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Eminem, Ice Cube y Korn se unen a Anonymous y convocan a revolución mundial: el inicio de este movimiento global será este próximo 4 de abril de 2014.

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Tal vez la latente posibilidad de una explosión de hartazgo combinada con un deseo evolutivo podría ser un simple espejismo colectivo, una especie de placebo terapéutico en el que dicho estado es una forma de sobrellevar el actual escenario, pero sin necesariamente estar orientado a un fin concreto. Por otro lado, también existe la posibilidad de que sólo sea cuestión de tiempo para que esa efervescencia alcance un punto de materialización tangible: un cambio definitivo en los paradigmas que rigen la realidad compartida.

Si aplicamos un poco de frialdad a analizar el panorama, más allá de cuál de los senderos bifurcados nos parezca más viable o deseable, nadie, creo, sabe con certeza la respuesta. Hay quienes afirman ciegamente que estamos montados en una ola de evolución acelerada, y que ya nadie puede detenerla. Otros, en cambio, prefieren ser menos entusiastas y advierten una paulatina mejoría en las condiciones, sin que necesariamente proyecten un destino radiante para la humanidad. Finalmente tenemos a aquellos que aseguran que ya pasamos en el punto de no retorno en el camino a la destrucción de nuestra especie.

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En todo caso parece que un punto medio entre estas posibilidades debería ser lo más sano, al menos para nuestra mente, y para su diálogo con la 'realidad' a suceder. Y dentro de este punto medio creo que, sin volcarnos a la pirotecnia de erupción de conciencia, sí es pertinente, o al menos le da mayor sentido a nuestra existencia, considerar la posibilidad de un momento en el que, análogo al acto de despertar, marque oficialmente la liberación frente a muchas de las cadenas socioculturales, mentales, anímicas, etc., que venimos arrastrando.

En continuidad con esto último, se aprecian los esfuerzos para cimbrar la mente colectiva, y estimular la búsqueda de un algo mejor. Y aunque nadie sepamos, más allá de romanticismos contraculturales, lo que esto significa con precisión, es esta 'misión', ya sea ejercida de manera consciente o no, la que aviva el pulso evolutivo. Habrá algunas de estas iniciativas que nos despierten mayor afinidad que otras, algunas nos parecerán demasiado violentas, dogmáticas, o melosas, pero mientras sigan existiendo, parece que seguirá viva la posibilidad de triunfar ante el reto que tenemos por delante.

#WaveOfAction

Lo que tenemos que hacer es derrocar esta fantasía de que somos ciudadanos viviendo en un sistema democrático.

[...] Lo que debemos de hacer es formar grupos afines, definir juntos sus metas y luego salir y llevarlas a cabo. 

-Terence McKenna

Se trata de un movimiento global que convoca a los ciudadanos del mundo a que el 4 de abril de 2014 salgan a manifestarse para impulsar una frecuencia pro activa a favor de la transformación. Aparentemente el colectivo Anonymous es el encargado original de este llamado, y hasta ahora miles de personas han demostrado, al menos digitalmente, su intención de responderle. De acuerdo con la comunicación del movimiento, esta congregación masiva y simultánea será solo el lanzamiento de una intensiva campaña para dar el paso definitivo. 

La iniciativa está en línea con esta subcultura crítica que se ha consolidado durante la última década, y que cumple con muchas de las características de lo que, imagino, sería una revolución contemporánea: inquieta, descentralizada, organizada mediante la Red, 'hackeril', con un discurso adaptable al hastío multicultural que millones experimentamos alrededor del mundo, sintonizada con una filosofía de contracultura evolutiva, y que cuenta, además, con el apoyo de altercelebridades, como en este caso Eminem, Ice Cube y Korn, entre otros –por cierto, de acuerdo a los organizadores, el maverick de la conciencia psicodélica, Terence McKenna, envió un mensaje transdimensional en apoyo a #WaveOfAction.

