un sentido común que legisla, regula y promedia lo que es aceptado como la realidad, una especie de censor comunitario, y parece ser que los hechos experimentados en el último tiempo se desvían de la realidad socialmente aceptada y definida, o al menos de la preferencia de aquellos que más influyen y regulan las verdades comunes. 

El trabajo del neurocientífico Donald Hoffman es bastante contundente en este sentido. El mundo que percibimos no es nada parecido la realidad, sugiere su investigación de 30 años; por el contrario, al volvernos más aptos evolutivamente nos alejamos de la realidad, ya que para una especie percibir dicha realidad no tiene ventajas evolutivas:

El físico matemático Chetan Prakash probó un teorema que yo ideé: según la evolución por selección natural, un organismo que ve la realidad nunca será más apto que un organismo de igual complejidad que no ve la realidad pero que está ajustado sólo en aptitud [para sobrevivir].

Hoffman mantiene que nuestras percepciones han evolucionado para incrementar nuestra aptitud (lo que llama fitness) y no para ver la verdad. Sólo vemos la parte del bosque que nos sirve para sobrevivir y perpetuarnos. Existe una enorme cantidad de información de la realidad que no es útil percibir: "Si tuviéramos que pasar todo el tiempo decodificándola, el tigre te comería". Así es como han sido construidos nuestros mecanismos de percepción que actúan por default; queda abierta la pregunta de si el hombre, capaz de conscientemente modificar y educar su percepción, podría trascender la biología, considerando que existe un sentido superior a la vida que la mera supervivencia física. Dicha trascendencia podría justamente empezar por notar que no percibimos la realidad o que incluso la realidad como tal no existe de manera independiente de nuestra percepción, como ocurre en algunos sistemas espirituales contemplativos.

En términos políticos esta tendencia a ver sólo lo que nos permite sobrevivir se traduce en el sesgo partidista (en inglés se le llama partisanship). Diversos estudios muestran que cuando las personas son expuestas a datos sobre ciertos candidatos políticos, incluso si son muy inteligentes, suelen entrar en modo de procesamiento selectivo de la información, en el cual sólo atienden y asimilan los datos que confirman sus posiciones previas. Así, el 88% de las personas identificadas como republicanos votaron por Donald Trump y el 89% de los demócratas votaron por Clinton. Esto es una especie de mecanismo de supervivencia memética o ideológica, en la que ajustamos la realidad para que nuestras convicciones (muchas veces prejuicios) puedan mantenerse a flote. Es de notar que esto no le ocurre solamente a personas que podemos considerar como de baja capacidad intelectual (según pruebas psicométricas), la diferencia estriba solamente en que personas de mayor coeficiente intelectual tienen mayor capacidad de construir argumentos que aparentemente sustentan sus posturas. 

Indagando la naturaleza de la percepción, uno nota que claramente la era de la posverdad no es nueva, ya que la verdad nunca ha estado del todo con nosotros, si seguimos el argumento evolutivo, pese a que el materialismo científico ha construido la ilusión de su conquista. Por ejemplo, el físico William Thomson (Lord Kelvin) anunciaba en las postrimerías del siglo XIX que la ciencia había ya descubierto cómo funcionaba en su totalidad la naturaleza y que sólo quedaba ajustar unos detalles. En cierto modo es la ilusión de que hemos accedido a la verdad, la cual está soportada por la ciencia, lo que hace posible el shock de la posverdad. Dicho eso, también es evidente que la tecnología ha alterado nuestra relación con la información y magnificado la consolidación de "bolsas de realidad", en las que los individuos quedan aislados con su propia versión del mundo reforzada por algoritmos programados para personalizar la información. Sin embargo, también debemos notar que ha habido numerosos momentos en la historia, quizás la mayoría, en los que la información ha sido manipulada por el Estado y los diversos poderes y que el mismo estado de los medios en Estados Unidos y en otros países en diversos pasajes de la historia ha creado en mayor y menor medida una inundación de noticias falsas, cámaras de ecos y burbujas de realidad.

