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Por qué la concentración relajada es la base para cualquier práctica, física o espiritual

AlterCultura

Por: Pijamasurf - 12/09/2016

Sobre el cultivo de la concentración relajada o la calma energética

Un estado de concentración relajada o de calma energética puede parecer una contradicción para algunas personas inmersas en una mentalidad que condena la quietud y que considera que lo importante es la acción en su presentación externa. Sin embargo, la unión entre el control de la atención y la relajación o la estabilidad sin tensión es algo que se ha practicado por milenios entre las diversas tradiciones filosóficas y religiosas orientales. Es de hecho la base del samadhi y del shamatha, la técnica de pacificar la mente sin caer en la lasitud o en el letargo. 

El maestro de meditación Alan Wallace argumenta que es evidente que, ya sea que se vaya a practicar una disciplina atlética, como puede ser jugar un partido de tenis, o se vaya a meditar es siempre mejor un estado mental relajado, estable y claro a uno tenso, agitado y opaco. Es difícil pensar en algo, en cualquier tipo de disciplina, donde sea mejor estar tenso, agitado y opaco que relajado, estable y claro; es por ello que es importante cultivar una relajación sin perder la concentración o la claridad. Esto es esencialmente lo que enseña la meditación budista shamatha, dirigir la mente unipuntualmente sin caer en la lasitud ni en la agitación, el punto medio desde donde todo es más fácil.

Hay una famosa historia del budismo theravada, en la que un monje llamado Shrona se acercó al Buda a preguntarle por su practica de meditación --Shrona generalmente estaba o muy tenso o muy relajado. El Buda le dijo: "Cuando eras laico, tocabas muy bien la vina, ¿o no?". [La vina es un instrumento musical más o menos similar a la guitarra]. "Así es, tocaba muy bien", contestó Shrona. "¿Cómo sonaba mejor tu vina, cuando las cuerdas estaban muy sueltas o muy apretadas?"; "Sonaba mejor cuando no estaban ni muy sueltas ni muy apretadas". "Es igual con la mente", le dijo el Buda. Después de eso Shrona logró cultivar la mente con la meditación.

Patrul Rinpoche, uno de los grandes maestros de la tradición nyingma del budismo tibetano, en su clásico Palabras de mi perfecto maestro escribe: "No dejes que tu mente esté demasiado tensa o demasiado intensamente concentrada; deja que tus sentidos estén naturalmente tranquilos, en balance entre la tensión y la relajación". Y cita a Machid Ladbrön: "Mantente firmemente concentrado, suelto y relajado: este es un punto esencial para la Visión". Esto significa que para poder lograr la perspectiva correcta, la visión del dharma, es necesario este estado de relajación concentrada, de otra manera nuestra mente se ve oscurecida y no podemos acceder a la sabiduría. 

En el tantrismo también se enseña que este estado de relajación concentrada o calma energética es lo que permite que fluya la energía por el cuerpo y purifique el organismo. El traductor Kennard Lipman, en su introducción al texto Khandro Nyingtik de Padmasambhava, escribe:

La oscilación natural de la energía humana entre el cielo y la tierra, del ascenso y el descenso, entre la base de la columna y la corona. Esta oscilación bioenergética es básica para toda la vida, para todas nuestras experiencias, ya sean perceptuales, emocionales o intelectuales… Estos textos enseñan que la clave para la felicidad relativa y última es una forma de tensión relajada, algo que un psicólogo moderno ha llamado ‘energía calmada’… Si hay demasiada tensión, la energía que produce la polaridad se rompe prematuramente. Si no hay suficiente, la energía no se puede desarrollar. En la sexualidad hay una danza de separación y unión, fuego y agua.

Así tenemos que en la sexualidad, como se práctica en los tantras internos, también este estado es la base de la práctica.

