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Huxley vs Orwell: dos visiones del control totalitario en un cómic infográfico

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/21/2014

El dibujante de historietas Stuart McMillen compara las previsiones distópicas de Orwell y Huxley en un genial infográfico.

Stuart McMillen contrapone de manera brillante la visión distópica de George Orwell conceptualizada en su libro 1984 y la visión de Aldous Huxley, expresada en Un Mundo Feliz. Generalmente cuando pensamos en un mundo totalitario o en un estado policial moderno pensamos que la visión de Orwell, de Big Brother, se está cumpliendo. Y en muchos aspectos esto es cierto, especialmente con la vigilancia digital. Pero en muchos otros aspectos es la visión de Huxley, más sutil, la que parece dominar en nuestra época. Más que la censura, impera la saturación y la desinformación: el infinito apetito de distracción del hombre. Los textos originales son de Neil Postman.

 

 
En su texto Propaganda en una Sociedad Democrática Huxley escribió:
 
En lo que respecta a la propaganda, los primeros defensores del alfabetismo universal y de la prensa libre advirtieron sólo dos posibilidades: que la propaganda sea verdad o que sea falsa. No previeron lo que en realidad ha sucedido, sobre todo en nuestras sociedades occidentales capitalistas: el desarrollo de una vasta industria de comunicación masiva, que no lidia ni con lo falso ni con lo verdadero, sino con lo irreal, lo que es casi siempre totalmente irrelevante. En una palabra, fallaron en tomar en cuenta el apetito casi infinito del hombre por las distracciones.
 
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Pocas veces se da en la realidad un acontecimiento de estas dimensiones, dos genios se encuentran, uno de los mejores ilustradores del planeta decide dibujar a uno de los semidioses de la guitarra.

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Antes de subir al escenario, Jimmy Hendrix cortaba un par de estampillas de su planilla de LSD, las pegaba en su frente y las cubría con la banda que amarraba a su cabeza. O al menos eso cuenta la leyenda. Nadie lo ha confirmado, pero nos gusta creer que realizaba ese pequeño ritual, por alguna razón tiene más sentido que lo que realmente haya pasado. Necesitamos el mito. En otra época se hablaría sin dudarlo de posesión, el público extasiado vería a Dionisos tocando sobre el escenario. Hoy apenas tenemos un efecto químico y un inexistente gesto para creer que esa guitarra y esa descomunal música siguen conectados con la realidad.

Bajo la banda parpadea un tercer ojo. Hendrix es el chamán, el brujo que se burla de las leyes físicas que mantienen a la imaginación encerrada dentro de los cráneos. Su música es un eco que nos devuelve la orografía de otro mundo, un mundo en el que puedes caminar, nadar, disolverte. Hendrix es el encantador del fuego. Cada sonido surge como una bocanada de humo que se eleva en el aire y forma figuras que adquieren cuerpo y vida propia. Organismos que reptan como blandos tentáculos que lo inspeccionan todo, que evolucionan y desarrollan escamas, ojos, patas.

Moebius es simplemente un zoologo, un explorador que lleva un cuidadoso registro de las criaturas imposibles que encontraron en los paisajes sonoros de Hendrix su hábitat. Dibuja con todo detalle lo que los sonidos dictan a sus oídos, persigue a los habitantes de ese mundo hasta sus escondrijos, asiste a la corte, registra las ceremonias, sigue el camino del profeta viendo cómo descompone la realidad a cada paso.

Pero entonces la música para. Moebius suelta el lapiz, Hendrix abandona la guitarra, la aguja deja de rasgar el acetato. Todo sigue en su lugar, nada ha sucedido, o casi nada. El tiempo sigue mientras los planetas de estos dos genios se alejan en sus órbitas.

Twitter del autor: @sustanciaD

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