Después del referéndum del Brexit, la editora de The Guardian, Katharine Viner, publicó un artículo titulado "Cómo la tecnología ha perturbado la verdad", en el que culpaba al algoritmo de Facebook y al clickbait de muchos medios --el cual existe en simbiosis con el algoritmo de Facebook-- de alejarnos de la verdad y del periodismo de investigación de calidad. Cerca del término "post-truth", en el 2016 vimos también el surgimiento o popularización de términos como "fake news", "filter bubble" y "echo chambers". Un ejemplo de cómo funciona la burbuja de los filtros fue desvelado por el activista Tom Steinberg. Aunque más de la mitad de su país había votado a favor de abandonar la comunidad europea, en su Facebook no podía encontrar ningún post sobre alguien que estuviera celebrando el Brexit:

Estoy activamente buscando personas que estén celebrando la victoria del Brexit, pero la burbuja de filtros es tan grande, se extiende incluso a la búsqueda personalizada de Facebook, que no puedo encontrar nadie que realmente esté feliz pese a que la mitad del país claramente está en estado de júbilo hoy.

Dentro de esta “filter bubble”, los usuarios constantemente reciben una versión de la realidad basada en lo que de antemano ya les gusta, creando pequeñas bolsas de realidad que sólo afirman las creencias preestablecidas y que los mantienen aislados de ideas que desafían sus nociones básicas (el axioma de los algoritmos es: if you liked that, you will love this). Es la tautología del reino de lo mismo. Nuestra experiencia con la tecnología moderna es la de un espejo, tiende al narcisismo, e incluso a un narcótico: nos empachamos de nosotros mismos y quedamos sedados, aislados en el confort de nuestra burbuja algorítmicamente personalizada del mundo externo, el cual es frustrante ya que no podemos cambiarlo y se comporta caóticamente. Esto tal vez puede ayudar a explicar la aceptación generalizada de nuestra era como la posverdad, debido al hiperindivdualismo narcisista que caracteriza a la sociedad del consumo en la era digital, a los individuos que conforman la sociedad y que defienden sus opiniones y su derecho a ser únicos, a ser definidos por lo que les gusta y lo que no les gusta, la divergente verdad de los otros, en contraste, es definida como una no-verdad, como ignorancia por no acoplarse a nuestra verdad. Desde nuestra burbuja de filtros, que parece dar solidez a nuestra visión del mundo, ya que le da un aura de objetividad en tanto que ésta aparece en el mundo externo (aunque sea virtualmente) y circula entre nosotros con la credibilidad que le dan los medios y los amigos que validamos, lo otro, aquello que amenaza nuestra construcción de la realidad, no puede ser verdadero. Cuando la visión alternativa de la realidad logra romper la burbuja en la que estamos aislados e irrumpe en nuestra vida la llamamos la posverdad.

Con lo anterior no quiero negar el sentido ético de la verdad ni la noción de hechos que colectivamente son considerados como verdaderos, fundamentalmente porque son útiles y promueven una relación armónica con la sociedad y el entorno. Asimismo, el hecho de que no estemos equipados evolutivamente para ver una verdad objetiva independiente, no significa que no existan y que no construyamos verdades colectivas que temporalmente tienen validez para todos los miembros de una sociedad. Las verdades que tenemos son verdades relativas a nuestros propios aparatos de percepción y a nuestros contextos culturales. El sentido de cuestionar incluso la misma era de la posverdad, lo cual es bastante apropiado en el espíritu del término, es fundamentalmente cuestionar nuestros prejuicios y voltear la mirada al acto mismo de percibir, que es la unidad básica con la cual construimos la realidad, percepción a percepción. Asimismo, notar que nuestras verdades son relativas nos hace desidentificarnos de las mismas, volvernos menos fanáticos y quizás tener más empatía por las personas que difieren de nosotros.

 

Twitter del autor: @alepholo

Te podría interesar:

¿Quién es Steve Bannon? (La ideología y la visión detrás de Trump)

Política

Por: pijamasurf - 03/14/2017

Steve Bannon es "el cerebro de Trump", cree que estamos inmersos en una "guerra santa" y recientemente ha sido señalado por los medios como "el presidente Bannon"

A lo largo de la historia han existido ciertas figuras políticas que han operado desde la sombra, aportando la visión y la ideología que son ejecutadas por una figura más visible. Numerosos reyes han dependido de sus consejeros para tomar decisiones e implementar una visión estratégica, siendo ellos solamente la cara visible del poder. En este tipo de modus operandi puede haber consejeros que realmente llegan a tener un poder superior al del mandatario oficial, o a veces solamente se produce un esquema en el que el consejero aporta una cierta cualidad intelectual analítica que complementa el carisma y el liderazgo del poder oficial.