Por último, podemos comparar esta concentración relajada con el estado búdico, y es que la palabra buddha viene de la raíz bodh que significa despertar, pero que incluso conlleva ya un cierto estado de conciencia vigilante. Roberto Calasso, en su libro El ardor, sugiere que cultivar una atención despierta (lo que llama tapas o ardor) incluso antecede al Buda y es la esencia del pensamiento védico, el milieu en el cual surgió el budismo:

La primacía de despertar sobre cualquier otra actividad mental no es una innovación del Buda, quien simplemente ofreció una versión de esto que era a la vez radical y mayormente destructiva de lo que le antecedía. La preocupación sobre el despertar y su importancia siempre había estado presente en los textos védicos. 

[...] Simplemente estar despierto. Eso es lo que permite que cualquiera se vuelva “más divino, más calmado, más ardiente”, en otras palabras más rico en tapas. ¿Y acaso no fue el tapas lo que permitió que los dioses se convirtieran en dioses en un principio?… Todo puede ser trazado de regreso a esto. Y todo puede ser eliminado, excepto esto.

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Se ha respondido al problema que plantea el famoso experimento del gato de Schrödinger diciendo que el gato (un sistema cuántico) existe en un estado de superposición hasta que es observado (o hasta que se realiza una medición) y por lo tanto, desafiando la lógica, el gato está vivo y muerto. Sin embargo, quizás sería más acertado decir que el gato no está ni vivo ni muerto, que todo lo que digamos sobre él antes de observarlo es baladí. Esto es lo que discutiremos aquí: el gato no existe de manera independiente de la observación, antes de observarse no está vivo ni muerto, ni existe ni no existe. Sólo hay el silencio del gato.

Otra forma de entender esto es con el famoso experimento de la doble rendija en el cual se disparan fotones individuales por dos rendijas. Cuando se utilizan detectores para medir esta trayectoria la luz se comporta como una partícula, cuando no se usan la luz se comporta como una onda. Según el renombrado físico Anton Zeilinger, "el camino tomado por un fotón no es un elemento de la realidad, no se permite hablar de que el fotón pasó por esta rendija o esta otra rendija, ni que los fotones pasaron por las dos rendijas, este tipo de lenguaje no es aplicable". Para Zeilinger esto significa que el mundo no es real como creemos, es más extraño de lo que imaginamos. 

Zeilinger suena un poco como Nagarjuna, el gran maestro de la escuela madhyāmika (el camino de en medio), en la que se desarrolla, en la segunda vuelta de la rueda del dharma, la noción de que todos los fenómenos (dharmas en sánscrito) están vacíos de existencia inherente, es decir, existen sólo de manera relativa y desaparecen si se eliminan las cosas con las que están relacionados. "Cuando examinamos entidades físicas mentales o abstractas, encontramos, como resultado del análisis reductivo, nada más que su inencontrabilidad. Así que no se puede hablar coherentemente de identidad o de entidades. Esta es la enseñanza fundamental del madhyāmika", dice el Dalái Lama. En la traducción de Jay Garfield del clásico de Nagarjuna The Fundamental Wisdom of the Middle Way, se dice:

Todo es real y es no real.

Tanto real como no real,

ni real ni no real,

esto es lo que enseñó el venerable Buda. 

Garfield dice en su comentario: "no hay en realidad entidades independientes que corresponden a los términos referentes o a los predicados de nuestro lenguaje". Esto es muy similar a lo que dice Zeilenger, nuestro lenguaje no puede describir la realidad, al menos no a nivel cuántico. Algunas personas han sugerido que el perturbador comportamiento del mundo cuántico no tiene efectos en el mundo macroscópico cotidiano que llamamos realidad, el cual supuestamente se comporta casi exclusivamente bajo las leyes de la física clásica mecanicista. Sin embargo, todas las cosas que componen esta llamada "realidad" a un nivel fundamental son irreales (bajo los parámetros de la realidad clásica), así que el argumento no parece ser muy sólido. 

