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Esta es la animación que dio el Studio Ghibli a una historia japonesa ilustrada del siglo XII

Arte

Por: pijamasurf - 03/21/2016

Esto sucede cuando uno de los mejores estudios de animación del mundo voltea a ver su propia tradición gráfica

El emakimono (conocido también sólo como emaki) es un formato de ilustración narrativa que surgió en Japón en el siglo XI y se mantuvo vigente hasta el XVI. Su principal característica es que, como otras plataformas creativas del Japón antiguo, la historia contada en un emaki se despliega horizontalmente, en una suerte de pergamino cuyo desenvolvimiento ocurre a la par de los sucesos narrados. Entre los temas más usuales de los emaki se encuentran la guerra, el amor, la religión y algunos otros relatos folclóricos y míticos.

Una de las obras más representativas de este estilo es el Chōjū-jinbutsu-giga (o Chōjū-giga), título que se traduce como “caricaturas animales” o “caricaturas de animales-personas”. Su creación se fecha en el siglo XII o quizá el XIII, y se atribuye a Toba Sōjō (conocido también como Kakuyū), astrónomo, escritor y artista de quien se supone que pudo estar involucrado en este trabajo, el cual, más allá de esto, se reconoce como uno de los emaki fundamentales en la definición del estilo de este tipo de obras. Actualmente el Chōjū-giga se encuentra a resguardo de dos museos nacionales de Japón, el de Tokio y el de Kyoto.

Como su título lo sugiere, el Chōjū-giga es protagonizado por distintos animales pero a la manera de una prosopopeya, esto es, “humanizados”, como si fueran capaces de movimientos, actos y aun emociones propias del ser humano. Hay conejos y monos que se bañan y se persiguen, que luchan e incluso participan en un funeral y dirigen oraciones a Buda.

Hace unos días el famoso Studio Ghibli, fundado por el no menos reconocido Hayao Miyazaki en 1985, realizó una adorable actualización del Chōjū-giga al darle movimiento a algunas imágenes, añadirle una tonada emotiva y darle así tratamiento de anime, en el estilo que los caracteriza.

Sin duda la gente en el Studio Ghibli sabe bien que la tradición, muchas veces, es el mejor alimento de la creatividad.

 

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J. F. Martel, uno de los críticos de arte más refrescantes de la actualidad, escribe en The Finch un interesante artículo sobre la "belleza terrible" o la belleza de lo terrible. Martel argumenta que lo verdaderamente bello es siempre una puerta abierta hacia un mundo en movimiento, cambio y de alguna manera decadencia. La creación es tal, en su más pura expresión, porque permite que veamos la destrucción. Las formas que no muestran esta vitalidad que conlleva en sí misma también la muerte están anquilosadas y no tienen la energía necesaria para aparecer en la dimensión de la belleza. Escribe:

Incluso en el caso de las obras premodernas, los ideales estéticos tradicionales generan belleza radical solamente en el grado en el que parecen estar amenazados, eso es, en el grado en el que incluyen un elemento de caos. Si la música de Bach nos mueve más que el Muzak de elevador pese a que las dos siguen los mismos principios, esto se debe a que Bach le dio a la armonía una estremecedora existencia precaria. La hizo agitarse perpetuamente al borde de la disolución. Bach sabía que las armonías placenteras no son suficientes para hacer arte; para que la verdadera belleza surja, lo impensable debe ser tocado. La armonía bajo amenaza es bella en el sentido radical porque deja entrar la dimensión del tiempo, con su intimación de la muerte, impermanencia y cambio irreversible. 

William Blake escribió que "la eternidad está enamorada de las obras del tiempo", queremos en la belleza ver lo otro, lo que está velado, lo negativo, lo misterioso y lo que obliga a transformarnos. Martel agrega: "Hay una cosa que todas las cosas bellas comparten, esto es, que son símbolos. Son transmisiones de otro plano de existencia". Símbolos de transformación, así llamó Jung a una temprana obra sobre la irrupción de los contenidos psíquicos que trascendían las explicaciones causales. La belleza como fenómeno o como forma, podemos decir, es aquello que atraviesa, que rompe las barreras y que posiblemente muestra un camino hacia una región desconocida, ya el cielo de las ideas de Platón, la belleza anagógica y teúrgica --que vuela en las alas del amor-- o la belleza ctónica, la belleza del Tártaro y del mundo de las sombras, la belleza que nos lleva a la penumbra sublunar, el divino terror. La muerte puede ser muchas cosas,  pero siempre que aparece, o quizás eso que hace que aparezca, es la belleza, puesto que nos muestra lo numinoso, lo radicalmente otro.

En contraparte a esta definición de una belleza radical, Martel escribe que el kitsch tiene precisamente el efecto opuesto, es lo que maquilla el silencio y la muerte, lo que "nos presenta una imagen de la vida en la que el tiempo, la muerte y el caos nunca figuran". Como Kundera sucintamente afirmó: "Kitsch es la persiana que tapa la muerte".

 

Twitter del autor: @alepholo