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6 posibles secretos para la felicidad

Por: pijamasurf - 12/27/2015

Aunque no haya nada escrito para encontrar el Santo Grial de la felicidad, ésta puede imantarse a tu vida con ayuda de algunos consejos simples

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La persecución de la felicidad es una misión que prácticamente todos nos hemos planteado en algún momento de la vida. Ya sea que se trate de una especie de masiva imposición cultural o de un mecanismo que forma parte de lo más íntimo de la naturaleza humana, la búsqueda por ser felices es una práctica ancestral, a la cual se han dedicado incontables reflexiones y obras filosóficas, poéticas, artísticas, etcétera.

En conformidad con el creciente interés de la ciencia por entender, medir y ofrecer vías para alcanzar la felicidad, Robert González, uno de los editores del sitio IO9, publicó una serie de recomendaciones orientadas a facilitar una vida feliz, según la experiencia científica.

A continuación presentamos dicho listado:

  • Rodéate de personas contentas

Una larga investigación conducida en colaboración con el estudio de cardiología Framingham reveló que pueden desatarse cambios en la felicidad individual a través de las redes sociales, como si ésta se expandiera en una suerte de contagio. Cabe mencionar que los científicos no se refieren a Facebook ni a Twitter, sino a redes sociales físicas de familia y amigos.

“Desde nuestra perspectiva, lo más importante es reconocer que las personas están inmersas en redes sociales y que la salud y bienestar de una persona afecta la salud y el bienestar de los otros”, apuntan los investigadores.

Una parte interesante de este estudio es que se encontró que la tristeza es mucho menos “infecciosa” que la felicidad.

  • Domina alguna habilidad

Un análisis publicado en 2009 por el Diario de estudios sobre la felicidad encontró que las personas que se dedican a desarrollar alguna habilidad tienden a experimentar más estrés en el momento, pero más felicidad y satisfacción al final del día y a largo plazo.

Incrementar tu competencia es una de las mejores maneras de estar bien contigo mismo.

  • El autogobierno es crucial

En el mismo estudio que reveló resultados sobre el desarrollo de habilidades se descubrió que las ansiedades provenientes de ello pueden ser reducidas con autodirección y camaradería. El simple hecho de saber que lo que haces es algo que tú decidiste hacer y es genuino, y quizá compartirlo con alguien más, es una de las formas de la felicidad.

  • Sonríe más a menudo

Ya lo dijo Darwin en 1982: “La libre expresión de una emoción en signos físicos la intensifica”. Sonreír es una manera de inducirte a ti mismo felicidad artificial que acaba por volverse real. En la tradición budista sonreír frente al espejo es uno de los ejercicios que los monjes practican para conjurar el buen humor en sí mismos.

  • Busca alguna terapia que vaya contigo

Aludiendo a la vieja pregunta de si el dinero compra felicidad, el psicólogo Chris Boyce encontró que la terapia es mucho más efectiva que el dinero en bruto. La terapia, sea la que sea que combine contigo, es una manera efectiva de prestar atención a tu circunstancia, y eso siempre acaba por traer beneficios mentales y tranquilidad.

  • Deja de tratar de ser feliz

Como la premisa zen lo indica: hay una enorme posibilidad de encontrar lo que estás buscando si dejas de aferrarte a conseguirlo. La felicidad significa diferentes cosas para distintas personas y siendo una de las cuestiones más nebulosas de la existencia humana buscar la felicidad puede, de hecho, perjudicarla.

Deja de tratar de ser feliz y sólo sé. La liviandad de vivir en el presente tratando de reaccionar lo mejor posible y de habitarse a uno mismo en el proceso es la forma más satisfactoria de existir.

Quizá la felicidad como tal no exista –ya que el mundo está regido por la impermanencia-- pero estar contentos lo más seguido que podamos es una vía que está en nosotros tomar. 

 

También en Pijama Surf: La triste obligación de tener que ser feliz

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10+ famosos bares literarios (que no son La Floridita de Hemingway)

Por: pijamasurf - 12/27/2015

Un sitio donde se pueda escribir es todo lo que un escritor necesita, además de algo de talento y un poco de papel y tinta. Estos son algunos de los locales que acogieron a escritores y escritoras cuyos fantasmas aún sobrevuelan
[caption id="attachment_104524" align="aligncenter" width="620"]Jack Kerouac, Lucien Carr y Allen Ginsberg Jack Kerouac, Lucien Carr y Allen Ginsberg[/caption]

La "bohemia" es algo con muchas y extrañas connotaciones para las generaciones más jóvenes que crecen y leen en un mundo donde las redes sociales son imperantes: pero no hace tanto tiempo la gente (y especialmente los aspirantes a artistas) se reunían en locales que fomentaban no sólo la cultura sino también el encuentro. La glorificación del alcoholismo (o el high en la vertiente escritores + drogas duras) pierde de vista la relación del escritor con una comunidad, así como con su propio espacio de trabajo.

