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Santuarios de libros: las bibliotecas más hermosas del mundo (FOTOS)

Por: Samuel Zarazua - 08/22/2015

En plena era digital, estas son las majestuosas edificaciones de madera usadas para resguardar montones de piel y celulosa

 Demasiados-libros

La escritura, la imprenta y los libros nos han acompañado en la incansable labor de descifrar el mundo y la naturaleza. Tomar un libro en la mano es contener un objeto sensorial y tangible, algo que no ocurre cuando escroleamos la pantalla.

La biblioteca fue y sigue siendo, desde la era predigital —e incluso mucho antes de la era moderna, un centro de empoderamiento donde se hallan los libros que se han impreso desde hace siglos a la fecha y que guardan memoria de las grandes mentes de la humanidad y de los pensamientos que han superado el paso del tiempo.

“En el principio fue el Verbo, la palabra, y la palabra está con Dios. El Verbo es Dios…” (San Juan dixit). El libro, las ‘sagradas escrituras’, la documentación de la historia, el avance científico y en las artes y la comunicación en la civilización occidental se dan gracias a los libros.

Según Jonathan Glancey, las bibliotecas se han erigido para guardar los preciados manuscritos y montones de celulosa encuadernada en lomos de piel. Después hubo que cuidarlos de la intemperie y los insectos. Aquí presentamos las mejores edificaciones bibliotecarias según la BBC de Londres.

La Tripitaka Koreana, vasta colección de escrituras budistas, siglo XIII. Fotos: Will Pryce/Thames & Hudson

New York Public Library

 Biblioteca pública de Nueva York 

At Berlin’s Humboldt University

Centro Jacob y Wilhelm Grimm 

Library at the Glasgow School of Art

Biblioteca de la Glasgow School of Art 

Jürgen Engel’s National Library of China in Beijing

 Biblioteca Nacional de China, de Jürgen Engel, en Beijing 

George Peabody Library at Johns Hopkins University in Baltimore

Biblioteca George Peabody  de la Johns Hopkins University en Baltimore 

Brandenburg Technical University in Cottbus, Germany

Brandenburg Technical University en Cottbus, Alemania

The highly ornamented library of Altenburg Abbey in lower Austria Biblioteca de Altenburg Abbey en Austria 

Berlin’s State Library.

Biblioteca en Berlín

The Long Room of Trinity College Library in Dublin

Biblioteca del Trinity College en Dublín

Algunos creían que la era digital exterminaría las bibliotecas. No obstante, aún podemos ver colecciones como la de El Escorial en España o la de Trinity College en Dublín.

The Library: A World History de James W. P. Campbell, con fotografías de Will Pryce, es un libro que documenta 82 bibliotecas en 20 países. Para unos, las bibliotecas son reflector de la producción contemporánea de volúmenes, y escaparate del conocimiento. Para otros son la segunda casa, lugares ‘románticos’ para conocer al ‘amor de la vida’, templos de investigación o sets de películas de detectives y asesinos seriales, todo ello envuelto en el imaginario colectivo en torno a la arquitectura de papel y tinta, sobre las magníficas edificaciones que la resguardan, como la Biblioteca George Peabody en Baltimore o la Biblioteca Nacional de China.

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¿Qué efecto tienen las emociones sobre la creatividad? ¿Algunas nos hacen más creativos?

Por: pijamasurf - 08/22/2015

La relación entre las emociones y la creatividad no ha sido sencilla, pero sin duda es evidente que se trata de un factor que incide sobre las ideas y las obras que podemos generar
[caption id="attachment_99233" align="aligncenter" width="491"]4639590640_49ed866158_b Imagen: opensource.com (Flickr)[/caption]

En nuestra época, la creatividad tiene una importancia quizá inédita en comparación con otros momentos de la historia. Si, por ejemplo, en los siglos XVI y XVII el ingenio era el sello de los artistas (particularmente en el dominio hispánico, desde Sor Juana hasta Velázquez) y si el espíritu vanguardista lo fue en las primeras décadas del siglo XX, ahora ser creativos parece ser no sólo la marca de autenticidad de una mente inquieta, sino incluso el camino democratizador de la innovación y el riesgo. Que todos podemos ser creativos es uno de los elementos fundamentales de este discurso.

Pero, ¿esto es cierto? En el siglo XV no cualquiera podía ser Leonardo ni Miguel Ángel, así como más tarde sólo hubo un Voltaire o un Balzac. Ahora, sin embargo, se nos dice que cualquiera puede tener una idea genial, y por todos lados parece haber ejemplos de ello. El problema es, entonces, propiciarla, hacerla posible, descubrir el medio por el cual dicha creatividad encontrará su expresión.

En ese sentido, actualmente tenemos acceso a una multitud de estudios, consejos, ejercicios y estímulos para nuestra creatividad, un esfuerzo vasto por intentar comprender qué hace a una idea distinta de otra, atractiva, seductora incluso, convincente para miles o aun millones de personas.

Una de estas investigaciones, realizada recientemente por un equipo coordinado por Eddie Harmon-Jones de la Universidad de Nueva Gales del Sur, indagó sobre la relación entre la creatividad y las emociones que podemos sentir, un campo que sin duda siempre ha provocado curiosidad al menos en lo concerniente a los artistas y sus obras. Desde el sentido común, por ejemplo, estamos más o menos habituados a creer que la tristeza o la melancolía son emociones características de todo creador, si bien en algunos casos también la alegría, la furia o la decepción han dado lugar a piezas asombrosas.

En el caso del estudio mencionado, sin embargo, se encontró que, menos que la emoción en sí, el efecto de esta sobre la creatividad radica en lo intenso del sentimiento. No es tanto que la alegría o la tristeza sean catalizadoras de la creatividad, sino que más bien para crear es necesario encontrarse en un punto medio emocionalmente en el que seamos capaces de hacer algo más que sentir. Cuando la emoción es demasiado intensa, estamos tomados por ella, y prácticamente no podemos hacer otra cosa más que sentir eso, como si nublara nuestra vista y cercara nuestro horizonte. El enamoramiento y la ruptura amorosa son dos momentos existenciales en donde esto es particularmente notorio.

Sin embargo, como se pregunta Lori Chandler en el sitio Big Think, ¿qué pasa con casos como el de Jackson Pollock o Sylvia Plath, que son famosos por haber generado su arte en condiciones emocionales extremas?

Quizá la respuesta a esta pregunta se encuentre en la dimensión subjetiva de la creatividad. Quizá sea cierto que todos podemos ser creativos, pero indudablemente no todos podemos ser creativos de la misma manera. Si la historia del arte nos enseña algo es que las expresiones de creatividad responden a lo más propio de cada persona, a veces lo más íntimo, a veces lo más circunstancial, pero siempre en concordancia con la cosmogonía personal del artista, su forma de ver el mundo, de ser y estar, de vivir y experimentar la realidad.