Precisamente estos últimos tres realizaron un video para difundir el acto del cuatro de abril: se trata de una enérgica pieza de subversión electrónica, con una edición notable que en algún punto recuerda las obras de Emergency Broadcast Network. La intensa narrativa expone a Miley Cirus y Justin Bieber como instrumentos pop de distracción –aunque de algún modo hayan sido propulsados por las mismas plataformas que erigieron a Eminem y compañía como líderes de opinión. Además, se sugiere la existencia de una agenda que trasciende las divisiones políticas o ideológicas, que es más poderosa que cualquier institución, y que está asociada con el corporativismo. Sin sentirme especialmente identificado con los autores de este video, es difícil dejar de reconocer que se trata de una pieza memorable.  

La convocatoria del cuatro de abril recurre a la cartografía del movimiento Occupy, es decir todos aquellos puntos en donde se concentraron las protestas, alrededor del mundo, durante esa histórica contracampaña, serán los sitios de reunión para esta nueva movilización. Todos los centros de resistencia están marcados en este mapa, y si quieres puedes registrar uno nuevo en tu ciudad. 

La lucha comienza en 'casa'

La emancipación llega siempre a tiempo, sería una lástima apersonarse tarde a la cita.

Como a muchos más, me emociona la posibilidad de que las actuales generaciones logremos actuar como bisagra entre un antes y un contundente después. Independientemente de la seducción de ser parte de una movida histórica, no puede menos que estimularnos la idea de romper con una nefasta herencia y catalizar esa ruptura hacia un escenario más cercano a esas abstracciones traducibles en condiciones de vida más dignas y alentadoras (justicia, equidad, libertad, etc). Y los instrumentos para detonar este pulso evolutivo son: la congruencia, por cierto el mayor reto de nuestra generación, y un activismo que vaya mucho más allá de los señalamientos, e incluso de las propuestas, para pasar a la acción (y no me refiero a una acción violenta, sino a una coherencia cotidiana). 

Por otro lado, es fácil detectar la encarnación de muchos de los vicios que impiden este 'cambio', y aquí señalo a todos aquellos individuos y estructuras que no sólo se alimentan de las condiciones actuales, sino que buscan mantener el modelo por el simple hecho de que favorecen sus intereses: la corporatocracia y los innumerables actores e instituciones que viven sometidos a este régimen a cambio de unas migajas de la ilusoria miel que derraman. Pero genuinamente creo que, a la inversa de lo que suele ocurrir, esta estructura tangible no es sino la mera metáfora del verdadero e intangible enemigo. Se trata de un estado mental, uno que favorece la no-empatía, los miedos, la desidia, la comodidad, y otras entidades similares.

Si realmente logramos hackear colectivamente este obstáculo, nos daríamos cuenta que los Murdoch, Rothschild, Rockefeller y otros, quizá son solo un cúmulo de proyecciones holográficas dispuestas ahí para obligarnos a vencer nuestra propia mente. Pero en todo caso, ya sea que estemos ante una hábil élite animada por su épica voracidad, o que en verdad se trate más bien de una especie de videojuego ontológico, lo cierto es que tarde o temprano tendremos que vencerlo. La lucha empieza en casa, de hecho comienza en tu propia cabeza, y ojalá la victoria llegue pronto. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 
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Nuestra civilización tiene pánico del vacío. Pero si queremos conocernos y recrearnos debemos de reconciliarnos con el vacío: buscar el silencio y la oscuridad.
[caption id="attachment_74125" align="aligncenter" width="655"]anechoic-chamber-photos Cámara anecoica[/caption]

En otros tiempos se decía: la Naturaleza tiene horror del vacío; es preciso decir: la Naturaleza está enamorada del vacío. -Eliphas Levi.

 

Vivimos en la era de la hiperestimulación informativa: en cualquier punto al que volteemos en nuestras pantallas, en nuestras habitaciones o en los cielos de las grandes ciudades nos asaltan innumerables códigos, etiquetas, rótulos y demás íconos parte de un lenguaje publicitario que se asemeja a la invasión de un virus. Asimismo, el espacio está inundado por una plétora de ruidos paralelos: el andar del vecino, el camión de la basura, el ladrido de los perros, un estéreo itinerante, el irritante pop-up musical de una ventana en nuestro navegador... El mundo moderno ha volcado su temor al vacío buscando rellenar el espacio de materia consumible/información materializada. La información es tanta que no la podemos procesar conscientemente pero su contenido sigue corriendo en nuestro inconsciente —como si tuviéramos un ejército intruso acampando debajo, en unos pozos subterráneos, minando nuestras tierras.

