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Las hijas de Violencia: con punk y performance combaten el acoso callejero en México

Por: Ana Paula de la Torre - 09/23/2014

Estas dos chicas, desde su arte, reparan en eso que hay de perverso en un "inocente" piropo callejero

Nosotras somos las hijas de Violencia, cargamos años de transitar en un espacio público hostil que no da cabida al cuerpo femenino como un cuerpo “transitante” sino un cuerpo para el goce y disfrute externo.

Las hijas de Violencia

 

El arte no reproduce lo visible. Lo hace visible.

Paul Klee

las hijasHay muchas maneras de hacer activismo, pero sin duda, su mayor aptitud es llamar la atención para crear conciencia y generar cambios: el arte en este sentido puede ser un gran aliado. Las Pussy Riot, el grupo activista de punk, inauguraron una alternativa para visibilizar temas sociales a partir de la música, la excentricidad y la rebeldía. Siguiendo esta línea y mezclándola con la actuación, un par de chicas en la ciudad de México han creado canciones de punk y performances urbanos para concientizar sobre el acoso callejero: Las hijas de Violencia.

La discusión sobre el acoso es larga y suele extenderse aún más cuando se refiere al piropo. Muchos argumentan: "Pero, ¿qué tiene de malo un piropo? ". El asunto es que, como Las hijas de Violencia señalan en algunas entrevistas, el piropo viene de un desconocido que está siendo intrusivo en la línea personal de la chica, principalmente porque está aludiendo a su físico, sin que haya de por medio confianza (lo cual es intimidante).

Aunque habrá mujeres que lo disfrutan, cuando alguien lanza un piropo en la calle el adjetivo está refiriéndose a su cuerpo, y ello coloca al receptor como un objeto de apreciación. También, los piropos conllevan usualmente una carga sexual, que viniendo de un desconocido es generalmente desagradable.

Las hijas de Violencia buscan despertar conciencia sobre lo repugnante que es el ser acosada en la calle: no importa cómo vista alguien, no hay derecho a referirse a una persona con alusiones sexuales sin un contexto interpersonal que lo justifique. Las dos actrices mexicanas que se unieron para formar Las hijas de Violencia, un híbrido de performance, punk, actuación y un vasto mensaje, recorren la calle con sus máscaras de conejo y pistolas de juguete, hacen videos y canciones de protesta y, sobre todo, apuntan a un tema socialmente aceptado. Ellas, Karen Condés y Ana Beatriz Martínez, son dos artistas que desde su proyecto buscan visibilizar una “normalidad” inexcusable.

En serio: pasear en el metro de la ciudad de México con falda no es una experiencia agradable --lo que quizá, por cierto, muestra una represión sexual que busca desesperadamente liberarse.

Una pequeña entrevista con Las hijas de Violencia:

¿Puede el arte regenerar la cultura? ¿De qué manera?

Nos acercamos al activismo a través del arte porque es el lenguaje con el que nos identificamos para hacer visible lo invisible, para organizar la rabia y defender la alegría.

…Pussy Riot nos sacudió, nos inspiró a hacer; con Las hijas de Violencia desde el proceso creativo y las primeras planeaciones y performances hemos sacudido a la gente que nos rodea; algunos de ellos han sacudido a otros sin que sepamos hasta dónde repercute.

El arte tira piedritas al agua para crear ondas; nunca sabes cuándo esa onda chocará con otra y esa otra con otra y creará el tsunami.

Vemos lejos el día en que podamos caminar dueñas del espacio público y no como un elemento del que se puede opinar libremente; no sabemos si nos va a tocar pero sabemos que no vamos a soltar. Porque empoderarte y dejar de ignorar para confrontar se vuelve una revolución. Si no cambia el mundo, con certeza decimos que ha cambiado el nuestro.

Las hijas de Violencia

Aquí puedes escuchar las canciones de Las hijas de Violencia.

Si quieres conocer más de su proyecto, pulsa aquí.

Twitter de la autora: @anapauladelatd

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.

