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Glosario del encantamiento de la Tierra: una colección de palabras perdidas para describir la naturaleza

Arte

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 11/27/2015

No sólo debemos proteger la naturaleza, también las palabras que la describen en todos sus detalles y esplendores, muchas de las cuales se encuentran en vías de extinción
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Imagen: EarthAnima

El lenguaje es una forma de ver el mundo. A veces sólo si conocemos ciertas palabras podemos ver otras tantas cosas, de otra forma permanecen ocultas o la riqueza de sus detalles y significados no lograría iluminarnos. Hace unos años, por ejemplo, un estudio mostró que las personas que hablan ruso son capaces de percibir más matices de azules, aparentemente debido a que su lengua tiene más palabras para describir este color. Las palabras son una suerte de sentidos prostéticos que a veces amplifican el espectro de la realidad. (Abusar de nuestra dependencia para experimentar el mundo a través del lenguaje seguramente tiene el efecto contrario: amputa nuestra percepción, encadenando a lo meramente verbal).

En este espíritu, el naturalista británico Robert Macfarlane ha compilado lo que llama "un glosario del encantamiento de toda la Tierra", una definición un poco ambiciosa, pero que sin embargo delata un delicioso dejo poético. Se trata de una colección de palabras de más de 30 dialectos utilizadas para describir aspectos de la naturaleza que han caído en desuso o que no han sido integradas al inglés --más de 10 mil ya se habrían perdido, según sus cálculos. Generalmente son términos de una especialización silvestre, que describen los detalles, las variedades, las intensidades y las sensaciones que generan ciertos fenómenos naturales. Evidentemente en las islas británicas hay una profusión de términos para describir la lluvia. Más palabras para decir la lluvia significa también más y más ricas formas de entender la lluvia y de experimentarla. Un amplio vocabulario de naturaleza es una hiperestesia de la naturaleza.

La BBC destaca algunas palabras del catalogo de protección de Macfarlane: "zawn" es córnico para un desfiladero que da al mar y en el que truenan olas vehementes; "rionnach maoim" es gaélico para "las sombras que proyectan las nubes sobre un páramo en un día de mucho viento". La labor no es sólo de campo, también busca encontrar términos acuñados por poetas o geólogos. La primera estrella de la noche es la "lámpara del pastor", según el poeta John Clare; "heavengravel" (grava del cielo) es el granizo, según Gerard Manley Hopkins.  

El léxico de la lluvia es especialmente lírico. "Virga" es gaélico para "racha de precipitación que cae de una nube y que se evapora antes de tocar el suelo"; "neum-sléibhe" es "torrente súbito provocado por una nube de trueno"; "smirr" es "una lluvia muy fina, parecida al humo en apariencia cuando se observa desde lejos"; "burraglas" es una "lluvia torrencial de furia brutal" (la fonética lo dice bien); "letty" es "tanta lluvia que hace el trabajo al exterior difícil"; y así varias más. Como la lluvia ante un sol despiadado, estas palabras --estos sistemas de percepción-- están en peligro de extinción. Y, como vemos, lo que tenemos aquí es también una historia de la percepción humana, de cómo hemos alcanzado a mirar la naturaleza.

No sólo es una cuestión de poesía, según Macfarlane se trata también de precisión. Si utilizamos términos genéricos como "campo", "bosque" o"colina" operamos con "un lenguaje empobrecido" y nos perdemos "de los detalles y las particularidades". Pensándolo bien, sí se trata también de una cuestión de poesía, en el detalle está la poesía. Imagina no sólo ver las preciosas perlas de rocío en el amanecer, sino saber distinguirlas y tener palabras para diferenciar el tipo de rocío --ya sea que tenga una relación con ciertas plantas (el rocío en el pistilo de un diente de léon) o que pueda explicarse por su temporada, su temperatura, su estado de condensación o si está reflejando la luz del Sol. Es un ejemplo quizás un poco precipitado, pero así habría miles de aspectos de la naturaleza que podríamos alcanzar a percibir y enriquecer si los estudiamos y encontramos las palabras. 

Macfarlane cuenta cómo su hijo lo inspiró a acuñar neologismos para aspectos aún no reconocidos de la naturaleza y su renovación perenne. Su hijo le sugirió llamar "currentbum" a "la protuberancia de agua brillante que emerge sobre una peña sumergida en un río". Este ejercicio ha sido emulado por otras personas con las que mantiene una red de correspondencia para hacer una especie de anatomía oculta del cuerpo de la Tierra.

La labor no sólo tiene una intención diletante, es sobre todo un llamado a la acción y a la transformación de la conciencia a través del reconocimiento que otorga el lenguaje. Macfarlane cree que rescatar y poner en circulación estas palabras cumple una función importante, puesto que nos versa en el lenguaje de la naturaleza y nos incrusta en un diálogo con y sobre la naturaleza. Incrementar nuestro vocabulario de la naturaleza "nos ayudaría a escuchar". Esta es una noción importante; a diferencia de lo que pensaba Sartre (que la naturaleza era muda), para los oídos sensibles la tierra es una polifonía: estas palabras son de alguna manera las traducciones del lenguaje de la naturaleza, realizadas por aquellas personas más sensibles que alcanzan a percibir los matices y los tonos secretos de la gran matriz telúrica. Al final, el proceso de descubrir el cuerpo de la tierra con las herramientas del lenguaje tiene la feliz consecuencia de enramarnos (y enamorarnos), de descubrir un cuerpo más vasto, un tejido físico y literario que nos envuelve. Tal vez trasponer los límites que nos separan en el sentido de la frase de Wittgenstein de que "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Macfarlane recalca que al conferirle un nombre, estamos también dotando a la naturaleza de una identidad, una identidad que nos llama a respetarla en todo su esplendor personal (y con la que podemos tener un intercambio más profundo). Es cuando apreciamos los detalles de la naturaleza que la dejamos de ver como una gran masa inerte y nos abrimos a la posibilidad de defenderla.

Sería estupendo crear una red para poder compilar estas palabras perdidas también en nuestros países, rescatando una forma de ver el mundo tan propia de las culturas indígenas, cuya vida estaba tan estrechamente vinculada con la naturaleza. Una Wild Word Web. Si conoces algunas, empecemos aquí.

 

Twitter del autor: @alepholo

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