Steve Bannon ha tomado un papel preponderante en la administración de Trump. Algunos medios en discordia con Trump han usado el mote de “presidente Bannon”, un tanto en broma, un tanto en serio. El popular programa Saturday Night Live hizo una parodia de Trump en la que Bannon aparecía como una mezcla de Darth Vader y La Parca moviendo los hilos de la Casa Blanca y tratando a Trump como un niño impulsivo y fácil de manipular. En las últimas horas ha surgido una extensión de Google Chrome que reemplaza las imágenes en las que aparece Trump por Bannon, como si este último fuera el presidente. El mismo Bannon en una entrevista en noviembre, cuando ya había sido nombrado el consejero principal del equipo de Trump, se refirió a sí mismo como “Thomas Cromwell en la corte de los Tudor”. Cromwell es una figura polémica de la cual cierto revisionismo histórico ha sugerido que fue el genio detrás de la conformación de Inglaterra después de la Reforma, más importante incluso que el rey Enrique VIII, a quien servía como consejero. 

Bannon no sólo es el principal asesor de Trump; recientemente fue anunciado que será miembro permanente del Consejo de Seguridad Nacional, algo que nunca había ocurrido para alguien en su cargo y lo cual ha generado numerosas críticas. Al mismo tiempo, Trump limitó el acceso a esta reunión al jefe del Estado Mayor Conjunto y al Director de Inteligencia Nacional. Bannon genera cierta preocupación para muchas personas ya que se ha manifestado vehementemente en contra de lo que llama “fascismo islámico”, ha dicho que de hecho nos encontramos dentro de una guerra religiosa y es conocido por su interés por la estrategia militar y lecturas como El arte de la guerra, un manual de estrategia militar del siglo V atribuido al estratega Sun Tzu (su exsocia ha dicho que a Bannon "le encanta la guerra"). Ya en el 2015, Bannon había mencionado expresamente que sería apropiado simplemente prohibir la entrada a Estados Unidos a todos los musulmanes --algo que sería parte del discurso de campaña de Trump y una de sus primeras decisiones ejecutivas.

Como ya ha sido estudiado, el triunfo de Trump en gran medida se basó en su discurso populista en contra de las élites políticas y financieras, colocándolas en oposición a la clase media trabajadora que simbolizaba el verdadero corazón de Estados Unidos. También, en la dicotomía entre la esencia de "lo estadounidense" y los diferentes enemigos que amenazan la grandeza del país, desde los migrantes mexicanos hasta los musulmanes, enemigos importantes en el aglutinamiento de un nuevo nacionalismo. Resulta bastante evidente que detrás del discurso de Trump están las ideas de Bannon. 

Steve Bannon nació en una familia de clase media trabajadora y fue ascendiendo hasta llegar a ser uno de los líderes de la llamada “alt-right”. Estudio en Virginia Tech, Georgetown y en la Escuela de negocios Harvard, luego trabajó en Goldman Sachs, el banco emblemático de las élites que después identificaría como el enemigo de la clase media —uno de los "caballos discursivos" con los que Trump lograría llegar la presidencia. Bannon fue luego a Hollywood, donde trabajó durante cerca de 2 décadas como escritor, productor y director. Hizo una pequeña fortuna con las regalías que obtuvo de la serie Seinfeld y de ahí se propulsó hacia los medios de extrema derecha, siendo conspicuamente director del sitio Breitbart antes de incorporarse como líder estratégico de la campaña de Trump. Breitbart es considerado la principal plataforma del movimiento “alt-right”, el cual es una continuación del Tea Party (Bannon imagina un movimiento global del Tea Party y en cierta forma Donald Trump es la maduración de lo que fue en su momento Sarah Palin). Breitbart ha sido fuertemente criticado por promover las llamadas “fake news”, que jugaron un papel de bastante importancia en la elección del 2016 y en lo que ha sido llamada "la era de la posverdad”. Andrew Breitbart, fundador de Breitbart, se refirió en su momento a Bannon como el Leni Riefenstahl del Tea Party (Bannon dirigió, entre otros documentales, uno sobre Sarah Palin).