 

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Por: pijamasurf - 09/23/2014

La digestión y la depresión están más cerca de lo que podríamos pensar: nuestro sistema digestivo es nuestro segundo cerebro, y cada uno es una pequeña colonia de un innumerable contingente de pequeños organismos

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Tradicionalmente, las emociones están ligadas al corazón. Pero en el plano corporal, sentimos con las tripas: el subidón de la adrenalina, las “mariposas en el estómago” del amor e incluso --paradójicamente-- las corazonadas, son metáforas de algo que ocurre en nuestro sistema digestivo. Y según los microbiólogos, hay una buena razón para ello.

Una veta interesante de investigación es la que busca la conexión entre las bacterias, microbios y gérmenes y la química cerebral. Una ruta puede ser el nervio vago, que va del cerebro al estómago y es constantemente estimulado por bacterias; a su vez, el nervio vago estimula la producción de neurotransmisores, que en gran parte determinan cómo pensamos y nos sentimos.

Y es que nuestros intestinos son el hogar de decenas de miles de bacterias. De hecho, las bacterias constituyen 90% de las células de nuestro cuerpo, y se estima que existen más neuronas en el tracto digestivo que en el cerebro mismo. De hecho, el psiquiatra James Greenblatt incluso ha afirmado que “los intestinos en realidad son tu segundo cerebro”, investigando sus implicaciones para las enfermedades mentales. Pero, en otro ámbito, ¿podríamos decir que nuestra alimentación afecta cómo pensamos a nivel neuronal?

En un experimento del College Cork en Irlanda, el neurólogo John Cryan dejó a una camada de ratones crecer en un ambiente estéril y libre de bacterias, los cuales pronto presentaron comportamientos antisociales y semiautistas. Sus cerebros presentaban también diferencias en los patrones de serotonina y proteínas involucrados en la neuroplasticidad. Aquí entra el yogurt.

Un estudio demostró que darle a estos ratones una dieta que incluyera probióticos revertía los síntomas de autismo. Pero lo más sorprendente es que cierto tipo de probiótico era capaz de calmar a un ratón ansioso. Otro experimento de 2011 en voluntarios humanos mostró similares resultados en cuanto a reducción de ansiedad y estrés al ingerir Lactobacillus helveticus y Bifidobacterium longum durante 30 días.

En 2013, un equipo de la UCLA demostró que las mujeres sanas que comen yogurt dos veces al día mostraron cambios en lugares del cerebro asociados al proceso de emociones.

Probióticos evolutivos

La hipótesis de Cryan y otros colegas (aunque ampliamente especulativa) es que las bacterias tuvieron un rol evolutivo en el desarrollo de la sociabilidad humana, o mejor dicho, en el proceso mismo de hominización.

A medida que las sociedades crecieron y se complejizaron las tareas (dando lugar a esquemas de cooperación y disputa en todos los ámbitos), nuestros ancestros cavernarios tuvieron que aprender a lidiar unos con otros. Desde una “perspectiva bacteriana”, mientras mejor adaptados estuvieran los humanos --es decir, mientras más sociables fueran y tuvieran condiciones de vida más estables-- mejor podían prosperar las colonias en la flora intestinal, creciendo y multiplicándose en nuestro interior mientras nosotros hacíamos lo propio en el resto del planeta.

¿Acaso imitándolas sin saberlo?

Por desgracia, Cryan y compañía aún no saben qué tipo de probióticos tratarán síntomas psicológicos específicos --sólo saben que es posible hacerlo. Aún no es tiempo de cambiar los antidepresivos por yogurt, al menos no desde la perspectiva científica.

“Los probióticos son drogas”, dice Cryan. “Las drogas hacen cosas. Si tienes alergia, tomas antihistamínicos, [estos] harán algo, pero si tomas estatina, no pasará nada”. Lo que sigue es diseñar probióticos cuyos comportamientos individuales y colectivos seamos capaces de prever y conocer de antemano, lo que de todas formas alberga una perspectiva estimulante y prometedora para quienes utilizan antidepresivos de prescripción.