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El libro Electric Jesus forma parte de un nuevo pulso contracultural regido por la conciencia evolutiva; el estandarte de una generación comprometida con una misión concreta: rediseñar el escenario.

Hace un mes terminé de leer Electric Jesus: The Healing Journey of a Contemporary Gnostic, un libro que ha sido recurrentemente reseñado en decenas de medios digitales y al cual incluso se asocia con la consolidación de un nuevo movimiento: la espiritualidad contracultural.

Escrito por Jonathan Talat Phillips, uno de los fundadores de la red de activismo evolutivo Evolver.net y del sitio Reality Sandwich (por cierto uno de los más estimulantes de la Red), Electric Jesus es una especie de recorrido autobiográfico que narra el proceso de ‘despertar’ de su autor –un suceso que si bien es poco preciso en términos de una definición acertada, parece responder a un sentimiento compartido por miles de personas en los últimos años.

Tras formar parte de diversos grupos de protesta, entre ellos Greene Dragon, el camino de Jonathan le llevó a encontrarse con experiencias específicas que terminarían por redirigir su intención de contribuir al bien común. Estos episodios, protagonizados por alucinaciones fractales, el consumo casual de psicoactivos, didácticos diálogos extraterrestres, y prometedoras sincronías metafísicas, trasformarían radicalmente las herramientas con la que él intentaba cambiar el escenario: la denuncia se transformó en mantra, la parodia en expansión de conciencia, y la protesta en sanación.

Decodificando sus vivencias a partir de un contexto cultural bastante tradicional, asociado con la clásica familia católica, Jonathan se irá dando cuenta de que la vieja postura contracultural a la cual su sensibilidad, traducida en inconformidad, le había llevado era un recurso insuficiente para hacer frente a los retos generacionales que tenemos delante de nosotros. Así, gradualmente va abandonando sus viejos credos, sus buenas intenciones atrapadas en formatos ideológicos, para abrazar un nuevo formato de activismo.

Y es que tras décadas de discursos revolucionarios, de reacciones ante la represión, de manifestaciones que buscan hacer evidentes los múltiples defectos del diseño de realidad en el cual nos encontramos insertos, parece que estamos en una disyuntiva inédita, la oportunidad de rediseñar el sistema (pero para lograrlo es necesario abandonar también nuestras prácticas anti-sistémicas, transformarlas).

El lado b, aquel que tradicionalmente distinguió a los disidentes del mainstream y el establishement ya no es suficiente, necesitamos llevarlo un paso más allá, a la construcción una trinchera que, lejos de la épica revolucionaria, se materialice casi inmediatamente (un veloz flujo alquímico entre la intención y la realidad). Postular una conciencia colectiva orientada a la evolución accesible obliga al nuevo movimiento contracultural a abandonar la mayoría de sus recursos para adoptar nuevos modelos pro-transformación. Ya no se trata de acusar sino de bendecir, ya la venganza o el contraataque son obsoletos, debemos reconocer que el aspirar a ser parte de un nuevo escenario nos compromete a reinventar nuestro propio discurso.

Electric Jesus es de algún modo el resultado de las experiencias recavadas durante la última década por una cada vez mayor comunidad de personas que han decidido abrir la puerta a una nueva perspectiva. Es el resultado de experimentos sensoriales, de travesías psiconaúticas, y de proceso meta-terapéuticos a los que muchos nos hemos expuesto voluntaria o involuntariamente. Con una crónica que tiene en la honestidad a su principal virtud técnica, este libro nos recuerda que estamos diseñados para sanarnos, que somos aptos a la reprogramación consciente y que quizá nuestra misión compartida consiste en narrar la historia de una realidad distinta. Y a pesar de que para muchos disidentes la perspectiva que promueve Jonathan podrá parecer un tanto empalagosa, lo cierto es que hoy debemos estar dispuestos a abandonar nuestra zona de confort contracultural, sacrificar nuestro esquema de rebeldía neurótica, y experimentar con esta nueva mirada (si es que genuinamente buscamos un cambio).   

Todos somos narradores (arquitectos de realidades) y Electric Jesus puede bien concebirse como una invitación explícita a colaborar con el enriquecimiento de una nueva narrativa. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

Descubren en Guatemala el más antiguo calendario maya y este refuta la idea del fin del mundo

Por: pijamasurf - 06/12/2012

Arqueólogos reportaron el hallazgo de un calendario maya del siglo IX en el sitio arqueológico de Xultún, en Guatemala; la pieza refiere a 17 ciclos, lo cual contradice la posibilidad de que el fin del mundo sea en 2012.

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Nos acercamos a la mitad del 2012 lo cual significa que estamos a escasos meses de una fecha en la cual la atención de millones de personas alrededor del mundo estará fijada en una supuesta predicción calendárica de los mayas, el 21 de diciembre. Esta mítica fecha marca, para los más prudentes, el cambio de una era o de un ciclo de acuerdo a los mayas, otros afirman que es el día en que el mundo, al menos como actualmente lo conocemos, dejará de existir, y algunos más le adjudican al solsticio de invierno de este año el momento en que se manifestará una especie de salto cuántico en la conciencia colectiva. pero independientemente de las múltiples versiones en torno al 21 de diciembre lo cierto es que existe una masiva expectación en torno a ese día. 

Curiosamente recién se anunció sobre el hallazgo del mas antiguo calendario maya jamás encontrado. El notable hallazgo, cuya relevancia arqueológica es complementada por la relevancia 'pop' que representa, lo llevó a cabo un grupo de arqueólogos encabezados por William Saturno, de la Universidad de Boston, y David Stuart, de la Universidad de Texas-Austin. La sede de esta ancestral pieza que documenta ciclos lunares y patrones planetarios, es el sitio arqueológico de Xultún, resguardado por la selva en la zona del Petén, en Guatemala. 

Y a propósito de la apocalíptica fecha, este reciente hallazgo parece refutar la posibilidad de que el fin del mundo se registre el 21 de diciembre de 2012. De acuerdo con la cuenta que marca este día como el tajante fin de una era, existen trece ciclos conocidos como baktún. Sin embargo, este nuevo 'mapa de los tiempos' nos habla, por primera vez, de 17 ciclos, lo cual descartaría automáticamente la posibilidad de que el mundo finalice en 2012. 

David Stuart, prestigiado estudioso de los mayas, advierte que esta fecha se ha manipulado con fines –quizá refiriéndose a las agendas comerciales y pseudoespirituales que se han gestado alrededor– y que en realidad los ciclos calendáricos de los mayas están pensados para renovarse por millones de años. "Es como el cuentakilómetros de un coche, cuando llega al final no anticipamos que el vehículo vaya a desaparecer, vuelve a empezar", afirmó para la agencia EFE.

Pero independientemente de este descubrimiento sabemos que las opiniones seguirán divididas en una incansable polémica que solo sera resuelta el 22 de diciembre. Lo que queda claro es que ahora los escépticos tendrán un argumento más en sus discusiones contra los creeyentes. A propósito de lo cual te invitamos a ver este infográfico que confronta ambas posturas en torno al probable apocalipsis de 2012 –por cierto, el más mediatizado de la historia. 

Aunque quizás parezca ya un ejercicio absurdo, aquí puedes consultar un infográfico de lo que la gente planea hacer el 21 de diciembre del 2012, anticipando el Apocalipsis.