Michael Wolff, quien entrevistó a Bannon en noviembre del 2016, sugiere que éste encarna una forma de obsesiva conciencia de clase. Para él, la clase media habría sido traicionada por los demócratas e incluso algunos conservadores que habrían dejado atrás sus raíces trabajadoras. Los Clinton serían el emblema demócrata de esta traición y Reagan, de quien también dirigió un documental (In the Face of Evil), sería el emblema de la traición republicana por parte del establishment o lo que él llama “la clase donante”. Bannon se ve a sí mismo como el emisario de la caída del establishment.

Aunque ha sido descrito como radical, fascista y peligroso (y probablemente sin exagerar), no hay duda de que Bannon es un tipo inteligente que tiene ideas que pueden ser muy atractivas y relevantes; por momentos su discurso suena muy parecido al de Bernie Sanders, el precandidato demócrata que cobró popularidad también por avanzar un discurso antisistema. Si uno escucha algunos de sus discursos, por momentos podría pensar que está escuchando a Bernie Sanders o a alguno de los líderes de Occupy Wall Street (especialmente en aquellos en los que no habla sobre una crisis de valores religiosos y de la guerra en marcha contra el Islam).

Bannon explica que actualmente Estados Unidos enfrenta enemigos aún más poderosos que Hitler, Stalin y Mussolini, esto es, el sistema financiero que llama crony capitalism (capitalismo clientelar). Esto fue patente en la crisis financiera del 2008, cuando la élite financiera prácticamente obligó al presidente Bush a inyectar 1 billón de dólares al sistema financiero luego del colapso de Lehman Brothers, asegurándole a aquél que "de no hacerlo el sistema financiero se congelaría y explotaría y que no se podía garantizar la estabilidad”.

El discurso de Bannon, sin embargo, no es anticapitalista, sino que solamente está en contra del capitalismo clientelar que “trata a las personas como mercancía”. Bannon defiende un “capitalismo iluminado” que produjo una “Pax Americana” después de las guerras y “generó una tremenda cantidad de riqueza”, la cual “realmente distribuyó entre la clase media”. 

En su documental Generation Zero (el término que utiliza para los millennials), Bannon sostiene que la crisis económica actual no es un fracaso del capitalismo sino de la cultura. Esto empezó con “el narcisismo de los 60, que se esparció como un virus hasta la autoindulgencia de los 90”. El sistema capitalista padeció la crisis de valores de una “generación de niños ricos cuyas necesidades materiales habían sido resueltas por sus padres trabajadores”. De aquí las élites que olvidan “los valores americanos que habían creado la riqueza en  primer lugar” y la emergencia de “políticas socialistas que dieron lugar a la dependencia en el gobierno, debilitando el capitalismo”. Es importante notar que en la visión de Bannon el trabajo juega el papel central, tanto en la conformación del mito o sueño americano y de los valores que se extraen de él —siguiendo con la ética protestante y el destino manifiesto— como en el plan que tiene para la administración de Trump, que literalmente está basado en la reconstrucción del país para generar millones de trabajos. 

En una conferencia en el Vaticano en el 2014 Bannon habló sobre lo que considera que es la causa de la decadencia del capitalismo. El capitalismo que predomina, dice, “ha sido alejado de los fundamentos espirituales subyacentes en las creencias judeocristianas”. Bannon sostiene que las dos formas principales del capitalismo que existen en el mundo actualmente, la del capitalismo clientelar involucrado con el Estado y una otra forma que llama de la escuela objetivista o de Ayn Rand, han abandonado el fundamento moral. Este tipo de capitalismo atrae a los jóvenes bajo la noción de “libertad personal”, sin que se den cuenta de que están siendo tratados como mercancía. 