Como hemos visto antes, en nuestra era la atención se ha vuelto un recurso limitado por el cual numerosas marcas y corporaciones luchan cada segundo. En el centro donde se cruzan las balas y la pirotencia del deseo orquestado, nuestra atención suele estar dividida, persiguiendo por un momento un estímulo sólo para poco después seguir uno nuevo. y así sucesivamente, en una concentración fragmentada —como un frenético mono que cambia de ramas. Y cuando logramos salirnos de este espacio minado de datos, nuestro mismo cerebro ya parece haber sido cincelado bajo este patrón y reproduce esta misma fragmentación en el cauce del pensamiento. ¿Cuánto tiempo puedes pasar sin hacer nada? ¿Cuánto tiempo puedes pasar mirando fijamente un árbol sin distraerte?

Al dirigir nuestra atención, nos están programando

Más que un arte y una cultura que nos muestre más contenidos estimulantes, quizás lo que necesitamos es cultivar el arte de sustraernos de los estímulos, de dejar que nuestra mente navegue sin una nerviosa directriz por olas ajenas. El arte del vacío, del silencio, de la oscuridad (puesto que la luz está cargada de información), de ya no recibir más programas o hacer espacio para programas que estén fuera de la burbuja civilizatoria. Hace unos días el músico y crítico Kim Cascone reflexionaba sobre cómo en un mundo presa de la atención dirigida la labor del artista quizás tiene que ver con poder eliminar el ruido, hacer una curaduría que es una especie de jardinería y una irrigación de los espacios mentales: ofrecer espejos simplemente para que el público pueda hacer surgir su propio material inconsciente (Cascone es un declarado amante del silencio y de las cámaras anecoicas —un poco como James Turrell gusta de crear espacios con campos ganzfeld).

He pensado mucho últimamente en cómo nuestra cultura está profundamente inmersa en un modo de "atención dirigida". Toda nuestra vida despierta se ha convertido en la narrativa de dónde nuestra atención es enfocada, quién la dirige y qué acciones tomamos como respuesta a esto. Esto es  lo que nos mantiene a todos esclavizados en un sistema basado en el consumo. Demasiado ocupados fuera de nosotros para ahondar en nuestro inconsciente. Permitimos que nos programen al dejar que dirijan nuestra atención por nosotros. No vemos cuán materialistas y sensorialmente adictos nos hemos vuelto.

Cualquier evento-objeto en el mundo exterior debe de ser más ruidoso, llamativo y espectacular que el más reciente para que pueda brindarnos la misma elevación sensorial. En respuesta a esto he dedicado mi último trabajo —ya sea Dark Station o la instalación Sanctum— a proveer oscuridad y una atmósfera sonora, o como me gusta llamarlo: un espejo.

Ningún espectáculo, ninguna narrativa, ningún mensaje , ningún autor... sólo un espejo.

Proveer oscuridad y silencio es importante porque son las condiciones psico-ambientales necesarias para que lo nuevo pueda surgir o lo profundo: aquello que yace en el pozo sin fondo que es el inconsciente. Cuando un espacio está repleto de cosas, esas cosas determinan no sólo la interacción que tenemos en ese espacio, sino también dentro de nuestra mente —actúan como un contenido programativo, literalmente nos in-forman. Por eso es común dentro de un contexto iniciático que las personas que buscan el conocimiento pasen algunos días en una cueva, para que ahí puedan surgir todas sus proyecciones, toda su película y así puedan mirar al mundo ya sin un menor bagaje, un poco más libres de los atavismos culturales. O incluso que se vaya a una cueva a recibir una visión en el clamor de la existencia. Asimismo, en la mayoría de las tradiciones chamánicas la ingesta de plantas psicodélicas ocurre en la oscuridad o sólo con la presencia del fuego guardián —el cual es en realidad amorfo o toma la forma de la mente y de lo que ocurre en ese instante— para que el que se acerca a la planta pueda verse a sí mismo o ver lo que la planta le quiere enseñar con su linterna mágica. En el caso más extremo, parte del sincretismo neochamánico de Carlos Castaneda, el proceso de iniciación concluía con un salto al abismo —el vuelo abstracto— en el que el adepto demostraba su confianza en la irrealidad del mundo.