Nagarjuna considera que la postura de la sabiduría es no tomar ninguna postura, por lo tanto (en un famoso ejemplo) no se dice que el yo exista o que el yo no exista, esta es la esencia del camino medio que no toma los extremos del eternalismo o el nihilismo. En el budismo existen dos niveles de realidad, lo que se llama la verdad absoluta, que es el estado búdico, y la verdad relativa. En la verdad relativa, podríamos decir que la luz es una partícula o que la luz es una onda según cómo la observemos. La verdad absoluta es inconcebible, es decir está más allá de todo concepto, entonces cualquier afirmación que hagamos es una representación y por lo tanto no la realidad misma. El maestro budista y físico Alan Wallace se pregunta ¿qué es la luz cuando nadie la ve? 

Una cosa no puede ser una onda y a la vez una partícula. Tienen propiedades distintas, todos los científicos saben esto... Si usas un sistema de medición, la luz es claramente una onda. Si usas otro sistema de medición, la luz es una partícula... Existe enorme evidencia en este sentido... Pero, entonces, ¿qué es la luz cuando nadie la ve, cuando no estás usando un sistema de medición, qué es la luz objetivamente, desde la perspectiva de Dios? Y la respuesta es un enorme silencio. Es una pregunta sin significado, para la cual no hay ninguna respuesta que puede ser corroborada  o refutada. Anton Zeilinger dice que es una pregunta sin significado. Heisenberg dice "no le atribuyas existencia a aquello que es incognoscible en principio". La naturaleza de la luz independiente de un sistema de medición es incognoscible en principio, por ello no hay razón para llamarla existente. ¿Así que qué está sucediendo realmente, se trata de la historia del Big Bang o de esta otra historia? Qué es lo que está ocurriendo desde la perspectiva de nadie. Y es la misma repuesta. La única invariante a través de todos los marcos cognitivos de referencia es que todos están vacíos de naturaleza inherente... no existen allá afuera, surgen ilusoriamente en relación al sistema de medición. 

Wallace sostiene una ontología relativa, en la que si se "se realizan diferentes preguntas" o se utilizan "diferentes sistemas de medición" una realidad diferente emerge. "Altera tu perspectiva, altera tu sistema de medición y ves una realidad diferente". Esto necesariamente supone que no existe una realidad independiente allá afuera, sino que el universo, o mejor dicho los universos, emergen en relación a nuestra medición o percepción. En esto parecen coincidir el budismo y la física cuántica. Podemos preguntarnos luego por la existencia de la luz. Y la respuesta parece ser la misma --el silencio de la luz, ya que no podemos afirmar que exista la luz independientemente de la percepción o de la conciencia de un fenómeno. La palabra "fenómeno" tiene una raíz que significa luz, algo que quizás sea bastante revelador ya que finalmente todos los fenómenos no existen sino a través de la luz que los revela, tanto la luz del espacio que los hace visibles como la luz de la mente que los hace cognoscibles. Para el budismo la luminosidad es una de las cualidades de la mente en su estado natural (las otras dos, según Alan Wallace, son no conceptualidad y dicha). (En el tantrismo de Cachemira se usa la palabra prakāśa, que significa tanto luz como conciencia, para designar la realidad primordial; algo similar ocurre con la luz clara del budismo tibetano). Así que llegamos aquí al centro no dual del misterio: ¿acaso la luz y la conciencia, los fenómenos que aparecen y la cognición son lo mismo? Y si es así, entonces el universo sólo sería la autopercepción de la luz, por naturaleza siempre la eternidad (a la velocidad de la luz no hay tiempo, nada ha acontecido realmente); luz-mente que es reificada y así surge la ilusión de dualidad, la experiencia de un sujeto separado de un universo de objetos que no reconoce como su propia luminosidad. O, como señala el instructor de dzogchén Elías Capriles, no reconoce que todas las cosas son sus propios pensamientos, las manifestaciones de su propia energía.  

 

Twitter del autor: @alepholo