Toda sociedad capitalista con valores cristianos, dice Bannon, debería preguntarse si es necesario “poner un tope a la creación de riqueza y distribuirla… ‘¿Cuál es el propósito de lo que estoy haciendo con esta riqueza? ¿Cuál es el propósito de lo que estoy haciendo con la habilidad que Dios nos ha dado?’”. Estas son las preguntas que este capitalismo iluminado por la moral judeocristiana debe hacerse.

Contra esta civilización se encuentra el Islam. “Es un tema desagradable pero estamos en una guerra frontal contra el fascismo yihadista islámico. Y está guerra está entrando en metástasis más rápido de lo que el gobierno puede manejarla”, dijo Bannon a una audiencia en el Vaticano en el 2014. El Islam estaría utilizando las mismas herramientas del capitalismo y la tecnología para imponerse a la civilización judeocristiana mayormente blanca (aunque Bannon dice que no es una cuestión racial).

Las cosas se vuelven aún más extrañas y confusas puesto que Bannon mantiene que el otro gran enemigo del pueblo estadounidense son los medios, que han formado una burbuja de realidad que promueve la ignorancia, el surgimiento de lo que llama la Generación Cero y la crisis de la cultura que da pie a este capitalismo que, en oposición al capitalismo iluminado, podría describirse como un capitalismo ignorante. La misma crítica que se hace en casi todo el mundo a Trump, a la extrema derecha y a sus votantes sobre creer noticias falsas y tener una visión casi psicótica de la realidad, Bannon la voltea hacia el establishment de los medios que siguen la pauta del New York Times. En sus primeros días en la presidencia Trump ha hablado de una conspiración de los medios en su contra y Bannon dijo hace unos días a un diario: "Los medios deberían sentirse avergonzados y humillados y cerrar la boca y sólo escuchar por un rato. Quiero que citen esto: los medios aquí son el partido de oposición. No entienden este país. No entienden que Donald Trump es el presidente de Estados Unidos". Estas declaraciones sólo pueden entenderse desde la estrategia que ha acompañado a la campaña Trump, de dirigirse siempre a los suyos sin importarles todos los demás. Lo importante aquí es reforzar solamente la creencia ya establecida de que existe una especie de conspiración y que los medios están coludidos con el poder financiero de Wall Street y las mafias políticas de Washington, no importa que sea o no verdad; ni importa tampoco lo que piense todo el otro (más del) 50% del país que no está con Trump (a ellos no les está hablando). Es en estas condiciones de guerra memética asimétrica que ha surgido el término de la “era de la posverdad”. En el documental HyperNormalisation, Adam Curtis habla de cómo en Rusia el gobierno ha instaurado un departamento de propaganda en el cual ya no sólo se generan teorías de la conspiración sino que en ocasiones él mismo gobierno se las atribuye, creando un estado en el que es imposible saber qué es verdad. Quizás no  sea casualidad que Bannon ha elogiado la inteligencia de Putin en repetidas ocasiones. Esta "posverdad" es amplificada por el hecho de que los medios, acaso escandalizados por lo insólito del comportamiento de Trump y su igualmente insólito triunfo, están obsesionados con la personalidad de Trump y todo lo magnifican y distorsionan, cumpliendo en cierta forma la teoría de conspiración de Bannon y así, pulverizando la noción de la verdad. 

Bannon se ha referido a esto como "la miopía de los medios” que publican sólo las historias que confirman sus propias perspectivas, lo que al final hace que les sea imposible entender lo que está pasando realmente. De aquí la sorpresa para muchos, incluyendo al equipo de Hillary Clinton, frente al triunfo de Trump. Exactamente este mismo argumento ha sido usado por expertos para explicar por qué las personas votaron por Trump: ya que los medios que veían y sus círculos en las redes sociales sólo les regresaban información de lo que ya creían, no salieron de la burbuja y no lograron entender que lo que Trump decía no era verdad o ver todos sus defectos de carácter. El detalle aquí, en la era de la posverdad, es que la verdad ya no importa, lo que importa en el mensaje es que empate con las emociones ya existentes —como el miedo o el enojo— y las catalice hacia una esperanza (real o ilusoria) de transformación. 