La contemplación del vacío

En cierta forma la hiperestimulación es un resultado del abigarramiento del espacio (interior y exterior) a través del materialismo salvaje, que sigue produciendo objetos, aunque haya perdido su solidez, produce objetos etéreos, espacios virtuales, divisas digitales, una armada de egregors. El filósofo Peter Sloterdijk explica:

Los ciudadanos de la Edad Moderna inevitablemente se hallaron a sí mismos en una nueva situación que no sólo resquebrajó la ilusión central de su hogar en el espacio, sino que también los privó de la confortante noción de que la tierra está rodeada de formas esféricas que la protegen como un manto celestial. Desde entonces, la gente moderna ha tenido que aprender a existir como un núcleo sin una cáscara; la piadosa observación de Pascal, "el silencio eterno de estos espacios infinito me llena de pavor", formula la confesión íntima de una época.

Viviendo sin esa capa protectora, concha o caparazón que proveían las esferas fijas de la cosmología antigua, tanto en la visión astronómica como en la visión religiosa de una jerarquía inmóvil que abarcaba la actividad humana y la encerraba —limitando lo que penetraba su esfera—, el ser humano ha construido una nueva burbuja artificial para contenerlo. Hemos seguido "el destrozo de los domos celestiales" con "un mundo civilizatorio artificial. Este es el horizonte final del titanismo tecnológico Europeo-Americano... las naciones entrepreneurs del primer mundo han trasladado su inquietud psico-cosmológica a un ofensivo constructivismo", dice Sloterdijk.

Hemos construido esferas pletóricas de objetos y datos: la tecnósfera, la radiósfera, la mediósfera, la datásfera, (algunos quisieran: la noósfera). Estas esferas son estucturas permeantes ubicuas: nuestra atmósfera está repleta de señales —al punto de la saturación— que interpenetran nuestras actividades en todo momento. No hay espacio para señales de fuera de esta nueva burbuja artificial (de la misma forma que nuestras ciudades son impermeables, también lo es el edificio de nuestras ideas y conocimientos). Hemos construido esta fortaleza esférica-eléctrica en gran medida como reacción al vacío al que nos enfrentamos, a ese pavor de salir del vientre histórico y enfrentarnos a un cosmos indiferente, donde el caos aún reina (nuestra civilización es sólo la fachada bajo la cual, como los dioses olímpicos, nos ilusionamos de haber suplantado al caos primordial cuando sólo estamos demorando su reino entrópico). Apilamos objetos y nos apilamos en ciudades que aniquilan el vacío con estructruras verticales e incesantes progresiones —negando los horizontes y  el tiempo circular.

Ahora sentimos nostalgia de ese vacío, de la potencia de ese silencio, de la posibilidad indefinida. Hemos hecho de esta sensación un bien en extinción: el silencio es ya un lujo por el cual pagamos buen dinero (generando toda una exclusiva industria). Al mismo tiempo vivir prendidos de pantallas de luz nos está enfermando, perturba nuestros ritmos circadianos, genera nuevos y distópicos síndromes y afecta nuestra creatividad.

Nuestra cultura nos enseñó a despreciar el vacío: una persona "vacía" es alguien que se considera como poco interesante o moralmente aborrecible. No en todos lados esto es así, para el budismo una mente vacía es algo que se asocia con la iluminación: como un espejo bien pulido que refleja la naturaleza verdadera de las cosas. Vacío como el cielo... La filosofía taoísta está basada en el concepto de vacío, el sendero del cielo, el surtidor inagotable: "El Tao es vacío,/Entonces,/Aunque se lo use no se colma./Abismal./Parece el fundamento de las diez mil cosas". Incluso desde la perspectiva de la física: el mundo que conocemos, lo que llamamos "realidad", emerge del vacío cuántico, una espuma de creación indeterminada.

Constantemente se habla de querer cambiar o crear nuevos sistemas y realidades, pero ¿cómo podemos habitar o crear algo nuevo si todo está lleno? Necesitamos el vacío, su secreta plenitud.

Twitter del autor: @alepholo