El caso paradigmático de bar de escritor podría ser La Floridita, en La Habana, Cuba, donde incluso ahora los clientes pueden tomarse fotos con una estatua tamaño real de Ernest Hemingway. Otro ejemplo clásico no es de un bar, sino de un café: el Habana, en México DF la Ciudad de México, que aparece como "Café Quito" en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, y donde cuenta la leyenda que también se fraguó el inicio de la Revolución Cubana entre Fidel Castro y sus amigos. En la intersección cubana, el Sloppy Joe's Saloon es mucho menos conocido que La Floridita o La Bodeguita del Medio, pero fue el lugar que Graham Green llamaba hogar mientras estaba en la isla. El bar aparece en su novela Nuestro hombre en La Habana, de 1958. Al año siguiente, cuando se filmó la adaptación cinematográfica, el Sloppy Joe's fue una de las locaciones. Justo a tiempo, porque la Revolución mantuvo cerrado el lugar hasta hace un par de años, cuando fue reabierto.

[caption id="attachment_104522" align="aligncenter" width="615"]Dylan Thomas en el White Horse de Nueva York Dylan Thomas en el White Horse de Nueva York[/caption]

Existen lugares que terminan dando forma a los personajes, como el Club Liguanea, en Jamaica, donde Ian Fleming pasaba un par de meses al año escribiendo las novelas policíacas que eventualmente darían vida a uno de los más famosos espías de la ficción, James Bond. El Club figura en películas como Octopussy Dr. No. O qué decir del Davy Byrnes Pub en Dublín, Irlanda, que ofreció materia prima para la imaginación de James Joyce; el bar aparece en los cuentos de Dublineses y también en ese monstruo de la narrativa moderna llamado Ulises.

El aura de otros establecimientos parece salida directamente de una obra literaria, como el Carousel Bar de Nueva Orléans: la barra giratoria y los asientos con forma de animales de feria aparecen en dos obras del dramaturgo Tennessee Williams, The Rose Tattoo Orpheus Descending. El Carousel, ubicado en la parte baja del hotel Monteleone, también fue refugio y visita obligada de otros escritores mientras estaban en la ciudad, como William Faulkner, Truman Capote, Eudora Welty o Papá Hemingway.

[caption id="attachment_104523" align="aligncenter" width="667"]Sylvia Plath y Anne Sexton Sylvia Plath y Anne Sexton[/caption]

Los bares de hoteles tienen cierto atractivo importante para la fauna literaria. Otro caso es el del bar del hotel Ritz-Carlton en Boston, donde Sylvia Plath y Anne Sexton compartieron martinis y conversaciones sobre la muerte, las clases en la Universidad de Boston, y la poesía. Porque cuando se trata de beber, los poetas son campeones: hay que pensar en las épicas parrandas de la taberna White Horse, en Nueva York, de donde salieron tambaleantes más de una vez Jack Kerouac y Allen Ginsberg; la leyenda cuenta que Dylan Thomas bebió 18 tragos una noche en el White Horse y murió 3 días después. Otros autores que frecuentaron el sitio fueron el novelista Norman Mailer, el poeta James Baldwin y el novelista y activista Frank O'Hara.

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Y si bien existen casos de escritores que van solos al bar, también los hay que van en cofradía, o en parvada, como en el caso del bar The Eagle and Child (afectuosamente llamado por sus parroquianos "Bird and Baby", durante los años 40) en Oxford, donde un grupo de vírgenes ñoños futuros maestros de la pluma se hacían llamar The Inklings, e intercambiaban notas de trabajo y anécdotas. Entre pintas de cerveza, C. S. Lewis llevó los primeros borradores de El león, la bruja y el ropero, mientras recibía comentarios de J. R. R. Tolkien, autor de la saga El Señor de los Anillos.

Para terminar, hablaremos de un par de casos donde el escritor deja una marca tan indeleble en el lugar que (como en el Floridita) su fama póstuma termina absorbiendo el lugar. Es el caso de Hunter S. Thompson y su taberna predilecta (en rigor, la que estaba más cerca de su casa), el Woody Creek en Aspen, Colorado. El lugar está lleno de parafernalia del doctor Thompson, y algunos lo describen como un altar gonzo. El segundo caso es el del Café Literario de San Petersburgo, Rusia, donde Alexander Pushkin cenó por última vez antes de enfrentarse en un duelo, donde sería mortalmente herido. Hoy en día, una estatua de Pushkin observa a los parroquianos.

Aquí algunos otros ejemplos extraídos de Drinking in America, de Susan Cheever.