Más allá de que el discurso de Bannon tiene muchos aspectos radicales que a todas luces preocupan (incluso se ha hablado de que estaría buscando una “guerra santa” ), es de mencionarse que fue capaz de ver la realidad del descontento del electorado y usarlo a su favor desde hace ya varios años; de crear, como estratega en jefe de la campaña de Trump, una especie de épica, una dialéctica, de polarizar y tocar los botones adecuados para capitalizar el descontento y renovar la idea del sueño americano. Bannon cita la teoría generacional del Fourth Turning (Cuarto Giro) de Strauss–Howe, la cual sostiene que cada 80 años hay una crisis que detona una transformación a nivel nacional en Estados Unidos. El momento prospectado del nuevo giro sería, obviamente, el actual. Es esta combinación de inteligencia e incluso instinto político con una cierta veta fanática religiosa lo que preocupa.

Michael Wolff dice sobre Bannon: “es él el visionario, son sus ideas las que cuentan en este momento”. De la misma manera que “Karl Rove era el cerebro de Bush”, Bannon “es el cerebro de Trump”. Wolff, sin embargo, no cree que Bannon sea quien manda sino que solamente aportaría la necesaria ideología para cumplir la voluntad de poder de Trump, quien no parece tener en sí mismo ninguna ideología, sólo el carisma, sólo el histrionismo y acaso la capacidad de conectar con la gente (especialmente con la gente perturbada por la situación política). Aunque es evidente que tiene una gran influencia en Trump (y que esta influencia genera alarma), también es cierto que hoy en día, en la era de los trending topics y la discusión superficial en las redes sociales, los medios toman cualquier cosa y la escalan a niveles exponenciales, como es el caso de los últimas horas con el hashtag #StopPresidentBannon. 

Ahora bien, ¿qué tan peligroso es Bannon? ¿Es realmente fascista? Está por verse, aunque evidentemente el hecho de que crea que estamos ya en una guerra santa contra el Islam es inquietante, o que hace unos meses predijera que en los próximos 10 años Estados Unidos entraría en guerra con China por las islas del mar del Sur de China y que para este tiempo ya estaría involucrado en otra importante guerra en Medio Oriente. Los medios rápidamente mencionaron que cuando fue nombrado, su nombramiento fue celebrado por el Ku Klux Klan y grupos neonazis (lo cual no significa necesariamente que Bannon sea partidario de estos grupos; ha dicho "soy nacionalista, no nacionalista blanco", haciendo referencia a los grupos de supremacía blanca). Bannon, sin embargo, ha mencionado su intención de crear un movimiento global del Tea Party o de lo que llama centro-derecha (que se parece mucho a la extrema derecha), formando vínculos con un incipiente eje de extrema derecha que está tomando fuerza en países como Francia, Hungría o la India, entre otros. Habrá que ver hasta qué punto realmente se pone la ideología antes que el interés político, qué tanta fe o incluso fanatismo religioso xenofóbico tiene Bannon y si esto es más fuerte que el pragmatismo político que en buena medida ha sido lo que ha llevado a Trump al poder. Hasta el momento su propia visión radical ha sido provechosa, por lo cual es casi imposible determinar si se trata de una genuina filosofía o de marketing político y estrategia. Probablemente se trate de ambos, pero en el futuro tal vez sea necesario decidir y, al menos para Trump, probablemente el poder tenga mayor peso que la ideología. 

 

Con información de:

https://www.theguardian.com/us-news/2017/feb/02/steve-bannon-donald-trump-war-south-china-sea-no-doubt

https://www.buzzfeed.com/lesterfeder/this-is-how-steve-bannon-sees-the-entire-world?utm_term=.wiyrR7wM0#.ctdk2mr8w

http://www.thedailybeast.com/articles/2017/02/04/when-steve-bannon-dug-the-radical-left.html?source=TDB&via=FB_Page

http://www.hollywoodreporter.com/news/steve-bannon-trump-tower-interview-trumps-strategist-plots-new-political-movement-948747

http://www.salon.com/2017/01/30/president-trumps-right-hand-man-steve-bannon-called-for-christian-holy-war-now-he-is-on-the-national-security-council_partner/